Como tantos otros personajes nacidos al amparo de ese fontanero que no ha reparado una cañería en su vida, Yoshi hizo su debut en 1991 pero muy pronto demostró potencial para tener su propia franquicia, que nació en 1995 con Super Mario World 2: Yoshi’s Island. Mario seguía estando en la ecuación, pero como personaje secundario al que había que proteger. Todo lo demás era plataformeo puro y duro, mecánicas originales y todo el encanto del dinosaurio en un ejercicio de poesía gráfica que ha soportado el paso del tiempo mucho mejor que otras supuestas glorias renderizadas de la época.

A partir de ahí, no obstante, el camino ha sido bastante irregular. A pesar de las bondades de Yoshi`s Story (N64, 1997), que destilaba encanto y simpatía por los cuatro costados, ni la duración ni el diseño de niveles estuvieron a la altura; diez años hubo que esperar para Yoshi’s Island DS (2007), que volvía a los bebés y se atrevía a introducir habilidades en función del “jinete” (Wario, Donkey, Peach, Mario y Bowser, nada menos), y que sin duda era el mejor después del original; poco diremos de Yoshi’s New Island para 3DS (2014), todo un ejercicio de cómo no se debe hacer un juego y un buen ejemplo de qué pasa cuando Nintendo deja sus franquicias en malas manos.

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Así las cosas, llegamos al juego que nos ocupa, Yoshi’s Woolly World, que Nintendo decidió encargar a Good-Feel tras los buenos resultados de Kirby’s Epic Yarn (2010) para Wii. La idea es tan buena que parece mentira que no se le haya ocurrido antes a la propia nintendo: convertir el universo de Yoshi en un mundo de lana. El resultado, aprovechando la mayor potencia de la Wii U, es soberbio, y logra algo realmente difícil en estos tiempos, que es sorprender y agradar desde el primer minuto.

El modo en que todos y cada uno de los elementos conocidos se ven afectados por la lana supone un soplo de aire fresco que la saga necesitaba. Es evidente que estos juegos tienen una orientación aún más infantil de lo que cabe esperar incluso dentro de Nintendo, pero que nadie se deje engañar por su aspecto porque es un auténtico juegazo; incluso para los que estamos ya más talluditos el juego es capaz de ofrecer muy buenos momentos de plataformas al tiempo que nos devuelve un poco de esa magia que a veces parece que se pierde con tanto zombi o dragón mutante de las cavernas oscuras.

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Y es que este título es más, mucho más, que una cara bonita. Tiene unas mecánicas sólidas como plataformas, tanto en el salto como en las múltiples acciones que son capaces de realizar las decenas de Yoshis diferentes que iremos desbloqueando conforme avancemos y vayamos consiguiendo los coleccionables que abran nuevos niveles o personajes. A eso se une un diseño de niveles que, con perdón, me parece de los mejores que he visto jamás en la saga, donde destacan esos niveles especiales de cada mundo que son realmente desafiantes. De hecho, son tan soberbios que se echa en falta un poco más de esa dificultad en otros niveles, que aun así dejan momentos muy buenos, como el nivel de la pirámide y las llaves del faraón, que se atreve a coquetear incluso con conceptos propios del género de Metroidvania.

La banda sonora está plagada de melodías pegadizas, que se ajustan perfectamente a la amplia variedad de escenarios y enemigos con que nos iremos encontrando a lo largo de los diferentes mundos del juego. Good-Feel no ha olvidado nada, tanto en el apartado sonoro como en el visual, en un juego que está plagado de constantes referencias a momentos de la saga y que, a pesar de eso, no tiene problema en atreverse a introducir nuevos enemigos (genial, el huevo formado por pollos de lana). Donde Yoshi’s Woolly World no consigue remontar el vuelo frente a sus predecesores es en los jefes finales: siguen pareciendo un poco “pegote” dentro del excelente nivel general del juego, tienen mecánicas demasiado tontorronas y rompen un ritmo que funciona como un reloj sin ellos.

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La historia es bien sencilla, como suele ser en estos casos, con la ruptura del orden establecido a manos del malvado brujo de turno, y el viaje del héroe para restablecerlo. El modo cooperativo de este Yoshi es sencillamente fenomenal, porque permite todo un abanico de posibilidades que van desde la plena ayuda al mal absoluto si uno de nuestros compañeros decide ponernos en más de un aprieto. Es algo que merece la pena probar y que hace que el juego adquiera un tono completamente distinto, por lo que no puedo sino recomendarlo encarecidamente: eso sí, preparaos para tener paciencia si vuestro amigo quiere trollearos el día, porque el juego le permitirá todo tipo de fuego amigo, devoramiento y posterior eyección en forma de huevo de lana, etc.

Las novedades del juego son en general bienvenidas dentro de la saga.Hay diversos potenciadores que podemos comprar con el dinero que vayamos obteniendo al jugar, como ayudas especiales, contar con Poochy (el perro olfateador), etc. Además de eso, cada fase nos permitirá la opción de recorrerla sin más o explorarla a fondo, a pesar de que algunas puertas son solo de una dirección y una vez atravesadas habrá que comenzar de nuevo el nivel si hemos olvidado alguno de los ovillos de lana (que dan acceso a más Yoshis) o las clásicas margaritas; al reunir las 40 de cada mundo se nos abre la fase especial.

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El alfiletero es otra de esas muestras de genialidad de Nintendo, donde se van recogiendo todos los personajes desbloqueados y podemos hacer nuestros propios diseños, que luego podemos utilizar en el juego. Los Amiibo que Nintendo ha creado para la ocasión son también de lana (a ver quién es el majo que se resiste a la edición de coleccionista), aunque su función en el juego es bastante testimonial, ya que aparte de dar patrones permiten jugar con un doble y poco más.

En cualquier caso, y tras dar buena cuenta de todos y cada uno de sus niveles, creo que no exagero al decir que pasará mucho tiempo hasta que volvamos a ver un juego tan bueno dentro de esta sub saga. Nintendo le ha dado a Good-Feel el tiempo y los recursos necesarios para completar un juego muy, muy competente en prácticamente todos los apartados, y me cuesta creer que nadie que conozca la franquicia o tenga un mínimo de simpatía por el personaje y los elementos de su ya clásico universo pueda sentirse mínimamente decepcionado. Tanto en los aspectos técnicos como jugables, estamos ante uno de los mejores plataformas en 2D no ya de la consola, sino de la década.

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Como tantos otros personajes nacidos al amparo de ese fontanero que no ha reparado una cañería en su vida, Yoshi hizo su debut en 1991 pero muy pronto demostró potencial para tener su propia franquicia, que nació en 1995 con Super Mario World 2: Yoshi's Island. Mario seguía estando en la ecuación, pero como personaje secundario al que había que proteger. Todo lo demás era plataformeo puro y duro, mecánicas originales y todo el encanto del dinosaurio en un ejercicio de poesía gráfica que ha soportado el paso del tiempo mucho mejor que otras supuestas glorias renderizadas de la época. A partir de ahí, no obstante, el camino ha sido bastante irregular. A pesar de las bondades de Yoshi`s Story (N64, 1997), que destilaba encanto y simpatía por los cuatro costados, ni la duración ni el diseño de niveles estuvieron a la altura; diez años hubo que esperar para Yoshi's Island DS (2007), que volvía a los bebés y se atrevía a introducir habilidades en función del "jinete" (Wario, Donkey, Peach, Mario y Bowser, nada menos), y que sin duda era el mejor después del original; poco diremos de Yoshi's New Island para 3DS (2014), todo un ejercicio de cómo no se debe hacer un juego y un buen ejemplo de qué pasa cuando Nintendo deja sus franquicias en malas manos. Así las cosas, llegamos al juego que nos ocupa, Yoshi's Woolly World, que Nintendo decidió encargar a Good-Feel tras los buenos resultados de Kirby's Epic Yarn (2010) para Wii. La idea es tan buena que parece mentira que no se le haya ocurrido antes a la propia nintendo: convertir el universo de Yoshi en un mundo de lana. El resultado, aprovechando la mayor potencia de la Wii U, es soberbio, y logra algo realmente difícil en estos tiempos, que es sorprender y agradar desde el primer minuto. El modo en que todos y cada uno de los elementos conocidos se ven afectados por la lana supone un soplo de aire fresco que la saga necesitaba. Es evidente que estos juegos tienen una orientación aún más infantil de lo que cabe esperar incluso dentro de Nintendo, pero que nadie se deje engañar por su aspecto porque es un auténtico juegazo; incluso para los que estamos ya más talluditos el juego es capaz de ofrecer muy buenos momentos de plataformas al tiempo que nos devuelve un poco de esa magia que a veces parece que se pierde con tanto zombi o dragón mutante de las cavernas oscuras. Y es que este título es más, mucho más, que una cara bonita. Tiene unas mecánicas sólidas como plataformas, tanto en el salto como en las múltiples acciones que son capaces de realizar las decenas de Yoshis diferentes que iremos desbloqueando conforme avancemos y vayamos consiguiendo los coleccionables que abran nuevos niveles o personajes. A eso se une un diseño de niveles que, con perdón, me parece de los mejores que he visto jamás en la saga, donde destacan esos niveles especiales de cada…
Gráficos - 93%
Banda Sonora - 92%
Sonido - 85%
Mecánicas / Jugabilidad - 95%
Duración - 92%
Argumento - 79%
Originalidad - 95%

90%

Excelente juego de la franquicia de Yoshi, quizá el mejor desde Super Mario World 2, y todo un ejercicio de estilo y diseño de niveles a mayor gloria del simpático dinosaurio. Tiene todo lo que se le puede pedir a un juego de plataformas: calidad, profundidad y rejugabilidad, con un envoltorio audiovisual sencillamente perfecto. Una de las joyas más brillantes del catálogo de Wii U.

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