De todos los juegos de Mega Drive, este es uno por los que siento un cariño más grande. Fue uno de mis primeros juegos del sistema junto con el primer Sonic, y creo que sería incapaz de decir, por vergüenza torera, la cantidad de horas que mi hermano y yo le habremos echado a este fabuloso World of Illusion. Aquí sí que Super Nintendo se tuvo que aguantar las ganas de tener siquiera una sombra equivalente a este juego, porque mucho me temo que no hay nada parecido en todo su extenso (y excelso) catálogo. Esta aventura ponía a Mickey y a Donald a recorrer muchos de los mundos más representativos de la franquicia Disney para romper un mágico hechizo, enfrentándolos a villanos tan carismáticos como Madame Min (de Merlín el encantador). Todo era una excusa, lógicamente, para poner a dos personajes de una enorme presencia a recorrer en equipo mundos con unos diseños absolutamente sensacionales, con momentos tan espectaculares como esa estantería plagada de sorpresas, como la pecera que lleva al mundo acuático o la caja de Navidad que lleva a un universo navideño. Lo mejor de todo era, sin embargo, que el juego contenía tres juegos en sí, dependiendo de si uno prefería jugar a solas con cualquiera de los personajes (en cuyo caso cada uno tenía niveles exclusivos) o bien prefería jugar en cooperativo, donde la interacción entre ambos personajes era imprescindible para seguir avanzando. Fases tan memorables como la del mundo acuático, con Donald y Mickey metidos en sendas burbujas, o la del bosque de Alicia en el País de las Maravillas se me han quedado en la retina junto con una banda sonora que es de lo mejor que conoció el sistema. Dentro de un catálogo plagado de epígonos de violencia gratuita, World of Illusion es mucho más que un soplo de aire fresco: es uno de los exclusivos más impresionantes, por la enorme calidad que atesora, de todo el catálogo de Mega Drive.