Ha pasado un año desde que se lanzara a la venta la última consola de sobremesa de Nintendo, Wii U. Un año completo en el que podemos sacar algunas conclusiones de la marcha tanto del sistema como de la compañía, y que ofrecen visos de mejora en los que, sinceramente, aquí en la redacción no terminábamos de creer hasta hace poco.

No es fácil, para ninguna compañía, superar el éxito de un sistema. Especialmente cuando ese éxito ha sido mayúsculo, como le pasó a Sony tras la PS2 o a Nintendo con la Wii, reinventarse y ofrecer algo diferente es siempre un riesgo que no todo el mundo está dispuesto a correr.La vía de la continuidad aparece entonces como un camino tentador, y Nintendo lo siguió con una meticulosidad escrupulosa. 

Rompiendo una tradición de varias consolas, no se cambió el nombre para la siguiente generación, sino que los jefes de aquel proyecto, con Miyamoto a la cabeza, como siempre, se limitaron a poner una coletilla y a modificar el enfoque del control de movimiento por el del gamepad, un controlador a medio camino entre el pad y la tableta que desde el principio se vio por parte de crítica y público como una idea confusa. Que la comunicación en Nintendo con Wii U no ha funcionado bien es algo que han reconocido sus propios directivos. Ha habido muchos usuarios que pensaban que el gamepad era un periférico más para Wii, y que ni siquiera se habían enterado de que había consola nueva en el mercado.

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No obstante, y a diferencia de la compañía, en El rincón del Píxel hemos defendido siempre que los problemas de Wii U no se limitan únicamente a un problema de comunicación. Sin restarle un ápice de importancia a la campaña de difusión de un nuevo producto, lo cierto es que el propio producto presentaba de inicio una serie de características cuestionables como ejemplar de octava generación, y ahí el hardware estaba en la primera línea de batalla. Datos y cifras al margen, lo cierto es que a día de hoy Wii U no ha demostrado con un solo juego ser netamente superior a Playstation 3 o Xbox 360. A lo sumo, ciertas versiones de ciertos juegos, como Assassin’s Creed III o Batman: Arkham City han corrido a una tasa de frames más estables y con una resolución fija a 1080p., pero poco más. No hay un Mario 64 que nos haya dejado a todos de piedra, para entendernos.

El debate sobre la escasa potencia de Wii U, desde las carcajadas indisimuladas de los creadores del Unreal Engine o el reciente comentario de uno de los cofundadores de Naughty Dog, que afirma que Nintendo es una compañía deficitaria en la creación de hardware, fue causa de controversia en su lanzamiento y sigue estando a día de hoy entre la comunidad nintendera. La prueba más evidente, la consecuencia más directa de esta falta de capacidad real la tenemos en un catálogo en el que, más allá de no haberse demostrado todavía una sola prueba real del dichoso juego asimétrico con que tanto insistieron en el lanzamiento, faltan juegos de verdadera entidad.

Hemos hecho una lista con nuestro cinco favoritos del catálogo de la consola, donde están, por orden de aparición, Zombie UPikmin 3Rayman LegendsWind Waker HD, y Super Mario 3D World. El primero es, quizá, el que mejor ha hecho uso del gamepad hasta ahora, lo que no dice mucho del catálogo restante si tenemos en cuenta que Ubisoft lo lanzó de inicio conun pack con la consola. Los dos siguientes sufrieron notables retrasos hasta aparecer, finalmente, en julio y septiembre, respectivamente. El tercero no deja de ser un remake de un juego de hace más de diez años, y el último es un juego magnífico, pero que a pesar de sus muchas bondades nos sigue sabiendo a poco, en comparación con los dos grandes clásicos galácticos del fontanero en Wii.

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Cualquier usuario de una Wii U debería probar por lo menos estos juegos, y a partir de ahí decidir si quiere ir por esa extraña vía hardcore que nos intentaron vender en un inicio, tipo Assassin’s Creed y sus secuelas varias, Call of Duty, etc. En nuestro caso, tenemos claro que el principal activo de una consola de Nintendo está, por desgracia, únicamente en los juegos first party, toda vez que el catálogo de terceras desarrolladoras va dejando abandonada cada día más a una consola que echa de menos como el comer tener en su catálogo juegos tipo FIFA 14, GTA V, Tomb Raider, Bioshock Infinite y un larguísimo etcétera.

Nintendo ha reconocido que se siente desbordada por la situación de un mercado que demanda juegos triple A cada mes. Sencillamente, no puede estar a esa altura, y mucho menos estando sola a casi todos los efectos, de modo que ha debido recurrir a ayudas externas para finalizar títulos como el nuevo Smash Bros, así como reorganizar sus equipos varias veces para poner término a juegos como los ya citados más arriba.

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Por último, y quizá más importante, está el tema de las ventas y de la llegada de las nuevas consolas de Sony y Microsoft. Se suponía que el año de ventaja respecto a la competencia daría a Nintendo la oportunidad de tomar una posición de fuerza, pero esto no ha sido así. Muy por debajo de los 5 millones de consolas vendidas a día de hoy (a falta de confirmación oficial), la consola será igualada y superada, con casi toda probabilidad, de aquí a dos o tres meses. La pérdida de ese público casual que tanto ayudó al éxito de Wii, así como la creencia extendida en toda la industria de que la octava generación ha empezado realmente ahora, siendo Nintendo una especie de generación 7.5 o ni eso, ha destrozado las previsiones de venta de una compañía que en menos de un año ha tenido que rebajar el precio del sistema, casi idéntico al de Playstation 4, y buscar todo tipo de packs para tratar de vender como sea una consola que, digámoslo claramente, no tiene el favor del público desde que salió.

A pesar de todo, y como decíamos al principio, hay motivos para albergar una cierta esperanza. La salida de títulos como Super Mario 3D World, Donkey Kong Tropical Freeze o Mario Kart 8, aun sin ser nada revolucionarios en sus respectivos géneros, permitirá a los fans más acérrimos recuperar sagas emblemáticas. Por otra parte, el horizonte próximo cuenta con con títulos como Bayonetta 2, X o Smash Bros, sin duda mucho más benigno que ese largo tramo desértico que atravesó la consola desde Navidades de 2012 hasta la llegada de Pikmin 3. Aun con todo, conviene ser cautos, ya que no hay fechas confirmadas para ninguno de ellos. La pregunta es si los usuarios tendrán paciencia suficiente hasta que lleguen, o estarán escuchando ya los cantos de sirena de Playstation 4 y Xbox One.

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