Cinco años después de sorprender a propios y extraños con The Unfinished Swan, el equipo de desarrollo de Gian Sparrow lo ha vuelto a hacer. Este What remains of Edith Finch es, sin duda, una de las experiencias más originales, arriesgadas y satisfactorias que he probado en mucho tiempo, y que celebro que Sony ponga a disposición de todos los usuarios de PS Plus en este mes de mayo, ya que es un juego que por sus características y público objetivo no ha tenido, por desgracia, el hueco en las librerías que sin duda merece.

La trama sigue los pasos de Edith, miembro de la desestructurada familia Finch, en su paso por el caserón familiar. Lo primero que llama la atención es el hecho de que los monólogos de Edith, que escuchamos a modo de voz en off como si pudiéramos «oír» sus pensamientos, aparecen escritos sobre el escenario, superpuestos a los magníficos diseños de un juego que sabe que no tiene un aspecto técnico revolucionario (ni falta que le hace), pero que con este apartado gana en originalidad lo que otros ya querrían para sí con medios mucho más espectaculares.

La narrativa es, sin duda, el punto más fuerte de un juego que nos va llevando un poco de la mano, eso sí, por un escenario lineal que va siguiendo los desafortunados pasos de una familia marcada por la tragedia. Me parece asombroso el trabajo, enorme trabajo, de diseño del escenario principal, con una biblioteca donde no por casualidad aparecen ejemplares de Cien años de soledad, El Aleph o las Metamorfosis. Y es que cada vez que llegamos, en cada una de las habitaciones/santuario dedicadas a cada miembro de la familia Finch, y abrimos su diario, nos vemos transportados a un momento clave de su vida, controlando a dicho personaje en episodios breves de una originalidad impresionante.

Cada uno de ellos, que constituye en sí mismo una especie de minijuego, con mecánicas especialmente diseñadas para cada ocasión, nos va abriendo a su vez paso por una historia más global, marcada por la tragedia que los une a todos en la desgracia y el infortunio, de modo que cada vez que nos ponemos «a los mandos» de un nuevo miembro tenemos ya la siniestra impresión de cómo va a terminar todo.

Y es tan esencial aquí el trabajo de diseño artístico, así como de una banda sonora realmente acertada, obra de Jeff Russo, que a veces da auténtica lástima tener que abandonar dichos episodios y volver de nuevo con Edith. En especial, los de Molly (con sus transformaciones en diferentes animales), Barbara (y su historia de cómic de terror, todo un homenaje a una forma de entender el cine en los 80), Gregory (con su inquietante Cascanueces sonando de fondo de su macabra y tierna, al mismo tiempo, historia del baño) o Lewis (la que más me marcó, sin duda, con su historia de cuento de hadas en medio de una masacre de pescado de factoría), están tan por encima del resto que, por desgracia, vuelve el conjunto algo irregular.

Y es que, lamentablemente, no todas las historias son tan redondas como las ya citadas. La de Calvin y su columpio es apenas un suspiro pobremente realizado, así como la de la rutina eterna de Walter, donde se nota que hubo muchos cambios de última hora y al final se optó por una decisión que se pudiera realizar en plazo de entrega. Es una lástima, insisto, porque esto afecta al conjunto y lo vuelve más heterogéneo (no tanto en narrativa como en calidad, ojo), de lo que debería. Esto, unido a un apartado técnico que, al margen de que no necesite demasiados fuegos artificiales para cumplir sus objetivos, sí tiene tirones, creaciones de texturas y objetos a destiempo, es con diferencia la única nota negativa de un juego en el que, debido a su duración de entre 3-4 horas, se le puede llevar de nuevo al debate eterno sobre si es demasiado breve.

A mí se me ha pasado en un suspiro, desde luego. Es posible que no tenga demasiado sentido añadir capítulos y familiares porque sí, o que al final la propia dinámica de ir abriendo zonas nuevas de la casa con cada nuevo miembro termine por hacerse demasiado repetitiva, o que afecte a la progresión dramática de la propia Edith, que a fin de cuentas debería ser la protagonista absoluta del evento. Puede ser. Aun así, el final se me antojó apresurado y con demasiadas elipsis para que el espectador completara el dibujo global de la historia (sobre todo en lo que concierne a la casa del lago, cuyo enigma queda demasiado abierto, a mi juicio).


Sea como fuere, me parece un error de bulto que estos aspectos, que a fin de cuentas no dejan de ser menores o completamente subjetivos, resten demasiados puntos a una experiencia tan notable como esta. Hay muy pocos juegos como este en el mercado, tan recomendables para todo tipo de público, tan originales y arriesgados en sus mecánicas nuevas en cada episodio, con una narrativa tan rompedora y un estilo tan propio y particular. Yo quedé bastante contento con su título lanzado en la anterior generación, pero este me parece claramente superior justo donde aquel fallaba más, en la hilazón argumental, en la capacidad para emocionar. Es difícil no sentir en este juego un acercamiento sincero y sentido hacia cada elemento de una trama que ha sido cuidada al detalle, y donde únicamente algunos bajones en le ritmo y calidad de sus capítulos le resta para tener una puntuación sobresaliente.


Cinco años después de sorprender a propios y extraños con The Unfinished Swan, el equipo de desarrollo de Gian Sparrow lo ha vuelto a hacer. Este What remains of Edith Finch es, sin duda, una de las experiencias más originales, arriesgadas y satisfactorias que he probado en mucho tiempo, y que celebro que Sony ponga a disposición de todos los usuarios de PS Plus en este mes de mayo, ya que es un juego que por sus características y público objetivo no ha tenido, por desgracia, el hueco en las librerías que sin duda merece. La trama sigue los pasos de Edith, miembro de la desestructurada familia Finch, en su paso por el caserón familiar. Lo primero que llama la atención es el hecho de que los monólogos de Edith, que escuchamos a modo de voz en off como si pudiéramos "oír" sus pensamientos, aparecen escritos sobre el escenario, superpuestos a los magníficos diseños de un juego que sabe que no tiene un aspecto técnico revolucionario (ni falta que le hace), pero que con este apartado gana en originalidad lo que otros ya querrían para sí con medios mucho más espectaculares. La narrativa es, sin duda, el punto más fuerte de un juego que nos va llevando un poco de la mano, eso sí, por un escenario lineal que va siguiendo los desafortunados pasos de una familia marcada por la tragedia. Me parece asombroso el trabajo, enorme trabajo, de diseño del escenario principal, con una biblioteca donde no por casualidad aparecen ejemplares de Cien años de soledad, El Aleph o las Metamorfosis. Y es que cada vez que llegamos, en cada una de las habitaciones/santuario dedicadas a cada miembro de la familia Finch, y abrimos su diario, nos vemos transportados a un momento clave de su vida, controlando a dicho personaje en episodios breves de una originalidad impresionante. Cada uno de ellos, que constituye en sí mismo una especie de minijuego, con mecánicas especialmente diseñadas para cada ocasión, nos va abriendo a su vez paso por una historia más global, marcada por la tragedia que los une a todos en la desgracia y el infortunio, de modo que cada vez que nos ponemos "a los mandos" de un nuevo miembro tenemos ya la siniestra impresión de cómo va a terminar todo. Y es tan esencial aquí el trabajo de diseño artístico, así como de una banda sonora realmente acertada, obra de Jeff Russo, que a veces da auténtica lástima tener que abandonar dichos episodios y volver de nuevo con Edith. En especial, los de Molly (con sus transformaciones en diferentes animales), Barbara (y su historia de cómic de terror, todo un homenaje a una forma de entender el cine en los 80), Gregory (con su inquietante Cascanueces sonando de fondo de su macabra y tierna, al mismo tiempo, historia del baño) o Lewis (la que más me marcó, sin duda, con su historia de cuento de hadas en medio de una masacre de pescado de factoría), están tan por encima del…
Gráficos - 62%
Sonido - 84%
Banda Sonora - 89%
Mecánicas / Jugabilidad - 86%
Argumento - 92%
Duración - 45%
Originalidad - 100%
Diseño - 80%

80%

Estamos ante un título de una originalidad indiscutible, con una enorme calidad en su diseño artístico, concepto y ejecución en una trama que va creciendo en interés y que consta de una serie de capítulos, a cuál más sorprendente e ingenioso, que atrapan de una forma apasionante durante sus, eso sí, breves dos horas. Como experiencia distinta a la mediocridad general del sector, y a pesar de algunos fallos técnicos evidentes, no tiene precio.

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