Se cumplen dos décadas del lanzamiento de uno de los juegos de lucha más importantes de todos los tiempos. En una era en la que el dominador claro era Street Fighter II en todos los salones recreativos y algunos afortunados sistemas de sobremesa, el juego de la desarrolladora de Sega Am2 supuso un golpe de autoridad en la mesa en muchos más sentidos de lo que parece. No es solo que el juego fuera el primero en mostrar un género clásico en tres dimensiones con semejante contundencia, fluidez y dinamismo, sino que añadía una profundidad, un complejo sistema de movimientos y un respeto por una serie de estilos de lucha orientales y occidentales que dejó a todo el mundo con la boca abierta.

El juego tenía ocho luchadores con bastante carisma, encabezados por Akira, Pai o Lau Chan (donde muchos vieron un claro homenaje a Ryu y Chun Li, de la saga Street Fighter, en el caso de los dos primeros). Cada uno contaba con decenas de golpes propios y gestos de victoria o derrota, así como con escenarios tridimensionales planos y cuadrados sobre un fondo estático de gran resolución que giraba a toda velocidad siguiendo los movimientos de una cámara asombrosa. La contundencia de los golpes, el modo en que se alejaba la vista según la distancia de los rivales y la música cañera eran signos de identidad que no tardaron en ser imitados hasta la saciedad. Había nacido una leyenda.

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Veinte años después, lo que resulta complicado no es valorar el mérito que entonces tuvo aquel lanzamiento, posteriormente convertido con diferente fortuna para sistemas tan dispares como PC, 32X y, en dos versiones, para Sega Saturn. Parece haber un claro consenso en que este juego abrió las puertas de una nueva generación de juegos de lucha, una estela posteriormente seguida, y superada en muchas ocasiones, por títulos como Tekken, Soul Calibur, Dead or Alive, dentro de los más conocidos, o por epígonos producidos por la propia Sega como el también excelente Fighting Vipers o Last Bronx.

No obstante, más complejo se vuelve el asunto si tenemos en cuenta su legado posterior. Es cierto que el camino abierto por Virtua Fighter tuvo muchos seguidores, más o menos ilustres según los casos, pero resulta interesante ver cómo la propia saga tuvo su propio ciclo vital. La segunda entrega, lanzada solo un año después, incluyó texturas en personajes y escenarios, así como un mayor número de polígonos por personaje, aportando un realismo muy superior a los gráficos más planos y “cuadradotes” del anterior. Se incluyeron dos personajes nuevos, Shun y Lion, que igualaban en carisma a los de la plantilla clásica, de nuevo con el metálico Dural como jefe de fin de carrera. Los combates se endurecieron y se incluyeron por primera vez escenarios complejos, como la gran muralla o el barco del río, de una gran belleza y que iban mucho más allá del clásico “ring”. Este juego, considerado como uno de los mejores de la saga, tuvo una magnífica versión en Saturn, seguida de otras posteriores para prácticamente todos los sistemas existentes. A día de hoy se puede encontrar en una versión en alta definición en tiendas virtuales muy recomendable.

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A partir de ahí, las siguientes entregas (1996, 2001 y 2006) se han espaciado más en el tiempo para obtener resultados muy positivos  en el apartado técnico y jugable, con movimientos de paso lateral que dan aún más profundidad a las tres dimensiones, escenarios con diferentes niveles e incluso en desnivel, toda una virguería en el caso de Virtua Fighter 3 para su época. Los personajes, por su parte, fueron ganando más calidad hasta alcanzar un apartado sensacional en la quinta entrega, una de las que iniciaron la anterior generación y que tuvo una gran actualización como juego descargable completo hace pocos años (Final Showdon), también obligada para el fan de la saga. Es la edición definitiva de un clásico que, sin embargo, no estamos muy seguros de que tenga vida en esta octava generación, donde Ryu, Ken y compañía han vuelto a demostrar que siguen siendo los reyes del mambo. Quizá con motivo de este merecido homenaje con motivo de su aniversario, Sega se anime a desempolvar el que quizá sea su último gran clásico, que llegó a inspirar, y esto es de sobra conocido por los más friquis, al mismísimo Shenmue. Pero de eso ya hablaremos otro día, si les parece.

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