Aunque nadie duda de que la saga Uncharted, heredera directa de aquellos viejos Tomb Raider de los 32 bits, ha hecho mucho y mucho bien por Playstation 3 en la presente generación. El primer juego era fabuloso, uno de los primeros intentos de triple A de verdad del sistema, y demostró que el salto de madurez de Naughty Dog, su desarrolladora, era justo lo que la máquina de Sony necesitaba. Esto, lógicamente, fue animando más a los usuarios con el lanzamiento de cada nueva entrega. De hecho, hay un encendido debate entre los fans de la saga Uncharted, no ya por situarla como una de las grandes cimas de la séptima generación (algo en lo que estoy totalmente de acuerdo), sino por elegir cuál de los tres títulos aparecidos hasta la fecha es el mejor de todos. Y ahí tanto la segunda como la tercera entrega son las que se reparten todas las papeletas.
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Uncharted es una saga que nació en 2007 con un juego notable, protagonizado por un cruce espiritual y genérico entre Indiana Jones y Lara Croft. Nathan Drake, que así se llama el personaje en cuestión, pone en práctica muchos de los trucos que esperamos de las sagas de las que bebe, como los aventureros intrépidos, secundarios jocosos, joyas místicas de la arqueología, exóticos parajes y templos perdidos de la mano de Dios pero, además, añade un plus cualitativo y cuantitativo en un formato de videojuego de aventuras y acción de auténtico lujo. El tesoro de Drake era así un compendio de buenas intenciones y un apartado técnico bastante correcto, con algún que otro momento de tensión, una sabia mezcla de plataformas y acción y un argumento muy entretenido y bien doblado al castellano.
Fue con el estreno de la secuela, El reino de los ladrones(2009), cuando esta saga se situó por méritos propios en el plano de los llamados juegos triple A, término tan del gusto americano. Después de un comienzo apabullante en un tren a punto de despeñarse por un barranco nevado, recreado con un realismo asombroso, el jugador se ve envuelto en una sobrecogedora dinámica de acción a raudales que no le da un solo respiro hasta el mismísimo final. Localizaciones tan espectaculares como Estambul, Borneo o el Tíbet, sirven de marco a la búsqueda del árbol de la vida, oculto en una supuesta ciudad perdida en lo más profundo del Himalaya. Nate  y su equipo de colaboradores deberán realizar una serie de descubrimientos que les vayan abriendo acceso a dicha ciudad, con unos diálogos brillantes y plagados de humor y referencias al buen cine de acción y aventuras.
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Antes de entrar en más detalles argumentales, vayamos con los motivos principales que explican la grandeza de este juego. Quizá el más evidente de todos ellos es que el salto técnico respecto de la primera parte es sencillamente colosal. Jamás se había visto en la séptima generación un motor gráfico tan sólido, con unos escenarios tan repletos de detalles y efectos de luz, unos personajes tan fluidos en sus animaciones (muérete, príncipe de Persia) y un apartado sonoro y de doblaje tan perfectos (y ojo a la banda sonora de Greg Edmonson, con un tema principal para quitarse el sombrero y una intensidad a la altura del ritmo del juego).Desde este punto de vista, a Uncharted 2 no se le puede poner ni un miserable pero, con una alta definición muy bien aprovechada y una tasa de frames vertiginosa que no decae aunque el jugador se tenga que enfrentar a helicópteros por los tejados de una ciudad o a tanques en pueblos de Nepal, por no hablar de la escena del tren, que recorre un escenario gigantesco mientras uno se bate el cobre con todo un ejército, y que es uno de los niveles más impresionantes, divertidos y emocionantes que hemos jugado a un videojuego.
Una de las críticas que ha recibido la saga es que en el fondo no deja de ser un refrito de otros juegos. Y es cierto que el sistema de juego de esta aventura en tercera persona recibe numerosas influencias, como el sistema de cámara, saltos y escalada de Tomb Raider, la acción y la cobertura de Gears of War o la infiltración, por momentos, de Metal Gear. Ahora bien, estas influencias son combinadas con un gran acierto y, a partir de ahí, todo lo demás es mérito propio de los desarrolladores de Naughty Dog, que en Playstation 1 se hicieron famosos con los juegos de Crash Bandicoot. Y entre estas aportaciones está un sentido del ritmo apasionante, una narrativa muy equilibrada, un ingenio poco habitual en el planteamiento de la arquitectura de escenarios y puzzles, que nada tienen que envidiar a los grandes de la historia. El sistema de combate es muy, muy preciso, y toda la dinámica de saltos y equilibrio está resuelta con una tensión que ya la quisiera para sí Lara Croft. El carisma de los personajes y sus pertinentes diálogos termina por redondear un apartado jugable que, como ya digo, no admite objeciones de ninguna clase. En resumen, todos los juegos reciben y emiten influencias, pero no todos son capaces de obtener resultados tan apabullantes comoUncharted, y en especial su segunda entrega.
Como no podía ser de otra forma, Uncharted 2 recibió más de 200 premios a juego del año en diferentes organismos y revistas dedicadas al sector, y fue ovacionado como una de las cumbres a nivel técnico y narrativo de su generación. La búsqueda de la ciudad perdida de Shambhala y el famoso árbol de la vida atrapó a más de cinco millones de jugadores de todo el mundo, que pudieron disfrutar además de un completo cooperativo y modo online (ausentes en la primera entrega), que era justo lo que le faltaba para rozar la perfección. La presentación, acabado técnico, gráficos, jugabilidad… este juego es el sueño de todo jugón hecho realidad, y se ha convertido en un referente que va a perdurar durante generaciones, a la altura de los más grandes de la historia. Así de sencillo.
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Hechas ya todas las merecidas alabanzas de El reino de los ladrones, entremos en la polémica con la tercera entrega, La traición de Drake (2011). Cualquiera que haya jugado a este juego sabrá que hay muchos momentos, como el chateau en llamas, el accidente de avión, el hundimiento del crucero de lujo o todo lo relacionado con el desierto en general que iguala e incluso supera la espectacularidad y calidad gráfica de Uncharted 2. Además de esto, suma unos niveles en los que controlamos a Nate de adolescente que son maravillosos, tanto por la variedad que aportan a la trama como por el sentimiento que se ha puesto en ellos, y por si fuera poco profundiza en los personajes principales como nunca antes se había hecho en la saga. Sin embargo, y por mucho que duela porque nos lo hemos pasado tan bien o más con este juego como con el anterior, hay que rendirse a la evidencia de que la segunda parte es más redonda en aspectos tan esenciales como el sistema de disparos, algo más engorroso en una tercera entrega que, sobre todo, se resiente por un argumento mucho más lineal que anuncia grandes cosas pero finalmente se queda en agua de borrajas.

Las dos tramas precedentes de Uncharted iban siempre de menos a más, como las buenas películas de Indiana Jones (no, no contamos la de los aliens y las neveras nucleares). El final de la segunda entrega, en la ciudad perdida de Shambhala, era un constante abrir la boca de puro asombro, y estaba cargada de belleza, emoción e intensidad. Por todo ello, no se explica que la trama de la Atlántida de las arenas, que ya solo con decirlo a uno se le pone la carne de gallina, con esos espíritus y fuerzas mágicas que se anuncian por todas partes contenidas en unas fabulosas jarras enormes, se reduzca luego a un paseíto sin más en el que, para colmo de males, ni espíritus ni leches. Es romperse una jarra y toda la ciudad se viene abajo, así porque sí, mientras corremos sin dar crédito a que se termine todo tan pronto. Para entendernos, es como si al abrir el Arca Perdida, Indiana Jones se encuentra que está vacía y que, encima, tiene que salir pitando porque el desierto va a explotar. Por ello, perdón a los fans de la saga, entre los que nos contamos, pero nos tememos que a este juego le hubiera venido fenomenal un tiempo más de desarrollo, que habría evitado parches y disgustos de última hora, como pasó con el sistema de disparos, y hubiera permitido cerrar mejor una trama que pide a gritos más “chicha” al final.

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En cualquier caso, estamos hablando de detalles menores dentro de la excelencia más sobresaliente. Esta saga es, en general, una de las mejores opciones para comprobar los techos técnicos y jugables de la séptima generación, y uno de los mayores motivos de orgullos de los poseedores de Playstation 3. Puede que no tengan la profundidad de otra de las mejores saga de la generación, Assassin’s Creed, pero por contra tienen una mayor espectacularidad y un espíritu arcade soberbio, por no mencionar su fastuosa realización. Las aventuras de Nathan Drake son absolutamente extraordinarias, tan adictivas como impresionantes a todos los niveles, y para colmo son exclusivas de PS3. Ni Nintendo ni Microsoft tienen nada que se le parezca a esta fabulosa franquicia  (ni a Heavy Rain, para qué engañarnos), y por si fuera poco le ha salvado la vida a la nueva portátil de Sony, PSVita, con una magnífica adaptación (El abismo de oro) en sus primeros y titubeantes meses de vida.Avisados quedan. Ah, y atención al siguiente bombazo que Naughty Dog prepara como despedida de esta plataforma, que ya lleva meses poniendo a más de uno verde de envidia: The Last of Us.