Con motivo del 30 aniversario de la creación del personaje de Mario Bros, muchos son los reportajes que se están haciendo con exhaustivos repasos a sus juegos más y menos emblemáticos, algunos de los cuales no son tan conocidos por el público actual como cabría esperar de una leyenda de semejante renombre, en especial de aquellos juegos que anclan sus raíces en los años 80.

Dado que a este aspecto ya dedicamos en su momento una serie de reportajes, me gustaría centrarme hoy en la figura de Mario en sí, como clave capital, casi un patrimonio, de una industria a la que su primer y exitoso juego de plataformas salvó en los años 80 de la mayor crisis que conoció el sector en toda su historia. La importancia de Mario no fue solo la de catapultar un sistema (NES) y una compañía, Nintendo, hasta la misma estratosfera, sino la de hacerse valer desde entonces con una vigencia que no resiste comparación con ninguna figura semejante o mascota, casi me atrevería a decir que incluso en empresas como Disney.

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Mario Bros fue creado en principio como punta de lanza de un sistema y de una compañía, la imagen o santo y seña reconocible para media humanidad, pero se convirtió en algo mucho más importante que eso. No hay consola de Nintendo a la que el fontanero no haya salvado siempre de la quema, tanto portátil como de sobremesa, siendo siempre, o casi siempre, uno de sus títulos con él como protagonista el mejor de todo el catálogo. Es la envidia de cualquier otra compañía de hardware, una figura en torno a la que se ha creado un macrocosmos que incluye franquicias enteras con personajes secundarios de su universo, juegos de carreras, deportivos o de minijuegos. Su próximo y esperado salto a los teléfonos móviles podría suponer un giro de 180 grados en la desastrosa política de videojuegos para este tipo de sistemas, que al paso que van quedarán bien lejos de la supuesta revolución que se anunciaba hace ahora más o menos un lustro. Todo puede cambiar con la llegada del fontanero, como ha pasado tantas otras veces en tantos otros dispositivos.

Son pocos los traspiés que la compañía ha cometido con su mascota, si bien hay juegos de tipo menor que a veces no terminan de estar a la altura de un nombre siempre unido a la innovación. Por suerte, los que quedan son aquellos que cimentan la gloria. No hay generación que no recuerde con cariño su Mario de turno, ya sea Super Mario Bros (1985), Super Mario World (1991), Super Mario 64 (1996) o Super Mario Galaxy (2007), por poner quizá el grupo de sus más ilustres ejemplos. En todos ellos había calidad e innovación tanto en el terreno técnico como de ideas, ahí donde tantos otros juegos fracasan estrepitosamente.

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Da igual que sea en dos dimensiones o en tres, donde aparece es siempre sinónimo de calidad y diversión, algo que Nintendo ha querido celebrar con el fabuloso Super Mario Maker, para Wii U, donde los jugadores pueden editar niveles en 2D con la estética clásica o la más actual, dando rienda suelta a su imaginación y compartiendo el entusiasmo por este peculiar universo con toda la comunidad de Nintendo. Una gran idea, sin duda, que sirve como merecido homenaje para una figura que, sin embargo, nosotros creemos que necesita pronto un juego de aquellos que nos dejaban con la boca abierta como los antes citados. Desde la segunda entrega de Galaxy, de 2010, no hemos tenido un juego de Mario con ese nivel de excelencia, por más que Super Mario 3D World para Wii U fuera una agradable sorpresa en otros aspectos.

Pero si por algo Mario merece todos nuestros respetos es por el modo en que ha ido sobreviviendo a modas, nuevas tendencias o cantos de sirena. Si pensamos dónde andan hoy los que en otros tiempos fueron sus competidores, como un Sonic venido a menos que hoy le baila el agua en la saga Smash Bros, y tantos otros personajes mucho más olvidables que el erizo de Sega, y el modo en que Super Mario continúa  presente en el imaginario colectivo de muy diferentes generaciones de jugadores, el resultado es una leyenda sin parangón en esta industria. Que haya cumplido 30 años es casi una anécdota: el verdadero reto es plantearse dónde estará, qué nuevas cimas habrá alcanzado de la mano de sus geniales creadores y diseñadores, dentro de los próximos 30.

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