En 1996, Core Design y Eidos Software publicaron un título que hizo historia prácticamente desde su salida, un juego de culto del que, gracias a su calidad y al carisma de su protagonista, se han llegado a hacer varias secuelas (remakes y reboots contemporáneos incluidos), adaptaciones de cine, cómic… Acababa de nacer el mito de Tomb Raider.

Ha pasado tanto tiempo que muchos detalles del desarrollo del juego se han ido desvelando, como el hecho de que en un principio el personaje principal iba a ser un hombre, pero en Core estaban preocupados de que se les achacase que estuvieran haciendo una copia de Indiana Jones, franquicia que, por cierto, tenía juego en desarrollo por aquella época y que finalmente fue cancelado ante el éxito de Tomb Raider. Por otra parte, la aventurera se iba a llamar en un principio Laura Cruz, en un intento de conquistar públicos nuevos en el mercado sudamericano, pero finalmente se optó por occidentalizarla y darle el definitivo nombre de Lara Croft.

Sea como fuere, lo principal no giraba tanto en torno a la protagonista, como puede parecer, sino más bien en dotar al personaje de un entorno donde pudiera poner en práctica sus extraordinarias habilidades atléticas. Lara era capaz de caminar, correr, saltar de mil formas y distancias, trepar, balancearse, nadar, bucear, disparar, agarrarse a bordillos, deslizarse… prácticamente no había acción que se nos ocurriera que la arqueóloga británica no pudiera realizar.A modo de tutorial, y en un rasgo más de genialidad, sus programadores nos dejaban “trastear” por la mansión Croft, donde podíamos practicar en su gimnasio, piscina o jardín al tiempo que Lara nos iba indicando con su cálida voz.

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Una vez nos decidíamos a comenzar la campaña principal, la historia nos llevaba al misterioso encargo de Jaqueline Natla, una poderosa mujer, que nos convence para viajar a una tumba peruana en busca de un objeto llamado Sción. A partir de aquí se inicia el juego en sí, una aventura de acción, puzzles y plataformas en tercera persona, que combina sabiamente momentos de exploración y combate, y donde siempre hay que emplear la cabeza antes de dar el siguiente paso.

Tomb Raider destaca por muchos aspectos, dentro de los que cabría destacar el fenomenal aspecto audiovisual que presentaba en 1996, con unos escenarios grandes, detallados y plagados de texturas. Como siempre en un análisis retro, resulta complicado justificar esto atendiendo a las imágenes que acompañan a la entrada, pero baste recordar que hasta ese momento el único juego que planteaba algo parecido era Super Mario 64. No había, sencillamente, nada parecido a Tomb Raider, ni mejor, en su género. Los personajes eran grandes, bien animados y con una fluidez de movimientos bastante creíble, en especial una Lara Croft a la que veíamos hacer delante de nosotros todo tipo de virguerías. Y teniendo en cuenta lo poco que avanzó a nivel técnico esta saga en la quinta generación, ello redunda aún más en el portento que era este juego cuando salió, prácticamente al principio de dicha etapa.

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Evidentemente, el aspecto gráfico se veía limitado por la escasa potencia de aquellas máquinas de 32 bits que eran Playstation y Saturn, lo que derivaba, especialmente notorio en la consola de Sega, en niebla, popping, texturas que bailaban, personajes excesivamente poligonales… Sin embargo, y como he mencionado antes, en el contexto de 1996 las máquinas de sobremesa jamás habían alcanzado un nivel semejante.

Por otra parte, si por algo cautivó Tomb Raider fue por ofrecer un sistema de control absolutamente fiable. Era un juego muy difícil, con secciones de plataformas realmente complejas y desafiantes, pero nuestro dominio del control del personaje era definitivo a la hora de salir con éxito. Si nos caíamos, jamás era por un fallo de diseño de niveles, por enemigos aleatorios o nada parecido: era porque no habíamos ejecutado la secuencia correctamente, y punto. En este sentido, el juego era justo, y premiaba la paciencia y la constancia de un jugador que con frecuencia se sentía desbordado por la complejidad de los puzzles, por lo imposible que parecían ciertos saltos o por la cantidad y dificultad de enemigos en pantalla.

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La variedad de escenarios del juego, que más que unidad le daban un cierto aire de “greatest hits” de la arqueología, nos llevaba de las cuevas de Perú al antiguo Egipto, pasando por las ruinas de un coliseo romano. Momentos antológicos resultaban los encuentros con determinados jefes de final de fase, como el Tiranosaurio Rex, que ahora da bastante risa verlo, pero que en su momento resultaba ciertamente impactante.

En cuanto a las armas, daba gusto el sistema de autoapuntado, todo un acierto teniendo en cuenta que nuestra principal labor a la hora del enfrentamiento con determinados enemigos era no ser devorado por ellos, lo que hacía realmente útil no tener que preocuparse por apuntar mientras saltábamos a diestro y siniestro para salvaguardar nuestra maltrecha vida, que solo podíamos recargar con los escasos botiquines repartidos por el escenario en las salas secretas.

Todo esto, unido a una fabulosa banda sonora contextual, efectos de sonido más que decentes y una duración soberbia, que nos podía llevar entre 12 y 15 horas de puro sudor (en torno a 20 si nos daba por encontrar todas las armas secretas, salas y tesoros), hacían de Tomb Raider un auténtico bombazo allá por Navidades de 1996.

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Capítulo aparte merece, como no podía ser menos, la reflexión sobre el rol de Lara como objeto de pura cosificación. Por bueno que sea el juego, que lo es, y por mucho que Lara ha hecho por el papel de la mujer en el sector del videojuego, no puedo dejar de preguntarme si el hecho de que el personaje se empleara como puro reclamo erótico para buena parte de los usuarios fue una decisión acertada. Hay teorías bastante enfermizas acerca del tamaño de los senos de Lara en cada nueva secuela, que crecía conforme aumentaba el número de dicha entrega.

Sea como fuere, creo que deberíamos separar el lamentable recurso de los senos turgentes y los pantalones claramente inapropiados para determinados climas que lleva la señorita Croft, o la campaña de marketing y publicidad que llevaran sus empresas, y otra bien diferente que al margen de todo eso, el juego resultara sencillamente espectacular. Tomb Raider lo tenía todo para triunfar, y vaya si lo hizo. En una época en que todavía dolían los enfrentamientos entre Mario y Sonic, resulta llamativo que fuera esta mujer la que hiciera dar un paso de madurez en un sector más dado al peluche sonriente que a figuras ya con un carácter más adulto como ella.

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Lara Croft pasará a la historia como una heroína en toda regla, y como la protagonista de una franquicia que ha sobrevivido 20 años (y sigue dando guerra), aniversario que celebramos, como no podía ser de otra manera, recordando las muchas virtudes de un juego largo, apasionante y lleno de desafíos para los jugadores más exigentes, que aún hoy sigue ofreciendo un reto inigualable. Frente a la deriva que ha tomado la saga, más cercana al modelo Uncharted de acción por la acción y simplificación de puzzles, aquí el abandono al que era sometido el jugador, esa sensación de desamparo y de hostilidad de todos y cada uno de sus magníficos niveles, es algo por lo que merece la pena hacer el esfuerzo del salto técnico que requiere volver a este clásico. Siempre queda la opción del gran remake que se hizo por el 10º aniversario, pero yo personalmente me sigo quedando con este clásico inmortal.

Unknown

 

 

En 1996, Core Design y Eidos Software publicaron un título que hizo historia prácticamente desde su salida, un juego de culto del que, gracias a su calidad y al carisma de su protagonista, se han llegado a hacer varias secuelas (remakes y reboots contemporáneos incluidos), adaptaciones de cine, cómic... Acababa de nacer el mito de Tomb Raider. Ha pasado tanto tiempo que muchos detalles del desarrollo del juego se han ido desvelando, como el hecho de que en un principio el personaje principal iba a ser un hombre, pero en Core estaban preocupados de que se les achacase que estuvieran haciendo una copia de Indiana Jones, franquicia que, por cierto, tenía juego en desarrollo por aquella época y que finalmente fue cancelado ante el éxito de Tomb Raider. Por otra parte, la aventurera se iba a llamar en un principio Laura Cruz, en un intento de conquistar públicos nuevos en el mercado sudamericano, pero finalmente se optó por occidentalizarla y darle el definitivo nombre de Lara Croft. Sea como fuere, lo principal no giraba tanto en torno a la protagonista, como puede parecer, sino más bien en dotar al personaje de un entorno donde pudiera poner en práctica sus extraordinarias habilidades atléticas. Lara era capaz de caminar, correr, saltar de mil formas y distancias, trepar, balancearse, nadar, bucear, disparar, agarrarse a bordillos, deslizarse... prácticamente no había acción que se nos ocurriera que la arqueóloga británica no pudiera realizar.A modo de tutorial, y en un rasgo más de genialidad, sus programadores nos dejaban "trastear" por la mansión Croft, donde podíamos practicar en su gimnasio, piscina o jardín al tiempo que Lara nos iba indicando con su cálida voz. Una vez nos decidíamos a comenzar la campaña principal, la historia nos llevaba al misterioso encargo de Jaqueline Natla, una poderosa mujer, que nos convence para viajar a una tumba peruana en busca de un objeto llamado Sción. A partir de aquí se inicia el juego en sí, una aventura de acción, puzzles y plataformas en tercera persona, que combina sabiamente momentos de exploración y combate, y donde siempre hay que emplear la cabeza antes de dar el siguiente paso. Tomb Raider destaca por muchos aspectos, dentro de los que cabría destacar el fenomenal aspecto audiovisual que presentaba en 1996, con unos escenarios grandes, detallados y plagados de texturas. Como siempre en un análisis retro, resulta complicado justificar esto atendiendo a las imágenes que acompañan a la entrada, pero baste recordar que hasta ese momento el único juego que planteaba algo parecido era Super Mario 64. No había, sencillamente, nada parecido a Tomb Raider, ni mejor, en su género. Los personajes eran grandes, bien animados y con una fluidez de movimientos bastante creíble, en especial una Lara Croft a la que veíamos hacer delante de nosotros todo tipo de virguerías. Y teniendo en cuenta lo poco que avanzó a nivel técnico esta saga en la quinta generación, ello redunda aún más en el portento que era este juego cuando salió, prácticamente al principio de…
Gráficos - 97%
Banda Sonora - 92%
Sonido - 95%
Mecánicas / Jugabilidad - 98%
Duración - 96%
Argumento - 96%
Originalidad - 98%

96%

1996 no se puede entender en la historia de los videojuegos sin Tomb Raider. El impacto y la herencia posterior de este juego es sencillamente brutal, por lo que supuso dentro del género de las aventuras tridimensionales como por ser, de forma indiscutible, el primer gran juego triple A protagonizado por una mujer. En cualquier caso, si Tomb Raider destaca no es solo por el carisma de Lara Croft, que también, sino porque como juego es una auténtica barbaridad para su época.

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