Titanfall estaba llamado a ser uno de los juegos que definirían no solo el catálogo de exclusivos de Xbox One, sino prácticamente la generación entera. Obra de Respawn Entertainment, los responsables de aquel ya mítico Call of Duty Modern Warfare (2008), se trataba de una aventura épica espacial de disparos en primera persona, donde el mayor reclamo estaba en el despliegue de unos ingenios mecánicos llamados titanes.

Fue tal la publicidad, tal la avalancha de elogios previos a su lanzamiento y de expectación, que cuando finalmente aterrizó, hace ahora mismo cuatro años, todos nos quedamos un poco (muy) decepcionados con el resultado final. Sin duda se trataba de un juego sólido en sus mecánicas, con ese parkour y doble salto por las paredes que tantos juegos han plagiado con descaro posterior, y los titanes lucían de manera soberbia en pantalla, pero se trataba de un juego que claramente salió antes de tiempo: solo contaba con un modo multijugador escaso de contenido, lo que unido a unos también pobres modos de juego hizo que aquella fiebre pasara pronto a ser pasto de ese olvido de los justos del sistema de Microsoft donde descansan también Quantum Break y otros aún más olvidados que estos dos, sin duda los más ilustres representantes del fracaso de una consola que no ha hecho bien las cosas en ningún momento de la generación.

Dos años y medio más tarde, y ya sin acuerdo de exclusividad que los atara a Xbox One, Respawn lanzó esta secuela que nos ocupa, y que pasó totalmente desapercibida en parte por el sabor de boca agridulce del primero, pero también porque EA decidió lanzarlo al mismo tiempo que Battlefield One y Call of Duty: Infinite Warfare (que, ironías del destino, incluía como principal reclamo la versión remasterizada de Modern Warfare). Como resultado de todo ello, el juego no funcionó comercialmente y puso en serias dudas la viabilidad de la franquicia. Y eso que, como veremos a continuación, se trata no solo de un título que supera punto por punto a su predecesor en todos los aspectos imaginables, sino que se coloca, a mi juicio, como uno de los mejores juegos de su género por su enorme cantidad de virtudes técnicas, de contenido y de jugabilidad.

La campaña

El modo campaña nos pone en la piel del soldado Cooper, en medio de las revueltas galácticas entre una mega corporación (malvada y ambiciosa, como no podía ser menos), llamada IMC, y un ejército de milicianos en un lugar llamado La frontera. Cooper pronto se verá envuelto en un conflicto que terminará con él de piloto del Titán BT-7274, para de ahí lanzarse a una frenética carrera para salvar media galaxia de un arma de destrucción masiva.

Pronto queda claro que aquí el protagonismo es para BT, que sin duda tiene los mejores momentos de un modo que se alarga tranquilamente a 8 horas de diversión pura y dura en su modo más difícil. No es que la historia sea nada del otro mundo, pero resulta espectacular, tensa y variada, con situaciones que van desde la intensidad de los enfrentamientos con ciertos titanes mercenarios que trabajan para el ejército rival, a interactuar con el nuestro de mil maneras diferentes, a cuál mejor. A eso se añade un paseo espacial por todo tipo de entornos y situaciones, que nos permiten familiarizarnos con el control tanto del piloto como del titán (algo esencial para tener opciones en el multijugador), sin caer en ningún momento en ese tópico de tutorial camuflado que sí tienen cada vez más otras franquicias.

Este modo campaña es, en mi opinión, de lo mejor que he jugado en mucho tiempo en el género. Está muy por encima de la media de los últimos años, tiene muchos momentos memorables, épicos y que merecen la pena que cualquiera que esté deseando lanzarse a la arena multijugador le dé primero una oportunidad. Puede que los personajes o el argumento no revolucionen nada en sí mismos, pues todo remite a esos tópicos que ya todos sabemos sobre el esfuerzo y el sacrificio de unos pocos ante el empuje de las malvadas corporaciones galácticas de turno, con personajes de frase rimbombante y gatillo fácil. Sin embargo, está todo hilvanado de una forma que resulta fluida y efectiva, y tiene a un robot protagonista, BT, que es sencillamente fenomenal, y protagoniza escenas que hasta os van a emocionar, ya lo veréis.

El modo campaña de Titanfall 2 me ha hecho reflexionar mucho, además, en lo que aporta este tipo de contenido a un juego. En mi opinión, ya solo por tenerlo este título merecería la pena, sobre todo ahora que gracias al paso del tiempo desde su estreno está literalmente tirado de precio. La curva de progresión de dificultad es bastante adecuada, y las mecánicas que vamos aprendiendo están insertadas con bastante habilidad, tanto en lo que se refiere a temas de armas de titán o de soldado como de saltos y piruetas por las paredes, con momentos de auténtico vértigo y espectacularidad.

El apartado técnico es, además, de sobresaliente en todos los aspectos. La cantidad de información que se maneja por esos cuidados (y bien camuflados) pasillos de los escenarios se refleja en unas texturas, iluminación y efectos de partículas de quitar el hipo. Las animaciones de los personajes, sobre todo de los titanes, son para quitarse el sombrero, y hay escenas como las de los enfrentamientos entre naves en vuelo donde yo pensaba que la PS4 iba a explotar. A eso se añade, además, unos efectos de sonido asombrosos y una banda sonora, obra de Stephen Barton, que mejor aún de lo que hizo ya en la primera parte, sabe perfectamente captar el espíritu futurista, épico y grandilocuente de la historia  para componer una partitura que acompaña fenomenalmente la acción, desde el impecable tema principal a los más furiosos, como el del ataque a la base de titanes, o intimistas como en las misiones de infiltración. Todo en este juego está hecho, y se nota, con la conciencia de sobreponerse a críticas y dejar boquiabierto al personal, y a fe que lo consigue.

El multijugador

Evidentemente, los que hubieran jugado ya al primer título sabían de sobra que donde iba a haber una auténtica revolución iba a ser aquí, y vaya si la ha habido. Del anterior se mantienen bases esenciales en su modo de lucha principal, como la presencia de los soldados NPC`S, unos bots que nos permiten acumular más puntos para potenciar armas y desplegar titanes, aunque siguen haciendo gala de una inteligencia artificial bastante cuestionable. También se mantienen los escenarios enormes, abiertos y bien diseñados del anterior, aunque en mayor número y ambientados todos ellos en la campaña (el del modo entrenamiento es uno de mis favoritos, sin duda), y paredes enormes donde practicar los dobles saltos y la carrera en paralelo, tan necesaria para alcanzar a los titanes cuando somos simples pilotos de a pie. Y como siempre, otro rasgo marca de la casa es que cuando termina la partida se da la opción a los perdedores de echar tierra de por medio y acudir a las naves de escape, mientras los vencedores acechan para impedirlo. Es un sistema de juego sencillo, directo, apasionante y lleno de posibilidades de las que otros juegos carecen, y que sin duda le da la personalidad y la gracia al título.

Por desgracia, se mantienen también los dichosos micropagos, que aquí se dedican a temas ornamentales de skins, pero que también nos permiten gozar de equipos avanzados en forma de armas y habilidades para personajes y titanes que, menos mal, se pueden obtener también jugando (la moneda in-game del juego nos permite también adquirir todas estas mejora). Aun así, punto negro como el de tantos otros juegos, que espero que con el tiempo se vaya moderando.

Los menús del modo multijugador, además del acceso a la dichosa tienda, nos permiten modificar multitud de aspectos del juego y de nuestra personalización. Una vez metidos en faena, el objetivo es hacer puntos a base de acribillar NPC’s o, más difícil, a otros pilotos. Cuando tenemos la suficiente puntuación nos obsequian con un despliegue, que debemos primero seleccionar en un terreno adecuado. A partir de ahí es todo un festival de tiros y explosiones, con la posibilidad de poder controlar por control remoto a titanes enemigos (uno de los momentos más satisfactorios del multijugador, sin duda). Los premios por las buenas actuaciones son bastante suculentos, desde nuevas armas a apariencias, pasando por habilidades, mejoras en el traje y en el titán, etc.

Precisamente, los cambios más importantes en el multijugador tienen que ver con los titanes. Su escudo ya no se regenera, lo que hace que no sean las bestias imparables del primer juego. Además, si nos subimos a un titán rival podemos quitarle su batería y dársela a otro aliado, lo que invita a picarse bastante. Todo esto hace que las partidas sean más equilibradas, aunque ello haya sido a costa de “debilitar” al principal reclamo del título.

En cuanto a los modos, no creo que nadie pueda poner la menor objeción tanto a la cantidad como a la calidad y posibilidades de los mismos. Desde el principal, del que ya hemos hablado, pasando por el Último titán en pie, el clásico de capturar la bandera o defender ciertas zonas, un modo Piloto contra piloto, donde no se pueden desplegar titanes, un todos contra todos, la cacería de mercenarios (donde se obtienen monedas por cada muerte que se pueden depositar en plena partida o robar a los rivales), la Defensa de la Frontera (uno de mis favoritos, donde hay que resistir oleadas de enemigos en un mapa excelente)… En total, once modos con muy diferentes características, con enfrentamientos de hasta 16 jugadores (8 por equipo), con un matchmaking bastante acertado y un sistema de recompensas que invitan, literalmente, a no jugar a otra cosa.

(Nota: soy consciente de que este punto lo valoro a día 31 de marzo de 2018, cuando el juego ha ido dando contenido adicional gratuito a su base de usuarios: 5 de los 11 modos de juego se han ido incorporando en el año y medio posterior a su lanzamiento, (lo que también es de agradecer, dicho sea de paso)).

En definitiva, Titanfall 2 ha logrado dos objetivos muy complicados: el primero de ellos es demostrar que las expectativas que se habían puesto sobre la primera entrega estaban justificadas, y que con algo más de tiempo y paciencia por parte de su productora, Respawn era capaz de sacar adelante un proyecto como este y salir airosa del asunto, con la expectativa de una tercera entrega que esperamos que se produzca tarde o temprano. Titanfall tenía demasiado potencial, demasiadas virtudes y demasiado diseño de primer nivel como para quedarse en aquella pobre primera entrega, y celebro que haya podido quitarse esa espina, aunque mucho me temo que haya llegado demasiado tarde como para estar a la altura que se esperaba del título original.

Por otro lado, el juego demuestra que se puede hacer un FPS de auténtica calidad en esta generación, uno que se salte la mediocridad general y la parquedad de contenido para hacer gala de todas las virtudes que se esperan de una producción triple A de estas características. Hay pocos juegos que sean tan sólidos como este, si no brillantes, en prácticamente todos sus apartados, con unas mecánicas de juego tan precisas, intuitivas y, al mismo tiempo, complejas, o un apartado audiovisual tan impactante en todos sus (muchos) modos de juego. Más allá de los tópicos de la campaña o de los micro pagos del multijugador, hay realmente poco que objetar a un juego que todo lo que hace, lo hace casi a la perfección.

 

Titanfall estaba llamado a ser uno de los juegos que definirían no solo el catálogo de exclusivos de Xbox One, sino prácticamente la generación entera. Obra de Respawn Entertainment, los responsables de aquel ya mítico Call of Duty Modern Warfare (2008), se trataba de una aventura épica espacial de disparos en primera persona, donde el mayor reclamo estaba en el despliegue de unos ingenios mecánicos llamados titanes. Fue tal la publicidad, tal la avalancha de elogios previos a su lanzamiento y de expectación, que cuando finalmente aterrizó, hace ahora mismo cuatro años, todos nos quedamos un poco (muy) decepcionados con el resultado final. Sin duda se trataba de un juego sólido en sus mecánicas, con ese parkour y doble salto por las paredes que tantos juegos han plagiado con descaro posterior, y los titanes lucían de manera soberbia en pantalla, pero se trataba de un juego que claramente salió antes de tiempo: solo contaba con un modo multijugador escaso de contenido, lo que unido a unos también pobres modos de juego hizo que aquella fiebre pasara pronto a ser pasto de ese olvido de los justos del sistema de Microsoft donde descansan también Quantum Break y otros aún más olvidados que estos dos, sin duda los más ilustres representantes del fracaso de una consola que no ha hecho bien las cosas en ningún momento de la generación. Dos años y medio más tarde, y ya sin acuerdo de exclusividad que los atara a Xbox One, Respawn lanzó esta secuela que nos ocupa, y que pasó totalmente desapercibida en parte por el sabor de boca agridulce del primero, pero también porque EA decidió lanzarlo al mismo tiempo que Battlefield One y Call of Duty: Infinite Warfare (que, ironías del destino, incluía como principal reclamo la versión remasterizada de Modern Warfare). Como resultado de todo ello, el juego no funcionó comercialmente y puso en serias dudas la viabilidad de la franquicia. Y eso que, como veremos a continuación, se trata no solo de un título que supera punto por punto a su predecesor en todos los aspectos imaginables, sino que se coloca, a mi juicio, como uno de los mejores juegos de su género por su enorme cantidad de virtudes técnicas, de contenido y de jugabilidad. La campaña El modo campaña nos pone en la piel del soldado Cooper, en medio de las revueltas galácticas entre una mega corporación (malvada y ambiciosa, como no podía ser menos), llamada IMC, y un ejército de milicianos en un lugar llamado La frontera. Cooper pronto se verá envuelto en un conflicto que terminará con él de piloto del Titán BT-7274, para de ahí lanzarse a una frenética carrera para salvar media galaxia de un arma de destrucción masiva. Pronto queda claro que aquí el protagonismo es para BT, que sin duda tiene los mejores momentos de un modo que se alarga tranquilamente a 8 horas de diversión pura y dura en su modo más difícil. No es que la historia sea nada del…
Gráficos - 97%
Sonido - 96%
Banda Sonora - 94%
Mecánicas / Jugabilidad - 97%
Argumento - 89%
Duración - 98%
Originalidad - 87%

94%

Rara avis dentro de un género tan sobresaturado como el de los FPS de corte futurista, Titanfall 2 sabe mejorar -y mucho- sobre las prometedoras bases de su fallido predecesor para lanzar la franquicia a una altura espectacular. Apoyado en un apartado técnico excelente, un contenido generoso para su modo multijugador y una de las mejores campañas que hemos jugado nunca en un juego de este género, T2 se convierte por méritos propios en uno de los mejores de su categoría y en un auténtico imprescindible.

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