Hay mundos oscuros en el reino digital, lugares donde impera la ley del más fuerte con una crueldad a prueba de magia y fuego. Geralt de Rivia está acostumbrado a vagar por ellos. Hace años que sus primeras aventuras fueron dando saltos de la tinta y el papel al que por entonces parecía su entorno natural, el PC, pero ahora llega a la octava generación para asentarse con firmeza y solidez no solo como uno de los mejores juegos de 2015, sino como quizá el primer gran juego de toda su generación.

CD Projekt ha ido perfeccionando su sistema de rol, acción, aventura y exploración desde la primera entrega de The Witcher. Las mecánicas de combate se han refinado, muchos de sus engorrosos menús se han ido adaptando a un tipo de usuario no necesariamente experto en el rol, y la historia se ha simplificado en aras de esa estructura de misiones principales y secundarias al margen, tan del gusto del sandbox contemporáneo.

La diferencia entre el juego que nos ocupa y sus más directos competidores dentro del género de la fantasía épica (GTA V juega en una liga aparte, mucho nos tememos), es básicamente la escala. Todo aquí es sencillamente mastodóntico, compitiendo de tú a tú con los grandes referentes del género en épocas previas, como Skyrim. Y si bien el acabado técnico no es, ni de lejos, el que se mostró en el E3, el juego alcanza cotas notables en muchos aspectos, mucho más en temas de escenarios exteriores e interiores, y menos afortunados en rostros y animaciones de unos personajes que siguen pareciendo un poco monigotes, a día de hoy.

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The Witcher 3 nos traslada a un universo plagado de bosques, castillos, mazmorras y pantanos, con unos efectos climatológicos y de luz asombrosos y con una capacidad de inmersión fuera de toda duda. Es su principal baza y la razón por la que es complicado cansarse de recorrer un mundo plagado de secretos, tesoros, misiones secundarias y posibilidades. La belleza de muchas de sus localizaciones es sobrecogedora, y la ambientación está realmente conseguida, lo que ayuda a meternos en la historia desde que nos asomamos al balcón de la fortaleza de los brujos en el primer minuto de juego.

A la hora de controlar a Geralt, las mecánicas se reparten en movimientos de ataque y defensa, bastante bien coordinados entre sí con una lógica evolución del Z targetting, sistema por el que pasamos a fijar a nuestro objetivo en el espacio para pivotar en torno a él y así poder concentrar el combate mejor en nuestro objetivo. Dado que muchos de los enfrentamientos del juego se producen ante varios rivales al mismo tiempo, la alternancia de objetivos es fundamental para salir con vida de muchos de estos combates.

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Al margen de las dos espadas, una de plata para enemigos fantásticos, como los grifos, y otra de acero para rivales humanos, Geral cuenta con una serie de hechizos capaces de realizar diferentes acciones, desde quemar a lanzar ondas expansivas, campos de fuerza, etc. El empleo de ellos ante determinados rivales será esencial para ganar unos preciosos segundos en los que poder recargar nuestra siempre maltrecha vida.

Ya avanzábamos en entradas anteriores que el control del juego nos estaba pareciendo más duro de lo que nos hubiera gustado. No es que sea un desastre, como nos hizo temer al principio, y está claro que los muchos parches que han ido apareciendo algo habrán ayudado a pulirlo, pero aún así se nos hace complicado enfrentarnos a grupos muy numerosos de rivales. Si el juego no exigiera tanta precisión en determinados momentos no sería un problema, pero cuando ése es precisamente el caso, el resultado final tiene que resentirse a la fuerza, y es una lástima.

La supervivencia es una clave en este juego, y ello pasa por tener siempre la armadura y el equipo en perfecto estado, ya que con la acción no solo se desgasta nuestra espada, sino que también lo hacen desde el peto a las botas. Todo ello necesitará de la sabia mano de los enanos forjadores, que siempre nos cobrarán módicos precios a cambio de sus servicios.

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Ello nos lleva al gran problema del juego, que es la financiación. Necesitamos dinero para mejorar el equipo y acometer con garantías las misiones principales del juego, por lo que cumplir tareas secundarias y hacernos con las recompensas será iimrpescindible. Hay otras maneras, claro, pero son más tramposas y nos hacen disfrutar bastante menos de un juego donde, ay, muchas situaciones nos obligarán a saquear allá donde vayamos, desde la última casa del más pobre campesino al salón del barón más opulento.

Al margen de la incoherencia de ver a nuestro brujo robando, literalmente, a todo lo que se mueve sin que ello afecte a la lógica interna de la historia, nos preocupa que la amplia variedad de objetos y combinaciones pueda echar para atrás a más de un jugador, poco acostumbrado a convertir pieles, gemas y líquidos en vete tú a saber qué. Sin embargo, la exploración por los profusos menús del juego y el método del ensayo y error serán fundamentales para poder avanzar en la historia, algo que a nosotros nos parece apasionante pero que entendemos que encontrará sus detractores en un público menos formado en esto de la paciencia.

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En cualquier caso, nuestro mayor problema con The Witcher 3 tiene que ver con una trama principal bastante floja, a la que determinadas misiones secundarias bastante surrealistas y mencionadas hasta la saciedad, como la de la dichosa cabra o la no menos dichosa sartén, no ayudan demasiado. Eso de buscar a determinadas damas de la ceca a la meca sin más no termina de tener la épica que creemos que se merece la historia, de modo que el único interés consiste en esos misteriosos jinetes de la cacería salvaje que dan subtítulo a la obra. Francamente, ni los prolijos diálogos con demasiados personajes, ni los continuos frenos en la acción o ese sistema que termina por hacerse repetitivo (Geralt llega a un sitio, pregunta por información y obtiene una misión secundaria para recibirla) nos parece que ayuden en absoluto a mejorar esa pobre impresión de que el argumento del juego va a trompicones, sin la fluidez ni la epicidad que se le presuponía y que sí nos aportaron las entregas precedentes de la saga.

Lo que hace grande a este juego no es, desde luego, una narrativa cargada de lugares comunes, diálogos sacados de un manual para aburrir corderos o un retrato de personajes, especialmente femenino, capaz de sonrojar a cualquier ser inteligente (menuda, la escena sobre el caballo). Lo que hace grande a The Witcher 3 es su sentido del espectáculo, su inteligencia a la hora de plantear todo tipo de retos al jugador (y con ello no nos referimos a las carreras de caballos, que conste) y de conducir al jugador a un mundo donde es él, y no tanto los desarrolladores, el que toma el pulso a la historia y la lleva donde más le plazca, con todo lo que ello implica. Si a ello se le suma una razonable variedad de enemigos, un apartado sonoro excelente y un gusto por el detalle que raya en lo enfermizo, el resultado final está garantizado.

Por todo ello, tanto a nivel de contenido como de acabado técnico el juego cumple mayoritariamente sus promesas, y se convierte sin lugar a dudas en el referente de la octava generación en su género. No hay nada más grande, ni más completo, ni mejor en un sentido general de la palabra, que este juego a día de hoy en el catálogo de Playstation 4 o Xbox One. Es un juego impensable, por su nivel técnico, en la generación anterior, y ofrece una cantidad de horas cercana a las 200, toda una barbaridad para completistas y fans de los trofeos.

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Hay mundos oscuros en el reino digital, lugares donde impera la ley del más fuerte con una crueldad a prueba de magia y fuego. Geralt de Rivia está acostumbrado a vagar por ellos. Hace años que sus primeras aventuras fueron dando saltos de la tinta y el papel al que por entonces parecía su entorno natural, el PC, pero ahora llega a la octava generación para asentarse con firmeza y solidez no solo como uno de los mejores juegos de 2015, sino como quizá el primer gran juego de toda su generación. CD Projekt ha ido perfeccionando su sistema de rol, acción, aventura y exploración desde la primera entrega de The Witcher. Las mecánicas de combate se han refinado, muchos de sus engorrosos menús se han ido adaptando a un tipo de usuario no necesariamente experto en el rol, y la historia se ha simplificado en aras de esa estructura de misiones principales y secundarias al margen, tan del gusto del sandbox contemporáneo. La diferencia entre el juego que nos ocupa y sus más directos competidores dentro del género de la fantasía épica (GTA V juega en una liga aparte, mucho nos tememos), es básicamente la escala. Todo aquí es sencillamente mastodóntico, compitiendo de tú a tú con los grandes referentes del género en épocas previas, como Skyrim. Y si bien el acabado técnico no es, ni de lejos, el que se mostró en el E3, el juego alcanza cotas notables en muchos aspectos, mucho más en temas de escenarios exteriores e interiores, y menos afortunados en rostros y animaciones de unos personajes que siguen pareciendo un poco monigotes, a día de hoy. The Witcher 3 nos traslada a un universo plagado de bosques, castillos, mazmorras y pantanos, con unos efectos climatológicos y de luz asombrosos y con una capacidad de inmersión fuera de toda duda. Es su principal baza y la razón por la que es complicado cansarse de recorrer un mundo plagado de secretos, tesoros, misiones secundarias y posibilidades. La belleza de muchas de sus localizaciones es sobrecogedora, y la ambientación está realmente conseguida, lo que ayuda a meternos en la historia desde que nos asomamos al balcón de la fortaleza de los brujos en el primer minuto de juego. A la hora de controlar a Geralt, las mecánicas se reparten en movimientos de ataque y defensa, bastante bien coordinados entre sí con una lógica evolución del Z targetting, sistema por el que pasamos a fijar a nuestro objetivo en el espacio para pivotar en torno a él y así poder concentrar el combate mejor en nuestro objetivo. Dado que muchos de los enfrentamientos del juego se producen ante varios rivales al mismo tiempo, la alternancia de objetivos es fundamental para salir con vida de muchos de estos combates. Al margen de las dos espadas, una de plata para enemigos fantásticos, como los grifos, y otra de acero para rivales humanos, Geral cuenta con una serie de hechizos capaces de realizar diferentes acciones, desde quemar a lanzar ondas…
Gráficos - 92%
Sonido - 93%
Banda Sonora - 92%
Jugabilidad - 87%
Duración - 98%
Originalidad - 82%
Argumento - 63%

87%

Un gran juego que cumple buena parte de las expectativas creadas, si bien se ha quedado a varios peldaños de alcanzar la categoría maestra en buena medida por una historia que no termina de atrapar como debería. No obstante, las andanzas de Geralt de Rivia son dignas de su saga y ofrecen al jugador una cantidad abrumadora de aventura, rol, exploración y acción con una calidad fuera de toda duda. El mejor juego de 2015, de lo que llevamos de año, de largo.

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