«Menudo papelón le ha caído a J. J. Abrams», es lo que pensé durante toda la proyección del Episodio IX, que cierra un ciclo de la historia de Star Wars que comenzó en 2015 con El despertar de la fuerza, y no la saga de los Skywalker ni 42 años de historia de nada, como ha afirmado su director y su productora hasta la saciedad en los medios en un último intento de capitalizar, una vez más, el éxito de la trilogía original a la que de nuevo, esta película intenta arrimarse de la manera más descarada posible.

The rise of Skywalker (El ascenso de Skywalker, a partir de ahora) es una película fallida y triste, porque tiene que tratar de dar coherencia a algo que no la tuvo nunca, cerrar una trama que jamás tuvo un plan previo y que, ahora ya sí, se puede decir que se ha ido dando a golpes. La primera parte de esta trilogía fue un refrito vergonzoso de Una nueva esperanza, la segunda tomaba más que referencias a El imperio contraataca y El Retorno del Jedi pero en el fondo no era más que un insulto arrogante y pretencioso a la franquicia; esta tercera, que en una palabra se podría resumir como desbarajuste, intenta hacer lo que puede por darle algo de coherencia a este conjunto, pero fracasa, una vez más, porque esto no hay quien lo sostenga.

Espera, ¿dónde te he visto yo antes? Ah, sí, en una película mejor que esta.

La película, que nos traslada un año tras los acontecimientos de la anterior, nos presenta a una Rey con más conocimiento sobre la fuerza que está siendo entrenada por Leia, su nueva maestra Jedi (¿?), y a un Kylo Ren que ha descubierto nada menos que el emperador Palpatine sigue vivito y coleando y no solo eso, sino que es la mente maestra que hay tras la creación de Snooke, la primera orden, sus alucinaciones oyendo a Vader a través del casco del señor oscuro, las conversaciones entre él y Rey… en definitiva, moviendo los hilos de absolutamente todo. Ah, y además tiene mil doscientas naves bajo tierra, que han estado esperando 30 años haciendo sudokus y cada una equipada con un cañón que destruye planetas. Por qué no. La película parte de ese inicio tan disparatado y que tanto daña el final de El Retorno del Jedi (porque invalida el sacrificio de Vader, la victoria de la rebelión sobre el imperio, de los Jedi sobre los Sith y un largo y horripilante etcétera), y en definitiva, de la trilogía original, y a partir de ahí se lanza a una sucesión de carreras, viajes, personajes olvidables y desaprovechados que culmina en un último acto desastroso. Pero vayamos por partes.

J. J. Abrams es un buen director, capaz de crear imágenes poderosas y de rodar escenas de acción con mucha solvencia. Lo ha demostrado con creces en numerosas películas y fue capital en la revitalización de la franquicia Star Trek (2009 y 2012), pero no se puede olvidar que ya entonces se le acusó de conservadurismo, de copiar de manera directa argumentos de películas anteriores sin arriesgar una micra de guion, en una mezcla a caballo entre el homenaje y el remake, que es en definitiva lo que ofreció en el Episodio VII. Abrams allí plantó, sin embargo, algunas semillas para la esperanza que Rian Johnson destruyó una a una, dejando esta trilogía herida de muerte.

Tú dale, que a algún sitio llegaremos. El guionista proveerá.

Es evidente que a Abrams no le gustó ni un pelo la cinta de Johnson, y que el Episodio IX está construido como secuela de El despertar de la fuerza y como respuesta directa, frontal y cruel, contra Los últimos Jedi. No es que ignore lo ocurrido allí, sino que lo contradice abiertamente: nada de democratizar la fuerza: Rey es nieta de Palpatine, no de unos simples borrachos; el sable de luz de Luke Skywalker no está roto, sino en perfecto funcionamiento, y es el propio Luke, en una versión fantasmal que nada tiene que ver con la del episodio anterior, el que aparece en escena con dicho sable en la mano diciendo que «el arma de un Jedi merece más respeto», un mensaje directo a Johnson, que es el que le había faltado al respeto en aquella lamentable escena de The Last Jedi donde lo arrojaba al quinto pino; el casco de Kylo Ren se repara, porque el personaje lo necesita para simbolizar su oscuridad, algo que todos salvo Johnson parecimos comprender; Palpatine regresa literalmente de entre los muertos porque Johnson se cargó a Snooke porque sí, y ese plano del tanque con los clones del Líder Supremo es, de nuevo, un corte de mangas de director a director. Y ya por último, lo de la falta de combustible y los saltos limitados a hipervelocidad de la anterior película se va a freír gárgaras en una primera escena en la que Poe y los demás hacen seis saltos seguidos con el Halcón. Ahí queda eso, Rian Johnson.

Todo esto nos puede parecer divertido, por aquello del morbo, pero lo cierto es que destroza la trilogía por completo, la deja aún más herida de lo que ya estaba porque rompe su coherencia, enfrenta las tramas o las ignora de manera insultante (lo de personajes como Rose, que aquí tiene poco menos que un cameo, es de traca) y provoca una sensación de falta de conjunto que es lo que le faltaba a esto ya para terminar de rematarlo.

No te preocupes, primo, que si te mato te revivo y viceversa. Que no pare la fiesta.

Donde Abrams sigue fallando, y de qué manera, es en el miedo a dar pasos hacia delante en la trama. No es capaz de matar a un solo personaje pero nos hace creer que Chewbacca muere destruido por los rayos de Rey para luego sacarlo vivo en la siguiente escena porque iba en un transporte que nadie salvo el guionista debió ver; nos hace creer que C-3PO va a morir (ya desde el tráiler) para luego devolverle su memoria como si nada; nos hace creer que Kylo Ren muere a manos de Rey para luego devolverle la vida inmediatamente a manos de Rey; nos hace creer que Rey muere para luego devolverle la vida a manos de Kylo Ren; nos hace creer, por último, que Palpatine absorbe toda la energía vital de Rey y Ben Solo para luego devolverles la vida (el guionista) como si no hubiera pasado nada. Este es el tipo de trucos de baratillo que llevo denunciando ya en las dos películas previas y que aquí se convierte en patrón narrativo, para desesperación del más comprensivo de los fans.

Por su parte, la trama va dando unos saltos fantásticos con las excusas más pedestres que únicamente tienen como objetivo retrasar la resolución de la trama con un conflicto final que acaba con unos caballos peludos correteando por un destructor imperial y con el emperador Palpatine lanzando pulsos electromagnéticos de lo más conveniente para el guion…

Mi jaca, galopa y corta viento cuando pasa por el puerto caminito de Jereeez…

Sinceramente, yo no le veo el menor sentido ni la menor justificación a que Palpatine siga vivo (la película tampoco da explicación alguna, no se vayan a pensar: igual es que es una buena pregunta para otro momento, por citar a la «ilustre» Maz Kanata), o que tenga una flota Sith esperando ahí no se sabe qué tranquilamente para conquistar la galaxia. En cuanto a los poderes nuevos de la fuerza, lo de la sanación milagrosa me parece que resta más que suma, porque anula el valor que tiene la muerte en la historia. Toda la fuerza del sacrificio de Leia para que Rey prevalezca sobre Kylo Ren se pierde completamente al sanarlo.

Son decisiones como esta, o la de incluir personajes femeninos para que Poe y Finn tengan algo que hacer en la trama pero que tampoco van a ningún lado luego, las que terminan lastrando una película llena, llena de errores y malas decisiones, seguramente muchas de ellas provocadas por las prisas, que Abrams ya denunció en su momento y por las que se bajó ya del carro una vez, que han hecho que una cinta tan compleja como esta tenga menos tiempo de producción y post-producción del que debería.

Dejo para el final a Leia, nuestra querida princesa, que tiene aquí un triste final, casi tan inmerecido como los que tuvieron ya Han Solo o Luke Skywalker en las anteriores, pero que en este caso lo disculpo (y es lo único que voy a disculpar de toda la cinta) por el fallecimiento de la actriz y la decisión, a mi parecer sabia y respetuosa, de no reemplazar a la actriz por otra o hacer una aberración digital de esas que se llevan ahora. En cualquier caso, y por más que Abrams haya intentado compensar su ausencia con unas escenas eliminadas de El despertar de la fuerza, su papel en esta película resulta forzado, y eso de su profecía con el sable de luz que Luke tenía guardado en su chabola de Anch-To… madre mía.

En fin, no creo que merezca la pena insistir más en esta película, que desde luego no pasará a la historia como la más memorable de la saga, por más que Daisy Ridley, Adam Driver y hasta Abrams hacen lo que pueden por sacarla adelante. Sinceramente, y por más que sea evidente que la película intenta congraciarse con los fans desilusionados con la anterior cinta, es tal la cantidad de disparates que yo solo tenía ganas de que aquello acabara de una vez.

¿Que sobreviviste a la caída y explosión de la Estrella de la Muerte?
¿Qué me estás container, abuelo? Espera… ¿abuelo?

Pero eso sí, que no falten guiños a la trilogía clásica, para que quede bien claro que esto es Star Wars en su más pura esencia: la medalla de la batalla de Yavin, Lando Calrissian que está para los restos, John Williams de camarero, el pobre Wedge Antilles que pasaba por ahí… Porque decía antes, y lo mantengo, que por más que se empeñe en tirar cabos a la saga clásica, esta película no cierra la historia de Star Wars en absoluto; esa quedó cerrada hace más de tres décadas con El retorno del Jedi (1983), y todo lo demás es un chicle comercial estirado, manoseado y sin sabor. Luego vino una segunda etapa compuesta por la trilogía de las precuelas (1999-2005) y la serie Clone Wars (2008-2013), y posteriormente, a partir ya de 2015, la era Disney, en la que parece que todavía nos falta mucho por ver, no sé si por suerte o por desgracia. Imagino que seguirán haciendo más cosas, pero es evidente, o al menos para mí lo es, que la marca Star Wars se ha ido devaluando en estas etapas posteriores a la original, y en concreto en esta última, aún más. Esto ya no es lo que era.

Porque de todo este último ciclo de Star Wars moderno compuesto por El despertar de la fuerza (2015), Los últimos Jedi (2017), El ascenso de Skywalker (2019), la serie animada Resistance, Han Solo (2018), Rogue One (2016) y la serie El Mandaloriano (2019), únicamente estos dos últimos productos me parecen salvables, porque hacen lo que los demás debían haber hecho, y no hacen: enriquecer el universo Star Wars con historia competentes. Se trataba de eso, y no era tan difícil. De verdad que no.

Encuentre en menos de 7 segundos tres películas buenas y seis malas.
"Menudo papelón le ha caído a J. J. Abrams", es lo que pensé durante toda la proyección del Episodio IX, que cierra un ciclo de la historia de Star Wars que comenzó en 2015 con El despertar de la fuerza, y no la saga de los Skywalker ni 42 años de historia de nada, como ha afirmado su director y su productora hasta la saciedad en los medios en un último intento de capitalizar, una vez más, el éxito de la trilogía original a la que de nuevo, esta película intenta arrimarse de la manera más descarada posible. The rise of Skywalker (El ascenso de Skywalker, a partir de ahora) es una película fallida y triste, porque tiene que tratar de dar coherencia a algo que no la tuvo nunca, cerrar una trama que jamás tuvo un plan previo y que, ahora ya sí, se puede decir que se ha ido dando a golpes. La primera parte de esta trilogía fue un refrito vergonzoso de Una nueva esperanza, la segunda tomaba más que referencias a El imperio contraataca y El Retorno del Jedi pero en el fondo no era más que un insulto arrogante y pretencioso a la franquicia; esta tercera, que en una palabra se podría resumir como desbarajuste, intenta hacer lo que puede por darle algo de coherencia a este conjunto, pero fracasa, una vez más, porque esto no hay quien lo sostenga. Espera, ¿dónde te he visto yo antes? Ah, sí, en una película mejor que esta. La película, que nos traslada un año tras los acontecimientos de la anterior, nos presenta a una Rey con más conocimiento sobre la fuerza que está siendo entrenada por Leia, su nueva maestra Jedi (¿?), y a un Kylo Ren que ha descubierto nada menos que el emperador Palpatine sigue vivito y coleando y no solo eso, sino que es la mente maestra que hay tras la creación de Snooke, la primera orden, sus alucinaciones oyendo a Vader a través del casco del señor oscuro, las conversaciones entre él y Rey... en definitiva, moviendo los hilos de absolutamente todo. Ah, y además tiene mil doscientas naves bajo tierra, que han estado esperando 30 años haciendo sudokus y cada una equipada con un cañón que destruye planetas. Por qué no. La película parte de ese inicio tan disparatado y que tanto daña el final de El Retorno del Jedi (porque invalida el sacrificio de Vader, la victoria de la rebelión sobre el imperio, de los Jedi sobre los Sith y un largo y horripilante etcétera), y en definitiva, de la trilogía original, y a partir de ahí se lanza a una sucesión de carreras, viajes, personajes olvidables y desaprovechados que culmina en un último acto desastroso. Pero vayamos por partes. J. J. Abrams es un buen director, capaz de crear imágenes poderosas y de rodar escenas de acción con mucha solvencia. Lo ha demostrado con creces en numerosas películas y fue capital en la revitalización de la franquicia Star Trek (2009…
Valoración global - 3

3

Tan entretenida y bien realizada como incoherente y llena de disparates, El ascenso de Skywalker es un triste epílogo para una trilogía que se ha pasado demasiado tiempo intentando capitalizar el éxito de la saga clásica de Star Wars, y apenas ha desarrollado tramas, personajes y situaciones propias. Esta cinta es un desbarajuste de guion, ritmo, personajes intrascendentes y escenas olvidables, con demasiada obsesión por contentar a todos (y responder a bofetadas al episodio anterior, ya de paso), y confirma, en definitiva, que Disney no era la empresa adecuada para llevar este proyecto adelante.

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