A finales de un siglo XIX alternativo cargado de alta tecnología, una orden de caballeros trata de defender Inglaterra de una serie de problemas que amenazan con romper la estabilidad del país. Londres está siendo asolada por una serie de crímenes, perpetrados por un tal Jack el Destripador, a lo que se suma una insurgencia de tintes hindúes y una aún más oscura sombra en forma de depredador. Para combatir semejantes misterios, la orden cuenta con un grupo de élite formado por sir Percival, sir Galahad, Lady Igraine y el marqués de Lafayette. Juntos, deberán recorrer diferentes escenarios de Londres, desde los oscuros callejones de Whitechapel a las intrincadas mazmorras de la compañía de las Indias, en una trama que recoge muchos de los tópicos literarios y arquetipos de la época.

Con esta interesante premisa argumental parte el título que, desde hace mucho tiempo, lleva alimentando las esperanzas de los usuarios de Playstation 4, cuyo catálogo es cada vez más evidente que necesita títulos triple A exclusivos que justifiquen de verdad en el terreno del software esa insultante superioridad que demuestra en ventas de hardware. Y si bien el juego que nos ocupa demuestra un músculo gráfico como no ha hecho ningún título next-gen hasta la fecha, todo lo que rodea ese magnífico envoltorio plantea una serie de problemas que consideramos necesario explorar a fondo.

The Order 1886 comenzó su desarrollo en 2010 en las oficinas de Ready at Dawn, responsables de los excelentes dos títulos de la serie God of War aparecidos para PSP. A partir de entonces, el nuevo y poderoso motor gráfico creado para la ocasión permitió algunos avances prometedores, que llevaron al anuncio del título oficialmente en 2013. Sony necesitaba dar a su comunidad de usuarios un caramelo del que poder presumir ante la competencia, uno que pudiera justificar la compra de la consola a medio plazo. Y a fe que lo hizo: la potencia gráfica era tan bestial que las expectativas se dispararon. Cada nuevo tráiler no hacía sino aumentar más esa sensación de que no habría nada parecido, ni en el sistema ni en ningún otro, y sin embargo la prensa que pudo probar las primeras demos manifestó serias dudas ante el apartado jugable de un título que no parecía ser nada del otro mundo en ese terreno. El último escándalo, relativo a la duración y a escasas horas de su lanzamiento y del que ya os hablamos hace unos días, no hizo sino aumentar una bola de nieve que solo ahora, tras haber finalizado la campaña principal, podemos afrontar como merece el título.

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La gran ventaja de un juego triple A sobre sus directos competidores son los mal llamados valores de producción, esos que hacen que resulte todo un espectáculo audiovisual desde el punto de vista gráfico o sonoro. Es el equivalente de las grandes superproducciones comerciales del cine, y para cierto tipo de jugadores constituye el núcleo de juegos más importante, algo que no escapa a ninguna de las grandes productoras. No nos engañemos: este es un terreno que Sony conoce bien desde hace mucho tiempo, y que consola tras consola, procura cuidar con mimo para ofrecer a sus usuarios experiencias exclusivas que no se puedan disfrutar en otros sistemas. Por todo ello, nuestras esperanzas con The Order 1886 estaban en ese complicado equilibrio de lo que veíamos, por un lado, y lo que nos temíamos, por otro.

A nivel técnico, podemos confirmar que no hay nada mejor en PS4 ni en ningún otro sistema. El apartado gráfico de este juego es sencillamente salvaje, con unos personajes enormes, detallados y con unas animaciones faciales que asustan, unas texturas sensacionales y unos efectos de iluminación que dejan con la boca abierta aunque, eso sí, el downgrade que se ha producido de los primeros vídeos al resultado final es bastante llamativo, como muestra la imagen inferior donde se compara un vídeo de octubre de 2013 con la versión definitiva. En cualquier caso, el Londres alternativo del título homenajea la literatura de finales del XIX en todo su esplendor, con la suciedad de sus calles, la humedad del ambiente, la niebla y el misterio que envuelven los relatos sobre monstruos y asesinos, y en ese sentido da auténtico gusto jugar a The Order 1886. A ello se suma una banda sonora magnífica, unos efectos de sonido atronadores y un buen doblaje al castellano, en la línea de los últimos trabajos de Sony España en este sentido.

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No obstante, y una vez superado el pasmo inicial, comenzamos a darnos cuenta de que en este juego hay demasiadas aristas. El control es algo tosco y solo en contadas ocasiones, cuando la tensión es máxima, permite una fluidez total de movimientos. El sistema de disparos y coberturas, su principal mecánica, no solo no aporta nada nuevo a lo visto ya en un buen puñado de títulos de características parecidas, sino que queda muy por debajo de ellos en aspectos tan esenciales como el apuntado, el cambio de cobertura o la fluidez y ángulo de visión de la cámara, seriamente afectada por dos barras negras que los desarrolladores pensaron que darían al título un aire más cinematográfico, pero que nos dejan literalmente a ciegas en momentos cruciales. A todo ello no ayuda tampoco la escasa variedad de clases de enemigos, de armas (que no se pueden mejorar de ninguna manera), y la limitada, por no decir nula, inteligencia artificial de unos adversarios que se asoman con excesiva alegría por encima de sus coberturas.

En cuanto al tema del armamento, nos gustaría señalar varios aspectos. En primer lugar, hay armas realmente interesantes, como el rifle de Termita, que no puede emplearse más que en un par de ocasiones contadas. Sin embargo, y con la excepción del rifle de aire, el resto se limita a una serie de escopetas, pistolas o rifles de francotirador, que no constituyen ninguna aportación significativa. Y esto, precisamente con la ambientación del título, es una sonora decepción, porque era ahí donde nos hubiera gustado ver algo más de imaginación por parte de sus creadores.

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Otra de las grandes decepciones del juego en este aspecto fue descubrir que el 90% de los combates que tenemos es ante enemigos humanos, dejando solo en contadas ocasiones combates contra unos híbridos que, al menos, sí modifican sus rutinas y logran sorprender en algunos momentos. No obstante, los duelos más importantes con los híbridos principales se saldan nada menos que con los jurásicos quick time events, realizados con bastante poca habilidad y que le restan buena parte de la tensión a esos supuestos momentos climáticos, reducidos a “pulsa el botón triángulo” o “gira a la izquierda” mientras los personajes se baten un cobre donde, francamente, nos gustaría intervenir más.

Y es que ahí es donde tenemos que ponerle uno de nuestros grandes reparos a este juego, en la escasa interactividad que ofrece. De los 16 capítulos de que consta, cinco de ellos no son jugables (tal cual), y en el resto hay demasiados momentos donde nos limitamos a ser meros espectadores de unas cinemáticas que no se pueden saltar. El asunto no mejora demasiado al controlar a sir Galahad, el protagonista absoluto de la función, ya que al margen de los monótonos tiroteos, nuestra interacción con el entorno se limita a coger fotos o armas que podemos examinar (y aquí el examen se convierte en una muestra más de poder técnico para que nos admiremos de la recreación de superficies y texturas, no tanto porque sirvan a los propósitos de investigación o aventura del título). Avanzar por pasillos de hermosa factura, disparar y dar vueltas a fotografías, a eso se reducen nuestras opciones en el juego, más allá de algún que otro minijuego suelto como el del aparato que corta la luz, los ya inevitables voxófonos o, en el colmo de los colmos, empujar bloques para subir a una cornisa.

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Mención aparte para la sección de infiltración del juego, que de nuevo adolece de los mismos problemas antes comentados. Haciendo uso de un pobre quick time event tan repetitivo como pobre, la parte “Metal Gear” del juego es un mal chiste al lado de los progresos que ya hemos visto en el género, y de los que se podía haber aprendido algo más, francamente: esos adversarios con faroles nos dan la espalda con la misma alegría con que se separan unos de otros para que nunca seamos interceptados, asesinando a los rivales en una secuencia idéntica que termina por aburrir. Una pena.

Los problemas narrativos y estructurales del juego se convierten también en un importante obstáculo, toda vez que la historia tarda una eternidad en arrancar para, a partir del cuarto capítulo, lanzarse a una absurda trama de intrigas donde todo está demasiado masticado. El buen arranque del juego promete interacción con los cuatro miembros del equipo de sir Percival, para romper dicha promesa al final del primer acto y convertir a Galahad en un títere al antojo del destino que va y viene sin demasiado orden ni concierto, por escenarios absolutamente lineales donde solo hay un modo de resolver el avance. Los diálogos están plagados de lugares comunes, con el bochornoso “esta es una batalla que debo librar yo solo” como punta de lanza de un mal trabajo de guión, con personajes desaprovechados, tramas inconclusas y un final abrupto que evidencia en exceso el interés por realizar una secuela a toda costa.

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Llegados a este punto, nos gustaría mencionar el tema de la famosa duración del título. Solo por curiosidad, tomamos nota del tiempo que nos llevó terminar la campaña en su modo normal de dificultad, y fue de siete horas. A eso hay que descontarle en torno a dos horas de secuencia cinemáticas (que están fenomenalmente integradas con el juego, todo hay que decirlo), lo que deja el espacio de juego real cerca de las cinco horas. Por muchos problemas que tenga el juego a nivel de mecánicas, sí nos parece que The Order 1886 resulta entretenido y mentiríamos si dijéramos que no nos quedamos con ganas de más, sobre todo por su decepcionante tramo final, breve hasta la exasperación y que no resuelve nada. Puede que la necesidad de lanzar el título sí o sí en la fecha anunciada o el deseo de convertirlo en el primero de una franquicia hayan afectado este apartado del juego, pero lo que nadie puede negar es que la duración del título es insuficiente. El tercer acto resulta de una pobreza soberana y se resuelve en un abrir y cerrar de ojos, algo especialmente doloroso después de los buenos momentos vistos en episodios como el del Zeppelin o el hospital, que se toman su tiempo y su ritmo y constituyen, a nuestro juicio, los mejores momentos de un juego demasiado irregular.

Hay varias lecciones que Sony debe extraer de esta fallida experiencia: la primera, que la next-gen no puede limitarse únicamente a presumir de gráficos, porque si detrás no tiene un juego con unas mecánicas solventes y un equilibrio entre sus diferentes elementos se quedará en agua de borrajas. The Order 1886 está concebido como una experiencia para un solo jugador, de acuerdo, pero nadie nos puede convencer de que habría sido mucho más atractivo un juego con componente online cooperativo para cuatro jugadores, como hizo Left for Dead en su momento, del mismo modo que nadie puede negar que a este juego le hubiera venido fenomenal un modo online, un modo campaña + o algún tipo de coleccionable (como los tesoros de Uncharted) que alargara la vida útil del título o le diera algún sentido a volver a jugar de nuevo la campaña. Ya no es solo una cuestión de duración, sino de falta de contenido y de pobreza de mecánicas jugables, lo que hace que The Order 1886 no llegue a los mínimos que se le exigen a esta clase de superproducciones.

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A finales de un siglo XIX alternativo cargado de alta tecnología, una orden de caballeros trata de defender Inglaterra de una serie de problemas que amenazan con romper la estabilidad del país. Londres está siendo asolada por una serie de crímenes, perpetrados por un tal Jack el Destripador, a lo que se suma una insurgencia de tintes hindúes y una aún más oscura sombra en forma de depredador. Para combatir semejantes misterios, la orden cuenta con un grupo de élite formado por sir Percival, sir Galahad, Lady Igraine y el marqués de Lafayette. Juntos, deberán recorrer diferentes escenarios de Londres, desde los oscuros callejones de Whitechapel a las intrincadas mazmorras de la compañía de las Indias, en una trama que recoge muchos de los tópicos literarios y arquetipos de la época. Con esta interesante premisa argumental parte el título que, desde hace mucho tiempo, lleva alimentando las esperanzas de los usuarios de Playstation 4, cuyo catálogo es cada vez más evidente que necesita títulos triple A exclusivos que justifiquen de verdad en el terreno del software esa insultante superioridad que demuestra en ventas de hardware. Y si bien el juego que nos ocupa demuestra un músculo gráfico como no ha hecho ningún título next-gen hasta la fecha, todo lo que rodea ese magnífico envoltorio plantea una serie de problemas que consideramos necesario explorar a fondo. The Order 1886 comenzó su desarrollo en 2010 en las oficinas de Ready at Dawn, responsables de los excelentes dos títulos de la serie God of War aparecidos para PSP. A partir de entonces, el nuevo y poderoso motor gráfico creado para la ocasión permitió algunos avances prometedores, que llevaron al anuncio del título oficialmente en 2013. Sony necesitaba dar a su comunidad de usuarios un caramelo del que poder presumir ante la competencia, uno que pudiera justificar la compra de la consola a medio plazo. Y a fe que lo hizo: la potencia gráfica era tan bestial que las expectativas se dispararon. Cada nuevo tráiler no hacía sino aumentar más esa sensación de que no habría nada parecido, ni en el sistema ni en ningún otro, y sin embargo la prensa que pudo probar las primeras demos manifestó serias dudas ante el apartado jugable de un título que no parecía ser nada del otro mundo en ese terreno. El último escándalo, relativo a la duración y a escasas horas de su lanzamiento y del que ya os hablamos hace unos días, no hizo sino aumentar una bola de nieve que solo ahora, tras haber finalizado la campaña principal, podemos afrontar como merece el título.   La gran ventaja de un juego triple A sobre sus directos competidores son los mal llamados valores de producción, esos que hacen que resulte todo un espectáculo audiovisual desde el punto de vista gráfico o sonoro. Es el equivalente de las grandes superproducciones comerciales del cine, y para cierto tipo de jugadores constituye el núcleo de juegos más importante, algo que no escapa a ninguna de las grandes productoras. No nos engañemos:…
Gráficos - 96%
Banda Sonora - 92%
Sonido - 90%
Mecánicas / Jugabilidad - 66%
Argumento - 50%
Originalidad - 40%
Duración - 30%

66%

Una nueva decepción más que sumar al catálogo de la next-gen, y ya van unas cuantas: The Order 1886 promete el cielo y se queda en fuegos artificiales. Técnicamente impecable pero vacío de contenido, con una historia malograda y unas mecánicas pobres, es un quiero y no puedo constante que se queda muy, muy por debajo de nuestras expectativas más bajas. Y lo de menos (en todos los sentidos) es la duración.

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