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Como les ocurre a todos aquellos jugones que comenzamos nuestra andadura en Hyrule con Ocarina of Time, y quedamos ampliamente deslumbrados, explorar el pasado real de la franquicia nos ofreció una perspectiva más amplia del asunto y relativizó, en cierto modo, algunos de los logros del clásico de 1998. Para muchos el mejor juego de toda la franquicia, A Link to the Past nació para la gloria, así de claro. Superando en absolutamente todos los aspectos a sus predecesores, con unos gráficos muy cercanos a dibujos animados y un arsenal repleto de objetos llenos de posibilidades, esta genial aventura de rol y acción se convirtió en un clásico instantáneo y será recordada siempre, entre otros muchos motivos, por su excelente banda sonora.

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La trama repite punto por punto los esquemas básicos de la saga, con un universo central que el jugador debe explorar hasta dar con los accesos a las mazmorras donde se encuentran los siguientes objetos necesarios para hacer avanzar la historia. Miyamoto y su equipo pusieron toda su alma en un juego que, a pesar de las limitaciones de la consola, hacía verdaderas virguerías como efectos de luz en el bosque, niebla en los niveles inferiores de las mazmorras o pantanos, llamas y candelabros en salas oscurecidas. A todo ello suma un fabuloso diseño de niveles, con mazmorras que ascendían sobre sí mismas (lo de jugar con las caídas en algunos puzzles era muy sucio, por cierto), y un desarrollo intenso, profundo y muy adictivo.

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Novedades en la saga fueron las divisiones en cuatro piezas de los trozos de corazón, el gancho, la ocarina, la inclusión de la raza de los Zora y, muy especialmente, la inclusión de diferentes niveles o alturas en las mazmorras, que permitían juegos de estructura de lo más ingenioso y desafiante para los jugadores de la época. Para tratarse de la tercera entrega de la saga, este juego demostró que la franquicia había alcanzado una madurez espectacular, y se convirtió por derecho propio en uno de los mejores juegos del ya de por sí excelente catálogo de la consola. A Link to the Past incluía la posibilidad de explorar el amplio mapa del mundo, que venía incluido en el juego como un extra, en una versión oscura con muchas variantes, algo que también Ocarina of Time repetiría en cierto modo con sus dos mundos, el adulto y el infantil, donde uno de ellos era en cierto modo una versión oscura y degradada del primero.

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Al margen de los dos enormes mundos que explorar, plagados de secretos, el juego posee ocho mazmorras con sus correspondientes jefes finales (que aunque han envejecido algo mal en mecánicas, siguen teniendo un aspecto imponente). A todo ello se suma la colección de objetos de Link, que tiene todo un mercadillo en su zurrón compuesto por las ya clásicas flechas, bombas, botas de pegaso para correr, etc. El sistema de ataques se vio mejorado respecto del original, de quien toma, entre otras muchas cosas, la perspectiva cenital, permitiendo a Link afrontar los combates con mucha más confianza y nuevas técnicas, como el ataque circular.

Nosotros hemos jugado al juego en la versión existente para Game Boy Advanced, que incluye también el Four Swords multijugador, y nos ha parecido realmente interesante como experiencia portátil, por lo que es posible que la jugada de Nintendo de hacer la secuela del juego para 3DS no vaya tan desencaminada como nos pareció en un primer momento. En cualquier caso, habrá que esperar y conformarse de momento con esta obra maestra que es su precuela. Los 16 bits no pudieron tener mejor representante de tan ilustre franquicia.

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