Después de las excelentes sensaciones que me llevé con la primera parte de la saga, jugar a esta segunda entrega, lanzada originalmente para NES en 1987, ha sido desde casi todos los puntos de vista una auténtica tortura, que reconozco que he completado única y exclusivamente para poder hacer este análisis en condiciones, pero no porque me haya divertido lo más mínimo o haya modificado en absoluto mi manera de concebir la saga (si acaso para peor, por contar con tan negra oveja en la familia).

No es que The Adventure of Link sea un mal juego, ni mucho menos. De acuerdo con los estándares de la época tiene unos buenos valores de producción, una banda sonora decente y un nivel de profundidad que, en ciertos aspectos, supera al de su predecesor (aquí contamos con una barra de magia, hechizos y niveles en diferentes habilidades, como el ataque). Link puede ahora saltar (con un control bastante decente, preciso y fiable) y hacer algunos movimientos realmente icónicos como la estocada desde el cielo. Dentro del catálogo de NES, seguramente sea uno de sus juegos más destacados en muchos de estos aspectos técnicos. Sin embargo, dentro de la franquicia de Zelda y teniendo en cuenta las cotas de excelencia alcanzadas por el 99% de sus compadres, esto es un auténtico disparate de juego, se mire por donde se mire.

El mayor problema que tiene este juego no es, como tanto se predica, la tan manida dificultad. Sí, el título es endiabladamente difícil y eso no lo puede discutir nadie, llegando a extremos sencillamente horrorosos en los últimos templos: la ferocidad de los enemigos se ha redoblado desde la anterior entrega, si es que tal cosa era posible, y ahora todo el mundo quiere un poco de la sangre de Link para resucitar a Ganon (no me lo invento, juro que es tal cual). Da igual que sean soldados normales, lagartos con espadas o cerdos con lanzas, aquí todo el mundo va a por nosotros como si les fuera la vida en ello.

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Y el problema de The adventure of Link es que para desplazarnos entre las diferentes localizaciones tenemos que atravesar un mapa con encuentros aleatorios plagados de auténticos hijos de su madre, de modo que para cuando llegamos a muchos templos estamos, literalmente, con la lengua fuera y la vida a punto de terminar. Para ello podemos contar con un hechizo regenerador, pero el problema es que dicho hechizo consume nuestra magia que da gusto, con lo que hay que dosificarlo sabiamente. Pero no es suficiente, por desgracia, con lo que la pantalla de Game Over la vamos a ver más de una y más de dos veces.

Para mí, como decía, el mayor problema del juego está en ciertas decisiones de diseño que afectan seriamente a la jugabilidad del título, su auténtico talón de Aquiles. No entiendo, de verdad, en qué cabeza cabía que hacer un juego tan complejo como este en 2D, al estilo Castlevania, podía ser una buena idea. Los combates son realmente horribles, y redoblados por la inmensa dificultad de los adversarios, pueden hacer que un simple paseo por Hyrule termine en desgracia una vez sí y otra también. Link se defiende tremendamente mal mientras lo atacan por todas partes, con enemigos que no hacen más que disparar proyectiles, lanzarse contra nosotros o saltar como auténticos muelles sobre nosotros para nuestra desesperación.

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Diseñar mazmorras en 2D es algo que hizo bien Metroid, y que haría aún mejor Super Metroid unos años después, demostrando que el reto era factible. Sin embargo, tanto las aldeas o ciudades del juego como los diferentes templos se ven afectados seriamente por la elección de la perspectiva y hacen que haya que recurrir a verdaderas trampas de diseño para disimular un poco tanto disparate, como esas falsas paredes o esas caídas libres nada disimuladas, que nos harán perder vidas mientras maldecimos a la madre que los trajo a todos. Asimismo, los jefes finales se resienten por las limitaciones del medio, con unas rutinas lamentables y un diseño muy poco inspirado que únicamente en el duelo final contra Link oscuro muestra algo de brillo.

Es cierto que el juego hace un esfuerzo consciente por ampliar la narrativa de la primera parte e incluye algo más de chicha, con diálogos con diferentes personajes, habitantes en pueblos y ciudades, etc, pero aun así la sensación sigue siendo de pobreza en el terreno narrativo. No ayuda, desde luego, atravesar en línea recta todos y cada uno de los escenarios, con los grafistas haciendo auténticos malabares para dar sensación de profundidad al asunto. Pero lo cierto es que si bien a nivel gráfico se percibe una notable mejora respecto al anterior juego, con mejores diseños en general en prácticamente todos los apartados, yo eché de menos la relativa sencillez del anterior por ser más efectiva en realidad.

En definitiva, The Adventure of Link es un juego fallido en muchos sentidos, con una dificultad inexplicable, decisiones de diseño tan injustificables como hacernos empezar al principio del juego cada vez que morimos en una mazmorra (salvo en la última, que hubiera sido de juzgado de guardia), y con un sistema de mejoras de nivel rpg más profundo que el anterior juego, pero que por contra carece de un catálogo de objetos tan amplio como el original (¿no hay arco ni boomerang, en serio?). A diferencia del anterior, que para mí conserva toda su magia y es realmente jugable incluso a día de hoy, este juego no se lo recomendaría ni a mi peor enemigo.

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Después de las excelentes sensaciones que me llevé con la primera parte de la saga, jugar a esta segunda entrega, lanzada originalmente para NES en 1987, ha sido desde casi todos los puntos de vista una auténtica tortura, que reconozco que he completado única y exclusivamente para poder hacer este análisis en condiciones, pero no porque me haya divertido lo más mínimo o haya modificado en absoluto mi manera de concebir la saga (si acaso para peor, por contar con tan negra oveja en la familia). No es que The Adventure of Link sea un mal juego, ni mucho menos. De acuerdo con los estándares de la época tiene unos buenos valores de producción, una banda sonora decente y un nivel de profundidad que, en ciertos aspectos, supera al de su predecesor (aquí contamos con una barra de magia, hechizos y niveles en diferentes habilidades, como el ataque). Link puede ahora saltar (con un control bastante decente, preciso y fiable) y hacer algunos movimientos realmente icónicos como la estocada desde el cielo. Dentro del catálogo de NES, seguramente sea uno de sus juegos más destacados en muchos de estos aspectos técnicos. Sin embargo, dentro de la franquicia de Zelda y teniendo en cuenta las cotas de excelencia alcanzadas por el 99% de sus compadres, esto es un auténtico disparate de juego, se mire por donde se mire. El mayor problema que tiene este juego no es, como tanto se predica, la tan manida dificultad. Sí, el título es endiabladamente difícil y eso no lo puede discutir nadie, llegando a extremos sencillamente horrorosos en los últimos templos: la ferocidad de los enemigos se ha redoblado desde la anterior entrega, si es que tal cosa era posible, y ahora todo el mundo quiere un poco de la sangre de Link para resucitar a Ganon (no me lo invento, juro que es tal cual). Da igual que sean soldados normales, lagartos con espadas o cerdos con lanzas, aquí todo el mundo va a por nosotros como si les fuera la vida en ello.   Y el problema de The adventure of Link es que para desplazarnos entre las diferentes localizaciones tenemos que atravesar un mapa con encuentros aleatorios plagados de auténticos hijos de su madre, de modo que para cuando llegamos a muchos templos estamos, literalmente, con la lengua fuera y la vida a punto de terminar. Para ello podemos contar con un hechizo regenerador, pero el problema es que dicho hechizo consume nuestra magia que da gusto, con lo que hay que dosificarlo sabiamente. Pero no es suficiente, por desgracia, con lo que la pantalla de Game Over la vamos a ver más de una y más de dos veces. Para mí, como decía, el mayor problema del juego está en ciertas decisiones de diseño que afectan seriamente a la jugabilidad del título, su auténtico talón de Aquiles. No entiendo, de verdad, en qué cabeza cabía que hacer un juego tan complejo como este en 2D, al estilo Castlevania, podía ser una…
Gráficos - 89%
Sonido - 70%
Banda Sonora - 80%
Mecánicas / Jugabilidad - 45%
Duración - 75%
Originalidad - 55%

69%

Juego duro, difícil y lastrado por la cuestionable decisión de jugarse en 2D (única vez en toda la saga), The adventure of Link supone un paso atrás en muchos sentidos y un experimento fallido que, por suerte, sería completamente olvidado en entregas posteriores. Con diferencia, el peor juego de toda la saga y un digno candidato al cajón de las aventuras olvidadas de nuestro elfo favorito.

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