No me he enfrentado a este Smash Bros Ultimate con la mejor de las actitudes, debo admitirlo. Llevo todo el año, y parte del previo, oyendo hablar a Nintendo de las maravillas sobre el contenido del juego, su excelso número de personajes, escenarios, etc., pero muy poco sobre las novedades reales respecto de un Smash Bros Wii U que a mí, personalmente, me había dejado un gran sabor de boca, y cuyas diferencias con este no veía tan evidentes como sí había visto, y de qué manera, con cada juego respecto al anterior de la franquicia en cada salto a la siguiente generación.

Smash Bros nació como un party fighting game en 1999, y no fue hasta su entrega en Gamecube, ya en 2001, que empezó a cimentar su mito más allá de la curiosidad de ver a Mario, Link, Donkey Kong y compañía repartiéndose mamporros a diestro y siniestro. Además de introducir nuevos personajes, Smash Bros Melee exploró nuevas vías para hacer del sistema de combate algo mucho más profundo y exigente, con un más que inteligente uso del excelente Gamecube Controller. Tanto fue así que dicho mando se ha vuelto imprescindible para los expertos en esta saga desde entonces, y Nintendo ha oído su petición y lo ha relanzado con cada nueva entrega, adaptadores mediantes.

Esta idea de mezclar diferentes sagas de los videojuegos de Nintendo pronto se amplió a otras franquicias, con hitos como los de ver a Sonic o a Solid Snake en SB Brawl, la edición de Wii de 2008, pasando por Ryu, Pac Man, Mega Man o Bayonetta dándose cera de la buena en la versión de Wii U con los ya citados y otros clásicos como Yoshi, Kirby, Fox o el Capitán Falco, hasta sumar medio centenar de personajes icónicos.

Esta última versión hasta la fecha, la de Wii U de 2015, fue realmente impactante por su contenido y acabado. Como ya señalaba Alejandro Vizcaíno en su análisis de Smash Bros Wii U, “Ningún juego de lucha se acerca ni por asomo a la cantidad de contenido, opciones, personajes, desbloqueables y en general al cariño que desprende. Está diseñado por y para los fans de Nintendo, una enciclopedia jugable que cubre toda la historia de la compañía, con constantes guiños a todas y cada una de las franquicias. Profundo, desafiante y técnico, tiene ofertas para cualquier público.”

Precisamente todos estos argumentos, que se pueden decir pero dicho y ampliado no solo a Nintendo, sino a todas las compañías y épocas, era lo que más miedo me daba para la entrega de Switch: encontrarme con un port glorificado del título de Wii U, con el DLC que incluía aquel de salida y algunas caras nuevas, pero poco más.

Pues bien, debo decir que me equivocaba en (casi) todo. Es cierto que no se ha producido una revolución gráfica o técnica en apariencia, más allá de algunos cambios estéticos en algunos personajes (solo veo peor que el anterior en el caso de Donkey Kong, al que no sé por qué le han quitado esa capa de pelo tan fenomenal que tenía en Wii U: los demás lucen como nunca) y escenarios (de nuevo, en todos los casos claramente a mejor, salvo quizá en el puente de Hyrule sacado de Twilight Princess, cuyo escenario anterior clavaba la estética del título original y esta la moderniza de una manera que nunca lució en el juego de 2006, pero que sin duda resulta mucho más impresionante).

Créditos de imagen: Gamexplain

No obstante, el rendimiento del título sí es francamente superior en un apartado técnico que, salvo algunas sombras contadas, mantiene unos sólidos 60 fps a 1080p, algo que luce especialmente bien en un modo portátil que, evidentemente, mejora de un modo brutal respecto de la versión de 3DS. El juego luce de maravilla, se mueve con una fluidez total y solo si ponemos a ocho Ice Climbers a darse cera en un escenario peliagudo vemos algunas bajadas de frames. Salvo ese caso extremo, en el resto es sencillamente soberbio. Los personajes se ven increíblemente bien, sus animaciones son espectaculares y todos los escenarios están llenos de infinitos detalles, tras haberlos revestidos con nuevas capas de color y decenas de pequeños retoques, en el caso de los que repiten. En cuanto a los nuevos, con títulos como Splatoon, Castlevania o Breath of the Wild, cumplen sobradamente y enriquecen una plantilla plagada de guiños y homenajes.

Por lo demás, Smash Bros aporta todo lo que cabía esperar de su saga, como los modos Arcade, Smash, Entrenamiento, Versus y Online, que han sido debidamente actualizados. Volvemos de nuevo a batirnos el cobre en combates de entre 2 y 8 personajes, con un curioso sistema de vida en el que aumentamos las posibilidades de echar del escenario a los rivales como forma de vencerlos. Los personajes se han equilibrado bastante, de modo que si somos capaces de controlar bien sus virtudes, prácticamente con cualquiera de ellos podemos sembrar el terror. Y a pesar de ciertos fallos de lag que ha detectado la comunidad en el modo online, el funcionamiento general a día de hoy es más que aceptable, teniendo en cuenta de dónde viene esta compañía en ese asunto.

Me ha gustado especialmente ese modo Arcade en el que, dependiendo del personaje que escojamos, tenemos rutas diferentes con seis combates, una fase de bonus y un jefe final, todos ellos “adaptados” a nuestro protagonista. Así, por ejemplo, Link se enfrenta a los personajes de su saga y tiene un climático duelo final con Ganon, creado expresamente para la ocasión, en un escenario que recuerda enormemente al castillo en ruinas de Ocarina o Time. El respeto y cuidado con el que se trata cada saga es sencillamente espectacular.

No obstante, la gran novedad de Ultimate es, sin duda, ese modo Aventura donde, tras perder a todos los luchadores a manos del espíritu maligno de turno, vamos recorriendo un mapa enorme (realmente enorme) cuyo principal objetivo es liberar a los más de 70 personajes para poder utilizarlos luego en combate. Empezamos solo con Kirby, pero pronto se van uniendo más a un plantel al que se añade también el componente estratégico de los espíritus, aliados que podemos formar con nosotros y que potencian ciertas habilidades o ventajas en combate.

Hay casi 1300 espíritus para liberar, cada uno de ellos secundarios perteneciente a sagas conocidas por todos (Fi, Darunia, Deku Link, Nayru o el Guardián, por ejemplo, en el caso de la saga Zelda), y liberarlos es también parte de la gracia de un modo que, por tanto, nos acerca a los 1000 combates si queremos superarlo al 100%. El juego nos permite “olvidarnos” de este asunto si el rol no es lo nuestro (hay espíritus de agua, aire, fuego o electro, que son más o menos adecuados según los espíritus del rival), proponiéndonos formaciones para que no tengamos que pensar mucho sobre ello si no lo deseamos.

Dentro del modo aventura, además de recorrer zonas temáticas para cada personaje encerrado (la de Metal Gear o Street Fighter son, sin duda, mis preferidas), podemos visitar tiendas, mandar a nuestros espíritus a grindear para obtener moneda virtual del juego, entrenarlos en dojos para favorecer algunas virtudes sobre otras… la cantidad de opciones, combates y posibilidades son enormes, y se hace un uso muy inteligente de los luchadores para ambientar las zonas de combate. Así, por ejemplo, en el mundo de Street Fighter, Mac hace las veces de Balrog, Donkey Kong en color verde y con poderes electro de Blanka, etc.

Desbloquear los luchadores puede hacerse también desde los modos principales. Si salimos de cualquiera de ellos a los 10 minutos de jugar, se nos desafiará a un combate donde podremos liberar un personaje aleatorio. Si fracasamos, se abrirá una opción especial pasado un tiempo para repetir el duelo, de modo que entre unos modos y otros, contando con los tiempos de pausa y demás sistemas aleatorios, es fácil que en unas cuantas sesiones desbloqueemos buena parte de un plantel plagado de rostros conocidos.

Entiendo que un juego tan heterogéneo en este sentido tiene la ventaja de contentar a todo el mundo. A mí, personalmente, y al margen de ciertas sagas como Metroid, Virtua Fighter Zelda o Metal Gear, por las que siento devoción, eso de poder jugar con Sonic en Green Hill y darle unos buenos mamporros a Mario me parece una de las experiencias más curiosas y satisfactorias, como seguero irredento que soy, que se me podrían ocurrir, y seguramente hubiera dado mi brazo derecho por poder jugar a algo así hace 25 años.

Es tremendo, por otro lado, el trabajo de Nintendo en el apartado sonoro y especialmente musical. La cantidad de remezclas que hay en este juego, que ha hecho necesaria la participación de auténticos pesos pesados de la industria como Yuzo Kosiro o Koji Kondo, es asombrosa, y hace que escuchar las melodías de juegos tan fenomenales en ese apartado como Donkey Kong Country, Metroid Prime o Street Fighter 2, sea algo que no tiene precio. Además, Switch permite hacernos nuestras propias listas de reproducción de canciones (que también vamos desbloqueando como premios, por cierto), y poner la música a todo trapo mientras la consola está en modo descanso.

Son esta cantidad de infinitos detalles los que me han llevado a plantearme no ya que estemos ante el mejor Smash Bros de toda su franquicia, pero con una diferencia muy superior a la que anuncian unos gráficos que, es verdad, solo muy de cerca o con un medidor de frames vemos que es superior a los de Wii U. Este juego, por posibilidades, opciones de juego y profundidad, puede dar diversión a toda la comunidad nintendera durante muchos, muchos años. Y eso que todavía no han llegado los DLC’s.

Lo cual me lleva a una reflexión algo peculiar y, hasta cierto punto, inquietante. Este Smash Bros tiene un lado negativo, y es que de algún modo resta todo el valor a las entregas anteriores, más allá de las nostalgias de cada cual. Aún hay quien dice que la respuesta en el combate de Melee no ha sido superada, y puede que sea cierto, pero lo que está claro es que nadie en su sano juicio dedicará un solo minuto a buscar, ni que sea por coleccionismo, las entregas de Wii o Wii U, por ejemplo. 

La duda razonable que me surge es si este patrón de ediciones ultimate alcanzara a juegos como, por ejemplo, Mario Kart. ¿Os imagináis una entrega con todos los personajes, escenarios y canciones a lo largo de su historia, debidamente modernizados? Por un lado sería la bomba, pero por otro haría perder toda la gracia (y no poco valor) a los títulos anteriores. Mario Kart 8 Deluxe intenta ser algo así, en esencia, pero está realmente lejos de las cotas alcanzadas por SB Ultimate.

Sea como fuere, lo cierto es que este juego que nos ocupa ha colmado todas y cada una de mis expectativas, permitiéndome el reencuentro con muchos personajes de hace mucho tiempo, y con todas las prestaciones gráficas, técnicas y jugables que se le pueden pedir a Switch a estas alturas de su recorrido. Desde luego, en cuanto a títulos originales lanzados para este sistema, no se me ocurre uno mejor, más completo, divertido y largo (sí, más incluso que el gran Super Mario Oddyssey)

No me he enfrentado a este Smash Bros Ultimate con la mejor de las actitudes, debo admitirlo. Llevo todo el año, y parte del previo, oyendo hablar a Nintendo de las maravillas sobre el contenido del juego, su excelso número de personajes, escenarios, etc., pero muy poco sobre las novedades reales respecto de un Smash Bros Wii U que a mí, personalmente, me había dejado un gran sabor de boca, y cuyas diferencias con este no veía tan evidentes como sí había visto, y de qué manera, con cada juego respecto al anterior de la franquicia en cada salto a la siguiente generación. Smash Bros nació como un party fighting game en 1999, y no fue hasta su entrega en Gamecube, ya en 2001, que empezó a cimentar su mito más allá de la curiosidad de ver a Mario, Link, Donkey Kong y compañía repartiéndose mamporros a diestro y siniestro. Además de introducir nuevos personajes, Smash Bros Melee exploró nuevas vías para hacer del sistema de combate algo mucho más profundo y exigente, con un más que inteligente uso del excelente Gamecube Controller. Tanto fue así que dicho mando se ha vuelto imprescindible para los expertos en esta saga desde entonces, y Nintendo ha oído su petición y lo ha relanzado con cada nueva entrega, adaptadores mediantes. Esta idea de mezclar diferentes sagas de los videojuegos de Nintendo pronto se amplió a otras franquicias, con hitos como los de ver a Sonic o a Solid Snake en SB Brawl, la edición de Wii de 2008, pasando por Ryu, Pac Man, Mega Man o Bayonetta dándose cera de la buena en la versión de Wii U con los ya citados y otros clásicos como Yoshi, Kirby, Fox o el Capitán Falco, hasta sumar medio centenar de personajes icónicos. Esta última versión hasta la fecha, la de Wii U de 2015, fue realmente impactante por su contenido y acabado. Como ya señalaba Alejandro Vizcaíno en su análisis de Smash Bros Wii U, "Ningún juego de lucha se acerca ni por asomo a la cantidad de contenido, opciones, personajes, desbloqueables y en general al cariño que desprende. Está diseñado por y para los fans de Nintendo, una enciclopedia jugable que cubre toda la historia de la compañía, con constantes guiños a todas y cada una de las franquicias. Profundo, desafiante y técnico, tiene ofertas para cualquier público." Precisamente todos estos argumentos, que se pueden decir pero dicho y ampliado no solo a Nintendo, sino a todas las compañías y épocas, era lo que más miedo me daba para la entrega de Switch: encontrarme con un port glorificado del título de Wii U, con el DLC que incluía aquel de salida y algunas caras nuevas, pero poco más. Pues bien, debo decir que me equivocaba en (casi) todo. Es cierto que no se ha producido una revolución gráfica o técnica en apariencia, más allá de algunos cambios estéticos en algunos personajes (solo veo peor que el anterior en el caso de Donkey Kong, al que no sé por qué…
Gráficos - 98%
Sonido - 97%
Banda Sonora - 100%
Mecánicas / Jugabilidad - 100%
Duración - 100%
Originalidad - 83%

96%

La palabra "generoso" se queda corto para definir el volumen de contenido de este Super Smash Bros Ultimate, el juego más completo, profundo y variado de todos los que ha dado esta fructífera saga. Todos y cada uno de los personajes previos hacen acto de presencia en un juego con más de 70 luchadores, 100 escenarios, 900 canciones... Si a eso se le suman modos de juego apasionantes, combates equilibrados y divertidísimos, y un sentido homenaje a decenas de franquicias clásicas del videojuego a través de guiños de todas las formas y colores, tenemos como resultado no solo el título más atractivo y potente de todo el catálogo de Switch, de largo, sino uno de los mejores de este 2018 que se despide por todo lo alto con este magnífico juego.

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