Si uno repasa la historia de los videojuegos, verá que hay una serie de constantes entre las que destaca la presencia casi siempre memorable de Super Mario, la mascota de Nintendo y su séquito de personajes secundarios, con Luigi, Peach y Bowser a la cabeza. Desde 1985, el fontanero ha tenido tres entregas de plataformas con él como protagonista absoluto en NES (polémicas con la segunda entrega japonesa al margen), dos para Super NES (Super Mario World y Yoshi’s Island), una para Nintendo 64 (Mario 64), una para Gamecube (Mario Sunshine) y tres para Wii (Super Mario Galaxy 1 y 2 y New Mario Bros Wii). Al margen de eso, Nintendo ha desarrollado una línea con una enorme cantidad de juegos secundarios, spin offs de tenis, golf, juegos de fiesta o karts, donde se reutilizan escenarios y personajes de la saga para el disfrute de los más pequeños. Sin embargo, solo con los juegos ya mencionados y las versiones portátiles de Super Mario Land para Game Boy y Nintendo 3DS, la cifra de ventas supera los 260 millones de juegos vendidos en todo el mundo.

Muchas veces se ha insistido, y con razón, en que las pocas ocasiones en que Nintendo se ha pegado un batacazo en ventas ha coincidido con un juego flojo de la saga. Así le pasó a Gamecube con su Mario Sunshine, que nunca terminó de convencer del todo ni a la crítica ni a un público que ansiaba ver un salto evolutivo comparable al que había dado Super Mario 64 respecto a sus predecesores en 2D. Esta decepción, aunque no tan generalizada, se agudizó con el estreno de la saga New Super Mario Bros, que si bien encontró en su momento un hábitat natural en Nintendo DS, dadas sus condiciones de portátil de hardware limitado, parecía un poco fuera de lugar en una consola de sobremesa en pleno siglo XXI. No son prejuicios contra las plataformas en dos dimensiones, ya que juegos como Rayman Legends demuestran que es un género plagado de posibilidades, sino que las mecánicas de este tipo de juegos de Mario no añadían nada que no estuviera, salvando ciertos matices, en los años 80.

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Cuando Wii U se estrenó con la segunda parte de la saga New, muchos pensamos que no era suficiente, que Mario se merecía un juego a la altura de aquellos que han cimentado su leyenda, y por más que aquel juego fuera correcto en todos sus apartados, sabía a poco. A muy poco. Por todo ello, se esperaba, y con muchas ganas, el verdadero estreno de la franquicia en esta consola, demostrando realmente de qué era capaz el sistema y elevando el listón al nivel que merecía el personaje. Y entonces llegó el anuncio de Super Mario 3D World.

Desarrollado por el mismo equipo que ha dado vida a las geniales sagas Galaxy en Wii y Land para 3DS, la gente de Koichi Hayashida se propuso desde un principio tomar las bases del juego de la portátil y darle una dimensión superior, no ya por la alta definición o unos escenarios un poco más amplios y complejos, sino por la inclusión de un modo multijugador local para hasta cuatro jugadores que se convertiría en la clave jugable del título. La idea es exactamente la misma, con muy ligeras variantes: un objetivo de rescate (en este caso, una serie de hadas de colores), ocho mundos (siete más un mundo secreto), cada uno con sus respectivos niveles y sus tres estrellas por nivel. Todo ello está conectado en un mapa con un mínimo elemento de exploración que sigue, como era de esperar, la clásica disposición de niveles unidos por líneas, que se van desbloqueando conforme se superan o se consigue un número determinado de estrellas, necesarias para acceder a los jefes de final de nivel.

De resultas de la combinación de una serie de nuevas habilidades, como el traje gato o las duplicerezas (que multiplican el número de nuestro personaje en pantalla, todo ello originado inicialmente como un bug), los jugadores deben colaborar en momentos clave para acceder a los secretos del nivel o competir, si ese es su deseo, por ver quién se alza con la corona gracias al número de estrellas verdes o monedas de juego. Estos trajes, algunos con más fortuna que otros, se convierten en auténticos protagonistas del juego, ya que tener o no determinado atuendo es sinónimo de éxito o fracaso en un nivel. Y eso no sería un problema de no ser por la enorme, casi infinita ventaja que dan algunos de ellos, como el de gato: tiene un carisma fuera de toda duda (y como tal reclamo actúa desde la portada del juego, al estilo de tanoki), pero da tantísimas facilidades a la hora de jugar (ataque con las garras, escalada, ruptura de bloques, etc.) que termina anulando la escasa dificultad del juego en un buen número de fases.

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Por otro lado, resulta curioso que aunque el juego hace muy a gala el uso de las 3D, en realidad nuestra perspectiva isométrica está realmente limitada a dos posiciones de cámara, y a su vez a los caprichos de esta cuando jugamos en el modo multijugador, donde nunca sabemos bien con cuál de los cuatro jugadores se queda o por qué motivo, pero que en cualquier caso deja vendido al resto a las primeras de cambio, en cuanto a alguien se le ocurra detenerse un segundo a explorar algo o a tratar de alcanzar una estrella.

Ver cómo estos rezagados mueren o se convierten en pompas para regresar con los líderes de la “carrera” es realmente frustrante, una muestra de lo poco que ha mejorado este aspecto respecto de New Super Mario Bros Wii, donde aquello era muchas veces un caos no sabemos hasta qué punto intencional, y que perjudica la capacidad de diversión a cuatro jugadores si no hay un mínimo de coordinación y seriedad para alcanzar el poste de salida con alguna vida en el contador. En nuestra opinión, un jugador en solitario o dos jugadores cooperando en buena sincronía son la mejor opción para jugar, ya que esto reduce al mínimo los problemas de cámara. Y es entonces cuando Super Mario 3D World da rienda suelta a todo su verdadero potencial, y comienzan los fuegos artificiales.

Lo más destacable del juego no es su apartado técnico resultón pero sin grandes alardes, con algunos efectos curiosos de agua sobre la pantalla o unos personajes que parecen muñecos de plástico, sino la cantidad y calidad de las ideas que propone el juego. Prácticamente en todos los niveles, y son unos cuantos, hay dos o tres ideas o mecánicas que se proponen y que con honrosas excepciones, no vuelven a repetirse salvo muy avanzado el juego. Esto hace que cada nivel sea atractivo tanto a la hora de vivirlo por primera vez como a la de volver para completar las estrellas o el sello propio de cada fase. Lástima que la variedad, más allá de las fases de feria, no se haya extendido también a una ambientación donde el juego se desenvuelve casi siempre en una zona demasiado segura y que ya comienza a cansar un poco (praderas, desiertos, montañas nevadas, montañas de fuego, etc.)

Otro aspecto destacable es que cada uno de los personajes del juego tienen características diferentes. Así, el salto de Luigi le permite llegar más alto, Toad corre que se las pela y Peach es capaz de mantenerse en el aire gracias a su falda, dejando a Mario como el término medio de todos ellos. Sin desvelar nada acerca de personajes ocultos, lo cierto es que resulta gratificante vivir el mismo nivel con cada uno de ellos, ya que las sensaciones son diferentes y ello alarga la vida útil del título.

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Lógicamente, y por buenas o geniales que sean algunas fases, no todas están a la misma altura. Nuestras favoritas son el homenaje a Mario Kart, el templo japonés y todas y cada una de las apariciones de Plessie, el dinosaurio sobre cuya barriga nos desplazamos en más de un nivel. Después hay bastantes fases intermedias y algunas, muy pocas, que se vierten a ese saco de niveles desesperantes que una vez terminados uno se promete que jamás volverá a jugarlos, que es curiosamente en aquellos donde el asunto se complica un poco más de la cuenta, como el de los bloques que van rodando sobre la lava. Algo más decepcionantes nos han parecido los enfrentamientos con los esbirros de Bowser o con el mismo señor del mal, algo que ya flojeaba también en el título de 3DS y que demuestra que no se ha aprendido de las críticas de entonces en este aspecto. El malo final, sobre todo si uno ha vivido ciertos juegos de Mario de antaño, nos ha resultado una decepción en toda regla, aunque tenga detalles dignos de mérito y una cierta espectacularidad en su tramo final.

Es de agradecer que el juego tenga un contenido elevado, tanto en número de fases como en secretos, aunque nos ha parecido que los niveles resultaban más cortos de lo que nos gustaría, y con menos espacio “habitable” para localizar secretos. La mayor parte de ellos son tan lineales que uno termina preguntándose si las 3D no se podrían haber aprovechado mejor, así como un gamepad que, de verdad, como alguien no venga ya con una demostración palpable del dichoso juego asimétrico que supere el minijuego de Luigi de Nintendoland, vamos a empezar a pensar seriamente en que fue una nube de humo de Nintendo para convencernos de que Wii U molaba más que el resto. No hay nada, absolutamente nada en este juego más allá de algún que otro uso meramente anecdótico de la pantalla táctil, que justifique el dichoso “tabletomando”. Y eso es algo que quizá otros juegos puedan permitirse, pero no el que se supone que viene a ser buque insignia del catálogo durante estos primeros compases de la generación.

En realidad, nuestra mayor crítica a este juego no tiene que ver con que esperásemos más de él. Desde que se anunció nos hicimos una idea muy aproximada de lo que luego nos hemos encontrado: es un gran juego, divertido y lleno de sorpresas, y seguramente encantará a los más pequeños de la casa porque por sus características resulta ideal para jugarlo a lo loco en cooperativo, pero aun así nos parece que está a años luz de los méritos de Super Mario World, de Mario 64 y de Mario Galaxy.

El mayor problema de Mario 3D World es que juega en una liga menos ambiciosa, más pequeñita y modesta, que quizá hubiera sido fenomenal si hubiera estrenado la consola en lugar del pobre New Super Mario Bros U, pero que tanto tiempo después nos sabe a poco, y sobre todo cuando se le pone en comparación con los títulos ya citados. Sin desmerecer una sola de las muchas virtudes de este juego, mucho nos tememos que el gran juego de Mario en Wii U todavía está por llegar.

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