En la historia de los videojuegos hay títulos buenos, juegos que marcan época y luego está Street Fighter II. Es así de sencillo. Un auténtico revienta salones arcade, que arrasó en medio mundo y, finalmente, conoció una gloriosa y primera conversión en exclusiva para la recién salida al mercado Super Nintendo: hay que recordar que el juego salió con la consola en España, que llegaba tarde como siempre a todo este tipo de citas, pero que al menos nos permitió estrenarla con semejante clásico.
A pesar de ser secuela de un título de lucha famoso en los 80, lo cierto es que cualquier parecido entre SF y SFII es pura coincidencia. Lo que en aquel era un juego tosco y machacón, aquí se convertía en un prodigio de personajes con carisma venidos de todas partes del mundo, entre los que destacan luchadores tan conocidos como Ryu, Ken, Chun-Li, Zangief, Blanka… Cada uno de ellos, con la excepción de Ryu y Ken (que se supone que compartieron maestro en su momento), tiene movimientos y mecánicas de combate distintas, pero en cualquier caso es posible pasarse el juego y dominar a los rivales con cada uno de ellos, algo que no muchos juegos de la época permitían. En una era dominada absolutamente por SNK y sus fenomenales arcades de lucha, con Fatal Fury, Samurai Shodown o Art of Fighting a la cabeza, este juego logró coronarse precisamente porque su plantel de 12 luchadores era el más equilibrado y con potencial de diversión de todos ellos, al margen de un diseño de personajes y escenarios que raya lo sublime.
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Es cierto que el juego conoció varias versiones que mejoraron notablemente aspectos como la velocidad del juego o la inclusión de hasta ocho nuevos personajes (los cuatro jefes finales de la primera versión y cuatro nuevos, específicamente diseñados para Super Street Fighter II Turbo, la versión definitiva en SNES). Sin embargo, la primera versión fue la que supuso el aldabonazo definitivo para convencer a todo el mundo de que los 16 bits eran capaces de competir de tú a tú con los todopoderosos arcade, sin esos molestos complejos que aún durarían hasta las siguientes generaciones. Por más que hubo intentos de destronar al rey tratando de mejorar el aspecto técnico, como Mortal KombatKiller Instinct o Rise of the Robots, que sustituían los clásicos sprites por captura de movimientos o gráficos renderizados de gran calidad, lo cierto es que ninguno de ellos logró jamás la asombrosa jugabilidad de un título equilibrado hasta la perfección.
De hecho, y ahora que ya este tipo de declaraciones no levantan polvareda alguna, podemos decirlo tranquilamente: por mucho que lo intentasen, todos los juegos de lucha al lado de Street Fighter II parecían de una generación anterior. Un clásico imperecedero como pocos y el principal responsable de que todo el mundo quisiera una Super Nintendo a principios de los 90.
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