La relación entre el cine y videojuegos ha sido casi siempre un auténtico desastre, salvo en contadísimas ocasiones. Ya sea en un sentido o en otro (aunque especialmente en las adaptaciones de videojuegos al celuloide), suele ser una traslación fallida de un lenguaje más o menos interactivo a otro de imagen de naturaleza pasiva para el espectador, donde los códigos que funcionan en una suelen no hacerlo en la otra. No obstante, y en especial con ciertas sagas canónicas dentro de la cultura popular, como ocurre con Star Wars, la expectación ha sido siempre máxima, como lo han sido también las ganas del personal de aceptar ciertas condiciones y condicionantes a la hora de ponerse en la piel de sus héroes favoritos de la infancia y recorrer a bordo de veloces naves los paisajes míticos de esa particular galaxia lejana.

De entre las decenas de títulos que desde primeros de los 80 han intentado transportar a los jugadores a dicha galaxia, resulta complicado establecer qué juego o juegos nos han hecho sentir realmente en ella. No nos engañemos, junto a títulos buenos ha habido también mucha morralla y mucho juego sobrevalorado, que con cualquier otra ambientación no hubiera despertado el menor interés. Por cada Knights of the Old Republic, Rogue Squadron o Jedi Knight II: Outcast, quizá tres de los mejores títulos de estas últimas décadas en géneros tan dispares como el rol, el arcade o la aventura de acción, nos hemos encontrado con un Masters of Teras Kasi (lucha), un Episodio 1: La amenaza fantasma (aventura) o un Kinect Star Wars (aberración danzante).

Si exceptuamos la trilogía realizada para Super Nintendo por JVC, que seguía la trilogía clásica paso a paso desde Tatooine hasta la sala del trono del Emperador, y aun esta con bastantes reservas, no recuerdo que haya habido grandes adaptaciones de las películas canónicas. Y eso es quizá lo que más echo en falta, una adaptación realmente fiel a las películas que combine acción, aventura, recreación de escenas clásicas y apasionantes duelos de naves espaciales y espadas láser.

Mucho me temo que, mientras llegan esas futuras adaptaciones de cualquiera de los episodios hasta ahora estrenados, nos tenemos que conformar con la saga Battlefront para la actual generación de consolas. No lo digo como algo malo, o no necesariamente; a diferencia de esas experiencias para un jugador que yo deseo, los tiempos modernos estilan el multijugador online competitivo y ahí estos dos títulos encajan como un guante. Además, y en honor a la verdad, esta saga de octava generación es, con diferencia, la recreación más espectacular en videojuegos del universo Star Wars vista nunca hasta la fecha, tanto a nivel gráfico como sonoro, y contiene momentos realmente asombrosos en todos los sentidos, que nos harán sentir como si formásemos parte de ese universo. A nivel técnico son pocos los reparos que se le pueden poner a ambos títulos, y sin embargo, después de haber pasado el tiempo suficiente con esta segunda entrega como para hacerme una idea clara de lo que ofrece y de lo que puede ofrecer, mi sensación es de una profunda, nítida y evidente decepción.

En su momento, se dijo del primer Battlefront que era un juego sin contenido, sin campaña principal, con pocos mapas ambientados únicamente en la trilogía clásica, armas y modos de juego y un vergonzoso pase de temporada que, por la friolera de 50 euros más, nos permitía tener el juego tal y como debía haber salido. Eso no impidió a EA sacarlo a precio completo de 70 euros. Pues bien, todo eso ha cambiado en Battlefront 2, que sí tiene modo campaña, aporta una enorme variedad de mapas ambientados en las tres etapas o trilogías de la saga y ha suprimido el pase de temporada, con un anuncio de EA de que sacaría todos los DLC que ampliasen el contenido gratuitos.

Y aquí, junto a un sistema de control bastante mejorado y depurado, es donde podríamos decir que terminan las buenas noticias, al menos en el apartado de diferencias con la primera parte. El juego mantiene sin problemas el músculo técnico a nivel gráfico y sonoro, con escenarios asombrosos, enormes y llenos de detalles que harán las delicias del fan más observador (atención a la cantina de Tatooine o a la base Starkiller, que son para quitarse el sombrero). No se nota, o al menos yo no lo he notado, una revolución respecto a la primera entrega, que ya lucía fenomenalmente bien.

Sí es evidente la sensación de que este juego es una celebración (o un ejercicio de oportunismo, según se mire) de todo el universo Star Wars, de modo que a diferencia de los escenarios de la trilogía clásica del juego anterior, aquí tenemos escenarios de la saga de las precuelas (Naboo, Kamino y Kashyyyk), clásica (Tatooine, Yavin 4, Hoth, Endor y Estrella de la muerte) y nueva (Jakku, Base Starkiller y Takodama), lo cual influye también en el listado de naves y héroes, que a los ya conocidos une a Yoda, Darth Maul, Rey y a Kylo Ren.

Se echan en falta escenarios claves que seguro veremos en futuras expansiones, como Geonosis, Coruscant o Mustafar, así como alguno de los nuevos escenarios del Episodio VIII que se estrena en menos de un mes. En cuanto a personajes, únicamente he echado de menos al Conde Dooku, el general Grievous o Jango Fett (aunque estando Bobba es en realidad un poco más de lo mismo), mientras que del lado de los “buenos” canta que no estén Obi Wan (este es otro que aparecerá seguro), Padmé, Qui Gon Jinn, Mace Windu o Anakin Skywalker.

En todos los que están, en cualquier caso, y aquí me refiero tanto a personajes como escenarios, se aprecia un gusto por la recreación fiel que es, con diferencia, lo mejor del juego. Es una gozada arrasar androides de la federación y sufrir contra un imponente Darth Maul en el salón del palacio real de Theed, con esa calidad de animaciones y una banda sonora y efectos que quitan el hipo. Por si hacía falta decirlo, las sensaciones con el mando son buenísimas y sigue resultando igual de divertido que su predecesor, con una galería de armas más variadas, equilibradas e interesantes y una clasificación de soldados (asalto, pesado, oficial y especialista) más en la línea de cualquier juego de este género que se precie.

Pasada la sorpresa que provoca el tremendo entorno gráfico del título (relativa; el primero yo creo que tuvo un mayor impacto en este aspecto), lo que queda de Battlefront 2 son sus modos de juego. Aquí me gustaría comenzar diciendo que la sección de naves se ha rediseñado por completo, siendo ahora muchísimo mejor en todos los sentidos, tanto a la hora de las sensaciones al mando de cualquiera de las muchas naves que pueblan el espacio como a la hora de realizar los objetivos de sus respectivas misiones. Se nota que un estudio se dedicó de forma específica a este modo mientras que el grueso de DICE se ocupaba del modo multijugador. La sensación final es que estamos ante dos juegos diferentes en uno, y cada uno de una enorme calidad, pero ya digo que el de naves es, concretamente, lo que más me ha impactado respecto de la primera parte, por lo mucho y bien que han sabido corregir las deficiencias del anterior y proporcionar una experiencia audiovisual y jugable endiabladamente divertida y espectacular, y que me ha proporcionado los mejores momentos, con diferencia, de todo el juego.

Respecto al multijugador, se han aplicado cambios inteligentes en cuanto a la variedad de mapas y situaciones: se mantiene el modo de asalto AT AT pero con variantes, las justas para mantener la esencia del modo estrella del título anterior pero proporcionando más intensidad. Los nuevos escenarios son enormes, abiertos y fieles a sus versiones cinematográficas (ojo a la sala de clonación en Kamino o a la silla donde retienen a Rey en el Episodio VII), y permiten situaciones de auténtica locura, quizá con menos pasilleo que en el juego anterior. Y al margen de los modos online de batallas multitudinarias, tanto por tierra como por aire, que añaden zonas de defensa en áreas diferentes y más sorpresas que no me gustaría desvelar aquí, se han incluido unos modos de duelo que protagonizan los héroes, sin duda uno de los grandes reclamos del juego. A mí me han parecido bien pero, al igual que me ocurre con el modo arcade, pensado para un jugador con misiones cortas e intensas, me ha sabido a poco y, quizá, un punto más repetitivo de lo que debiera.

Evidentemente, el modo online masivo es el que justifica el título y aquí es donde la gente pasará más horas, de modo que resulta inevitable hacer referencia en este punto a las dichosas cajas de loot, los micro pagos y demás asuntos polémicos que han rodeado al título en los últimos días. El problema de estos tiempos modernos es que el juego que yo he jugado no es el que iba a salir antes del día 17, y seguramente tampoco será el mismo que cuando EA decida actualizar el sistema de pagos internos, de modo que resulta complicado ser categórico en este sentido. En cualquier caso, me parece medianamente objetivo decir que este juego se ha diseñado, pensado y construido con las cajas de cartas en mente y como núcleo de todo el asunto, por lo que el hecho de que ahora mismo no se pueda acceder a ellas a través de dinero real no quita como para señalarlo como el claro elefante en la habitación. Y eso nos lleva a un sistema de progresión nefasto, de los peores que recuerdo yo en este género, cartas arbitrarias de un sentido bastante poco justo, como aquellas que aumentan el daño o la regeneración de escudos frente a otros rivales, y un largo etcétera de despropósitos que hacen que la nota de este modo, y por lo tanto del juego general, se deba resentir con toda justicia. EA y DICE tienen mucho, pero mucho, que reflexionar de cara a la tercera entrega que llegará, seguro, de aquí a un par de años, porque con este se han pegado un buen batacazo de crítica y público que tardará en olvidarse.

Al margen de eso, yo sigo teniendo mis problemas personales (eso lo reconozco abiertamente), con este modo de juego en el que básicamente lo único que hago es salir, llegar a la zona de conflicto y morir inmediatamente. Entiendo que hay quien dirá que es porque soy manco y ciego, y quizá no le falte razón, pero no logro verle la gracia a un juego donde paso más tiempo muriendo y yendo hacia la batalla que disfrutando de ella. Insisto en que es algo personal y respecto al género, no tanto al juego en particular, y que sé de buena tinta que hay gente que lleva dos años pegado al mando con la primera parte. No seré yo, desde luego, el que les quite esa ilusión.

Dejo por último, como hace el juego en realidad, un modo campaña mucho más pobre, insulso y deficiente de lo que me habría podido imaginar. La premisa de partida es interesante (una piloto imperial de una unidad de élite que intenta encontrar sentido a sus creencias tras la batalla de Endor), pero después de un buen arranque la historia, y su protagonista  con ella, se diluyen como un azucarillo en un alud de cameos y viajes de un lado a otro de la galaxia a cual más inconsistente con la trama, que más parece una excusa para hacer un recorrido turístico que un argumento bien hilvanado. Es una lástima, de verdad, porque ni sus secciones de infiltración ni sus cinemáticas ni sus diálogos funcionan lo más mínimo, de modo que al final todo parece más bien una especie de modo práctica para familiarizarse con los escenarios, los héroes, las naves y las rutinas de combate que otra cosa, en lugar de ese gran aliciente que se nos había vendido. De nuevo, una nueva espina que quitarse para una tercera entrega que, qué demonios, para hacer esta chapuza bien podría recrear escenas de las películas sin más, que a fin de cuentas es lo que los fans piden a gritos.

En definitiva, Battlefront 2 corrige muchos de los defectos que la comunidad reclamó del primer juego, pero introduce otros tan graves o incluso más que los de antaño. Es un juego espectacular a nivel técnico pero que carece de la profundidad necesaria en modos claves, especialmente en todo lo referente a un solo jugador y en esa campaña tan desangelado, y que se muestra irregular en el multijugador, con un sistema de juego divertidísimo lastrado por un sistema de progresión que no le hace el menor favor al conjunto y revela una codicia sin límites por parte de todos y cada uno de sus responsables.

Nueva decepción (y ya van dos seguidas), que supone que ese gran juego definitivo de Star Wars que sepa, por un lado, captar la esencia de la saga y, por otro, plasmarla en un juego apasionante de principio a fin parece tan lejana, me temo, como esa galaxia en que se ambienta.

La relación entre el cine y videojuegos ha sido casi siempre un auténtico desastre, salvo en contadísimas ocasiones. Ya sea en un sentido o en otro (aunque especialmente en las adaptaciones de videojuegos al celuloide), suele ser una traslación fallida de un lenguaje más o menos interactivo a otro de imagen de naturaleza pasiva para el espectador, donde los códigos que funcionan en una suelen no hacerlo en la otra. No obstante, y en especial con ciertas sagas canónicas dentro de la cultura popular, como ocurre con Star Wars, la expectación ha sido siempre máxima, como lo han sido también las ganas del personal de aceptar ciertas condiciones y condicionantes a la hora de ponerse en la piel de sus héroes favoritos de la infancia y recorrer a bordo de veloces naves los paisajes míticos de esa particular galaxia lejana. De entre las decenas de títulos que desde primeros de los 80 han intentado transportar a los jugadores a dicha galaxia, resulta complicado establecer qué juego o juegos nos han hecho sentir realmente en ella. No nos engañemos, junto a títulos buenos ha habido también mucha morralla y mucho juego sobrevalorado, que con cualquier otra ambientación no hubiera despertado el menor interés. Por cada Knights of the Old Republic, Rogue Squadron o Jedi Knight II: Outcast, quizá tres de los mejores títulos de estas últimas décadas en géneros tan dispares como el rol, el arcade o la aventura de acción, nos hemos encontrado con un Masters of Teras Kasi (lucha), un Episodio 1: La amenaza fantasma (aventura) o un Kinect Star Wars (aberración danzante). Si exceptuamos la trilogía realizada para Super Nintendo por JVC, que seguía la trilogía clásica paso a paso desde Tatooine hasta la sala del trono del Emperador, y aun esta con bastantes reservas, no recuerdo que haya habido grandes adaptaciones de las películas canónicas. Y eso es quizá lo que más echo en falta, una adaptación realmente fiel a las películas que combine acción, aventura, recreación de escenas clásicas y apasionantes duelos de naves espaciales y espadas láser. Mucho me temo que, mientras llegan esas futuras adaptaciones de cualquiera de los episodios hasta ahora estrenados, nos tenemos que conformar con la saga Battlefront para la actual generación de consolas. No lo digo como algo malo, o no necesariamente; a diferencia de esas experiencias para un jugador que yo deseo, los tiempos modernos estilan el multijugador online competitivo y ahí estos dos títulos encajan como un guante. Además, y en honor a la verdad, esta saga de octava generación es, con diferencia, la recreación más espectacular en videojuegos del universo Star Wars vista nunca hasta la fecha, tanto a nivel gráfico como sonoro, y contiene momentos realmente asombrosos en todos los sentidos, que nos harán sentir como si formásemos parte de ese universo. A nivel técnico son pocos los reparos que se le pueden poner a ambos títulos, y sin embargo, después de haber pasado el tiempo suficiente con esta segunda entrega como para hacerme una idea clara de…
Gráficos - 96%
Sonido - 97%
Banda Sonora - 96%
Mecánicas / Jugabilidad - 78%
Duración - 94%
Argumento - 82%
Originalidad - 26%
Contenido - 58%

78%

Superior a la primera parte en aspectos clave como la jugabilidad, el contenido y la variedad de escenarios y situaciones, y con una espectacular recreación del universo Star Wars como baza principal, Battlefront 2 se ve severamente lastrado porque, a pesar de su excelente oferta multijugador, este se centra en un sistema de micro pagos infame que ha supuesto un auténtico cataclismo en la industria, y que revela la codicia de una compañía, y de un juego, diseñado más como una máquina tragaperras que como la fuente de diversión sana que debería ser, y no es. La campaña principal es pura anécdota.

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