Sony ha anunciado que, tal y como hizo ya el pasado año, no acudirá a la celebración del próximo E3, que tendrá lugar entre el 9 y el 11 de junio en Los Ángeles. La argumentación oficial, en boca de un portavoz de la compañía, es la siguiente: «Después de pensarlo detenidamente, hemos decidido no participar en el E3 2020. Tenemos un gran respeto por la ESA como organización, pero no sentimos que la visión del E3 2020 sea el camino adecuado para lo que estamos centrados en este año. La estrategia de eventos globales estará dirigida a cientos de eventos de consumidores por todo el mundo«.

Las reacciones, lógicamente, no se han hecho esperar, y ya hay quienes están descuartizando a la compañía y lanzando las campanas al vuelo por Microsoft como nueva vencedora de una generación que aún no ha empezado, mientras que otros justifican lo injustificable defendiendo la estrategia maestra de una compañía cuyas cartas, como los oscuros arcanos de la antigüedad, solo unos pocos privilegiados seres de la creación conocen.

Sinceramente, no creo que tenga demasiado sentido posicionarse en uno u otro sentido. Para mí la guerra de las consolas terminó hace demasiado tiempo y no me parece ni medio normal ver a gente que ya peina canas (en el mejor de los casos) desgañitándose con estos asuntos como si fueran críos. No creo que en Sony sean tan inconscientes como para renunciar al foco mediático de un escaparate semejante, y mucho menos en año de presentación de consolas de nueva generación, así por las buenas, sin una buena estrategia capaz de compensar dicha ausencia, (lo cual no significa, evidentemente, que sea la correcta o la mejor posible).

Me parece también bastante arrogante, por parte de tantos y tantos medios, criticar de manera furiosa esta decisión, como si dichos medios supieran mejor que Sony lo que le conviene para ganar la próxima generación. Entiendo perfectamente que a los medios no les guste porque pierden, con la ausencia de Sony, un porcentaje de visitas y de ingresos durante esos días), y a los fans porque nos perdemos esa batalla tan tradicional entre las principales compañías, sus conferencias, etc.). Sin embargo, creo que ir más allá de reconocer estos intereses, puramente egoístas en ambos casos, es, insisto, pecar de una arrogancia infinita.

Y que conste que a mí esto me ha sorprendido bastante, debo admitirlo. Imaginaba que el año pasado la renuncia tenía un pase por aquello de que realmente no había gran cosa que enseñar, más que tres juegos que ya tenemos demasiado en la retina como para justificar todo un evento por ellos, y que se estaba guardando la artillería para la entrega del año siguiente. Pues bien, parece que no va a ser así, y que mi predicción estaba equivocada.

A partir de aquí, el camino se me antoja bastante incierto. no sé bien a qué se refiere Sony con esos eventos para fans de tipo global (más que nada porque llevamos casi dos años sin dichos eventos), pero imagino que en alguno de ellos se hará una presentación en condiciones (no como lo del logo infame del otro día, por cierto), donde se muestre la consola y el mando, se detallen características, precio y fecha de lanzamiento, así como información sobre los juegos de la primera hornada. Podría ser, por otro lado, que dicha información se vaya desgranando en varios eventos sucesivos, para darle más intriga al asunto, aunque tampoco termino de ver cómo se puede hacer eso (mis carencias de conocimientos de marketing, imagino).

Sea como fuere, lo cierto es que el E3 y la ESA deberían plantearse seriamente hacer avanzar un concepto de feria que año tras año ha ido perdiendo a prácticamente todos los grandes nombres de la industria (Nintendo, EA, Activision, Blizzard, Rockstar, etc.). La irrupción de público y la comercialización de una feria en principio pensada para desarrolladores está haciendo que cada vez sea menos aquello que fue, a lo que sin duda contribuye esta era de Internet en la que vivimos, donde resulta cada vez más complicado guardar secretos y exclusivas, o donde la inmediatez de la información hace que estos eventos tengan que actualizarse o, como creo que le está ocurriendo a la feria angelina, ir perdiendo fuelle de manera irremediable.