Sonic ha recorrido un camino tortuoso en el mundo de los videojuegos, como ya hemos analizado en otras ocasiones. De unos inicios absolutamente arrolladores, con una trilogía en Mega Drive que a punto estuvo de derrumbar el colosal imperio de Mario y Nintendo, a una sarta de mediocridades en los últimos tiempos, donde hay una atropellada mezcla de fallidos saltos a universos 3D y aún más fallidos reboots en 2D, lo cierto es que hace ya más de dos décadas que no ha aparecido ningún juego interesante en esta moribunda saga.

Sonic Mania, que nace como un experimento por parte de unos fans declarados del erizo, fue presentado a una Sega que ya no puede estar más desnortada, pero que al menos tuvo el ojo suficiente para darle a Christian Whitehead y Simon Thomley luz verde para un proyecto algo estrafalario, donde se dan cita ocho niveles clásicos de los juegos Sonic 1, 2, 3, Sonic & Knuckles y Sonic CD (los considerados clásicos canónicos), reelaboraciones de sus segundos actos respectivos y cuatro niveles totalmente nuevos, además de un buen puñado de extras para nostálgicos irredentos. Tal y como ocurría en aquellos juegos, aquí podemos controlar a Sonic, Tails o Knuckles en solitario, así como a la pareja formada por el erizo y el zorro, donde el segundo jugador puede controlar a Tails (algo especialmente útil contra jefes finales o para alcanzar ciertas zonas ocultas).

El buen gusto en el tratamiento gráfico del juego (que se ve espectacularmente bien, con un sabor añejo de lo más acertado), es casi tan encomiable como el diseño de los personajes o el respeto con el que los niveles nuevos homenajean sus fuentes y aportan alguna que otra idea interesante. Da gusto revisitar niveles que casi conocemos de memoria los muy fans y encontrar además rincones nuevos a cada paso del camino en esos segundos actos que funcionan realmente bien a pesar de algunas pequeñas distorsiones, como las que provoca esa extraña acumulación de jefes finales (hay veces que debemos vencer a dos seguidos solo en el primer acto), o la ruptura del ritmo que supone la inclusión, quizá algo forzada, de las fases de bonus de Sonic 3 (32 niveles, entre clásicos y nuevos, nada menos), que aunque siguen siendo tan divertidas como siempre, ocupan casi tanto tiempo como el que dedicamos a cada nivel, si es que decidimos afrontarlos (algo opcional, aunque recomendable si queremos desbloquear los modos extras, de los que luego hablaremos).

Además del buen apartado técnico y sonoro (las melodías suenan fantásticas con ese regusto a máquina vieja), Sonic Manía triunfa de manera clara en su búsqueda de un público joven que jamás ha jugado a estos juegos y al señor ya un poco mayor que quizá comenzó con ellos, pues a ambos les da la misma ración de intensidad, emoción y equilibrio entre una moderada exploración de los niveles y otras secciones de velocidad de vértigo.

Hay, no obstante, algunas objeciones que hacerle a este experimento. Si uno observa la evolución de la saga hasta 1994, verá que Sega fue dedicando un pequeño espacio a una narrativa que enlazara los niveles, poniendo el clásico mcguffin de las esmeraldas. Sonic 3 & Knuckles tendrá sus fallos y sus aciertos, pero lo que es indudable es que es el título más redondo en este sentido, con una trama que va progresando y se permite ciertos tonos aventureros en las breves cinemáticas de final de nivel, pero que en cualquier caso aporta una gran coherencia al conjunto.

Esto en Sonic Mania se intenta, pero sin éxito. La única forma de explicar la presencia de niveles de juegos tan diferentes es el clásico recurso de los viajes dimensionales que ya se explotó, sin demasiada fortuna, en Sonic Generations. Aquí vamos de un lado a otro sin saber realmente muy bien por qué. Los jefes finales son originales y aportan bastante gracia al conjunto (el de Mirage Saloon es de antología de la saga, por cierto), pero no se entiende bien por qué en algunas zonas seguimos sus pasos hasta la siguiente fase y en otros directamente aparecemos sin más en ella.

Tampoco están exentas las mecánicas de interferencias, por desgracia. Así, los escudos de Sonic 3 (agua, rayo y fuego, con sus respectivos poderes secundarios) aparecen aquí en niveles de Sonic 1 o 2 sin demasiado sentido ni propósito, mientras que el escudo de Sonic 1 y 2 aparece en otros niveles donde, francamente, se nota que es notablemente inferior a los otros y sirve de poco más que su estricta protección. Sonic cambia de diseño de una fase a otra por respeto a la evolución de la saga, pero no así Tails, por ejemplo. Ya hemos mencionado la falta de equilibrio que supone para ciertos niveles la inclusión de dos, y hasta tres, jefes finales. Los hay acertadísimos y llenos de originalidad (ay, esa máquina de Dr. Robotnitk’s Bean Machine), épicos como Metal Sonic o vibrantes como el enemigo final, pero algunos requieren más tiempo del necesario, y si vamos algo apurados por haber estado explorando o haciendo tareas secundarias, es seguro que perderemos una vida al poco de comenzar el duelo, y esto es algo que se debería haber cuidado algo más.

Por otro lado, y aunque a mí casi todos los niveles clásicos me parecen buenos en general, lo cierto es que estoy algo cansado de volver siempre a Green Hill o Chemical Plant (que ya aparecieron en otros homenajes previos, como Sonic Generations), y creo sinceramente que había muchas mejores opciones antes que Hidrocity o Flying Battery, uno de los niveles más flojos de Sonic & Knuckles. Hay auténticos tesoros en esos juegos que están poco o nada explotados y que habrían sido realmente bienvenidos.

Los niveles nuevos, por su parte, son un auténtico despliegue de medios. Studiopolis es sencillamente magistral, aunque creo que la paleta de colores es algo más apagada y repetitiva de lo que hubiera necesitado, mientras que Mirage Saloon tiene tantas buenas ideas que a veces satura de pura originalidad. Algo más flojos son Press Garden y Titanic Monarch, pero en general encajan bien en el universo del erizo y podrían haber formado parte, perfectamente, de ese Sonic 4 que nunca llegó (sí, sé que hay un juego ya llamado así, pero vamos a hacer como que no).

Sea como fuere, lo cierto es que aquí es donde se produce mi mayor problema con este juego: la combinación de todos estos niveles no tiene la cohesión que sí tenían los niveles creados específicamente para cada juego aislado. Es algo similar a lo que ocurre con los discos de grandes éxitos frente a los discos de estudio en el caso de la música: están llenos de buenos singles, y como tal colección funciona, pero a la hora de valorarlo en su conjunto, se resiente porque carece del equilibrio y compensación que tenían los niveles de los juegos a los que este título homenajea.

Para terminar, es obligado hacer referencia a unos niveles de bonus que también me han parecido algo incoherentes. Desde Sonic 2, estas fases se empeñaron en buscar una tridimensionalidad algo forzada e imposible dados los medios técnicos de Mega Drive, pero que no desentonaban demasiado. En el caso de Sonic Manía, se ha intentado hacer un homenaje a las fases de bonus de Sonic CD, pero con la inclusión de diseños poligonales que recuerdan más bien a los de los infaustos Sonic Jam o Sonic R de Saturn, y que rompen ese espíritu del sprite o del píxel arte del que tanta gala hace el juego. No es que sean malas en sí mismo (son divertidas a rabiar), pero me parece otra interferencia más que añadir a la lista, y ya van unas cuantas.

Precisamente a propósito de esto me surge una duda razonable con todo esto, y es la siguiente. Sonic Manía me parece, de largo, el mejor juego de la saga en más de dos décadas, porque hace lo que los demás no pudieron, supieron o quisieron entender: que Sonic tiene sentido en 2D, en sprites y con un diseño de niveles trabajado. Todas esas aberraciones posteriores son el ejemplo perfecto de cómo no adaptar una franquicia que tenía posibilidades de haber seguido creciendo en 2D y no lo hizo por absoluta incompetencia de una empresa empeñada en sepultar su legado a base de juegos y consolas mediocres.

Ahora bien, dicho esto, me parece que Sonic Manía tiene un punto de conservador que le perjudica. El riesgo que corre es siempre mínimo, como si tuviera miedo de alejarse demasiado de las “esencias” de la saga. Sin embargo, solo de pensar en un juego totalmente nuevo, con todas y cada uno de sus niveles desarrollados de 0, y una edición especial que te permitiera jugar a los juegos clásicos en un formato actual de visionado, (y a ser posible en formato físico, porque lo de la edición especial del juego con código descargable es de traca), entonces sí que tendríamos ese homenaje que el erizo se merece, una especie de HIStory de Michael Jackson (cantante que colaboró en Sonic 3, por cierto), donde se combinaba un Greatest Hits con un disco nuevo en un solo producto.

Sea como fuere, lo que tenemos es una estupenda ocasión para dar a conocer unos juegos fabulosos a la nueva generación, y una oportunidad muy buena para los veteranos de revivir y emocionarnos de nuevo con la simplicidad y la precisión de un plataformas 2D sencillamente soberbio. Si a eso se le suma el generoso contenido en extras y las decenas de guiños que solo los más fans comprenderán, tenemos un juego bastante completo y recomendable.

Sonic ha recorrido un camino tortuoso en el mundo de los videojuegos, como ya hemos analizado en otras ocasiones. De unos inicios absolutamente arrolladores, con una trilogía en Mega Drive que a punto estuvo de derrumbar el colosal imperio de Mario y Nintendo, a una sarta de mediocridades en los últimos tiempos, donde hay una atropellada mezcla de fallidos saltos a universos 3D y aún más fallidos reboots en 2D, lo cierto es que hace ya más de dos décadas que no ha aparecido ningún juego interesante en esta moribunda saga. Sonic Mania, que nace como un experimento por parte de unos fans declarados del erizo, fue presentado a una Sega que ya no puede estar más desnortada, pero que al menos tuvo el ojo suficiente para darle a Christian Whitehead y Simon Thomley luz verde para un proyecto algo estrafalario, donde se dan cita ocho niveles clásicos de los juegos Sonic 1, 2, 3, Sonic & Knuckles y Sonic CD (los considerados clásicos canónicos), reelaboraciones de sus segundos actos respectivos y cuatro niveles totalmente nuevos, además de un buen puñado de extras para nostálgicos irredentos. Tal y como ocurría en aquellos juegos, aquí podemos controlar a Sonic, Tails o Knuckles en solitario, así como a la pareja formada por el erizo y el zorro, donde el segundo jugador puede controlar a Tails (algo especialmente útil contra jefes finales o para alcanzar ciertas zonas ocultas). El buen gusto en el tratamiento gráfico del juego (que se ve espectacularmente bien, con un sabor añejo de lo más acertado), es casi tan encomiable como el diseño de los personajes o el respeto con el que los niveles nuevos homenajean sus fuentes y aportan alguna que otra idea interesante. Da gusto revisitar niveles que casi conocemos de memoria los muy fans y encontrar además rincones nuevos a cada paso del camino en esos segundos actos que funcionan realmente bien a pesar de algunas pequeñas distorsiones, como las que provoca esa extraña acumulación de jefes finales (hay veces que debemos vencer a dos seguidos solo en el primer acto), o la ruptura del ritmo que supone la inclusión, quizá algo forzada, de las fases de bonus de Sonic 3 (32 niveles, entre clásicos y nuevos, nada menos), que aunque siguen siendo tan divertidas como siempre, ocupan casi tanto tiempo como el que dedicamos a cada nivel, si es que decidimos afrontarlos (algo opcional, aunque recomendable si queremos desbloquear los modos extras, de los que luego hablaremos). Además del buen apartado técnico y sonoro (las melodías suenan fantásticas con ese regusto a máquina vieja), Sonic Manía triunfa de manera clara en su búsqueda de un público joven que jamás ha jugado a estos juegos y al señor ya un poco mayor que quizá comenzó con ellos, pues a ambos les da la misma ración de intensidad, emoción y equilibrio entre una moderada exploración de los niveles y otras secciones de velocidad de vértigo. Hay, no obstante, algunas objeciones que hacerle a este experimento. Si uno…
Gráficos - 83%
Sonido - 77%
Banda Sonora - 83%
Mecánicas / Jugabilidad - 82%
Duración - 83%
Originalidad - 40%

75%

Sonic Mania recupera el sabor de los Sonic clásicos de Mega Drive en un ejercicio a caballo entre el remake, el reboot y la secuela homenaje donde tiene cabida tal cantidad de guiños para los fans de toda la vida que será difícil resistir la lágrima. Sonic, Tails y Knuckles vuelven a la carga con un juego que a pesar de sus incoherencias es 16 bit puro y duro, y que demuestra que ciertas sagas quizá nunca debieron dar saltos al vacío tridimensional. Recomendable para todo tipo de público.

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