Internet está que arde con una serie de artículos, documentados en medios de bastante prestigio, acerca de la posibilidad de que Sony saque una nueva versión de Playstation 4 próximamente. No se trata de un rediseño como los que hemos visto en generaciones pasadas, que mantenían el núcleo central pero hacían modificaciones para mejorar aspectos secundarios como el peso, la memoria o el sistema de ventilación, sino de un salto técnico de hardware en toda regla, llegando incluso a doblar, de acuerdo con la información proporcionada por Wall Street Journal, la potencia de PS4. Fuentes cercanas a Sony han filtrado, además, que el anuncio de esta nueva consola, capaz de reproducir gráficos en ultra definición (o 4K), se producirá antes del lanzamiento de las gafas de realidad virtual que la compañía tiene previsto sacar al mercado en octubre.

A partir de aquí, como siempre, entramos en el terreno de las peligrosas especulaciones, a las que prefiero no hacer demasiado caso. Es complicado opinar sobre algo que no ha sido confirmado, de lo que todavía no se sabe nada con certeza. En cualquier caso, sí me parece interesante reflexionar sobre la posibilidad de que tal cosa suceda, por el modo tan profundo en que modifica el paisaje comercial en el sector del videojuego de aquí al futuro. Esto puede cambiarlo todo.

La séptima generación conoció un intenso debate, más crudo conforme llegaba al final de su largo ciclo de 6-7 años, acerca de las trabas que suponen los sistemas cerrados en un mundo tecnológico donde los pasos son agigantados en tiempo récord. Una consola potente en 2007 era, literalmente, un dinosaurio en 2013, como han demostrado de manera contundente las versiones next gen de juegos como GTA V. Sea como fuere, considero que el problema de esta generación no fue tanto el hecho de que PS3 o Xbox 360 fueran sistemas cerrados, sino que su ciclo se alargó más allá de los 4-5 años a casi el doble.

Lo normal en las videoconsolas es que los estudios necesiten como mínimo un juego o dos para poder sacar el rendimiento de las consolas, algo que se ajusta a unos plazos de desarrollo razonables como los que he mencionado antes. Más allá de eso las consolas alcanzan su techo y ya no tiene demasiado sentido seguir repitiendo patrones, lo que es aprovechado por las compañías para sacar nuevos hardware con potencia superior. Esto ha sido así desde prácticamente el inicio de los videojuegos, con la excepción del ámbito del PC, sistema abierto no sujeto a estas condiciones pero que tiene la contrapartida de tener que estar actualizando el hardware por partes cada cierto tiempo (si se quiere estar a la última, claro), algo que siempre exige un mayor conocimiento de la informática (y una mayor incomodidad, dicho sea de paso). La simplicidad de las videoconsolas tenía el precio, pagado gustosamente por muchos, de ir siempre varios pasos por detrás de los avances de los PC, donde llegaron antes los juegos online, la alta definición y tantos otros avances.

El movimiento de Sony pone toda esta estructura en entredicho, cercenando los plazos lógicos de vida de un sistema que, recordemos, lleva vendidas la friolera de 40 millones de consolas en apenas dos años y sin un catálogo digno de mención. Las razones que he leído estos días justificando la «sabia» decisión de Sony me parecen un poco traídas por los pelos. Para empezar, no es cierto que PS4 haya tocado techo alguno. Cuando sus mejores juegos son versiones recicladas de clásicos de PS3 y la gran mayoría de títulos sufren horrores para alcanzar los 1080p y los 60 frames, me parece, cuando menos, forzado, decir que ya es hora de pasarnos a la ultra definición.

También se ha comentado mucho el asunto de la gama de productos de una misma familia donde uno de ellos tiene estatus VIP o gama alta, para justificar un precio mayor por una mejor versión del producto. A esto habría que objetar, y me parece algo bastante evidente, que una PS4K no es una PS4. Ni tiene la misma potencia, ni la misma resolución ni nada parecido, más allá de que sea retrocompatible con los títulos de PS4. Tratar de hacernos ver que se trata de lo mismo, pero mejor, me parece un fraude en toda regla para impedir que el público que ha confiado en Sony pagando sus 400 euros (o más, según las versiones) se indigne hasta el infinito y más allá. A mí, personalmente, todo esto me parece una tomadura de pelo que tampoco justifica el asunto de la realidad virtual, que al parecer en PS4K no tendrá tantos problemas para generar la tasa de frames deseable en sus dos lentes. Aunque el tema de la realidad virtual daría para otro debate, creo que emplear eso como argumento es bastante oportunista, por mucho que esté también al caer.

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No es que me parezca mala la idea de jugar a videojuegos en ultra definición o como se llame. Evidentemente, cuanta mejor resolución, mejor podrán los desarrolladores crear mundos fascinantes en los que sumergirnos. Sin embargo, me resulta algo complicado de entender que se nos quiera convencer de que es el momento de dar el salto a dicha resolución de 3840X2160 píxeles cuando, francamente, muy pocas compañías son capaces de ofrecer juegos a 1080. A mi entender, el objetivo de esta generación sería llegar a dominar dicha resolución, y plantearse metas más ambiciosas de cara a la siguiente. Todo esto me parece tan inoportuno como precipitado.

¿Qué ocurrirá, por otro lado, cuando ambas versiones de la consola estén en el mercado y salga el juego estrella de turno? ¿Habrá dos versiones, una gold y otra estándar? ¿Las compañías decidirán sacar solo la versión gold y olvidarse del resto? ¿Estamos ante un caso similar al de New Nintendo 3DS, cuyas versiones de Hyrule Warriors Legends son para echarse a temblar o que tiene a todos los usuarios que no pueden disfrutar de Xenoblade Chronicles 3DS jurando en arameo? Por el propio bien de Sony, espero de verdad que no.

En cualquier caso, hay que esperar a que Sony dé veracidad a todos estos rumores o los desmienta para sacar conclusiones más definitivas. Por ahora todo son rumores, y no me parece correcto ir más allá de lo que he ido ya en este artículo. Si finalmente se confirma la existencia de PS4K con las características aquí mencionadas, entonces no me quedará más remedio que lamentar dicha decisión y, ya de paso, entrar en abierto desacuerdo con que sea el momento para pasar a una definición tan elevada cuando todavía falta mucho para que se llegue a dominar la, hasta ahora, tenida por alta definición. No estoy seguro de si la idea es diversificar el mercado de PS4 o ampliarlo con gama premium, eso el tiempo lo dirá, pero sea lo que sea, no me parece la mejor idea, y mucho más cuando los grandes juegos de PS4 están todavía por llegar a un sistema por el que pasan los años pero no los juegos memorables, salvo honrosas excepciones.

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