El pasado día 2 de febrero se celebró en Osaka la reunión de inversores para analizar los resultados del último ejercicio fiscal de Nintendo. Los resultados son algo complejos, y en ocasiones contradictorios (descenso de beneficio en ventas netas, pero aumento de beneficios globales); sin embargo, y al margen de los datos más llamativos, como que las ventas de Wii U han llegado a los 12’6 millones y, en el caso de 3DS, a los 57,9, lo que más me ha llamado la atención es la barbaridad en ventas de Amiibo: nada menos que 31 millones de unidades.

Que Mario Kart 8 salga casi a juego por consola (va camino de los 7,5) me lo podía esperar, por la enorme calidad del título y la falta de oferta competitiva en ese género; ahora bien, que estas figuras, cuya calidad y uso puse en tela de juicio cuando salieron y aún a día de hoy me siguen ofreciendo muchas dudas, hayan sobrepasado esa cifra (y las que le quedan), me ha hecho reflexionar un poco sobre este fenómeno, al que quizá valoré en su momento con excesiva ligereza.

2640325-7345405950-HpSfzPor si acaso hay algún marciano que no conoce esto de Amiibo, se trata de una serie de figuras que, en la línea de otros productos similares como Skylanders o Disney Infinity, permite una conectividad con ciertos juegos para aportar más contenido. En el caso de las figuras de Nintendo, esta funcionalidad se realiza mediante un sistema de conexión NFC situado en el propio Gamepad de Wii U, y permite aumentar los niveles de potencia de determinados personajes, en el caso de Smash Bros, o contar con ciertos trajes especiales en Mario Kart 8. Repartidos en diferentes series, más de 90 figuras han sido lanzadas hasta la fecha, con más de 15 nuevas confirmadas para 2016.

Como siempre suele ocurrir con Nintendo, al principio hubo problemas de abastecimiento que enriquecieron a los mercaderes digitales de segunda mano, hasta que la compañía se dio cuenta de que el mercado era más amplio de lo que pensaba y se dedicó a lanzar remesas de series descatalogadas. Ahora mismo ya es posible encontrar figuras que llegaron a ponerse por encima de 50 euros en E Bay (normalmente suelen tener un precio en torno a los 12/15 euros), todo un consuelo para el usuario o coleccionista que quiera ponerse al día.

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Aquí es donde precisamente venía una de mis principales objeciones cuando Amiibo fue revelado. Mi interés en las supuestas funcionalidades de estos muñecos es relativo, de modo que los veo más como un elemento decorativo, de puro coleccionismo. Hay figuras de todas las formas, tamaños y colores, de todas las franquicias de Nintendo conocidas (y algunas de compañías invitadas); y si bien el nivel medio me parece normal, con algunos un poco más flojos, hay entre todas algunas de un diseño excelente, como Samus, Mega Man, los Yoshi de lana o Toon Link. No obstante, incluso en estas percibo una cierta falta de calidad en el acabado, quizá debido a su precio y a su condición de juguete para todos los públicos, que los aleja de esas figuras que vemos en otros juegos con una calidad muy superior pero a precios desorbitados.

En ese sentido, se ha publicitado mucho también la conectividad entre Wii U y 3DS, algo que Nintendo lleva soñando hacer desde los tiempos de Gamecube y Game Boy Advanced pero nunca ha terminado de lograr del todo. No obstante, más allá de todo eso lo que ha terminado haciendo ruido son asuntos menores, como las diferencias entre unas figuras y otras dentro del mismo modelo, rollos enfermizos de defectos de fábrica que aumenta precios en Internet y demuestra la obsesión colectiva del personal por cualquier cosa que huela mínimamente a Nintendo. Lo de las versiones doradas de Mario o Mega Man ha llevado a auténticas locuras en las subastas de la red.

Sin embargo, para mí el mayor acierto que ha tenido la compañía es incluir algunas de estas figuras en los bundles con juegos, como el de Mario con Smash Bros, Toad con Captain’s Toad Treasure, Yoshi con Wooly World o el inminente Twilight Princess HD, que vendrá acompañado de un Amiibo con Midna y Link en versión lobo. En lugar de las torpes ediciones de coleccionista que acompañaron a Mario Kart 8 o Wind Waker HD, con aquellos incomprensibles Ganondorf de 8 toneladas o la dichosa concha azul, tiene mucho más sentido acompañar los títulos de estas figuras, porque al margen de lo apropiadas que resultan, aumentan el valor del juego.

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El éxito de Amiibo demuestra el olfato de Nintendo para los negocios y compensa en parte el fracaso de Wii U al abrir un mercado que Skylanders no había explotado tanto como parecía. Las ventas de estos productos revelan una auténtica fiebre que ha crecido de manera exponencial, y que con toda seguridad Nintendo seguirá explotando sin misericordia alguna, ofreciendo figuras cada vez más atractivas y nuevos señuelos en forma de aplicaciones para sus juegos más significativos.

Aunque sigo creyendo que la razón última de los Amiibo es hacer caja y no tanto ofrecer una propuesta de juego realmente renovadora, es evidente que mis predicciones sobre este producto no solo no se han cumplido sino que han demostrado ser totalmente erróneas. Yo pensé que la gente no se dejaría llevar por locura alguna con estos juguetes, y no solo no ha sido así sino que ha arrasado. Es más, ha animado a otras compañías como Disney a seguir su ejemplo con Infinity, lo que sumando todo lo anterior ha llevado a convertir las tiendas de videojuegos en una sucursal nada disimulada de Toys’r’us.

En cualquier caso, aplaudo el éxito de esta estrategia, por lo acertada de cara a un público cada día más ansioso por conocer el siguiente Amiibo (ahora se ha desatado la euforia por los nuevos Ryu, Bayonetta y Cloud, pero vendrán más, seguro). Veremos hasta dónde llega el fenómeno, pero por lo visto hasta ahora parece no tener techo.

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