David Katz, un joven de 24 años procedente de Baltimore, provocó en la madrugada del pasado domingo una tragedia durante la celebración de un torneo del videojuego Madden NFL 19, en un restaurante de Florida. Según las fuentes consultadas, el joven acudió al evento armado con dos pistolas, que empleó para asesinar a otros dos jugadores que asistían al evento, herir a otras once personas y finalmente suicidarse antes de que pudiera ser detenido por la policía.

Estos son los hechos. También es un hecho que el asesino había sido internado dos veces en un centro psiquiátrico durante su adolescencia, que procedía de una familia desestructurada y que, además, vivía en un estado de un país que permite la tenencia legal de armas sin un control riguroso de quién posee dichas armas.

Sin embargo, cuando uno acude a los titulares de la prensa, no se alude a ninguno de estos tres factores, que a mí me parece que explican, o cuando menos permiten contextualizar mejor, la situación de inestabilidad mental y de peligro para los demás que suponía esta persona. A lo que sí se alude de forma inevitable en todos y cada uno de los titulares, en todos, es a los videojuegos. Vean. El País: “David Katz, el profesional de los videojuegos que explotó“; ABC: “David Katz, jugador de videojuegos deportivos, autor del tiroteo de Jacksonville“; El Mundo: “Tres muertos, incluido el atacante, y 11 heridos, en un tiroteo durante un torneo de videojuegos“.

 

En absoluto se puede sostener que ninguno de estos periódicos, por poner solo tres ejemplos de los más representativos de la prensa nacional española (internacionalmente sucede lo mismo, pero os lo ahorro), diga algo que sea falso. Es cierto que David Katz era jugador profesional de videojuegos deportivos desde hacía años, laureado incluso en algunos torneos, como se puede ver en la imagen que encabeza este texto. Es cierto que tenía un carácter introvertido, que su rostro en las competiciones era inexpresivo y que, en torneos donde se jugaba miles de dólares, no iba allí precisamente a hacer amigos, sino a competir de manera profesional como mejor sabía y podía.

Sin embargo, me llama la atención que su inestabilidad mental, su pasado en centros hospitalarios psiquiátricos, sus problemas familiares o el hecho de que alguien así, con semejante historial, pueda comprar alegremente dos armas automáticas y acceder a un evento donde acuden 150 personas con dichas armas, sin que absolutamente nadie comprobara semejante detalle, no constituyan el auténtico titular. La manipulación mediática es, una vez más, puesta al servicio de la denostación de los videojuegos. Una persona que lea de manera superficial esta noticia va a pensar, y es lógico que así sea, que la culpa de todo lo ocurrido la tienen los videojuegos, que generan violencia y fomentan el instinto asesino de nuestros pobres niños. Y es que los artículos de la prensa dicen desde el primer momento que una de las causas que maneja la policía para explicar esta tragedia es la frustración al haber perdido uno de los encuentros del torneo.

Me resulta difícil de creer, en cualquier caso, que los periodistas que han redactado la noticia o los lectores a los que les llega dicha información sean tan poco inteligentes como para pensar que una persona que acude a un evento armado no ha planificado, en mayor o menor medida, que en un determinado momento pueda hacer uso de sus armas. ¿Que la derrota pudo haber acelerado esa decisión? Por supuesto. Pero de ahí a deducirse que los videojuegos siguen siendo ese ámbito donde se refugian todos los tarados mentales para alimentar sus deseos oscuros de acribillar a la humanidad y que, por tanto, lo mejor es estar cuanto más lejos mejor de ellos y así todos contentos, me parece de una simpleza insultante.

Qué curioso, si el torneo de videojuegos llega a ser de Call of Duty, o de Street Fighter, ¿habrían sido aún más tendenciosos los titulares? El hecho es que el torneo era deportivo, así que bien se cuidan en la prensa de hacer hincapié en ello. Me apuesto lo que quieran los lectores a que en el caso de haber habido algún asomo de violencia en el videojuego del torneo en cuestión, tendríamos ya a los CEO de las desarrolladoras en cuestión pidiendo perdón y dando excusas para decir esto y lo otro, y a la opinión pública volcando sus iras en Twitter, Facebook y demás.

Yo he vivido en Estados Unidos, al menos el tiempo suficiente como para darme cuenta de que es un país sin norte en el tema del control de armas, que muchos de sus ciudadanos celebran como derecho constitucional. Cada año mueren en ese país miles de personas por armas de fuego; hay campamentos para niños y adolescentes que les enseñan a manejar Uzis y todo lo que se ponga a su alcance, y la cultura pro armamentística del país es simplemente vergonzosa e incomprensible para alguien que piensa, como el que esto escribe, que las armas tienen una única función: matar.

Si en Estados Unidos sigue habiendo el descontrol absoluto que hay ahora mismo sobre las armas de fuego, seguirá habiendo miles de muertes por armas de fuego. Es así de sencillo. Dejemos de culpar a los videojuegos, de manera ladina y subrepticia, por algo de lo que no tienen culpa alguna. Que haya videojuegos violentos, algunos de ellos hasta extremos bochornosos, es otro asunto en el que podemos estar plenamente de acuerdo, pero no confundamos las cosas.

Con todos mis respetos para los fallecidos, los heridos y las familias de los afectados por la tragedia de Jacksonville, en España, en un torneo de FIFA o del juego que sea, si un tarado se cabrea mucho lo más que podrá tirarle a su rival son sus auriculares, y les aseguro que eso no da para un titular ni medio decente.

Fuente de las imágenes: The Sun