En el último Nintendo Direct, se reveló, entre otras (muchas) noticias menores, el remake de Link’s Awakening, el clásico de la saga Zelda de la plataforma Game Boy que fue lanzado en 1993. Desde luego, si Nintendo quería quedarse con una parroquia que lleva meses hablando del posible remake de Skyward Sword, lo ha conseguido, y de qué manera.

En primer lugar, porque a diferencia del título de 2011, este pertenece a esa categoría 2D de la saga, un poco en la línea de lo que los New Super Mario Bros representan en la franquicia del fontanero respecto de los títulos en 3D, tipo Ocarina of Time, Wind Waker o Breath of the Wild. Y por lo que se dejó ver en el tráiler, más allá del espectacular diseño artístico lo que queda parece, literalmente, el mismo juego de 1993, con vista cenital y los mismos elementos situados en los mismos lugares, ya sean paisajes o enemigos. Evidentemente, Nintendo todavía no ha revelado si habrá cambios o no respecto del original, aunque entiendo que algo incluirán, aunque solo sea la mazmorra extra que acompañaba la versión de Game Boy Color, de 1998.

Comparación del remake (derecha) con la versión de Game Boy Color (izquierda)

Lo primero que me llamó la atención del tráiler es el cuidado con el que se ha recreado la escena de introducción, que ahora pasa a ser más propia de una serie de dibujos animados de los 80/90, y que luce fantásticamente. De ahí el juego revela algunas de sus cartas, como su magnífico apartado gráfico en acción, con movimientos de ataque, un poco del mapa del juego y algunos enemigos y mazmorras. Todo ello recuerda, inevitablemente, al notable A Link between worlds, lanzado para 3DS en 2013, y que tan buena acogida recibió.

No obstante, y aunque insisto en que me parece un movimiento bastante inteligente por parte de Nintendo respecto a la marcha de la franquicia (lo de Skyward Sword ya dije que me parecía un sinsentido después de los fastos de libertad y maestría de Breath of the Wild); este juego no busca competir con el título de lanzamiento de la consola, y sí crear un espacio propio que encaja con una franja de público aún más amplia, y que hace que su sitio natural sea el modo portátil de Switch.

Por mucho milagro que fuera hacer este juego en Game Boy, no deja de ser una experiencia más breve e intensa que todos los demás Zelda aparecidos antes y después, lo que lo convierte en un candidato ideal a mantener viva la saga entre grandes lanzamientos, del mismo modo que Minish Cap sirvió de puente entre Wind Waker o Twilight Princess, o Phantom Hourglass y Spirit Tracks hicieron lo propio entre TP y Skyward Sword.

La verdad es que el juego lo tiene todo a su favor para tener una buena acogida en ventas; es un gran juego, muy original y fresco dentro de la franquicia de Zelda; además, prácticamente nadie de la actual generación de usuarios de Switch conocerá el título, lo que favorece que tampoco haya una especial necesidad de introducir novedades o contenido adicional; el hecho de que la plataforma original fuera Game Boy hace, un poco como ocurría con Samus Returns en su salto a 3DS (aunque quizá aquí el cambio fue mucho más notorio aún), que no resulte un refrito tan evidente como los que nos tiene acostumbrados Nintendo en los últimos tiempos con sus ports de Wii U y similares.

Lo que nadie puede negar, en cualquier caso, es que al margen de gustos personales, el juego tiene una pinta fabulosa. El aspecto de juguete de los personajes, el desenfoque de los márgenes de la pantalla, las animaciones y el nuevo look de Link, que recuerda lo suficiente a A Link to the Past y sus epígonos pero introduce la suficiente carga de novedad en ese apartado de diseño, es suficiente para meterse en el bolsillo a propios y extraños, dejando que el gran trabajo de los programadores originales haga el resto con un conjunto de mazmorras realmente entretenidas.

Si a un remake se le pide una actualización técnica y jugable de un clásico, estoy convencido de que Link’s Awakening para Switch va a cumplir sobradamente con todos estos requisitos, y nos va a ofrecer un juego con una estética realmente adecuada y espectacular para el formato de juego y su plataforma. Fue la única noticia agradable, insisto, de un Nintendo Direct que preludia un 2019 casi tan pobre o más que el pasado 2018, que ya es decir, pero al menos nos da una guinda preciosa para una bandeja donde ya se empieza a echar en falta de manera descarada el pastel.