Después del impacto que me supuso jugar a la primera entrega de la saga, enfrentarme a Shenmue 2 ha sido una experiencia un poco más agridulce de lo que esperaba. Y eso a pesar de que esta versión HD es francamente mejor a la primera entrega, aunque solo sea porque está basada no en el original de Dreamcast, sino en la mejorada que salió para la Xbox original, y que cuenta con un apartado visual realmente superior en texturas, fluidez y efectos respecto de la primera entrega (además de incluir los extras de aquella, como el modo foto o los filtros de diferentes colores).

Evidentemente, buena parte de las virtudes del original permanecen intactas aquí: Ryo Hazuki sigue teniendo su presencia imponente a lo largo del juego, y el esquema básico estructural del juego, con sus ciclos de días y noches en ambientes urbanos donde debemos realizar tareas y avanzar en la trama principal. El juego ofrece una enorme variedad de posibilidades que antes no estaban, y lleva la escala de la saga a terrenos cualitativamente superiores, lo que se traduce en escenarios más amplios, luminosos y ricos en detalles, si es que tal cosa es posible, con algunos realmente impresionantes para la época y el hardware, como los edificios de Kowloon, que podemos recorrer de arriba abajo y que tienen decenas de habitaciones repletas de secretos, o las calles de Hong Kong en general, que da gusto recorrer al ritmo de una banda sonora que sigue siendo, con diferencia, de lo mejor de un título realmente excepcional en este y tantos otros aspectos.

Sin embargo, durante toda la campaña he tenido la fastidiosa sensación de que me faltaba algo, y ese algo tiene que ver con una narrativa mucho menos centrada que la del primer título, más dispersada y repleta de personajes secundarios francamente mal escritos y con unos diálogos que han envejecido fatal, como ocurre con Joy, Yuan o Dou Niu. Sobre las dos primeras, tengo franca curiosidad por ver cómo las analizaría hoy en día cualquier persona con un mínimo de respeto hacia las mujeres o el colectivo LGTBQ, pero en cualquier caso hace 20 años ese tratamiento a mí me parecería igual de inaceptable. Respecto al tercero, su papel de villano de cartón piedra me recuerda, por su profundidad y complejidad, al de esos personajes de beat’em up de los 80 que estaban ahí únicamente como saco de patadas y puñetazos.

Shenmue 2 quiere dejar a la primera entrega en pañales poniendo a disposición del jugador tres escenarios imponentes, como son los distritos de Hong Kong, Kowloon y Guilin. Es algo encomiable, ya que son realmente una mejora respecto a la primera entrega, tanto a nivel visual, como por sus dimensiones o por su sensación de inmersión; no obstante, Dreamcast ya sufría para poner a unos pocos personajes en tiempo real en los barrios de Osaka, por lo que aquí la sensación de vacío es tremenda: a veces uno va por calles supuestamente populadas (así lo confirma el sonido ambiente), que no se refleja en un número mínimo de NPC’s para confirmar dicha impresión. Es una lástima, porque por más impresionante que sea moverse por las calles o edificios del juego, hábilmente distribuidos en zonas con cargas mínimas gracias a la conversión, ese nivel visual se ve lastrado por un hardware que claramente no estaba preparado para semejante reto.

Por otro lado, Shenmue 2 tiene unos evidentes problemas de ritmo narrativo, donde la acción va literalmente a trompicones y con unos encuentros totalmente casuales con personajes clave en la trama. No hay una investigación lógica como en la primera entrega, donde la relación de causa efecto en la historia hacía que avanzar por ella fuera una auténtica gozada. Aquí vamos encontrándonos con Fulano y Mengano porque Fulano y Mengano son los que nos tenemos que encontrar para obtener la siguiente indicación sobre dónde ir o con quién hay que hablar, con constantes interrupciones de unas cinemáticas que son fastidiosas a veces, en el mejor de los casos, cortando el desarrollo del juego y con unos quick time events bastante peor integrados en la historia que en el juego precedente (y que, a diferencia del anterior, no podemos repetir si fallamos en todos los casos, sino que nos llevan a caminos alternativos de la historia). Más de una vez y más de dos se nos piden ejercicios de botones para los que nadie nos ha preparado o avisado lo más mínimo, lo que nos lleva a morir una y otra vez o, como acabamos de señalar, a ir por un camino alternativo a las primeras de cambio.

La gestión del dinero y los trabajos es también bastante peor que en la primera parte: al principio nos roban un dinero precioso que tardaremos sangre, sudor y lágrimas en recuperar, pero lo peor de todo es que no lo haremos para lograr un objetivo claro como el del primer juego (el pasaje para China), sino por decisiones completamente caprichosas del juego para poder avanzar en determinados momentos. Cuesta muchísimo obtener dinero, y la forma menos arriesgada es con un mini juego de quick time event realmente tedioso de mover cajas de un sitio a otro del que he acabado literalmente harto (otros, como lo de ponerte de dependientes de una tienda de apuestas, se hace eterno y está sujeto al azar para obtener una miserable recompensa; del de los pulsos mejor no hablar; la curva de dificultad es aberrante a partir del quinto pulso, y no creo que el personal tenga muchas ganas de dejarse los dedos en el mando, por buena que sea aquí el premio).

Relacionado con esto es la gestión de los mapas, que debemos comprar (a 10 ) para poder orientarnos mínimamente por unos escenarios más laberínticos de lo que deberían ser. Hay pocas indicaciones claras, mucho escenario por el que es difícil moverse y que nos obligará a dar muchas más vueltas de las necesarias hasta encontrar los que debemos.

En cuanto a la trama, no hay demasiado que decir, por desgracia: retomamos la historia en el barco en el que dejamos la primera, llegando a un puerto de Hong Kong donde nos las vamos a ver y desear para poder empezar a manejarnos con soltura. Es evidente que Ryo está en un ambiente desconocido, muy lejos de su hogar y sus amigos, y el juego hace muy bien en este primer tramo por demostrar que el viaje del héroe tiene etapas duras como la que nos ocupa. Para mí lo mejor del juego tiene que ver con la búsqueda y aprendizaje de los cuatro maestros de diferentes disciplinas de artes marciales, que van ampliando nuestro repertorio de golpes de una manera más que adecuada en la historia. El punto más bajo estaría en el distrito de Kowloon, mucho más laberíntico de lo que debería y lleno de personajes y situaciones francamente olvidabas; menos mal que el juego remonta en el último acto del juego con la introducción del personaje clave de la saga, que llevaba apareciendo en muchas referencias oníricas hasta entonces: Shenua, todo un lujo de detalle y sensibilidad por parte de los guionistas que lleva al juego a un nivel narrativamente mucho más interesante que hasta ese momento.

En cualquier caso, todo lo comentado desluce, y hasta cierto punto desvirtúa, las bondades del primer juego. Y es que si la aventura, conversaciones y la investigación son mucho más torpes y dispersas, qué decir de la acción: si en el primer juego teníamos nuestro Dojo o el almacén del puerto para practicar y perfeccionar nuestros golpes, aquí apenas hay sitios para practicar en Hong Kong, y en Kowloon solo podemos pelear en luchas callejeras con apuestas de por medio, tan breves que necesitaremos hacer cien mil para poder mejorar mínimamente unos golpes que, por cierto, han sido rebajados de nivel de una manera vergonzosa a pesar de que el juego permite importar tu partida del juego anterior. Lo que sí queda claro, y esto ya era un fallo en Dreamcast clamoroso a mi juicio, es el absoluto desequilibrio de las secuencias de QTE en favor de las acción libre; una pena, ya que estas últimas eran las que daban auténtica emoción al juego y aquí están bastante más ausentes de lo que me hubiera gustado.

Si a eso unimos que la cámara sigue haciendo un poco lo que quiere, algo que en los combates es especialmente molesto, tenemos como resultado un juego mucho menos brillante de lo que imaginaba. No es mejor que Shenmue 1 en aspectos determinantes, como una narrativa a trompicones o unos combates mucho menos épicos (no hay nada aquí a la altura de los 70 enemigos de los Mad Angels o los duelos finales), y aunque sí es cierto que el desenlace deja puertas abiertas y es sorprendente, mucho me temo que la tercera entrega, que saldrá en principio en agosto del año que viene, tiene mucha tarea por delante para remontar un poco este vuelo alicaído.

Después del impacto que me supuso jugar a la primera entrega de la saga, enfrentarme a Shenmue 2 ha sido una experiencia un poco más agridulce de lo que esperaba. Y eso a pesar de que esta versión HD es francamente mejor a la primera entrega, aunque solo sea porque está basada no en el original de Dreamcast, sino en la mejorada que salió para la Xbox original, y que cuenta con un apartado visual realmente superior en texturas, fluidez y efectos respecto de la primera entrega (además de incluir los extras de aquella, como el modo foto o los filtros de diferentes colores). Evidentemente, buena parte de las virtudes del original permanecen intactas aquí: Ryo Hazuki sigue teniendo su presencia imponente a lo largo del juego, y el esquema básico estructural del juego, con sus ciclos de días y noches en ambientes urbanos donde debemos realizar tareas y avanzar en la trama principal. El juego ofrece una enorme variedad de posibilidades que antes no estaban, y lleva la escala de la saga a terrenos cualitativamente superiores, lo que se traduce en escenarios más amplios, luminosos y ricos en detalles, si es que tal cosa es posible, con algunos realmente impresionantes para la época y el hardware, como los edificios de Kowloon, que podemos recorrer de arriba abajo y que tienen decenas de habitaciones repletas de secretos, o las calles de Hong Kong en general, que da gusto recorrer al ritmo de una banda sonora que sigue siendo, con diferencia, de lo mejor de un título realmente excepcional en este y tantos otros aspectos. Sin embargo, durante toda la campaña he tenido la fastidiosa sensación de que me faltaba algo, y ese algo tiene que ver con una narrativa mucho menos centrada que la del primer título, más dispersada y repleta de personajes secundarios francamente mal escritos y con unos diálogos que han envejecido fatal, como ocurre con Joy, Yuan o Dou Niu. Sobre las dos primeras, tengo franca curiosidad por ver cómo las analizaría hoy en día cualquier persona con un mínimo de respeto hacia las mujeres o el colectivo LGTBQ, pero en cualquier caso hace 20 años ese tratamiento a mí me parecería igual de inaceptable. Respecto al tercero, su papel de villano de cartón piedra me recuerda, por su profundidad y complejidad, al de esos personajes de beat'em up de los 80 que estaban ahí únicamente como saco de patadas y puñetazos. Shenmue 2 quiere dejar a la primera entrega en pañales poniendo a disposición del jugador tres escenarios imponentes, como son los distritos de Hong Kong, Kowloon y Guilin. Es algo encomiable, ya que son realmente una mejora respecto a la primera entrega, tanto a nivel visual, como por sus dimensiones o por su sensación de inmersión; no obstante, Dreamcast ya sufría para poner a unos pocos personajes en tiempo real en los barrios de Osaka, por lo que aquí la sensación de vacío es tremenda: a veces uno va por calles supuestamente populadas (así lo confirma…
Valoración global - 83%

83%

Más ambicioso que la primera entrega, con más personajes y posibilidades y variedad de acción, Shenmue 2 sufrió, sin embargo, de la falta de un hardware que realmente permitiera transmitir la visión de sus creadores, así como inexplicables fallos de ritmo y desarrollo en la historia que la primera parte no tenía. Aun quedando un par de peldaños por debajo del primer juego Shenmue 2 es ideal, en cualquier caso, para que los fans puedan enlazar con la futura, y esperada, tercera entrega de una saga esencial en la Historia del videojuego que, gracias a este remaster, ya nadie tiene excusa para no jugar.

User Rating: 4.9 ( 1 votes)
83