Después del impacto que me supuso jugar a la primera entrega de la saga, enfrentarme a Shenmue 2 ha sido una experiencia un poco más agridulce de lo que esperaba. Y eso a pesar de que esta versión HD es francamente mejor a la primera entrega, aunque solo sea porque no está basada en el original de Dreamcast, sino en la mejorada que salió para la primera Xbox un poco más tarde, y que cuenta con un apartado visual superior en texturas, fluidez y efectos respecto de la primera entrega (además de incluir los extras de aquella, como el modo foto o los filtros de diferentes colores). No creo que sea realmente relevante incidir demasiado en mejoras como los efectos de agua, iluminación y un largo etcétera, ya que en cualquier caso, lo que importa de Shenmue no es eso. Su apartado técnico, con aquellos modelados que ahora parecen algo cuadradotes, eran la vanguardia en 1999-2001, y como tales hay que verlos a día de hoy; razón por la que yo, insisto en ello una vez más, agradezco que estemos ante un remaster y no un remake.

Shenmue II es una secuela en el sentido más estricto de la palabra, es decir, que retoma la historia y buena parte de las mecánicas del primer juego, tratando de alcanzar horizontes superiores. Es un juego enormemente ambicioso desde todos los puntos de vista, mucho más que su predecesor, y destaca por un diseño artístico y musical absolutamente maravilloso. Es asombroso pensar que escenarios como los que visitamos en cada uno de los actos principales del juego (Hong Kong, Kowloon y Guilin) fueran creados hace casi dos décadas, o que situaciones como que todos los NPC’s que nos encontramos por el camino tienen líneas de diálogo dobladas. La interacción con el entorno se ha acentuado con la inclusión de más personajes, más minijuegos y posibilidades, y en ese sentido Shenmue II sigue una senda triunfal en muchos apartados, aunque no en todos.

Evidentemente, buena parte de las virtudes del original permanecen intactas aquí: Ryo Hazuki sigue teniendo su presencia imponente a lo largo del juego, y el esquema básico estructural del juego, con sus ciclos de días y noches en ambientes urbanos donde debemos realizar tareas y avanzar en la trama principal. El juego ofrece una enorme variedad de posibilidades que antes no estaban, y lleva la escala de la saga a terrenos cualitativamente superiores, lo que se traduce en escenarios más amplios, luminosos y ricos en detalles, si es que tal cosa es posible, con algunos realmente impresionantes para la época y el hardware, como los edificios de Kowloon, que podemos recorrer de arriba abajo y que tienen decenas de habitaciones repletas de secretos, o las calles de Hong Kong en general, que da gusto recorrer al ritmo de una banda sonora que sigue siendo, con diferencia, de lo mejor de un título realmente excepcional en este y tantos otros aspectos. Capítulo aparte merece la belleza natural de Guilin, que todavía me cuesta creer que fuera creada con semejante calidad allá por principios de siglo.

En ese concepto de aventura total que tiene esta saga, esta segunda entrega mantiene las claves principales: conversaciones, exploración, interacción con prácticamente todo lo que vemos en el escenario, una trama llena de personajes y situaciones que buscan la variedad, la emoción y la intensidad a partes iguales. A mi juicio, y como trataré de desarrollar más adelante, esta combinación no es igual de satisfactoria que en la primera parte, aunque ello no quita para que haya momentos realmente memorables, especialmente en el último tramo del juego.

En primer lugar, somos dejados en el puerto de Hong Kong y debemos abrirnos paso por un mundo que, evidentemente, ya no es el territorio conocido y familiar de Yokosuka. Aquí todo el mundo quiere timarnos, robarnos o agredirnos, cuando no aprovecharse de nosotros, y nos las vamos a ver y desear para encontrar medios para financiar nuestra subsistencia, comenzando por hoteleros rácanos y con malas pulgas, bandas de pandilleros, ladrones de medio pelo y todo tipo de gángsters y maleantes. Es un territorio hostil donde Ryo debe andarse con mucho cuidado, y donde Yu Suzuki se esforzó por dotar de una estructura mucho más clara que en el resto del juego, lo que se agradece en un primer momento pero se echa de menos, y de qué manera, en los siguientes capítulos.

Sin embargo, durante toda la campaña he tenido la fastidiosa sensación de que me faltaba algo, y ese algo tiene que ver con una narrativa mucho menos centrada que la del primer título, más dispersada y repleta de personajes secundarios francamente mal escritos y con unos diálogos que han envejecido fatal, como ocurre con Joy, Yuan o Dou Niu. Sobre las dos primeras, tengo franca curiosidad por ver cómo las analizaría hoy en día cualquier persona con un mínimo de respeto hacia las mujeres o el colectivo LGTBQ, pero en cualquier caso hace 20 años ese tratamiento a mí me parecería igual de inaceptable. Respecto al tercero, su papel de villano de cartón piedra y de opereta me recuerda, por su profundidad y complejidad, al de esos personajes de beat’em up de los 80 que estaban ahí únicamente como saco de patadas y puñetazos.

Shenmue 2 quiere dejar a la primera entrega en pañales poniendo a disposición del jugador tres escenarios imponentes, como son los distritos de Hong Kong, Kowloon y Guilin. Es algo encomiable, ya que son realmente una mejora respecto a la primera entrega, tanto a nivel visual, como por sus dimensiones o por su sensación de inmersión; no obstante, Dreamcast ya sufría para poner a unos pocos personajes en tiempo real en los barrios de Osaka, por lo que aquí la sensación de vacío es tremenda: a veces uno va por calles supuestamente populosas (así lo confirma el sonido ambiente) que, sin embargo, no se refleja ni por asomo en un número mínimo de NPC’s para confirmar dicha impresión. Es una lástima, porque por más impresionante que sea moverse por las calles o edificios del juego, hábilmente distribuidos en zonas con cargas mínimas gracias a la conversión, ese nivel visual se ve lastrado por un hardware que claramente no estaba preparado para semejante reto.

Por otro lado, Shenmue 2 tiene unos evidentes problemas de ritmo narrativo, donde la acción va literalmente a trompicones y con unos encuentros totalmente casuales con personajes clave en la trama. No hay una investigación lógica como en la primera entrega, donde la relación de causa efecto en la historia hacía que avanzar por ella fuera una auténtica gozada. Aquí vamos encontrándonos con Fulano y Mengano porque Fulano y Mengano son los que nos tenemos que encontrar para obtener la siguiente indicación sobre dónde ir o con quién hay que hablar, con constantes interrupciones de unas cinemáticas que son fastidiosas a veces, en el mejor de los casos, cortando el desarrollo del juego y con unos quick time events bastante peor integrados en la historia que en el juego precedente (y que, a diferencia del anterior, no podemos repetir si fallamos en todos los casos, sino que nos llevan a caminos alternativos de la historia). Más de una vez y más de dos se nos piden ejercicios de botones para los que nadie nos ha preparado o avisado lo más mínimo, lo que nos lleva a morir una y otra vez o, como acabamos de señalar, a ir por un camino alternativo a las primeras de cambio.

La gestión del dinero y los trabajos es también bastante peor que en la primera parte: al principio nos roban un dinero precioso que tardaremos sangre, sudor y lágrimas en recuperar, pero lo peor de todo es que no lo haremos para lograr un objetivo claro como el del primer juego (el pasaje para China), sino por decisiones completamente caprichosas del juego para poder avanzar en determinados momentos, como pagar tal tarifa para poder acceder a combates clave que, de otro modo, seguirán bloqueados. Cuesta obtener dinero, y la forma más rápida es apostando y salvando permanentemente: es decir, haciéndole trampas al juego. Del resto de modos de financiación, casi mejor no hablar: lo del mini juego de quick time event realmente tedioso de mover cajas de un sitio a otro es algo de lo que he acabado literalmente harto (otros, como lo de ponerte de dependientes de una tienda de apuestas, se hace eterno y está sujeto al azar para obtener una miserable recompensa; del de los pulsos casi prefiero no decir nada; la curva de dificultad es aberrante a partir del quinto pulso, y no creo que el personal tenga muchas ganas de dejarse los dedos en el mando, por buena que sea aquí el premio).

Relacionado con esto es la gestión de los mapas, que debemos comprar (a 10 yenes) para poder orientarnos mínimamente por unos escenarios más laberínticos de lo que deberían ser. Hay pocas indicaciones claras, mucho escenario por el que es difícil moverse y que nos obligará a dar muchas más vueltas de las necesarias hasta encontrar los que debemos. Es cierto que al final de cada capítulo terminamos ya orientándonos con cierta comodidad, pero entonces se termina y nos trasladan a una nueva área llena de nuevos mapas que comprar (y a los que habrá que familiarizarse también).

Volviendo a la trama, para mí lo mejor del juego tiene que ver con la búsqueda y aprendizaje de los cuatro maestros de diferentes disciplinas de artes marciales en Hong Kong, que van ampliando nuestro repertorio de golpes de una manera más que adecuada en la historia. A partir de ahí ya encuentro más problemas. El punto más bajo fue, con diferencia, en el distrito de Kowloon, mucho más laberíntico de lo que debería y lleno de personajes y situaciones francamente olvidables, como el Yellow Building y sus 17 pisos plagados de quick time events y situaciones de sigilo que dejan muy a las claras que estas cosas es mejor dejárselas a Snake y compañía; menos mal que el juego remonta un poco en el último acto del juego con la introducción del personaje clave de la saga, que llevaba apareciendo en muchas referencias oníricas hasta entonces: Shenua, todo un lujo de detalle y sensibilidad por parte de los guionistas que lleva al juego a un nivel narrativamente mucho más interesante que hasta ese momento. Ese epílogo, que seguramente no dejará indiferente a nadie porque cambia radicalmente de mecánicas y de ritmo, tiene, sin embargo, un par de momentos de verdadera belleza y que están, con diferencia, entre lo mejor de ambos títulos.

En cualquier caso, todo lo comentado desluce, y hasta cierto punto desvirtúa, las bondades del primer juego. Y es que si la aventura, conversaciones y la investigación son mucho más torpes y dispersas, qué decir de la acción: si en el primer juego teníamos nuestro Dojo o el almacén del puerto para practicar y perfeccionar nuestros golpes, aquí apenas hay sitios para practicar en Hong Kong, y en Kowloon solo podemos pelear en luchas callejeras con apuestas de por medio, tan breves que necesitaremos hacer cien mil para poder mejorar mínimamente unos golpes que, por cierto, han sido rebajados de nivel de una manera vergonzosa a pesar de que el juego permite importar tu partida del juego anterior.

En el colmo de los colmos, buena parte de la profundidad de dichos combates se puede zanjar de un plumazo apretando el botón de puñetazo a lo loco: hay enemigos, y estoy hablando de gente ya muy avanzada la trama, que con semejante “estrategia” no nos tocarán un pelo, y eso es algo que se debería haber evitado, porque anula toda la tensión dramática de los combates. Si se compara el emocionante duelo final del primer juego con el paseo militar de este, es para echarse a llorar. Lo que sí queda claro, y esto ya era un fallo en Dreamcast clamoroso a mi juicio, es el absoluto desequilibrio de las secuencias de QTE en favor de las acción libre; una pena, ya que estas últimas eran las que daban auténtica emoción al juego y aquí están bastante más ausentes de lo que me hubiera gustado.

Si a eso unimos que la cámara sigue haciendo un poco lo que quiere, algo que en los combates es especialmente molesto, tenemos como resultado un juego mucho menos brillante de lo que imaginaba. A pesar de sus muchas bondades técnicas respecto al original, esta secuela está por debajo de Shenmue 1 en aspectos determinantes, como una narrativa a trompicones o unos combates mucho menos épicos (no hay nada aquí a la altura de los 70 enemigos de los Mad Angels o los duelos finales), y aunque sí es cierto que el desenlace deja puertas abiertas y es sorprendente, mucho me temo que la tercera entrega, que saldrá en principio en agosto del año que viene, tiene mucha tarea por delante para remontar un poco este vuelo.

En definitiva, la experiencia de los remaster de Shenmue ha vuelto a traer toda su magia y no poca de su polémica. Siguen siendo juegos con notables virtudes, muy adelantados a su tiempo y, en su momento, vanguardistas desde el punto de vista técnico, artístico y musical. Prácticamente todas esas virtudes siguen ahí y son realmente disfrutables, sobre todo para los que no se vuelvan locos con los teraflops y sepan perdonar un apartado técnico y jugable bastante desfasado. Si a eso se le suma que este port es un auténtico disparate, sobre todo en el primer juego, y que ha necesitado parche tras parche para estar a una altura mínimamente aceptable, no podemos menos que lamentar que haya sido así. Quizá este juego hubiera necesitado más tiempo para ofrecernos una actualización a la altura de la leyenda de esta saga.

En cualquier caso, es un poco triste pensar que para muchos jugadores esta sea la única manera (y la mejor, mal que nos pese) de disfrutar de ambos juegos, y que a pesar de todo lo dicho, no pueda evitar recomendarlos encarecidamente, aunque solo sea desde el punto de vista de la arqueología del videojuego, que tanto debe a Ryo Hazuki y compañía. Seguramente, para jugadores más jóvenes y alejados de estas místicas y objetos de culto de épocas pasadas, sagas como Yakuza, GTA o Red Dead les ofrezcan mecánicas mucho más actuales y un apartado técnico claramente superior. A mí, sin embargo, y con todos sus defectos y desfases temporales, me sigue pareciendo que tanto Shenmue como, en menor medida, esta segunda entrega, son dos obras que están muy, muy por encima de todo lo que se ha hecho después en aspectos menos objetivos, como una escala extraordinariamente ambiciosa para su tiempo, una historia muy superior, personajes inolvidables y momentos épicos y cargados de emotividad, con los que los demás juegos posteriores no pueden competir.

Después del impacto que me supuso jugar a la primera entrega de la saga, enfrentarme a Shenmue 2 ha sido una experiencia un poco más agridulce de lo que esperaba. Y eso a pesar de que esta versión HD es francamente mejor a la primera entrega, aunque solo sea porque no está basada en el original de Dreamcast, sino en la mejorada que salió para la primera Xbox un poco más tarde, y que cuenta con un apartado visual superior en texturas, fluidez y efectos respecto de la primera entrega (además de incluir los extras de aquella, como el modo foto o los filtros de diferentes colores). No creo que sea realmente relevante incidir demasiado en mejoras como los efectos de agua, iluminación y un largo etcétera, ya que en cualquier caso, lo que importa de Shenmue no es eso. Su apartado técnico, con aquellos modelados que ahora parecen algo cuadradotes, eran la vanguardia en 1999-2001, y como tales hay que verlos a día de hoy; razón por la que yo, insisto en ello una vez más, agradezco que estemos ante un remaster y no un remake. Shenmue II es una secuela en el sentido más estricto de la palabra, es decir, que retoma la historia y buena parte de las mecánicas del primer juego, tratando de alcanzar horizontes superiores. Es un juego enormemente ambicioso desde todos los puntos de vista, mucho más que su predecesor, y destaca por un diseño artístico y musical absolutamente maravilloso. Es asombroso pensar que escenarios como los que visitamos en cada uno de los actos principales del juego (Hong Kong, Kowloon y Guilin) fueran creados hace casi dos décadas, o que situaciones como que todos los NPC's que nos encontramos por el camino tienen líneas de diálogo dobladas. La interacción con el entorno se ha acentuado con la inclusión de más personajes, más minijuegos y posibilidades, y en ese sentido Shenmue II sigue una senda triunfal en muchos apartados, aunque no en todos. Evidentemente, buena parte de las virtudes del original permanecen intactas aquí: Ryo Hazuki sigue teniendo su presencia imponente a lo largo del juego, y el esquema básico estructural del juego, con sus ciclos de días y noches en ambientes urbanos donde debemos realizar tareas y avanzar en la trama principal. El juego ofrece una enorme variedad de posibilidades que antes no estaban, y lleva la escala de la saga a terrenos cualitativamente superiores, lo que se traduce en escenarios más amplios, luminosos y ricos en detalles, si es que tal cosa es posible, con algunos realmente impresionantes para la época y el hardware, como los edificios de Kowloon, que podemos recorrer de arriba abajo y que tienen decenas de habitaciones repletas de secretos, o las calles de Hong Kong en general, que da gusto recorrer al ritmo de una banda sonora que sigue siendo, con diferencia, de lo mejor de un título realmente excepcional en este y tantos otros aspectos. Capítulo aparte merece la belleza natural de Guilin, que todavía me…
Valoración global - 75%

75%

Más ambicioso que la primera entrega, con más personajes y posibilidades y variedad de acción, Shenmue 2 sufrió, sin embargo, de la falta de un hardware que realmente permitiera transmitir la visión de sus creadores, así como inexplicables fallos de ritmo y desarrollo en la historia que la primera parte no tenía. Aun quedando varios peldaños por debajo del primer juego Shenmue 2 es ideal, en cualquier caso, para que los fans puedan enlazar con la futura, y esperada, tercera entrega de una saga esencial en la Historia del videojuego que, gracias a este remaster, ya nadie tiene excusa para no jugar.

User Rating: 4.9 ( 1 votes)
75