Un cambio de generación es una de las mejores etapas en el sector del videojuego. Es abrumadora la ilusión que se desprende, con demos técnicas, nuevas mecánicas jugables, pero sobre todo lo que entra por los ojos. Y si hay algo que queremos ver siempre es ese salto gráfico que justifique la compra de una consola, algo que nos deje con la boca abierta y que haga que hasta los más escépticos no puedan ocultar una sonrisa.

Y es aquí, partiendo de esta premisa, cuando se presentan en verano de 2013 la Xbox ONE y la Ps4. Claro está, mostraron el potencial de las nuevas máquinas, con grades juegos como Killzone Shadowfall, o FORZA, y con nuevas IPS como es el caso de RYSE.

Para el lanzamiento de su máquina, Microsoft quería presentar un catálogo a la altura, que justificase su compra. A falta de proyectos decidió rescatar la propuesta de Crytek, originalmente pensado para Kinect. Ryse son of Rome nos pone en la piel de Marius Titus, un general romano, que lucha por la supervivencia de Roma y su emperador Nerón, en la guerra contra los bárbaros.

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La historia es narrada a modo de flashbacks, recordando los sucesos que acontecieron desde la visita de un joven Marius a su padre, viendo como este es asesinado, y el camino que recorre desde entonces entrando en la legión, hasta conseguir averiguar la verdad sobre el crimen y poder clamar venganza.

Como en otras narraciones de la época, la trama se entre mezcla con los designios de las deidades, aportando un toque mitológico y restando rigor a los acontecimientos. Lamentablemente, la historia es incoherente, liosa, mal contada, y con unos personajes simples, exagerados y predecibles, salvo un par que pecan de justo lo contrario, muy misteriosos pero nada relevantes.

Desde el primer momento podemos apreciar el impresionante acabado gráfico del juego. La mejor, por no decir la única baza destacable. Con una resolución de 900p y un frame rate estable pero que sólo alcanza los 30fps. Destaca absolutamente todo, expresiones faciales, entornos, efectos climáticos, luces, partículas, ambientación. Puro espectáculo, muy encriptado eso sí, pero que consigue lo que se propone, un salto abismal frente a la anterior generación de consolas.

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No sabemos muy bien, si fue por la insistencia de Microsoft en acelerar el proyecto, o por la dejadez de Crytek, al dejar casi intactas las mecánicas del título, que a priori estaba pensado para un control con Kinect, pero el resultado es un juego simplista y muy aburrido.

El juego es un Beat´em Up muy básico, sin ningún tipo de misión más que justificar la masacre, con objetivos como cubre al general, acaba con las hordas, libera los rehenes, etc.. En ciertas misiones tendremos que terminar con algún jefe final, pero incluso en eso se repite. La repetición de enemigos es desorbitada, hasta tal extremo que nos llegamos a sentir mal al acabar con ellos, se les coge cariño de tantas puñaladas que se llevan los pobres.

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El control no deja nada a la imaginación, simple como el que más, con un botón para rodar, otro para golpear, golpe fuerte y cubrirse. Sin ningún tipo de evolución a lo largo del juego, la esperanza de aprender nuevos combos, se desvanece en los primero 10 minutos.

Pero lo peor viene con los infinitos quick time events, que se activan como movimiento final con cada uno de los enemigos a los que nos enfrentamos. No sé exactamente las estadísticas de la partida, pero seguramente a lo largo de la misma habré terminado con cientos o miles de enemigos. Lo que supone otros tantos qte. Demasiados, sobre todo teniendo en cuenta que hay 3 o 4 variaciones durante toda la campaña.

En resumen, las 8 horas de juego (siendo muy generoso) las pasamos haciendo siempre la misma combinación una y otra vez, golpe, golpe, cubrirse, golpe y ataque final. Y una y otra vez. Sumado a una ia enemiga, totalmente predecible y que resulta ser un calco de los combates del Assassin´s Creed.
Una vez terminada la historia, que es la parte principal, tenemos algún que otro extra, como la arena, un modo donde no paran de venir hordas de enemigos a atacarnos, o la posibilidad de repetir la campaña en diversos modos de dificultad, con los coleccionables como único aliciente.

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El juego puede presumir de tener, para completar el pastel, una banda sonora olvidable, un doblaje correcto y unos efectos, que al igual que el resto del juego, se repiten hasta la saciedad.

Concluyendo, Ryse es una propuesta muy simple, basada en unas mecánicas pensadas para un control con las manos, y que salvando el aspecto gráfico, es aburrido, repetitivo, encriptado… Una decepción tremenda, que echa por tierra el esfuerzo de crear una nueva franquicia. Lo mejor, sin duda: que conseguirlo ahora es baratísimo, aunque tiene pinta, me temo, de ser carne de gold de aquí a nada.

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Un cambio de generación es una de las mejores etapas en el sector del videojuego. Es abrumadora la ilusión que se desprende, con demos técnicas, nuevas mecánicas jugables, pero sobre todo lo que entra por los ojos. Y si hay algo que queremos ver siempre es ese salto gráfico que justifique la compra de una consola, algo que nos deje con la boca abierta y que haga que hasta los más escépticos no puedan ocultar una sonrisa. Y es aquí, partiendo de esta premisa, cuando se presentan en verano de 2013 la Xbox ONE y la Ps4. Claro está, mostraron el potencial de las nuevas máquinas, con grades juegos como Killzone Shadowfall, o FORZA, y con nuevas IPS como es el caso de RYSE. Para el lanzamiento de su máquina, Microsoft quería presentar un catálogo a la altura, que justificase su compra. A falta de proyectos decidió rescatar la propuesta de Crytek, originalmente pensado para Kinect. Ryse son of Rome nos pone en la piel de Marius Titus, un general romano, que lucha por la supervivencia de Roma y su emperador Nerón, en la guerra contra los bárbaros. La historia es narrada a modo de flashbacks, recordando los sucesos que acontecieron desde la visita de un joven Marius a su padre, viendo como este es asesinado, y el camino que recorre desde entonces entrando en la legión, hasta conseguir averiguar la verdad sobre el crimen y poder clamar venganza. Como en otras narraciones de la época, la trama se entre mezcla con los designios de las deidades, aportando un toque mitológico y restando rigor a los acontecimientos. Lamentablemente, la historia es incoherente, liosa, mal contada, y con unos personajes simples, exagerados y predecibles, salvo un par que pecan de justo lo contrario, muy misteriosos pero nada relevantes. Desde el primer momento podemos apreciar el impresionante acabado gráfico del juego. La mejor, por no decir la única baza destacable. Con una resolución de 900p y un frame rate estable pero que sólo alcanza los 30fps. Destaca absolutamente todo, expresiones faciales, entornos, efectos climáticos, luces, partículas, ambientación. Puro espectáculo, muy encriptado eso sí, pero que consigue lo que se propone, un salto abismal frente a la anterior generación de consolas. No sabemos muy bien, si fue por la insistencia de Microsoft en acelerar el proyecto, o por la dejadez de Crytek, al dejar casi intactas las mecánicas del título, que a priori estaba pensado para un control con Kinect, pero el resultado es un juego simplista y muy aburrido. El juego es un Beat´em Up muy básico, sin ningún tipo de misión más que justificar la masacre, con objetivos como cubre al general, acaba con las hordas, libera los rehenes, etc.. En ciertas misiones tendremos que terminar con algún jefe final, pero incluso en eso se repite. La repetición de enemigos es desorbitada, hasta tal extremo que nos llegamos a sentir mal al acabar con ellos, se les coge cariño de tantas puñaladas que se llevan los pobres. El control no deja nada…
Gráficos - 90%
Banda Sonora - 50%
Sonido - 50%
Jugabilidad / Mecánicas - 25%
Argumento - 20%
Duración - 52%

48%

Decepcionante título que, pese a venir rodeado de una gran campaña de marketing y un aspecto visual arrollador, no logró superar la simplicidad de unos controles demasiado básicos, una estructura simplona y un desarrollo anodino. Se trata de una propuesta demasiado básica como para ser tenida en serio, sin duda con la pesada herencia de haber sido creado originalmente para aquel invento olvidado llamado Kinect, y rehecho con bastante prisa para el lanzamiento de una Xbox One que cuenta, por suerte, con títulos muy superiores a este en su catálogo.

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