Hace mucho tiempo, en una galaxia no tan lejana, George Lucas anunció la llegada de una saga de precuelas que serviría para explicar los orígenes de la trilogía de fantasía épica espacial más famosa de la historia del cine. La llegada de los Episodios I, II y III (1999, 2002 y 2005) solo trajo un alud de decepciones para los fans de toda la vida, sinsabores para el público nuevo y una amalgama de errores clamorosos que terminaron por empañar el legado de Star Wars hasta límites insospechados.

Cuando en 2013 Disney compró la licencia de las películas tomó varias decisiones drásticas, entre las que destacaron la supresión del universo expandido, algo valiente si se tiene en cuenta la veneración por muchas de aquellas historias complementarias. Por eso, cuando se anunció que entre cada nuevo episodio de la siguiente saga de secuelas habría espacio para historias menores como la que nos trae Rogue One, lo cierto es que muchos levantamos la ceja del escepticismo. Sin embargo, y tras varios tráilers y una creciente expectación, la película ya está aquí y, por fortuna, me complace decir que ha cumplido con creces no ya solo sus objetivos como historia secundaria del nuevo universo expandido, sino que ha logrado lo que las precuelas nunca consiguieron: sentar las bases de la trilogía original de una forma coherente, eficaz y llena de sorpresas y emociones.

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Hay que concederle todo el crédito aquí a los que creyeron en Gareth Edwards (Godzilla) como capitán de un proyecto que partía sin las bondades del Episodio VII, es decir, actores conocidos para papeles secundarios o cameos de los personajes clásicos y una trama donde existía capacidad de sorpresa: a fin de cuentas, aquí todos sabemos exactamente cómo termina el asunto de los planos de la Estrella de la Muerte, que es el motivo argumental que motiva toda la historia. La tarea no pintaba mucho mejor en otras facetas, porque John Williams no iba a componer la música, sino que se encargaría el ahora omnipresente Michael Giaccino; y del guión se iba a encargar nada menos que Gary Whitta sobre una historia original de John Knoll. (El tal Whitta, por si a alguien no le suena, es el responsable nada menos que de After Earth (2013)). Por si eso fuera poco, ha habido insistentes rumores de que la película fue rehecha en el tramo final de postproducción, con diversos retoques y escenas añadidas a cargo de Tony Gilroy. Por todo ello, que con semejantes mimbres el resultado final haya sido tan bueno es un motivo de alegría aún mayor.

Rogue One funciona porque sus personajes son excelentes, porque su historia atrapa desde el primer al último minuto, porque no concede un solo segundo de respiro y porque cada plano está milimétricamente calculado y lleno de detalles que enamorarán a cualquier fan de la saga. Es cierto que la película se resiente de semejante sprint narrativo en el tramo final, y que la banda sonora de Giaccino no está precisamente entre sus mejores trabajos (la sombra de Williams en este universo es demasiado alargada, me temo, y eso no había nadie que pudiera compensarlo). Sin embargo, el conjunto es tan satisfactorio que pocos reparos se le pueden poner a la cinta.

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Respecto a la historia, creo que se ha acertado plenamente con el tono, más maduro de lo que estamos acostumbrado, y que nos acerca más a El Imperio contraataca que al tono excesivamente infantil de El despertar de la fuerza. Felicity Jones tiene lo justo de candorosa e ingenua, y su Jyn Erso funciona fenomenal como hilo conductor de una trama donde hay espacio para aventura, acción y emoción a raudales. Diego Luna le da la réplica con una interpretación sobria y contenida, muy acorde con un personaje con muchos matices y realmente agradable en este universo tan de blancos y negros en cuanto a personalidad. Por otro lado, y al margen del excelente alivio cómico que representa K.2SO, uno de los grandes aciertos de la película, hay un grado de violencia al que no estamos acostumbrados, lo que se ve reforzado por algunos personajes con acciones en combate realmente espectaculares, como Chirrut (Donnie Yen) y Jiang Wen (Baze Malbus). Todos ellos conforman un grupo de rebeldes sin causa que viajan de un lado a otro de la galaxia con escenarios tan absolutamente arrolladores como Jedha o Scarif, planetas tan bien trazados como bienvenidos a un universo algo cansado ya de tanto planeta clónico y sin personalidad en películas anteriores.

Mads Mikkelsen y Forest Whitaker aparecen para darle solidez al reparto con dos jugosos papeles secundarios, que interpretan con su habitual oficio. Aunque para oficio el del villano de la función, un oficial imperial llamado Orson Krennic (fenomenal, Ben Mendelson) que no necesita poderes Sith para convertirse tranquilamente en uno de los imperiales más temibles que ha dado este universo hasta la fecha, y que deja en pañales al pobre Domhnam Gleeson del Episodio VII. Sus miradas y diálogos están cargados de intensidad, aunque la historia no le permite brillar tanto como debería, ya que anda siempre de un lado a otro según los vaivenes del guión. Aun así, otro de los grandes aciertos de la película.

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Siguiendo con el lado oscuro, más polémicas son las apariciones (ATENCIÓN, SPOILERS) de personajes que todos los fans reconocerán inmediatamente, como Moff Tarkin o Vader. Al primero se le ha reconstruido digitalmente el rostro sobre un doble de cuerpo, y aunque es cierto que la tecnología “canta” un poco, a mí me ha parecido un acierto y un logro técnico, teniendo en cuenta la dificultad del reto y la imposibilidad de traer al actor original de vuelta, ya que falleció hace años. Hay quien opinará que un doble como el que se empleó en el Episodio III habría bastado, pero sinceramente, dada la proximidad de esta cinta con el Episodio IV se me antoja complicado ver eso como una alternativa mejor a la empleada aquí. Algo parecido podría decirse del cameo final de cierto personaje de la realeza. A Vader, por su parte, se le podrá seguir disfrutando con la fenomenal voz de James Earl Jones en la versión original, pero en el doblaje al castellano casi me mata no escuchar a Constantino Romero (también fallecido, por desgracia). Sea como fuere, la presencia de Vader nos recuerda quién manda aquí, con una secuencia final que es, simplemente, la más salvaje y legendaria que he visto jamás protagonizar al personaje en película alguna de la saga. Casi se me saltan las lágrimas de la emoción.

Otro detalle sobre el que parece que casi nadie se ha tomado el tiempo de reflexionar es que esta película arregla, y de qué manera, el gran agujero de guión que permitía que la Estrella de la Muerte tuviera un fallo de diseño tan enorme. Francamente, y aunque sé que no es así porque esta historia es a posteriori de las originales, pero me parece un hallazgo tan, tan feliz, que ojalá se tome lo hecho aquí como modelo de cómo completar lagunas de la historia (y sí, estoy pensando en el reverso tenebroso de Galen Erso que son los midiclorianos).

Ya para terminar con el apartado de Spoilers, me gustaría señalar que otro de los enormes aciertos de la película es el desenlace que se da a cada uno de los personajes de la historia. Más allá del cariño que les hayamos podido coger, lo cierto es que estaba cantado que el grupo principal lo tenía más crudo que los siete magníficos, y me alegra sinceramente que se haya tenido el valor de tomar decisiones arriesgadas, duras y poco complacientes con un público que, sin duda, hubiera querido más aventuras de este carismático grupo en otras cintas. Tal y como estaba planteado, era algo impensable, incoherente y que hubiera dejado muchas lagunas, de modo que por más que me pese perder a todos estos nuevos compañeros de viaje tan pronto, me temo que no hay más que aplaudir la decisión del guión en este aspecto. Otra cosa, y aquí de nuevo vuelvo al tema del final abrupto, es que la trama se olvide de hacer su merecida mención a los héroes de Scarif por esa prisa por conectar enseguida con la trama de Una nueva esperanza. Ahí es, quizá, junto con la olvidable banda sonora, donde encuentro más problemas. (FIN DE LOS SPOILERS)

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Agradable es también, aunque algo chocante, no ver los famosos títulos de crédito marca de la saga, o esos letreros anunciando cada nuevo planeta (sobre todo al principio, cuando la trama se atropella un poco antes de arrancar). No obstante, aquí está claro que estamos en otra onda, a lo que también contribuye, y es de mucho agradecer, no ver festivales de sables láser. Esta historia no necesita a los jedis para nada, ni a los Skywalker ni nada parecido: es una película de guerrillas, de incursiones, de batallas climáticas de distracción y eso lo cumple a la perfección, dando una visión más compleja de la alianza rebelde, de las problemáticas de unos soldados que lindan peligrosamente con la condición de terroristas en ocasiones, y en ese sentido no podía ser más acertada en estos y otros muchos enfoques. Sí, los fans agradecemos ver a Yavin 4 y esas patillas y bigotes setenteros (qué gran trabajo de recuperación de aromas clásicos, francamente), pero por encima de todo agradecemos que este universo que olía tan a cerrado en El despertar de la fuerza aquí se amplíe con tan buen gusto y tanta moderación y sentido de la proporción.

Mención última, aunque no menos importante, para un apartado visual asombroso, que consigue emocionar con unos planos fabulosos de naves espaciales (qué acierto, ya que estamos, con las nuevas incorporaciones, que encajan perfectamente con las clásicas), de destrucción de planetas y que nos devuelve toda la magia de una Estrella de la Muerte que confirma, una vez más, que es el gran personaje secundario de una saga que la necesita más de lo que a los guionistas les gustaría reconocer.

Rogue One es, en definitiva, una excelente película de aventuras y, sobre todo, un canto de amor a Star Wars medido y lleno de detalles que van a entusiasmar a los fans más exigentes. No está carente de fallos (menores, a mi juicio), pero son tantos los aciertos y tantos los momentos para el recuerdo que seguro que querréis volver una y otra vez a revivir unas batallas épicas y las desventuras de unos personajes excelentes. De largo, la mejor película de la saga desde la trilogía original: así da gusto volver a viajar por las estrellas.

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Hace mucho tiempo, en una galaxia no tan lejana, George Lucas anunció la llegada de una saga de precuelas que serviría para explicar los orígenes de la trilogía de fantasía épica espacial más famosa de la historia del cine. La llegada de los Episodios I, II y III (1999, 2002 y 2005) solo trajo un alud de decepciones para los fans de toda la vida, sinsabores para el público nuevo y una amalgama de errores clamorosos que terminaron por empañar el legado de Star Wars hasta límites insospechados. Cuando en 2013 Disney compró la licencia de las películas tomó varias decisiones drásticas, entre las que destacaron la supresión del universo expandido, algo valiente si se tiene en cuenta la veneración por muchas de aquellas historias complementarias. Por eso, cuando se anunció que entre cada nuevo episodio de la siguiente saga de secuelas habría espacio para historias menores como la que nos trae Rogue One, lo cierto es que muchos levantamos la ceja del escepticismo. Sin embargo, y tras varios tráilers y una creciente expectación, la película ya está aquí y, por fortuna, me complace decir que ha cumplido con creces no ya solo sus objetivos como historia secundaria del nuevo universo expandido, sino que ha logrado lo que las precuelas nunca consiguieron: sentar las bases de la trilogía original de una forma coherente, eficaz y llena de sorpresas y emociones. Hay que concederle todo el crédito aquí a los que creyeron en Gareth Edwards (Godzilla) como capitán de un proyecto que partía sin las bondades del Episodio VII, es decir, actores conocidos para papeles secundarios o cameos de los personajes clásicos y una trama donde existía capacidad de sorpresa: a fin de cuentas, aquí todos sabemos exactamente cómo termina el asunto de los planos de la Estrella de la Muerte, que es el motivo argumental que motiva toda la historia. La tarea no pintaba mucho mejor en otras facetas, porque John Williams no iba a componer la música, sino que se encargaría el ahora omnipresente Michael Giaccino; y del guión se iba a encargar nada menos que Gary Whitta sobre una historia original de John Knoll. (El tal Whitta, por si a alguien no le suena, es el responsable nada menos que de After Earth (2013)). Por si eso fuera poco, ha habido insistentes rumores de que la película fue rehecha en el tramo final de postproducción, con diversos retoques y escenas añadidas a cargo de Tony Gilroy. Por todo ello, que con semejantes mimbres el resultado final haya sido tan bueno es un motivo de alegría aún mayor. Rogue One funciona porque sus personajes son excelentes, porque su historia atrapa desde el primer al último minuto, porque no concede un solo segundo de respiro y porque cada plano está milimétricamente calculado y lleno de detalles que enamorarán a cualquier fan de la saga. Es cierto que la película se resiente de semejante sprint narrativo en el tramo final, y que la banda sonora de Giaccino no está precisamente entre sus mejores trabajos (la sombra…
Efectos Visuales - 94%
Sonido - 96%
Argumento - 90%
Personajes - 87%
Diseño Artístico - 97%
Fotografía - 92%
Originalidad - 75%

90%

Rogue One cumple el viejo sueño de los fans de Star Wars de disfrutar de una precuela en condiciones: efectiva, directa, sencilla y con una cantidad sorprendente de momentos memorables. Quizá porque llegó sin hacer demasiado ruido y con la expectativa justa, esta cinta se ha ganado por derecho propio ser el estreno de la saga más importante desde la trilogía clásica, y eso es mucho decir.

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