Este fin de semana se ha celebrado en el Matadero de Madrid uno de los eventos más importantes de los videojuegos antiguos en España. Año a año, RetroMadrid va creciendo y abriendo sus puertas cada vez a un número mayor de aficionados que acuden allí con la sana intención de compartir su afición y, ya de paso, tener la oportunidad de probar consolas antiguas, juegos prohibitivos cuando eran más pequeños o, quién sabe, encontrar esa pieza de coleccionista que llevaban buscando desde hace años.

Acudimos a primera hora del sábado, justo cuando el recinto iba a abrir. El retraso de media hora, la lluvia y el día gris no impidieron que un gran número de gente se congregara allí, hasta el punto de que a primera hora de la tarde ya estaban las entradas agotadas para el sábado. Al margen de las exposiciones y tiendas de la nave 16, la cineteca ofreció una serie de conferencias realmente interesantes, algunas de ellas con Sonic o el dibujante español Azpiri como protagonistas de lujo.

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No obstante, la atención principal estaba centrada en la nave 16. Allí pudimos trasladarnos a las épocas de Amiga y del Armstrad CPC 464, una de nuestras primeras experiencias con videojuegos. Allí estaban auténticos dinosaurios en cassette, como Sir Fred, Don Quijote, Sindicate o Narcopolice, juegos a los que dedicamos horas enteras durante nuestra infancia. Resulta complejo expresar las emociones al ver aquellas pantallas de carga tan eternas, o aquellos gráficos pixelados que son la base de los modernos títulos de hoy en día. Todo un viaje por la nostalgia, sin lugar a dudas, coronada por la presentación de Obsequium, un libro que profundiza en todos los detalles de la producción de uno de los juegos más importantes del software español, La abadía del crimen.

Un segundo bloque de la nave estaba dedicada a desarrolladores españoles. Allí, además del ya célebre Maldita castilla, tuvimos ocasión de hablar con los responsables de Mirai-Labo, que venían a presentar su juego Phobos Children. Se trata de un título pensado para tabletas donde se combinan mecánicas táctiles, relacionadas con unas esferas de colores, que debemos recoger de acuerdo con un sistema de cartas que nos enfrenta a la máquina. El ambiente futurista del juego y el excelente diseño son algunas de las claves de un juego interesante y prometedor, cuyos autores presentaron con ilusión, humildad y muchas ganas de abrirse un merecido hueco en este complejo mercado.

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Evidentemente, aquí los protagonistas eran los juegos y sus respectivos sistemas. Tuvimos ocasión de probar una Neo Geo en todo su esplendor, con un glorioso Art of Fighing mostrando toda la potencia de una máquina que, desafortunadamente, siempre estuvo al alcance de los más pudientes, con aquellos cartuchos gigantescos y todo el sabor de las máquinas recreativas de los años 90. A su lado, desfilaban clásicos como la Atari Jaguar y aquellos extraños periféricos de Mega Drive, Mega CD y 32X, sin olvidarnos de Dreamcast, una de las grandes triunfadoras tanto en los stand de juegos abiertos como de juegos de segunda mano en tiendas.

Resulta muy curioso ver cómo joyas del calibre de Shenmue, Sonic Adventure o Virtua Fighter 3tb abundaban en estanterías donde también había hueco para Master System II (Sega tenía un apartado especial únicamente con estos juegos y otros de Dreamcast), cuando en su momento fueron mucho más ignorados de lo que seguramente merecían. Y nos dio mucha alegría, para qué negarlo, ver cómo Super Mario Kart era una de las estrellas de la feria, con la gente picándose por alcanzar esa moneda o ese ítem en todo un clásico por el que parece que no pasan los años. Tampoco envejece mal Sensible Soccer, aquella joya del fútbol de los primeros 90 en PC que seguía dando guerra con su peculiar sistema de control y plantillas actualizadas donde era posible ver jugar a los cracks de hoy en día. Clásicos como Street Fighter II o, muy especialmente, un stand especial dedicado a King of Fighters en sus muchas y distintas versiones demostró que por ciertos clásicos de la lucha tampoco hay modas que valgan.

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Respecto al mercado de segunda mano, encontramos auténticas joyas que muy pronto nos quitaron de las manos, como un Eternal Darkness o un Resident Evil Remake por menos de 20 euros. Una Game Boy Advanced SP con motivos decorativos de Zelda en color dorado tampoco duró demasiado, así como un Legend of Zelda: Minish Cap, con un perfecto acabado de caja e instrucciones, que seguramente pararía a las manos del mismo que se hizo con la consola original. Menos mal que pudimos llegar a tiempo para hacernos con una copia de Killer Instinct Gold para Nintendo 64, un clásico que en su momento no pudimos catar y al que veníamos siguiendo la pista desde hacía demasiado tiempo.

Por su parte, la cumpleañera Game Boy también tenía una buena colección de clásicos, así como NES, Playstation 1 y 2 o Super Nintendo, sin duda una de las más solicitadas de la feria. Pudimos hablar con uno de los jefes de tienda, que nos contó un pequeño secreto acerca de cómo lograban conservar las cajas de Super Nintendo en tan buena forma: hay una empresa que, a petición expresa de las tiendas, fabrica réplicas de las cajas originales. Eso hace que tener un A Link to the Past sin una sola imperfección sea una realidad que, sin duda, más de un coleccionista agradeció.

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El ambiente en la feria fue en todo momento agradable y distendido, algo a lo que contribuía la posibilidad de jugar en réplicas de máquinas arcade a títulos como Pac-Man, After Burner, Las Tortugas Ninja o Los Simpsons, que tantos ratos buenos nos han dado (y tantas monedas nos costaron en su momento, por cierto). Hubo quien se llevó a su casa arcades de tamaño medio e incluso completo, en precios que oscilaban entre los 500 y los 1000 euros, para poder seguir la partida tranquilamente y sin tanto ruido.

RetroMadrid demostró, en definitiva, que hay un mercado para este tipo de hardware y software. Los años 80 y 90 han dejado una huella indeleble en la memoria de muchos jugones que ayer iban de la mano de unos hijos que no terminaban bien de entender a santo de qué tanta prisa y tanta tensión por juegos que, a esos ojos suyos tan acostumbrados a la alta definición y al último grito en texturas y polígonos, todo esto de los píxeles les debe sonar al cretácico superior. ¡En fin, ellos se lo pierden!

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