Aunque ahora mismo se trata de un sistema consolidado, éxito absoluto de ventas y de acogida de crítica y público, lo cierto es que los comienzos de la Nintendo 3DS fueron bastante irregulares. Todo surgió a raíz de una línea de lanzamientos muy por debajo de lo que se espera de un nuevo hardware firmado por la todopoderosa Nintendo. Por poner solo dos ejemplos, Super Nintendo y Nintendo 64 salieron a la venta en España junto con dos de los mejores juegos de la historia, Street Fighter II y Super Mario 64, respectivamente: ahí es nada. 3DS salió con Pilotwings 3D, y tan anchos que se quedaron.

Aquellos primeros meses de vida fueron especialmente atroces para sus fans, que veían cómo mes tras mes llegaban cosas tan lamentables como Steel Diver o Dinosaurs 3D. Y sí, también fueron saliendo joyas como Street Fighter IV, Ocarina of Time 3D o Starfox 3D, pero no olvidemos que aquellos eran adaptaciones de juegos ya existentes, en algunos casos de casi 15 años de antigüedad, que no hacían sino confirmar la teoría de que Nintendo se había adelantado a su propio software, algo insólito en la industria.
Ni siquiera uno de los lanzamientos en principio más apetecibles, Resident Evil: The Mercenaries, logró quitarle a más de uno las lágrimas, sino más bien al contrario. Y es que a pesar de sus excelentes gráficos, aquello no era más que uno de los modos extras de Resident Evil 4, adaptado y remozado, pero poco más. Resultaba injustificable que por un extra que no duraba más de media hora le cobraran al personal la friolera de 45 euros.
Sin embargo, un año después de su lanzamiento, el catálogo de 3DS ha experimentado un cambio radical. Esto no solo se debe a la aparición de juegos como Super Mario 3D Land o Mario Kart 3D, dignos representantes de sus franquicias pero, en mi opinión, varios puntos por debajo de lo que me esperaba de ellos, sino por un juego que realmente sí ha supuesto un salto cualitativo que nadie, ni los más optimistas, se esperaban: me refiero, claro está, a Resident Evil: Revelations.
Dejemos dos aspectos claros desde el principio: estamos ante el mejor juego de la saga en muchos años, y el hecho de que sea un exclusivo y encima de una portátil hace aún más admirable su caso. Capcom ha elaborado una obra maestra y se ha atrevido, en el colmo de los colmos, a enmendarle la plana a la mismísima Nintendo creando un periférico, el Circle Pad, que añade un (muy necesario) segundo stick a una consola que, visto lo visto, también se adelantó incluso a su propio desarrollo.

El juego nos pone en la piel de dos parejas de protagonistas en dos localizaciones diferentes, que se van alternando en una historia lo suficientemente interesante como para no reparar demasiado en sus ya clásicos topicazos de serie B. En el fondo todo es una excusa para la exploración y “limpieza” de un gigantesco barco de lujo, el Queen Zenobia, que ha devuelto a muchos las sensaciones perdidas de la trilogía original en cuanto a atmósfera y sustos, sin olvidarse de los muchos logros obtenidos por las últimas entregas, como la magnífica cámara, el sistema de disparos o la evolución de las armas. Lejos del barco la acción cobra un mayor protagonismo y pierde bastantes enteros (ojo, no por el hecho de la acción en sí, sino por la simpleza del planteamiento de esa subtrama). No obstante, mantiene una notable intensidad y tiene momentos muy logrados, como el ataque de los lobos en la nieve.
Es ciertamente complicado explicar las sensaciones tan magníficas que desprende RE: Revelations en todo momento, salvo unas mínimas ralentizaciones cuando un ascensor nos traslada y obliga al procesador a calcular demasiados niveles a la vez. Una nimiedad que no empaña un conjunto de una fluidez soberbia, un sentido del ritmo apasionante y un apartado técnico sublime. Se nota que Capcom ha llevado la consola a un techo que parecía imposible de alcanzar, y son tantos y tan buenos los detalles gráficos y sonoros, es tal la solidez que presenta el conjunto, que este juego perfectamente podría haber salido para plataformas mayores con un dignísimo 6 a la espalda: la jugabilidad es soberbia, el acoplamiento del Circle Pad es una maravilla y el doblaje al castellano y la precisión del más mínimo movimiento terminan por redondear un juego que se ha convertido, sin mayores problemas, en el mejor del catálogo de 3DS y uno de los mejores de la última década.

Cuesta creer que este prodigio haya sido posible en una portátil (qué lejos aquellos tiempos de la Game Boy), no ya solo por su técnica, sino por su increíble duración, a la altura de los más grandes. Su modo historia está dividido en capítulos de una hora aproximada de duración, ideales para su formato, donde la dificultad aumenta al mismo ritmo que el interés. Hagamos aquí una mención especial para el escenario del barco, uno de los mejores, más complejos y fascinantes de cuantos he jugado en un videojuego desde el jurásico Alone in the Dark, y eso es decir mucho. Sus numerosos recovecos me han tenido horas deambulando en busca de más y más tesoros (y lo mejor de todo es que los tiene), recreados con una perfección gráfica a la que no estoy acostumbrado, sinceramente. Y por si fuera poco, al término del modo historia se nos plantea el modo misión, que nos permite jugar de nuevo en todas las fases del barco y la nieve con una nueva disposición de armas y enemigos, pero esta vez en modo cooperativo local o en red. Una maravilla.
Lo mejor sin duda de este juego es, no obstante, que consigue encontrar una fórmula equilibrada entre el survival horror que hizo famosa a la saga, y las dosis de acción que han caracterizado las últimas dos entregas de sobremesa. Las partes del barco cuentan con puzzles, llaves y objetos que debemos combinar, con escasa munición y momentos terroríficos, como cuando somos perseguidos por buena parte del barco por una monstruosa criatura femenina. Por su parte, las zonas dedicadas a lo que ocurre fuera del barco, especialmente en Terraria, cuentan con unas dosis mayores de acción y espectacularidad, y ahí son las armas de fuego las principales protagonistas, con mayor potencia y munición. Evidentemente, cada tipo de jugador preferirá unas sobre otras, pero en cualquier caso a nosotros nos ha parecido una decisión correcta que demuestra el interés de Capcom por satisfacer a los usuarios.
Sea como fuere, Resident Evil Revelations ha terminado siendo una de las sorpresas más agradables de los últimos tiempos, una joya técnica y notable a nivel de juego que cuenta, además, con un modo online a dos bandas que es un auténtico vicio, y que engancha lo suficiente como para coleccionar todos y cada uno de sus muchos secretos, alargando la vida del juego mucho más allá de su entretenida campaña principal. Todo un logro, y un merecido reconocimiento, para una compañía que últimamente parecía que no daba pie con bola. Así, sí, Capcom. Así, sí.