Cuando se anunció, por parte de Gearbox, la intención de lanzar una tercera entrega de su famosa y gamberra saga de disparos, una de las preguntas que me vino a la mente fue, literalmente, si aquello tenía algún sentido. ¿Qué tiene que decir a estas alturas de la generación una secuela de una saga que lleva tantos años en el olvido?

Es evidente que, en su momento, el primer Borderlands (2009), aportó algo más que una estética cell-shading y un humor descacharrante al género del FPS de mundo abierto: se inventó, en buena medida, el concepto de shooter looter que ahora estamos hartos de jugar por culpa de (o gracias a, según los jugadores), Destiny, Anthem y un largo etcétera.

Gearbox llama a este concepto RPS (Role-playing Shooter), pero en realidad esto de rol tiene menos de lo que parece. A ver si os suena de algo la idea, que repitieron con bastante descaro tanto en la segunda como en la precuela-secuela, ahora disponibles en PS4 gracias a los «juegos regalados» del Plus: se trata de que en partidas online de hasta cuatro jugadores para la campaña, se disponen grandes escenarios abiertos e interconectados con enemigos que se regeneran al abandonarlos, y que conforme avanzamos recolectamos piezas y equipo que nos permiten aumentar de nivel con puntos de experiencia, así como activar nuevas habilidades, conseguir armamento cada vez más potente, etc. El juego tiene la clásica estructura de misiones principales y secundarias, que de secundarias tienen bastante poco porque son las que nos permitirán alcanzar el nivel necesario para seguir avanzando el juego y que nos hacen volver una y otra (y otra) vez sobre los mismos escenarios. ¿Familiar, verdad?

Todos los títulos tienen una ambientación futurista que mezcla con bastante poco decoro la estética de Mad Max, el western y el steam punk, con personajes tan memorables como Jack el Guapo o Clap Trap y un doblaje genial en su versión original y bastante digno en español, todo hay que decirlo. El punto más interesante del juego es, sin duda, un guion plagado de diálogos memorables con cientos de referencias a la cultura popular que os van a hacer descacharraros, literalmente, a cada paso (como el dramático grito de What’s in the box? de Jack al ir a abrir una caja normal y corriente, en alusión a la escena final de Seven, por poner solo un ejemplo)

El problema que tengo con Borderlands, con la saga en general, es que aunque le reconozco su mérito (al menos el de la primera entrega), su potencial visionario de ver por dónde iban a ir los tiros de la industria en la década siguiente, más allá de su estética original y su innegable sentido del humor, como juegos de disparos me parecen muy flojos; las mecánicas o el gunplay deja muchísimo que desear, las misiones son realmente repetitivas, en especial las secundarias, y los escenarios están tan vacíos como faltos de originalidad. Imagino que la tercera entrega mejorará el apartado técnico de juegos de una generación anterior, no lo olvidemos, así como la interacción con el mundo o ciertos conceptos, pero sinceramente, yo creo que es una saga que debía haberse quedado en su tiempo.

Ojalá me equivoque, pero mucho me temo que Borderlands 3 no tiene ya mucho que decir a estas alturas; a nivel de conceptos no creo que vaya a reinventar la rueda; dudo mucho, por ser amable, que pueda superar las mecánicas de disparo de un Destiny y su secuela que rozan la perfección en este sentido, o los apartados técnicos de juegos de corte similar con un presupuesto muy superior. En cualquier caso, el 13 de septiembre saldremos de dudas.