Bioware acaba de anunciar que el final extendido que hicieron para Mass Effect 3, tras el aluvión de criticas recibidas, deja hoy de estar disponible para su descarga gratuita. Y aunque suponemos que todavía tardará en llegar, la noticia de que los servidores dedicados al multijugador van a caer es también cuestión de tiempo, toda vez que el siguiente capítulo de la saga ha entrado en una recta de desarrollo que ya permite jugarlo, en palabras de sus propios programadores. Previamente, juegos como Metal Gear Solid IV o en fechas más recientes Gran Turismo 5 han anunciado el cierre de sus servidores online ante la llegada de las nuevas versiones de sus franquicias.

Esto nos ha hecho recapacitar sobre un detalle que parece que poca gente está destacando en los medios y en los foros. La séptima generación todavía está muy vigente, con Playstation 3 y Xbox 360 alimentando el ocio de más de 150 millones de usuarios. Esto, que por un lado ralentiza las aspiraciones de Playstation 4 y Xbox One por afianzarse en el mercado y poder ofrecer títulos más atractivos, no deja de resultar una pequeña paradoja temporal. Sobre todo si, como nos tememos, de aquí a uno o dos años prácticamente todos los servidores ahora mismo en activo para los grandes juegos, tipo FIFA, Call of Duty o Battlefield se pasen lenta, pero progresivamente, a la octava generación.

Es ley de vida que así ocurra, de modo que buena parte de ese parque de usuarios tendrá dos opciones: o bien da el salto a la siguiente generación, donde podrá seguir jugando online a todo lo que quiera, o bien se queda en la séptima generación jugando a multijugadores locales o a campañas para un jugador contra la máquina. Esto, que en otras épocas era lo más normal y no suponía trauma alguno, en esta transición a la octava generación se ha vuelto un auténtico problema por una serie de razones derivadas del juego online y del juego por descarga digital, que poco a poco se van imponiendo como los cánones de la industria:

A) ¿Qué pasa con aquellos juegos que basan su mayor fuerza en el online? Con el fin de la generación se quedarán sin servidores, obsoletos. Salvo que uno tenga ganas de revivir días de gloria, están condenados a la estantería. Y aquellos que tenían campañas principales irrisorias, más todavía. Más problemas nos causa el tema de los DLC. ¿Qué ocurre si, en lugar de la edición GOTY de turno, nosotros compramos misiones o packs a través de tiendas que los terminan retirando del mercado? En teoría, si los tenemos instalados en el disco duro no habría problema, pero, ¿y si los borramos y queremos acceder de nuevo a ellos?

B) ¿Qué pasa, por otro lado, con todos los juegos de la tienda digital que hemos descargado? Aquí la respuesta varía en función de cada compañía. En el caso de Nintendo, los usuarios de Wii U tienen dos opciones: o bien entran en el modo emulado de Wii de sus sistemas y ahí juegan a todo su catálogo descargado de la Wii Store, o pagan un «módico» precio por jugar a los mismos juegos en su gamepad o con mejor resolución y tasa de frames en sus televisores. En el caso de Playstation, su sistema Plus ofrece bastante juego con el sistema de Cross Buy si también tenemos una PS Vita, pero básicamente le sucede lo mismo que a Xbox 360: el catálogo virtual se queda en sus respectivas consolas y no se puede jugar en la siguiente, por mucho que tengamos la misma cuenta en 7ª y 8ª generación. Como dijo uno de los directivos de Microsoft cuando le preguntaron por el tema de los juegos comprados a través de Xbox Live, «que cada cual conserve sus Xbox 360 por mucho tiempo».

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El asunto se va a ir agravando aún más conforme avance el tiempo y será crítico en la siguiente transición si nadie le pone remedio. Ya hay juegos considerados triple A como Titanfall que se basan únicamente en el modo online. ¿Qué va a ocurrir con experiencias de este tipo, por las que los usuarios han pagado 60 o 70 euros, cuando sus servidores respectivos cierren?

El problema que tienen los servicios online de las consolas, con catálogos virtuales incluidos, es una fecha de caducidad que impone un límite a nuestro acceso a dicho servicio. Nosotros nunca hemos sido muy partidarios de los juegos digitales, pero sabemos de sobra que hay gente que tiene docenas de juegos y que ha pagado mucho, mucho dinero por ellos. Es un sinsentido, especialmente en el universo digital en el que vivimos ya, que de aquí a unos años ya no podamos acceder a productos por los que hemos pagado tanto porque nuestra consola esté vieja, obsoleta o simplemente ya no funcione, algo que en la séptima generación ha sido el pan nuestro de cada día. En el peor de los casos, cuando nuestras viejas consolas se rompían o ya no nos interesaban, siempre podíamos venderlas de segunda mano. Esto ya se ha terminado.

En nuestra opinión, al menos las compañías deberían tener un sistema de cuentas personalizadas, como hace el PC, que nos permitiera jugar a los juegos independientemente del sistema que estemos empleando (siempre y cuando hablemos de la misma compañía, claro). El problema es que ello choca de manera frontal con la política de re-venta de juegos en alta definición (o, en el caso de la actual generación, de remasterizaciones a 1080), por lo que vemos poco probable que se ponga freno a esta tendencia.

En cuanto a los juegos online, son en sí mismos un arma de doble filo. Nosotros todavía seguimos jugando lo nuestro al multijugador de Mass Effect 3, que lleva ya dos años funcionando a pleno rendimiento, y calculamos que de aquí a un año o un poco más tendremos ya sustituto en sus servidores. No es que sea un problema en sí mismo (a fin de cuentas ese modo fue un más que bienvenido extra a una experiencia para un jugador plenamente satisfactoria), pero entendemos que haya gente que pueda sentirse bastante decepcionada con esto del contenido que desaparece y para el que, quizá, se deberían buscar mejores soluciones de cara al usuario.

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