Con dos años cumplidos en el mercado, las incógnitas sobre la consola portátil de Sony se acumulan junto a noticias funestas acerca de ventas, falta de apoyo de third parties y, en el colmo de los colmos, de títulos propios de la compañía madre. Para empezar, nadie sabe exactamente cuántas consolas lleva vendidas Sony aunque, de acuerdo con los cálculos de VG Chartz, se estiman entre 6 y 8 millones a finales de 2013. Las cifras de venta han sido dadas siempre con cuentagotas por parte de los portavoces de la compañía, siempre tan dispuesta a dar cifras exactas cuando se trata de sacar pecho, cosa que nos parece fenomenal, con los datos de venta de PS3 o PS4. Eso significa que que PS Vita ha vendido por cada año unos 4 millones de consolas, bastante menos de lo que factura 3DS en un periodo vacacional como Navidades, donde en 2012 vendió 8 (la portátil de Nintendo lleva hasta ahora entre 36 y 39 millones, aproximadamente y también según las diversas fuentes consultadas).

El fracaso en ventas de la consola está directamente relacionado con un catálogo que, si bien no es pobre, sí se considera insuficiente. Hay grandes juegos, como Uncharted: Golden Abyss, Persona 4 GoldenGravity Rush, Killzone Mercenaries o el reciente Tearaway, y para cualquier fan de la lucha o de los juegos indies, está claro que PS Vita es un auténtico paraíso. Sin embargo, si se compara este catálogo con el de 3DS, sencillamente no hay color. No hay más que echar un vistazo al año último que ha tenido 3DS, donde han brillado joyas de todos los géneros como Fire Emblem: Awakening, Luigi’s Mansion 2, Animal Crossing: New Leaf, Pokémon X & Y, The Legend of Zelda: A Link Between Worlds o Bravely Default para darse cuenta de que la portátil de Nintendo está siendo líder de ventas en todo el mundo por razones de peso, a las que suma los Mario 3D Land, Mario Kart 7, Zelda: Ocarina of Time, Resident Evil: Revelations y compañía de años anteriores.

No obstante, la intención de Sony con PS Vita es olvidar un pasado donde la consola se estancó en ventas y un presente donde sus juegos no terminan de brillar o tener la repercusión que deberían, como le ha pasado al injustamente ignorado Tearaway. Lo que no tenemos tan claro es la validez de su estrategia para reflotar una consola que no termina de salir de su coma inducido. Y es que, según fuentes de Game y FNAC, ya se han anunciado (y agotado) las ediciones de PS4 incluyendo una PS Vita, que costarán la friolera de 600 euros. La posibilidad de conectar la consola a Playstation 4, ya sea como mando de control adicional o como consola portátil con juego remoto, es la gran baza del futuro de PS Vita.

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¿Es esto un problema en sí mismo? No necesariamente. Imaginemos que cualquiera de nosotros va a pasar un fin de semana en casa de unos familiares, y que quiere darle caña al reciente Killzone Shadowfall. Si dejamos la PS4 en modo stand by con el juego insertado, y nos conectamos desde nuestra nueva ubicación a través de la cuenta compartida con PS Store, podemos hacer de las nuestras contra los Helgast con toda la potencia de la octava generación. Y esto, evidentemente, solo plantea ventajas. Supone la versión refinada del «tabletomando» de Wii U con una autonomía casi total, que únicamente depende de nuestra conexión a internet.

Sin embargo, a nosotros nos parece que PS Vita no fue creada con este rasgo como razón de ser, como función principal. Se supone que su objetivo era ganarse una cuota de mercado con grandes juegos exclusivos del sistema, y no tanto vivir de juegos independientes, juegos reciclados de PS One o remakes como Persona 4 Golden, por muy de agradecer que sea, que lo es. PS Vita lleva dos años desaparecida en los E3, donde Sony ya parece haber abandonado toda esperanza de reflotar su catálogo, y en los últimos Playstation Meeting se ha dedicado a anunciar más y más indies, pero sin referencia alguna a juegos triple A que, como el caso de Assassin’s Creed Liberation, parece que únicamente a través de su port hd para consolas de sobremesa podrá alcanzar algo de visibilidad.

Hay otros problemas añadidos, como el de los discos de memoria (a 40 euros la broma), que hacen aún más sangrante para el usuario disfrutar de esta consola, algo a lo que Sony desde luego no contribuye con el discutible diseño de una segunda versión, la PS Vita 2000, que tiene una pantalla peor que la primera versión (una LCD frente a la OLED original, más cara), por mucho que corrija algo la duración de la batería y venga de serie con una memoria interna. Seguramente todo esto quedaría en un segundo plano si hubiera un catálogo en condiciones, pero no es el caso.

Por todo ello, no podemos sino lamentar que una máquina con tantísimo potencial, tanto a nivel técnico como de posibilidades de juego, se quede en tan poca cosa: que PS Vita termine siendo, en el mejor de los casos, un mando más de Playstation 4 o una versión perfeccionada del sistema de juego remoto de Wii U es muy triste, porque significa el fracaso de una consola de videojuegos en aquello para lo que supuestamente fue creada en primer término: permitir al usuario jugar a un catálogo propio de títulos diseñados específicamente para ese sistema. No es el caso, y por mucho que el tsunami Playstation 4 le venga de perlas para cobrar algo más de notoriedad, este no es, desde luego, el camino que debería seguir ninguna portátil.