Mario-Link

Es evidente que Nintendo está pasando por momentos difíciles. La resaca del E3 ha dejado en el panorama el debate entre los nuevos sistemas de Sony y Microsoft, que los fans han recogido con la pasión que era de esperar, y sin embargo parece que nadie, ni entre el público ni entre la crítica especializada, parece caer en la cuenta de que existe también un tercer sistema de  nueva generación (en realidad primero, si tenemos en cuenta el orden de salida al mercado): Wii U.

Ya hemos dedicado varias entregas a profundizar en los problemas que hemos encontrado a lo largo de los primeros meses del nuevo hardware de Nintendo, entre los cuales están una potencia técnica notablemente inferior a lo que vamos a encontrar en PS4 o Xbox One, un sistema de juego asimétrico que no termina de despegar y un catálogo que ha dado bandazos muy notables, desde una primera orientación hardcore a una reorientación hacia lo de siempre, es decir, vivir de los juegos first party de Nintendo con la escasa ayuda de una o dos compañías third party, toda vez que el resto parece haberla abandonado a su suerte para centrar sus esfuerzos en los otros dos sistemas.

Una de las quejas más repetidas tanto en este blog como en buena parte de la comunidad fan de Nintendo ha sido la ausencia de un gran juego, al menos uno, que fuera capaz de ponerle los dientes largos a la competencia y convencer a los usuarios de que solo teniendo una Wii U podría jugarse a dicho juego. Esto no es un capricho nuestro, sino historia viva de la propia compañía acostumbrada a sacar de salida grandes clásicos acompañados de otras obras maestras al año escaso del lanzamiento. Si vamos por orden, tenemos que en 1985 asombró a todos con Super Mario Bros para la NES y 12 meses después ya teníamos las primeras entregas de The Legend of Zelda y Metroid, ni más ni menos; en 1991 SNES se llevó el gato al agua con Super Mario World  de salida, al que siguieron justo un año después A Link to the PastStreet Fighter II; en 1996 volvió a lograrlo con Nintendo 64 (y a superarse con creces) con Mario 64, al que en 1997 siguió Goldeneye 007; en 2001 Gamecube deslumbró con Rogue Leader y tuvo todo un Metroid Prime y un Zelda: Wind Waker solo un año después; en 2006 Wii se estrenó nada más y nada menos que con un Zelda: Twilight Princess que resultaba irresistible, al que en 6 meses siguió Metroid Prime 3 y, diciembre de aquel mismo año 2007, Super Mario Galaxy.

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El patrón, como puede observarse, es muy claro: se procura que al menos una de las tres franquicias emblema de la compañía esté presente de salida, con las otras preparándose para desembarcar en un plazo de tiempo no superior a un año desde que se puso a la venta el sistema. Con algunas excepciones de juegos third party de contrastada calidad, esto se ha venido repitiendo en los últimos treinta años sin grandes variaciones, con los resultados ya consabidos. Nintendo ha podido mantener siempre una posición, o bien dominante, o bien de directa competencia con los grandes en el mercado, con la única excepción de Gamecube, el mayor fracaso en la historia de Nintendo. Sin embargo, si analizamos el caso de Wii U, el resultado es muy diferente.

Para empezar, New Super Mario Bros U no puede compararse con los méritos de Mario 64 o Mario Galaxy. No estamos hablando de prejuicios contra las 2D, ni mucho menos: a nosotros nos encantan los juegos clásicos de Mario, pero siempre los hemos visto como una franquicia menor en las últimas generaciones, de apoyo a los grandes lanzamientos en 3D o de fondo de catálogo, y siempre y cuando la batuta en la innovación jugable la llevaran los juegos en 3D del fontanero. No nos engañemos, NSMU no es razón por la que nadie vaya a salir corriendo a la tienda para comprarse la consola, como no lo fue el NSM de Wii, porque no deja de ser una continuación en toda regla de una fórmula que lleva inventada la friolera de tres décadas. Todos teníamos puestas las esperanzas en que el E3 mostrase el nuevo rumbo de la franquicia y, sinceramente, encontrarnos con una continuación en toda regla de un juego de 3DS… no es lo que esperábamos, por decirlo de un modo suave. Nadie duda de que será un gran juego, pero no es lo que queríamos ver. Creemos que la mascota de Nintendo tiene que dar pasos hacia adelante, y ahora mismo lleva varios años en que no lo está haciendo, sino que vive de unas sustanciosas rentas (y Nintendo hace caja a las mil maravillas, que conste: NSM de Wii vendió más que Mario Galaxy 1 & 2 juntos; mucho más).

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En el caso de Zelda, el asunto es aún más espinoso, porque al menos Mario puede presumir de haber sacado dos juegos originales en los últimos años, por mucho que no sean lo que nosotros esperamos. Para Link y compañía su último hito fue Skyward Sword, un excelente juego de 2011 que al fin cumplió las promesas de Nintendo acerca del control de detección de movimiento y nos hizo sentir en plena batalla en la piel del elfo. Sin embargo, el ansia de los remakes y las reediciones de juegos clásicos parece haberse apoderado del equipo de Aonuma, seguramente porque aún falta mucho para poder ver algo real de ese proyecto de Zelda para Wii U del que tanto se ha hablado, pero del que nadie sabe nada a estas alturas. 3DS tuvo ya un remake, del magistral Ocarina of Time, pero parece que el siguiente paso de la saga en la portátil va a ser un paso atrás en toda regla: vuelta a las mecánicas, look y espíritu de A Link to the Past, del que nadie duda su calidad allá por 1991, pero que sinceramente no vemos como juego emblema de la consola en estas Navidades. Han pasado casi 22 años de aquello, y nosotros creemos en la evolución en los videojuegos, no en el continuo revivir del pasado.

Pero si en 3DS la situación en preocupante, en Wii U no mejora el asunto con el remake hd de Wind Waker. Especialmente si, como se ha confirmado ya de manera oficial, el juego, que saldrá en octubre de 2013, no incluirá ni una puñetera novedad más allá de un sistema de botellas para comunicarse con otros jugadores, y un botón de turbo para la barca. Punto y final. Nada de mazmorras extra, ni de contenido adicional, ni de nada de nada. Lavado de cara (y tampoco tanto: si miran las imágenes que se anunciaron en febrero y comparan con los últimos vídeos del E3, la vuelta a la estética original es más que acentuada, de manera que ahora mismo, más allá de la alta definición, resulta muy poco justificable un lanzamiento que parece destinado más a paliar el hambre de los fans que otra cosa). Wind Waker es un gran juego y su estética es estupenda, nadie lo duda, pero nosotros ya nos lo pasamos hace 11 años, y jugarlo otra vez no nos supone ningún incentivo, la verdad. De nuevo, y tal y como ocurre con Mario, no es lo que esperábamos.

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En lo que concierne a Metroid, la situación es aún peor que en los dos casos anteriores. Esta saga, que a la altura de 1994 era una de las más poderosas de Nintendo a pesar de su escaso número de entregas, tanto en NES, SNES y Gameboy, conoció una época de oscuridad que Retro Studios se encargó de abrillantar, y de qué manera, con el Metroid Prime y su secuela para Gamecube y  el genial Metroid Hunters, para Nintendo DS. Los dos primeros se reeditaron para Wii con el también fenomenal Metroid Prime 3: Corruption en la colección Metroid Prime Trilogy, que ningún fan de la saga debería perderse. A esto le siguió la publicación del interesante Metroid: Other M, que combinaba mecánicas en tercera y primera persona, y que por desgracia no tuvo la repercusión ni la acogida que quizá mereció.

Desde entonces, el silencio sobre Samus y sus desventuras galácticas tiene a sus fans en el más absoluto misterio. Mucho se especuló antes del E3 con que Retro Studios tuviera alguna sorpresa preparada, y las posibilidades del gamepad aplicadas a la franquicia hacían soñar a más de uno con un escáner, al fin, que no fuera un latazo. Sin embargo, Retro nos hizo la jugada maestra a todos al mostrar el inesperado Donkey Kong Tropical Freeze, del que nadie duda de su capacidad de diversión plataformera, pero que no creo que ningún ser humano prefiera a una nueva entrega de Metroid, sinceramente. Las excusas de los directivos de Retro diciendo que en realidad la franquicia del mono tenía aún mucho que decir pero que lo de Metroid ya si eso se lo pensarán de aquí a unos años, nos parece de vergüenza ajena o de juzgado de guardia, no sabríamos decir.

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En pocos meses Wii U cumplirá un año de vida, en el que ninguna de estas tres franquicias ha hecho acto de presencia (en el caso de Mario, no lo ha hecho como debería, entiéndase). Tampoco parece que haya ningún lanzamiento third party revolucionario en los próximos meses, como sí ocurrió en todas las épocas de Nintendo, y los que prometen algo se van muy lejos en el tiempo, casi un año y medio desde que escribimos estas líneas. Pero en cualquier caso la atención no debe girar en torno a Monolith Software o Platinum, que bastante hacen con lo que tienen, sino a una Nintendo que nos tiene más abandonados de lo que acostumbra, especialmente con sus sagas más emblemáticas, aquellas que con más ganas esperamos y que más decepciones nos están dando este primer y doloroso año de vida del sistema.

Y es que así están ahora mismo las tres franquicias: Una de ellas, desaparecida; otra de ellas, en estado de criogenia y la tercera, sobreexplotada con juegos menores que no hacen justicia a su mito. Cuando la gente se pregunta por qué motivo Wii U no termina de despegar, nosotros solo nos podemos hacer una pregunta: ¿Qué pasa con Mario, Link y Metroid? Misterio absoluto.