MONTE-CARLO, MONACO - APRIL 15: Rafael Nadal of Spain in action against Lucas Pouille of France during day four of the Monte Carlo Rolex Masters tennis at the Monte-Carlo Sporting Club on April 15, 2015 in Monte-Carlo, Monaco. (Photo by Julian Finney/Getty Images)

A diferencia de otros deportes, como el fútbol, el baloncesto o el fútbol americano, el tenis no se ha prodigado nunca demasiado en los videojuegos. Y eso que uno de los primeros juegos, de aquellos que forman parte del Olimpo de los clásicos imperecederos, no era otra cosa que un tenis en vista cenital: Pong.

A lo largo de los años 80 y 90, el tenis tuvo ilustres representantes en consolas como NES, Super NES o Mega Drive. Títulos como Tennis (1981), Super Tennis (1992) o diversas derivaciones con jugadores de referencia, como Pete Sampras, Andre Agassi y compañía (y por supuesto las de Mario, que tanto en la fallida Virtual Boy como a partir de Nintendo 64 siempre tuvo su sub-saga correspondiente), establecieron un canon que permitía cooperativo local sin necesidad de grandes virguerías técnicas: a fin de cuentas, el campo era el mismo para los dos jugadores, de modo que no era necesario partir la pantalla.

(Créditos de vídeo: Nicpark)

Una de las revoluciones más sonadas en este género fue la aparición de la máquina recreativa de Sega Virtua Tennis (1999), que comenzó a llegar a consolas domésticas gracias a la potencia de Dreamcast con las conversiones perfectas de las dos primeras entregas.

Estos juegos apostaban por una jugabilidad muy directa y la recreación soberbia de jugadores reales. La saga fue evolucionando de manera espectacular, apareciendo en todas las plataformas importantes del momento en sus siguientes secuelas, lanzadas en 2002 (que incluía jugadoras femeninas por primera vez), 2007 (con 20 jugadores reales y la inclusión de un modo World Tour, con minijuegos y una especie de campaña individual de lo más adictiva), 2009 (25 jugadores y nuevos modos) y 2011 (la cuarta entrega, la más completa de todas hasta la fecha).

Virtua Tennis competía de tú a tú con otra franquicia, Top Spin, de 2K, que apostaba más por una simulación más realista. La saga tuvo cuatro entregas, publicadas en 2003, 2006, 2008 y 2011, y se caracterizó por una meticulosidad extrema en la presentación del deporte, sus reglas y detalles, la recreación de jugadores y superficies (contando con muchos escenarios reales). No hay que olvidar tampoco a Grand Slam Tennis, que tuvo dos entregas bastante meritorias.

(Créditos de vídeo: MrBrabusRocket)

La rivalidad de estos títulos se detuvo en 2011 y desde entonces hemos tenido muy malas noticias, no solo por la ausencia de estos dos grandes referentes, sino porque lo que sí nos ha llegado, como la última entrega de Mario Tennis para Wii U (Ultra Smash), era un completo desastre.

La pregunta es clara: ¿Qué ha pasado con los juegos de tenis? Las últimas entregas recibidas de Virtua Tennis y Top Spin eran soberbias desde el punto de vista técnico, admitían compatibilidad con televisores en 3D y sensores de control por movimiento tanto en Wii como en PS3 y Xbox 360, las consolas de entonces.

Quizá las bajas ventas o la pujanza de otros deportes podrían explicar la decisión tanto de Sega como de 2K, de frenar el desarrollo de nuevas secuelas. No obstante, hay que tener en cuenta que estos juegos nunca fueron súper ventas, y por otro lado los simuladores del resto de deportes siempre fueron más populares. Es posible que se mostraran síntomas de agotamiento en ambos casos, lo que desanimara a sus desarrolladores y a otros a continuar engrosando la lista.

En mi opinión, tanto las ventas como la alta competencia en el género deportivo influyen, pero más determinante aún es el coste de desarrollo de estos títulos en relación con el dinero que se recupera. La tecnología evoluciona demasiado deprisa, los costes de desarrollo son cada vez más alto y la exigencia de modos online y de mantenimiento de servidores sería algo que añadir a una plantilla renovada de tenistas, movimientos, circuitos y mil detalles más. Todos los factores, incluyendo la baja demanda, terminan por explicar la ausencia, desde hace ya más de un lustro, de juegos de simulación o de arcades significativamente importantes.

Es una lástima, desde luego, para todos aquellos que somos fans de este deporte, pero mucho me temo que lo más cercano a esto que vamos a tener de aquí a un tiempo es el célebre minijuego de GTA V. Menos da una piedra.

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