Hubo un tiempo en que la marca Pro Evolution Soccer era sinónimo de fútbol de calidad, de la franquicia predominante en un género adorado por los usuarios de consolas. A principios de la década pasada, FIFA era únicamente una sombra de lo que fue, ansiando el momento para revivir de sus cenizas. Y vaya si lo hizo. En los últimos seis o siete años el dominio de Electronic Arts ha sido tan apabullante como merecido, en buena medida por los esfuerzos de crear un nuevo motor gráfico y una serie de mecánicas y de opciones de juego, tanto offline como online, que le permitieran estar a la altura de la séptima generación.

Por su parte, Konami se empeñó contra viento y marea en mantener el motor gráfico de la sexta generación con ciertos trucos para maquillarlo, y unas mecánicas de juego que, evidentemente, se han ido quedando más y más desfasadas hasta alcanzar un aire algo jurásico en sus últimas ediciones. No nos parece casual que los juegos de esta saga hayan salido en los últimos años a precio reducido: más que una estrategia de marketing nos ha parecido siempre el reconocimiento, simbólico y económico, de que se trataba de una saga venida a menos, muy inferior respecto a su rival.

Este preámbulo debería haber sido muy diferente en esta entrega, anunciada a bombo y platillo por Konami como la resurrección de su franquicia futbolera, en parte por el nuevo motor Fox Engine, sobre el que están trabajando para sus próximos lanzamientos de Next Gen, y en parte por el empeño en conseguir una física de balón muy superior a la de la competencia. Esto se ha conseguido a medias, ya que en lo referente al balón sí se pueden apreciar mejoras notables, pero no tanto respecto de FIFA como de las lamentables ediciones de PES desde 2006 en adelante. En cuanto al motor Fox, puede ser que en Xbox One y PS4 dé unos resultados tan alucinantes como todo lo que está mostrando hasta ahora Metal Gear Solid V: en lo que tiene que ver con el fútbol, desde luego, no nos ha parecido nada del otro mundo, y no terminamos de ver la mejora sustancial respecto a lo ya visto.

El otro caballo de batalla, perdido casi de antemano con FIFA, tiene que ver con las temidas licencias. Nosotros fuimos muy fans en su momento de Pro Evolution Soccer 2 y siguientes, y nos ha dolido comprobar que vuelven los jugadores de nombres lamentablemente «tuneados» para recordar al original, o que se hayan perdido licencias como la liga española en cuanto a equipos, nombres y estadios, salvo algunos principales como Madrid o Barcelona. Jugar un clásico en el Konami Stadium, por muy bien que esté, no es lo mismo. A cambio, el juego ofrece la primera división argentina, chilena y la copa y la recopa sudamericana, que evidentemente son muy bien recibidas. A eso se unen las ya conocidas licencias de la Champions League, la Europa League o la Libertadores, que sin embargo no logran compensar las carencias ya mencionadas o, especialmente, la comparación con el gigante FIFA, que en su última versión cuenta con la licencia de más de 27 países, entre los que también están Brasil, Argentina o Chile, con cientos de equipos y jugadores reales.

 

En cuanto al juego en sí, Pro Evolution Soccer 2014 intenta una vuelta de tuerca con el modo Liga Máster, su gran baza, donde podemos escoger un equipo y llevarlo a los altares como mánager, entrenador y jugador, o bien escogiendo un enfoque de director técnico y controlando fichajes y presupuesto. Evidentemente esto no puede igualar las bondades de un Football Manager, pero es un buen intento que, además, permite por primera vez la opción de cambiar de equipo e incluso de ser seleccionador nacional, todo un detalle. El completo editor nos permitirá, por decirlo de un modo suave, compensar las muchas ausencias con un interfaz sencillo, aunque menos completo de lo que nos hubiera gustado a la hora de reflejar las caras de los jugadores.

Las mecánicas en los partidos son, por desgracia, el punto más flojo del juego. No entendemos muy bien por qué no hay versiones para Xbox One y PS4 de este juego, que hubieran evitado al menos unos tiempos de carga sencillamente intolerables. Hay que esperar hasta dos tiempos de carga antes de jugar el partido, uno para el estadio y otro para los jugadores; hay que esperar en algunos saques de esquina, puerta o banda, sin saber muy bien por qué; hay que esperar en los muchos y muy frecuentes tirones del juego, especialmente en unas repeticiones insufribles que terminan por matar la emoción de cualquier partido. A esto se suma que el juego está lastrado por animaciones bruscas y fuera de lugar en situaciones clave, choques surrealistas de jugadores entre sí, lentitud extrema para acciones de lo más simple… Después de haber probado la demo de FIFA 14 para Playstation 4, os prometemos que jugar a PES 2014 es como retroceder décadas en el género del fútbol.

A esto se unen unos comentarios desastrosos de Carlos Martínez y Julio Maldonado, «Maldini», donde repiten una y otra vez las mismas frases en jugadas seguidas, se equivocan al hablar de penaltis cuando ha habido saques de banda… Nada que ver, con perdón, con el trabajado aspecto que hace EA con su FIFA, donde uno cada vez se siente más dentro de un partido. Detalles como estos, o los de un público que debería animar mejor en lugar de repetir en bucle los mismos cánticos una y otra vez, algo que da verdadera risa, son precisamente los que ayudan a que uno se sienta dentro de un partido de fútbol, pero que aquí no se han cuidado como deberían.

Todo esto hace que, por desgracia, no nos resulte el juego que estábamos esperando, y mucho menos el que Konami había prometido. Va a hacer falta más que buenas intenciones para que esta próxima entrega vuelva por sus fueros, aunque al menos tiene el honor de haber sido el último juego licenciado para despedir a Playstation 2, la consola en la que conoció su gloria. Algo es algo. Hay quien ha afirmado que Pro Evolution Soccer 2014 es un primer paso esperanzador de cara a la octava generación pero, francamente, nosotros no lo tenemos tan claro. Aquí falta mucho trabajo por delante.