Como grandes fans de la saga Zelda, el devenir de la franquicia nos está trayendo últimamente más dudas y sinsabores que las tradicionales alegrías que nos ha venido proporcionando desde hace décadas. Si en otros tiempos, los lanzamientos de cada época eran sinónimo de revolución, de ideas frescas y nuevos mundos y mazmorras que explorar, de un tiempo a esta parte La leyenda de Zelda parece estar tomándose unas vacaciones de las buenas en muchos sentidos.

El último gran lanzamiento de la saga ha sido Skyward Sword, que en noviembre cumplirá dos años en el mercado. Lo normal dentro de los cánones habituales sería que hasta dentro de dos o tres años no se volviera a saber nada en consolas de sobremesa. Sin embargo, la desastrosa marcha de Wii U y el anuncio por parte de los mandamases de Nintendo de que habían dado orden expresa al equipo de Aonuma para acelerar los tiempos de desarrollo en el siguiente Zelda, nos hacen pensar que muy probablemente en Navidades de 2014 haya nuevo juego a la vista.

Quizá porque Nintendo es consciente de la importancia de esta saga, que tanta influencia en la industria e importancia en ventas ha tenido siempre, percibimos que hay una clara intención de mantener el espíritu de la saga vivo en la mente de los jugadores. Recordemos que en junio de 2011 se lanzó la magnífica conversión de Ocarina of Time para 3DS, un año después se promocionó Wii U con un impresionante video técnico con un Link combatiendo a una temible araña en perfecto HD y que este año, por las mismas fechas, se pusieron a la venta en la eshop de 3DS los Oracle of Seasons & Ages. 2013 se va a cerrar con la reedición, ya inminente, de Wind Waker HD para Wii U y, ya en Navidades, de A Link between Worlds para 3DS, en una extraña mezcla entre remake y juego nuevo de A Link to the Past, el clásico de SNES.

Como fans de la saga, esta presencia debería alegrarnos, y desde luego no nos molesta, qué duda cabe. Ahora bien, nosotros tenemos bien presente un tiempo en que los lanzamientos de la franquicia no se dedicaban a vivir de rentas, sino que ofrecían nuevos retos a cada paso, atreviéndose a cambiar radicalmente diseño y mecánicas con cada nueva entrega. Desde hace años, tenemos la impresión de que todo está más bien condicionado a mantener viva la llama de la nostalgia, con decisiones algo extrañas. Por ejemplo, no vemos mucho sentido que dos Zeldas de estética y mecánicas tan distintas como los dos de 3DS convivan en un mismo sistema. Puede que Spirit Tracks (DS, 2009) no sea santo de la devoción de crítica y fans, pero por lo menos era totalmente coherente con lo visto en Phantom Hourglass (DS, 2007) una secuela consistente a su vez de Wind Waker (GC, 2002). E insistimos que el problema con la nueva iteración de 3DS no es el juego en sí, o que hubiéramos preferido un remake de Majora’s Mask (mil veces más coherente con estilo y mecánicas de Ocarina of Time, por cierto), sino que nosotros queremos algo que no sea ni un remake ni un refrito: queremos un juego de Zelda para 3DS, nuevo, diferente, distinto, renovador.

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Algo similar nos ocurre con Wind Waker. Es un juego fenomenal y nos encanta la idea de que las nuevas generaciones conozcan un juego tan delicioso en todos los sentidos, especialmente de diseño. Estamos encantados con la nueva vela que dobla la velocidad del barco, con el rediseño de la búsqueda de la trifuerza, ahora menos pesado, y sobre todo con el lavado de cara visual tan soberbio que se ha hecho. Pero es que esto no es lo que nos imaginábamos al pensar en un Zelda para Wii U, como no lo ha sido Mario Bros Wii U o Mario 3D World, en su equivalente en la saga del fontanero. Queremos un Zelda en hd como el que vimos en el E3 de 2012, una evolución lógica de Skyward Sword y no una vuelta a lo que ya hemos jugado mil y una veces. Y que nadie se engañe con las excusas del señor Aonuma: este juego lo sacan para tratar de salvar unos muebles que están en serio peligro de extinción.

Al margen de eso, y ya entrando en detalles más concretos, tampoco entendemos muy bien cómo se ha manejado la edición de WW. En primer lugar, la edición especial de la consola incluye el juego, sí, pero en formato digital. Llamadnos carcas, pero a nosotros nos gusta tener el juego en formato físico, especialmente si estamos hablando de un clásico y de una edición de coleccionista. Pero incluso si optamos por hacernos con el juego físico, la edición especial viene con una figura de Ganon que, sinceramente, hubiéramos intercambiado gustosos por una de Link montado en su barco, por ejemplo. Pero el problema no es la figura, que a fin de cuentas es cuestión de gustos más personales: es que el juego viene únicamente con una carátula reversible, y punto. Nada de banda sonora, ni de libro de arte, ni de documentales o de making off sobre la realización del juego, algo que sí hubiera hecho apetecible su compra para alguien que, como nosotros, conoce el juego literalmente de memoria. Creemos que otra estrategia más completa y atenta con el fan hubiera hecho la compra obligada, como lo es en realidad para todo aquel que no lo ha jugado.

Otro tema directamente vinculado con esto es el precio. No nos parece normal que se cobre por este juego 59,95 tanto en formato físico como digital, en su versión standard. Lo habitual para las reediciones hd, y Resident Evil Revelations ya lo ha hecho así en la propia Wii U, es que salgan a precio reducido, en torno a 35/40 euros. Ese precio nos parecería mucho más razonable, máxime teniendo en cuenta la ausencia real de nuevo contenido, que para nada justifica que se nos cobre al mismo precio que hace la friolera de diez años. Sencillamente no encontramos explicación más allá de las ganas de hacer caja.

En resumidas cuentas, las sensaciones que tenemos sobre la saga Zelda a día de hoy son encontradas. Nos alegra, por un lado, el ritmo de lanzamientos y el modo en que la saga está siempre presente, pero nos preocupa que se esté saturando el legado con tanto refrito y tanto Greatest Hits vacacional, sobre todo cuando la atención real debería estar en el siguiente gran paso de una saga sobre el que todavía no se sabe absolutamente nada. Y sinceramente, echamos de menos aquellos tiempos en que cada paso de la saga Zelda se identificaba con un sistema: la vista isométrica detallada de A Link to the Past para SNES, los polígonos iniciáticos de Ocarina y Majora’s para N64, el cell shading para Gamecube y el enfoque más realista de Twilight Princess e impresionista, y a pesar de todo coherente, de SS en Wii. Porque ahora todas esas voces que en su día clamaron contra el estilo cabezón y desenfadado de Wind Waker están calladitas, sí, pero ya verán si Nintendo anuncia que su siguiente gran entrega va también de dibujos animados. La que se puede montar.