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El reciente anuncio del lanzamiento de Batman Arkham Origins nos ha llevado en el rincón del píxel a un cierto consenso acerca de la conveniencia de ciertas estrategias que siguen las compañías para tratar de evitar la ya innegable falta de ideas del mercado de los videojuegos. Estamos convencidos de que la precuela de Arkham Asylum y Arkham City será un buen juego -aunque no lo hacen sus desarrolladores originales, ojo-, y que se está poniendo mucho empeño en hacer de las «nuevas» aventuras de Batman un juego a la altura de la saga original. En cualquier caso, en la redacción coincidimos todos en que esta decisión se debe a varios motivos, entre los cuales no aparece por ningún lado la necesidad de conocer cómo Batman llegó a ser quien era. Y esta es una sensación que arrastramos desde hace tiempo con casos similares a este, y que vinculamos directamente con el fin de ciclo de la presente generación de consolas.

Hay miedo ante lo que puede ocurrir en el futuro. Mucho miedo. Es un miedo que se traduce en pérdidas económicas, y aquí nadie quiere tal cosa. Por eso, y porque esta séptima generación se ha alargado tranquilamente uno o dos años más de lo debido, muchas compañías sienten la necesidad de dar a sus usuarios juegos de calidad contrastada sin correr riesgo alguno, aunque para ello se corra el riesgo de abusar de determinadas sagas. El problema con hacer secuelas directas es que el público y la crítica van a exigir una progresión. Si Halo 3 fue muy bueno, se esperaba de la cuarta parte que fuera aún mejor. Y es un buen juego, qué duda cabe, pero no es el megatón que todo el mundo esperaba de verdad. La serie Gears of War o God of War han funcionado muy bien también en Xbox 360 y PS3, pero después de la tibia acogida de la tercera parte, ¿tenían valor Microsoft y Sony para arriesgarse a sacar una secuela con un 4 en cada uno? Ni mucho menos. Franquicias como Assassin’s Creed se la están jugando, y mucho, con barrabasadas como ese Black Flag, que ha incurrido en la temeridad de añadir el 4 a semejante subtítulo, y habrá que ver lo que ocurre.

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Gears of War Judgement está ambientado en un tiempo anterior al primer juego de la saga. Esto da cierta libertad a los desarrolladores en algunos sentidos, especialmente en el nivel de exigencia de un usuario que puede que se conforme con más de lo mismo, y que no le pida al juego que traspase límites que ni el hardware de la consola permite ya, ni a nivel de guión una saga tan explotada puede ofrecer a esas alturas. Y GOWJ es un juego correcto, de eso no hay duda, pero está tan constreñido por el argumento posterior que obviamente no puede sacar ni monstruos nuevos ni ofrecer nada nuevo al conocedor de la saga. Habrá quien se conforme, pero nosotros creemos que no es suficiente. Igual sucede con la nueva iteración de Kratos, de quien se cuenta en Ascension una totalmente intrascendente historia de su época previa a su lucha con los dioses, lo cual suena a historia menor se mire por donde se mire. El juego es técnicamente impresionante, como era de esperar, pero ni a nivel narrativo ni a nivel jugable ofrece una sola novedad. Es más, debido precisamente a que todo esto sucede antes de que Kratos adquiera los fenomenales poderes de las siguientes entregas, el personaje aparece mucho más limitado en todos los sentidos, y eso es inadmisible para alguien que ha jugado a la segunda o tercera parte, por ejemplo. Y de nuevo, ni el correcto acabado ni el curioso multijugador son suficientes para justificar una compra de 60 o 70 euros. Ni muchísimo menos.

¿Cuál es el problema? Que las desarrolladoras tienen miedo de jugársela con una secuela directa, porque saben que ahí no se van a perdonar los continuismos de ninguna clase (anda que no les llovieron ya palos, respectivamente, con las terceras entregas de ambas franquicias). Y a Batman Arkham le ocurre exactamente lo mismo. Después de la gloriosa segunda parte nadie se va a conformar con más de lo mismo, y en Rocksteady lo saben de sobra. Así que, dado que ni Ps3 ni Xbox 360 les van a permitir desarrollar conceptos y mecánicas realmente renovadoras, así como un nuevo motor gráfico que deslumbre como lo hicieron hace ya años sus anteriores juegos, tiran por la calle del medio y lo apuestan todo sobre seguro.

Evidentemente, desde el punto de vista económico esto tendrá sus beneficios. A las dos precuelas precedentes no les ha ido mal en ventas (aunque ni mucho menos como a los juegos «canónicos», por otro lado), así que Batman ha decidido sumarse a ese carro, y anuncia versiones para Ps3, Xbox 360, Pc y Wii U. Sinceramente, ¿esto nos lleva a un callejón sin salida del que solo nos puede salvar ya la siguiente generación? No. Ahí están propuestas tan prometedoras como The Last of Us, Beyond Two Souls o el sensacional y consolidado Ni No Kuni para demostrarnos que se pueden abrir vías de juego y mecánicas nuevas con originalidad y propiedades intelectuales de nuevo cuño. Que ya está bien de tanto repetirse, hombre.

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