Finalmente, y tras tres meses de retraso respecto de su lanzamiento en Europa y América, Playstation 4 se ha puesto a la venta en su tierra natal. El recibimiento ha sido entusiasta, acrecentando la sensación de que la consola es la que más fuerte y con mayor contundencia ha arrancado su andadura en la octava generación, como lo demuestran sus 5.3 millones de consolas vendidas a día de hoy, según fuentes de la propia Sony.

La llegada de Playstation 4 a Japón ha sido objeto de muy variadas controversias, la primera de las cuales está directamente relacionada con la frustración de un público nipón que no entiende a santo de qué la espera respecto de los mercados occidentales. La respuesta no es única y, lógicamente, no es posible desmenuzarla a conciencia en una entrada tan breve. A nuestro juicio, existen tres factores principales que explican este hecho. En primer lugar, hay un problema logístico, de producción, almacenamiento, distribución y venta de consolas. La Playstation 4 se vende en más de 40 países de todo el mundo desde mediados de noviembre de 2013, lo que supone que hay que abastecer dichos mercados de manera suficiente. En muchos de ellos, como sucedió en España, la consola se agotó a las pocas horas, y hubo que esperar casi tres semanas hasta la siguiente remesa. Imaginad ahora lo que habría ocurrido si, además de los mercados iniciales, Sony hubiera tenido que atender el que quizá sea uno de los más importantes por volumen de negocio.

El segundo factor tiene que ver con la lógica propia de los mercados. Sony perdió la batalla de la séptima generación en Estados Unidos. Era esencial que no perdiera terreno respecto a Xbox One desde el primer minuto, como ya sucedió entonces con casi un año de separación entre 360 y Playstation 3. Europa fue también otro terreno complicado, donde la situación fue muy igualada únicamente cuando comenzaron a llegar exclusivos de relumbrón y cambiaron ciertas estrategias del servicio online, donde Microsoft superaba claramente al resto de su competencia. Japón, por el contrario, es terreno de Sony en cuanto a la liga particular que juega con Microsoft. La compañía americana ha fracasado de manera estrepitosa en la tierra del sol naciente, donde su nueva consola aún no tiene fecha confirmada de salida, por lo que no preocupaba tanto como los anteriores. De ahí las prisas por salir en noviembre en occidente, y la relativa tranquilidad para hacerlo en su propio hogar.

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El tercer argumento han sido, cómo no, los juegos. Desde Sony se apuntaba la teoría de que los juegos de salida de la consola no eran del todo adecuados para el público japonés, algo que sería más creíble si la línea de lanzamientos de este pasado fin de semana no fuera un calco, en la práctica, del de entonces. Títulos como Killzone Shadow Fall, Assassin’s Creed IV, Fifa 14 o Knack ya estaban en su momento tanto en Europa como Estados Unidos, aunque lógicamente la ventana de lanzamiento mejora, y mucho, con los inminentes Infamous Second Son, Thief, Driveclub, Metal Gear Solid: Ground Zeroes, etc. que llegarán en marzo.

Lo que resulta innegable es que, a la espera del impacto de la consola en Japón, esta estrategia de lanzamientos progresivos o escalonados le ha ido a Sony de maravilla. No solo ha superado las previsiones de venta de 5 millones de consolas que tenía para finales de marzo con un mes de antelación, sino que está en condiciones de mejorar aún más dicho registro con un catálogo que, sinceramente, está por debajo de lo que habíamos imaginado en un principio. Está claro que el público está apostando fuerte por la octava generación, ya que también Xbox One está funcionando bien en casi todos los mercados, pero de momento Playstation 4 tiene una ligera ventaja inicial y su reciente salida en Japón invita, por todo lo que implica de producto nacional y con una legión de fieles seguidores desde hace varias generaciones, a un más que moderado optimismo.

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