En lugar de escoger cinco títulos o sucesos relevantes que han destacado precisamente por no estar a la altura de las expectativas en este 2018, y hay unos cuantos donde elegir (Sea of Thieves, Ni no Kuni 2, Fallout 76, la renuncia de Sony a acudir al próximo E3, Shadow of the Tomb Raider, The Quiet Man…), he pensado que lo mejor era centrarse en el que, con diferencia, se ha llevado la corona en esto de dejar helado al personal tras levantar unas razonables expectativas. Me refiero, cómo no, a Playstation Classic.

Anunciada a mediados de año como la heredera en el bando de Sony de las versiones mini de las consolas de Nintendo, las exitosas revisiones en miniatura de la NES y la Super NES que la compañía japonesa lanzó en 2016 y 2017 en formato cerrado y con una selección de juegos clásicos, la Playstation Classic pronto se convirtió en trending topic y comenzó la fiebre por conocer cuáles serían los juegos que acompañarían a los cinco títulos anunciados de inicio: Final Fantasy VII, Tekken 3, Wild Arms, Jumping Flash y Ridge Racer Type 4.

En teoría, Playstation Classic lo tenía todo para triunfar: la generación que conoció los videojuegos gracias a la primera PSX ronda ahora los treinta años, una edad excelente para tirar de nostalgia de la buena (y de su cartera). El catálogo de PSX cuenta, además, con tal cantidad de obras maestras que casi resultaba una tarea imposible elegir 20 títulos de entre los prácticamente 100 indiscutibles del sistema. Y sin embargo…

Sin embargo, conforme se fueron conociendo más datos, llegaron las primeras decepciones (y cancelaciones en Amazon). PS Classic llegaría con los mandos originales (sin dual Shock), con todos sus títulos en perfecto inglés, sin opciones de visionado ni de filtros, con unos menús espantosos y simplones, sin extras de ninguna clase y condición acerca de los juegos. Y en cuanto a estos, qué decir: la selección no dejó satisfecho absolutamente a nadie.

De todos los anunciados, únicamente títulos como Metal Gear Solid, Resident Evil DX, Oddworld o Rayman mantenían el tipo. El resto era una sarta de mediocridades y títulos que nadie entendía qué pintaban allí, títulos injugables y claramente menores, como Syphon Filter, Rainbow Six, Intelligent Qube o Grand Theft Auto. ¿Dónde estaban los Gran Turismo, Tomb Raider, Resident Evil 2, Crash Bandicoot, Spyro o Vagrant Story? ¿Qué había sido de Castlevania Symphony of the Night, Silent Hill, Tony Hawk’s Pro Skater, Streeth Fighter Alpha 3, Wipeout 2097 y un larguísimo etcétera de títulos que nadie hubiera discutido?

Era incomprensible. Lo peor de todo es que, además, Sony puso un precio a todas luces disparatado: 100 euros, frente a los 60/70 de las consolas mini de Nintendo, cuyo catálogo nadie puso en tela de juicio en ningún momento. Tratándose de sistemas cerrados, el asunto se complicaba un poco más todavía en este aspecto del catálogo, ya que no había forma alguna de ampliarlo (ni siquiera mediante la PS Store, que hubiera sido una solución).

Para colmo de males, la consola, que fue lanzada a principios de mes, ha rebajado en 30 euros su precio de salida, lo que habrá dejado a los compradores del día 1 con una cara que prefiero no imaginar. Es insultante que todos aquellos que, a pesar de los muchos pesares, decidieron apoyar un sistema que, en el colmo de los colmos, encima tenía problemas de rendimiento en muchos de aquellos juegos emulados, tengan que soportar esta rebaja del 30% en apenas dos semanas.

Ha sido tal la cantidad de desatinos y de justificaciones insoportables que es difícil de entender viniendo de una compañía que se distingue, por lo general, por su buen hacer general: lo de que no esté Crash Bandicoot, que pasó por mascota del sistema durante buena parte de su ciclo vital, o el magistral Gran Turismo o su secuela sencillamente no tiene perdón de Dios: si el de este caso último, que recuerdo que era una exclusiva First Party, se debía a las dichosas canciones y sus licencias, pues que las hubieran cambiado por otras; no entiendo dónde está el problema.

En definitiva, lo que estaba destinado a ser un exitazo se ha convertido en una de las decepciones más sonadas del año. Es fácil ver ahora cajas amontonadas de Playstation Classic en cualquier gran superficie, por lo que es de esperar una nueva rebaja de aquí a no mucho para poder hacer frente a la cantidad de stock acumulado. Y lo peor de todo es que en Sony entiendan que no hay mercado para una futura PS2 Classic: ni mucho menos, señores de Sony. Lo que no hay es mercado para tomaduras de pelo.

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Actualización del 28/12: Tal y como se preveía, Sony ha vuelto a rebajar la consola, esta vez 10 euros, dejando el precio final en 59,99. A este paso la regalan con los cereales…