PlayStation
En lo referente a lo que vamos a contar aquí acerca de este sistema, es preciso comenzar por una necesaria y dolorosa disculpa; necesaria porque ya iba siendo hora, y dolorosa porque durante muchos años siempre he juzgado a este sistema como el iniciador de una negativa dinámica para los videojuegos, la de abrumar al jugador con cientos de miles de títulos basados únicamente en un envoltorio vistoso pero sin ningún tipo de originalidad o jugabilidad. En parte sigo pensando que es así, pero también es cierto que Sony elevó el listón de edad del jugador, ofreciéndole muchas propuestas de calidad realmente atractivas, más maduras de lo que por aquel entonces se estilaba y con una proyección futura que entonces no supe ver ni apreciar.
También es necesaria una disculpa, en segundo lugar, por la desconfianza hacia una compañía, Sony, que demostró que había tomado muy buena nota de los éxitos de Nintendo y supo ganarse ese hueco como nadie pensó que haría jamás. Su estrategia de conceder todo tipo de licencias y facilidades a las desarrolladoras ha demostrado ser la más acertada de la época de las 32-64 bits. Es posible que trajera también consigo una avalancha de mediocridad, pero aun así el catálogo de PSX fue el mejor de su generación. Barrió por completo a Sega Saturn y mantuvo una lucha dignísima durante muchos años con un sistema, la Nintendo 64, que la doblaba e incluso triplicaba en potencia, velocidad y procesamiento de datos. Y, aunque con dificultades, también a N64 terminó venciéndola, tanto en el favor de la crítica como de un público que aupó a PSX a ser la segunda consola de la historia más vendida con más de 100 millones de unidades, solo por detrás de su hermana mayor, PS2, que aún ostenta el récord con 150. Tanto fue así que “jugar a la play” se convirtió en medio mundo en sinónimo de “jugar a videojuegos”, todo un triunfo simbólico para Sony.
Dicho esto, hay algo que también me gustaría aclarar: el tiempo está demostrando que incluso los mayores éxitos del sistema han envejecido horrorosamente mal. Es algo frecuente en el mundo de la tecnología, pero lo cierto es que hoy día se hace hasta doloroso ver los gráficos pobres, borrosos, pixelados y bailones de PSX, algo que no ocurre ni siquiera con las consolas de 16 bits. A diferencia de Nintendo 64, la generación de las 32 bits en general es la que ha pagado el pato de ser la primera en mover universos tridimensionales, de ser el banco de pruebas de toda una generación de desarrolladores que hicieron sus primeros pinitos en el 3-D con estos dos sistemas. Y eso que, como veremos ahora mismo, en su momento estos sistemas eran la punta de lanza de una nueva generación de procesadores.
El Hardware
Ahora es fácil, ya con el tiempo, apuntarse al carro del éxito y decir que el triunfo de PSX estaba cantado: no fue así, ni mucho menos. A mediados de los 90 Sony era vista como un intruso destinado a un sonoro fracaso, algo similar a lo que le ocurrió a Microsoft cuando irrumpió a principios de la década siguiente con su X-Box. Y al igual que le ocurrió a la compañía de Bill Gates, Sony también tuvo que demostrar desde el principio que valía. Lo hizo a base de talonario, llevándose a las compañías más importantes para programar para ella en exclusiva, pero también a base del talento de grupos de programación excepcionales, como Psygnosis o Polyphony. Los éxitos no se hicieron esperar, y potentes compañías como Square, Konami, Namco o Capcom se lanzaron a crear clásicos tras quedar muy satisfechas con la capacidad de los CD-ROM de PSX y con su potente CPU R3000A, los 24 canales de sonido, un millón y medio de polígonos por segundo, fuentes de luz, 33 MHz de frecuencia de reloj… los datos técnicos de Sony eran potentes, algo superiores a los de Saturn y prometían grandes logros que, sinceramente, yo no creo que se cumplieran del todo.
Y es que, a pesar de todas estas lindezas iniciales, Sony tuvo que corregir ciertos defectos, como por ejemplo un mando de control a todas luces desfasado ya desde su misma salida. La posterior inclusión de joysticks analógicos y sistema de vibración incorporada, que trataba de mejorar el mando de control de N64, dio como resultado uno de los mejores mandos de todos los tiempos, el Dual Shock 1. Las siguientes versiones de Playstation se limitarían a reproducir este modelo, añadiendo algunas funciones extras o eliminando el cable, pero el modelo en sí es prácticamente idéntico. Otros errores del hardware más notorios, como por ejemplo los infinitos, interminables e insoportables tiempos de carga, serían incorregibles, para desgracia de unos usuarios que se acostumbraron a pasar casi tanto tiempo jugando como esperando en sucesivas pantallas de carga. Pero volvamos a los juegos, que es lo que cuenta a la postre a la hora de valorar la vigencia de un sistema clásico.
Visto con el tiempo, mucho me temo que los grandes juegos de PSX lo fueron por la genialidad de unos programadores capaces de sacarle todo el jugo y más a un sistema realmente limitado. La llegada de N64 lo demostró con creces, ya que movía escenarios a una velocidad y con un número de polígonos muy superior. La diferencia es que N64 seguía funcionando con cartuchos, de escasa capacidad, mientras que en los varios CD-ROM’s de muchos de los mejores juegos de PSX cabían horas de secuencias CGI, tan del gusto de aquella época. Muchos jugadores quedaron seducidos por un catálogo imponente en número (más de 1.000 títulos, todo un récord), aunque no tanto en calidad general. A ello se suma un factor importante como es la piratería, que en CD’s se podía hacer con relativa facilidad, y que Sony toleró porque no hacía sino dar aún más difusión a un sistema que fue rentable casi desde su primer año fiscal. Sumando todos esos factores se explica, en parte, el éxito absoluto de un sistema que también contó con grandes juegos.