Una de las grandes dudas que tenía antes de dar el paso de hacerme con una Switch era: ¿y si nada más comprarla va Nintendo y anuncia una New Switch XXL Super Plus o algo así? Es decir, una versión mejorada, con más memoria, duración de batería o resolución de pantalla, exactamente igual que ha hecho con todas y cada una de sus consolas portátiles desde hace ya demasiado tiempo.

Una fuente de la marca me ha comentado, sin embargo, que a corto o medio plazo la compañía no tiene intención de hacer nada parecido. Y no es tanto porque sería un insulto a la gente que ha apoyado el sistema desde su inicio, que eso yo creo que a Nintendo le importa bastante poco, sino porque realmente Switch no es su nueva consola portátil. Que tenga esa funcionalidad no la convierte en la sucesora de 3DS. Switch es una consola de sobremesa que permite un modo portátil con muchas limitaciones. No es justo, por eso, colocarla como el siguiente paso en portátiles, donde la línea de continuidad es clara de Game Boy, Advanced, DS a 3DS, pero el salto con Switch sería estratosférico. Más comedido es el salto con Wii U, que es con quien realmente hay que enlazarla, y de momento, Nintendo no ha hecho nunca una modificación tan radical de hardware de sobremesa.

Pero, ¿es algo tan realmente descabellado pensar que puede llegar a hacerlo? Sony había hecho hasta ahora revisiones a la baja de sus sistemas Playstation para añadirle más memoria y mejorar ciertos aspectos de rendimiento de ventilación y energía, así como Microsoft, y mirad ahora: en ambos casos tenemos versiones superiores a los sistemas lanzados en 2013. Es cierto que han pasado varios años desde su lanzamiento, y que en ambos no existe la obligación de comprarlas para jugar a juegos exclusivos (como sí hizo Nintendo, por cierto, con su New 3DS). En definitiva, que por mucho que mi fuente diga misa celestial, la posibilidad de que salga una New Switch a medio plazo es bastante alta. No haría nada que no esté haciendo su más directa competencia o ella misma en otros terrenos portátiles.

Sea como fuere, la única posibilidad de jugar a ciertos títulos ahora mismo es con el sistema actual, el que fue lanzado en marzo de 2017 y al que con cuentagotas ciertos parches han ido introduciendo algunas reformas, como la posibilidad de grabar algunos segundos de video de nuestras partidas, por ejemplo, pero que en esencia sigue siendo el mismo de entonces a día de hoy. Que Nintendo lance una tienda virtual con juegos de anteriores sistemas parece un hecho cantado a lo largo del curso, pero de nuevo, tampoco se sabe nada oficial de momento. Desde luego, la posibilidad de llevarse a cualquier parte las joyas pretéritas de la compañía, sobre todo de esa Gamecube a la que no se sabe por qué Nintendo mantiene en el ostracismo más absoluto, es una idea bastante atractiva.

Otro de mis problemas, y este tiene más que ver de nuevo con el catálogo que con la consola en sí, es qué va a ocurrir con el sistema en 2018. Sí, es cierto que en 2017 ha habido un Zelda, un Mario y un par de grandes juegos de acompañamiento, pero ¿qué hay de este año que empieza? Se ha anunciado el port de Bayonetta 1&2, y se ha afirmado que se está trabajando en una tercera entrega numerada, pero que no es nada probable que salga este año (los port son para febrero; del otro no se sabe fecha todavía). A la espera de que un posible Nintendo Direct filtrado para este mes aclare un poco el calendario de la primera mitad del curso, lo cierto es que no está claro que vaya a haber grandes lanzamientos en 2018, de momento, juegos de esos que ilusionan al personal. Así, una vez finalizados Mario, Xenoblade, y jugadas esas segundas partidas de Zelda o Mario Kart (que entiendo que deberían dar combustible para meses, ojo), ¿qué queda?

Pues esa es de momento una de las dudas que ahí se va a quedar. Mi mayor miedo siempre que compro un sistema de Nintendo es esa época de sequía que suele suceder a los grandes lanzamientos. Me lleva pasando desde Nintendo 64, donde prácticamente todo lo que salía era compra obligada, cuando salía, porque lo demás era un páramo bastante importante. 2017 ha sido en realidad un año de bastantes luces y sombras en este sentido para Switch, porque juegos de la propia compañía como Arms, Splatoon 2 o 1, 2 Switch no me parece que tengan la fuerza que se nos ha vendido en la publicidad y prensa, ni han sido esos grandes títulos de peso que la compañía prometió en sus meses respectivos. Los otros, como Ultra Street Fighter 2 o Pokemon Tournament DX, son poco menos que un mal chiste en ese contexto si se los compara con Zelda o Mario.

A la espera de que Nintendo aclare ese punto, lo que queda es trazar esa hoja de ruta que decíamos antes donde el principal problema es el presupuesto. Nintendo no rebajó su consola ni siquiera durante el Black Friday porque sabía que tenía un caballo ganador: la consola arrasó y se convirtió en lo más vendido de aquel evento. Entiendo que en estas Navidades se quedará muy cerca de esos 13 millones de unidades que vendió Wii U en cinco años, y que en apenas diez meses esta nueva consola puede igualar e incluso superar con relativa facilidad. Eso, unido a la política de Nintendo en general de mantener sus juegos siempre en una franja de precio similar, hace que tampoco importe demasiado cuándo se compran, porque la diferencia de precio es relativa. Con la oferta de dos juegos más consola estos se quedan en unos decentes 20/25 euros, que incluyendo un Mario Odyssey y un Mario Kart 8 Deluxe es algo que puede hacer dicha compra realmente apetecible.

Dicho lo cual, ya solo queda sentarse y empezar a probar estas joyas, de las que os iremos dando cuenta próximamente…