Con un año cumplido para Xbox One y Playstation 4, y dos para Wii U, parece una buena idea realizar un balance y ver en qué medida esta nueva generación está cumpliendo las (enormes) expectativas que levantó en su momento. Tras una breve introducción común, iremos analizando una a una los méritos y deméritos de cada una de las consolas.

A finales de 2013, dominaba entre millones de usuarios la sensación de que la generación compuesta por Playstation 3, Wii y Xbox 360 estaba agotada. Habían sido más de 6/7 años conviviendo con estos sistemas, y pocos pensaban que su hardware pudiera ofrecer ya nada nuevo, sorprendente o mínimamente revitalizador. Sin embargo, precisamente ese año estuvo jalonado por algunos de los mejores juegos de los últimos tiempos, destacando con luz propia Bioshock Infinite, GTA V o The Last of Us.

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A) Wii U

La llegada de Wii U un año antes no tuvo el impacto deseado por Nintendo, que esperaba tomar ese año de ventaja para posicionar su sistema con una razonable cifra de ventas. Para cuando llegaron sus rivales, la gran N apenas había podido colocar tres millones de consolas en todo el mundo, con un catálogo paupérrimo en el que prácticamente ningún juego, con alguna que otra honrosa excepción que llegó tarde y mal (Pikmin 3), hacía honor a los méritos de una consola llena de posibilidades. Juegos clave retrasados por las pobres ventas del sistema (caso de Rayman Legends), conversiones que no convencieron a nadie (FIFA 13, Mass Effect 3) y un vano intento por acercarse al público hardcore lastraron una primera temporada sencillamente para olvidar.

Sin embargo, el segundo año ha sido mucho mejor en temas de catálogo, aunque no tanto en ventas. Ha habido grandes juegos exclusivos, como Super Mario 3D WorldMario Kart 8, Donkey Kong Tropical Freeze, Bayonetta 2 o Smash Bros, pero se han vuelto a producir ausencias y retrasos inexplicables de títulos multiplataforma (como FIFA 14, Dark Souls 2Watch Dogs), lo que inevitablemente ha afectado al apartado económico: a día de hoy Wii U ha vendido una cifra de 7,5 millones de consolas, muy por debajo de lo esperado en un plazo de 24 meses. Estamos ante la consola de sobremesa peor vendida en la historia de la compañía, algo que ni siquiera el anuncio de un nuevo y prometedor Zelda ha logrado maquillar.

Wii U es una consola que, bajo nuestro punto de vista, merece la pena, y mucho. Su catálogo exclusivo no tiene comparación con el de ninguna otra, lo que siempre ha sido el santo y seña de la compañía, pero más allá de eso se antoja difícil defender un sistema mucho menos potente que sus rivales y sin el aval de los grandes juegos que cada año arrasan en el mercado, como los FIFA o Call of Duty, y aquellos otros que, como GTA V o el inminente Arkham Knight, animan a comprar una consola. Mucho nos tememos que el destino de este sistema sea, en el mejor de los casos, ser la segunda consola de gente con posibilidades o, en el peor, caer en la más completa irrelevancia. Desde luego, a nivel de ventas y especialmente en España, el hundimiento ha sido de campeonato, y bien que lo sentimos. En cualquier caso, Nintendo tiene un largo camino por delante, y muchos buenos juegos que ofrecer a su angustiada parroquia, si no quiere perder la posición de privilegio que ocupó en la anterior generación.

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B) Xbox One

Cuando Microsoft lanzó los anuncios y conferencias previos al E3 de 2013, se produjo una especie de cataclismo completamente justificado por una campaña de marketing tan torpe como inoperante. Vender una consola tan sublime en lo técnico como una especie de aparato multimedia más orientado a la televisión y a los deportes que a los videojuegos fue un error garrafal, por no hablar del gatillo del DRM, que en principio prohibía la venta de juegos de segunda mano, y que hubo que pagar después con el despido de prácticamente todo el personal implicado en la creación y desarrollo del sistema. En otra muestra de soberana cabezonería y, a pesar de lo mucho que se había clamado contra ello, Xbox One fue también vendida de manera inseparable con Kinect 2.0, lo que aumentó el precio 100 euros sobre su más directa competencia y condenó al sistema a padecer una travesía en el desierto que ha durado un año largo.

Xbox One ha tenido que luchar mucho contra unos cimientos nefastos, pero lo ha hecho bien y de la manera en que los jugadores lo agradecemos mejor: con buenos juegos. Su catálogo de lanzamiento fue netamente superior al de Playstation 4, con juegos atractivos y de calidad como Forza Motorsport 5, Ryse: son of Rome, Dead Rising 3 y Killer Instinct. Y a partir de ahí, todo ha sido ir a mejor, con el lanzamiento de Titanfall y, especialmente, Forza Horizon 2 como el más importante exclusivo de lo que llevamos de generación, sin olvidar la Halo: Master Chief collection haciendo las delicias de los fans de la saga, sin perderse, por supuesto, ninguno de los grandes exclusivos multiplataforma. En cuestión de catálogo para nosotros no hay duda: Xbox One lleva una ventaja considerable sobre el resto.

Otro aspecto diferente ha sido el de las ventas, claro. Y es que, a pesar de los dignos números del sistema a día de hoy (con unas ventas estimadas de 6/7 millones, cifra que Microsoft no ha confirmado por ese empeño que no entendemos en hacer referencia solo a unidades distribuidas, que declara ser en torno a los 10 millones), lo cierto es que Microsoft ha perdido claramente la batalla económica en esta primera ronda. Más doloroso es el hecho de que este segundo puesto permanente lo haya ocupado no solo en Europa y Japón, territorios habituales de dominio de Sony, sino especialmente en el mercado de USA, donde hasta ahora solía dominar con puño de hierro. Esto ya no es así, aunque nuestra impresión es que de seguir habiendo lanzamientos importantes la situación puede invertirse en cualquier momento, lo que relativiza el impacto de ventas en un momento tan temprano de la generación. En cualquier caso, haberse librado de Kinect (con la consiguiente reducción de precio) y volver de nuevo a la senda de los juegos en detrimento de otras opciones multimedia menos interesantes para el usuario medio de las consolas, han sido decisiones sabias que, estamos seguros, tendrán un impacto positivo a medio-largo plazo.

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C) Playstation 4

En buena medida, la situación de esta consola es inversa a la que acabamos de comentar, y bien podría decirse que Sony ha estado este último año viviendo de las sustanciosas rentas de su ejemplar campaña de marketing del sistema, y convertida en la que mayores ventas ha logrado hasta la fecha. Su sistema, liberado de la engorrosa cámara en el último momento, con un precio competitivo y la promesa de continuar la senda de éxitos exclusivos de Playstation 3, que acabó la generación de manera gloriosa, fue lanzado con un efecto demoledor, agotando stocks en todo el mundo y convirtiéndose en el oscuro objeto de deseo de todo aficionado a los videojuegos.

Tras haberle dado un soberano repaso a Microsoft en el E3 de 2013, Sony ha ido sin embargo dando una de cal y otra de arena a sus usuarios, con algunos títulos exclusivos buenos, pero no rompedores (Killzone: Shadowfall, Infamous Second Son) y retrasos inexplicables de títulos que ni son buenos ni rompedores, como el caso de DriveClub, o de juegos abiertamente mediocres, como Knack. A día de hoy, resulta bastante triste que el único exclusivo de categoría sea, con permiso de Resogun, la remasterización de The Last of Us, no por el juego en sí, que es una obra de arte y merece ser jugado hasta la saciedad, sino porque, francamente, nos esperábamos más, mucho más. La llegada de títulos como Bloodborne o The Order 1886 en el primer cuarto de 2015 podría paliar esta situación de un catálogo que, sinceramente, se salva más por los títulos multiplataforma (Destiny, Call of Duty Advanced Warfare) que por otra cosa.

Lo que nadie discute es que, con más de 10 millones vendidos en apenas 12 meses, la consola de Sony esté funcionando de manera espectacular a nivel de ventas. Que una consola sin un catálogo potente pueda hacer esto da una idea (terrible) de lo que pasará cuando entren en escena las nuevas propuestas de estudios como Naughty Dog, Sony Santa Mónica o Quantic Dream, con sus Uncharted 4, The Last of Us 2, God of War y compañía haciendo sonar los tambores de guerra.

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Últimos comentarios

Hemos obviado en este reportaje la referencia a aspectos y diferencias técnicas entre las consolas, por considerarlo un aspecto secundario frente al que realmente nos importa, que a fin de cuentas son los juegos. Tampoco hemos hecho mención al aspecto de actualizaciones que han ido recibiendo todas ellas, lo que en el caso de Wii U le permitió acortar tiempos de carga o en las otras dos dar más facilidades para conectar con Youtube y compartir vídeos de partidas e incluso modalidades realmente originales de juego, como la partida compartida en el caso de Playstation 4.

Respecto al asunto de los juegos, y aunque somos bien conscientes de lo pronto que resulta para sacar conclusiones con un hardware tan reciente, sí que nos gustaría añadir que esperamos bastante más que lo visto hasta ahora en 2015. La prolongación de la política de los juegos transgeneracionales o de las remasterizaciones ha dado como resultado que uno de los títulos más potentes de esta Navidad sea GTA V, es decir, el mismo que la campaña de Navidad pasada, y eso es algo que no tiene ningún sentido. Por mucho que nos guste la obra maestra de Rockstar, es como si el mejor juego de Gamecube en su primer año de lanzamiento hubiera sido Super Mario 64, algo que entonces era impensable y que ahora, por desgracia, se está convirtiendo en norma.

La octava generación tiene que demostrar no solo que está dispuesta de verdad a apostar por motores gráficos nuevos y más potentes, exclusivos de estos sistemas y sin agarrarse ya al manido asunto de las ventas de la séptima generación, ya completamente desahuciada, sino que tiene que ofrecer propuestas de juego nuevas y diferentes a lo que ya estamos tan acostumbrados. Por mucho que nos hayan encantado FIFA 15 o Call of Duty: Advanced Warfare, llevamos ya demasiados años jugando a lo mismo como para no darnos cuenta de que aquí faltan ideas en cantidades industriales.

El fracaso relativo en este sentido de propuestas como Titanfall y, en mayor medida, Destiny, que supuestamente iban a ponerlo todo patas arriba y se quedaron a medio camino de todo, debería hacer reflexionar a los desarrolladores sobre una situación que, acuciada por las sangrantes políticas de DLC’s y Season Pass de juegos clónicos, está empezando a convertir el sector del videojuego en un páramo de creatividad y mucho ánimo de lucro donde únicamente el sector indie ofrece, y muy de cuando en cuando, juegos de verdadero interés a precios razonables.