Hace unos días se anunció que el 20 de septiembre verá la luz, por un precio no confirmado en Europa entre los 200 y 250 euros, la Nintendo Switch Lite, una versión menor de Switch que solo tiene la posibilidad de jugarse como portátil, además de estar compuesta por una única pieza, es decir, sin la posibilidad de extraer los joy-cons. Con unas dimensiones de pantalla de 5.5 pulgadas (6.2 en el original), y un peso de 275 gramos (en torno a 400 la original con los mandos conectados), la consola elimina funcionalidades como la vibración HD, cámara infrarroja o sensores de movimiento, lo que la hace incompatible con juegos como 1,2,3 Switch, por ejemplo, que para poder jugarse en este nuevo sistema necesitaría la adquisición de unos joy-con adicionales.

Como ventajas, además del menor peso y tamaño, la consola cuenta con una cruceta digital en el lado izquierdo en condiciones (a diferencia del original), así como una mayor duración de batería (en torno a media hora más de media, aunque depende del juego; Breath of the Wild dura unas 3 horas en la original, y aquí se supone que se podría jugar en torno a una hora más, por ejemplo). La consola, que se lanzará en tres colores (azul turquesa, amarillo y gris), conocerá una edición especial plateada que se lanzará más adelante, coincidiendo con el lanzamiento de Pokémon Espada y Escudo, con los que contará en sendos packs creados para la ocasión y, donde, evidentemente, Nintendo espera hacer el gran negocio de cara a las navidades.

Tengo sentimientos encontrados con esta noticia. Evidentemente que me esperaba este tipo de revisiones, tratándose de Nintendo y de una portátil (aún falta la versión XL o New, que estoy seguro de que también llegará, más tarde o más temprano). El problema, precisamente, es que esto es la confirmación, que ya me llevo temiendo desde que se lanzó Switch, de que Nintendo siempre tuvo en mente que esta consola era más una heredera de 3DS y no tanto de Wii U, como se nos quiso vender desde el principio.

Llamar a esta versión con la coletilla de Switch, cuando es un aparato que no permite pasar de modo portátil a sobremesa, me resulta obsceno; eliminar funcionalidades que en su momento fueron la bandera de la promoción de la consola no es comparable, como se ha dicho, a la 2DS que se lanzó eliminando la tridimensionalidad de 3DS, porque el rediseño llegó casi al final del ciclo de vida de aquella portátil. El lanzamiento de Lite supone, de facto, que a partir de ahora los títulos importantes de Nintendo no van a incluir este tipo de funcionalidades para no incurrir en incompatibilidad con ambos sistemas. Y la pregunta es clara: ¿para qué tanta historia entonces con la vibración HD, sensores de movimiento, etc? Otra moto más, me temo.

En definitiva, Switch Lite supone la demostración evidente de que Nintendo tiene en mente y como principal activo el mercado portátil, que es al que lleva dirigiendo desde prácticamente 2017 su catálogo con un alud de títulos destinados a disfrutarse como principal atractivo en modo portátil, juegos de escasa exigencia técnica para los tiempos que corren o ports de consolas anteriores, o que sobresalen en el mercado indie de generaciones pasadas y presentes.

El catálogo «de sobremesa» se ha alimentado básicamente de ports y ediciones Deluxe de Wii U y dos o tres excepciones exclusivas originales, como Mario Oddyssey o Xenoblade Chronicles 2. A partir de septiembre (y no me parece casual que Link’s Awakening remake y el nuevo Pokémon lleguen prácticamente a la vez que este sistema), Nintendo se quitará definitivamente la máscara de que Switch es un sistema híbrido y terminará de colocar el siguiente clavo en ese magnífico, exitoso y rentable ataúd de promesas incumplidas, donde se incluyen también el del lanzamiento de un gran juego al mes, la actualización de la tienda virtual con juegos de Gamecube, la salida de Metroid Prime 4 antes del cambio de milenio y un largo y decepcionante etcétera.

Quizá lo peor es que, casi con toda seguridad, Lite va a arrasar en ventas, conquistando al público más infantil con su avalancha de Pokémon y una mayor simplicidad de concepto que casa mejor con un público menos exigente. Dichas ventas reafirmarán a los directivos de Nintendo en lo acertado de su propuesta, lo que les llevará a destinar más y más fondos para nuevos rediseños del sistema, como ya sucedió en pasadas generaciones de portátiles de la compañía nipona. Y mientras tanto, Sony y Microsoft preparan sus consolas de nueva generación que saldrán en poco más de un año, con motores gráficos y posibilidades de juego que van a dejar a Nintendo y sus mil versioncitas de Switch a una distancia sideral, una distancia como no recuerdo haber visto nunca entre estas compañías, y que ni todas las ventas millonarias del mundo podrán esconder. Pero eso sí, solo aquí podremos hacernos con todos los Pokémon.