Cuando hace unos años se puso de moda denostar la industria japonesa del videojuego, de la que se decía que había entrado en una profunda crisis creativa en el desarrollo del sector, era evidente que en aquello había más de tópico o de lugar común interesado que de realidad: una cosa es que la industria japonesa necesitara un tiempo para adaptarse a las necesidades de máquinas mucho más potentes, caras y costosas desde el punto de vista del desarrollo de videojuegos, que seguro que algo de eso hubo, como también lo hubo en algo que la industria occidental no necesitó: desterrar viejos hábitos adquiridos, tótems en forma de desarrolladores consagrados y ciertas decisiones empresariales de dudoso ojo comercial. No se sostiene, o al menos yo no veo bien cómo se puede sostener algo así, en una industria que solo en el último año y pico ha lanzado títulos tan importantes como The Last Guardian, Persona 5, Nioh, Monster Hunter World, Dragon Ball Fighterz o este Nier: Automata que nos ocupa hoy. Hablar de crisis de ideas cuando hay títulos de semejante calibre resulta, hasta cierto punto, obsceno.

En concreto, el título del imprevisible y genial Yoko Taro es una de las sorpresas más agradables que nos dio 2017 pero que, por razones de calendario, no he podido disfrutar hasta ahora. Y vaya si lo he hecho. Nier: Automata es, con diferencia, uno de los títulos más importantes del pasado curso, y un serio candidato a discutirle a Breath of the Wild el trono de mejor del año. Las razones son tantas que no sé ni por dónde empezar, pero es evidente que su espectacular diseño e idea original pesan muy por encima de su factura técnica, que sufre mucho en PS4 para mover ese fascinante mundo lleno de referencias a otros juegos y géneros, sabiamente camufladas en un universo particular, propio y de una personalidad arrolladora.

Nier: Automata es bastante complejo a la hora de clasificarlo. Podríamos decir que es un cruce entre un action rpg, un hack and slash (ahí la herencia de Bayonetta es evidente, y más que bienvenida), un arcade de disparos, un juego de puzzles, exploración, aventura… es sencillamente asombroso que semejante combinación resulte tan fluida, orgánica y en todo momento coherente.

El título nos pone en la piel de dos androides, 2B y 9s, que en el 11945 d.C. tienen que limpiar la tierra de la amenaza de unas máquinas que han obligado a la humanidad a escapar a la luna en busca de un futuro mejor. El argumento es apasionante de principio a fin, apoyado por unas interpretaciones realmente buenas de los personajes y con un par de giros de guión bastante hábiles. La acción del juego es tan directa como efectiva, y nos pone a enfrentarnos a todo tipo de robots, desde algunos sencillos y de mecánicas poco elaboradas a auténticos colosos mecánicos ante los que hay que estrujarse un poco el seso a la hora de vencer. El sistema de combate es tan fluido como cabría esperar de un título bajo la firma de Platinum Games, con combos, armas y todo tipo de complejidades, niveles y mejoras para darle horas y horas de diversión al asunto. Nunca dos combates resultan iguales, y con el paso de las horas no hace sino mejorar en este sentido, aunque insisto en que no es el único punto fuerte de un juego que tiene en su apartado visual y sonoro un auténtico festival de originalidad y carisma.

 

Hacía mucho, mucho tiempo que no disfrutaba tanto con un videojuego: Nier: Autómata es fascinante porque atrapa desde su envoltorio, genera adicción gracias a unas soberbias mecánicas y te arrastra al final y a una partida plus llena de aciertos y guiños, que es de lo mejor que he visto jamás en este sector. La banda sonora es un auténtico despliegue de potencial y talento, obra de Keichi Okabe y Keigo Hoashi, que siempre toca la tecla emocional adecuada en el momento narrativo oportuno. La relación entre los dos androides y su especial vínculo hace que te impliques con ellos mucho más de lo que hubiera imaginado en un principio, dada su naturaleza artificial. No obstante, el guión de Taro y la cantidad de momentos memorables del juego hace que uno se entregue gustoso a sus vaivenes, de principio a fin, y que la cantidad de sorpresas que encierra el juego no hagan sino aumentar esa sensación de conexión entre jugador y personajes hasta alcanzar unas cotas que nunca hubiera imaginado.

Por otro lado, la habilidad con la que el juego camufla las diferentes áreas de la gran área de juego (una ciudad en ruinas, quizá la mejor de todas; un bosque, un desierto, un parque de atracciones, una fábrica, etc) hace que todo parezca formar parte de un todo lleno de cohesión. Cada escenario se va abriendo conforme vamos avanzando en la trama pero permite, en algunos casos, acceder a ciertas zonas antes de tiempo, lo que no hace sino acentuar el aire de misterio y secretismo de cada una de las áreas, todas ellas realizadas con un acierto visual que pocas veces he visto en esta generación.

A ello se suma un sentido del espectáculo, de la teatralidad, que alcanza en el escenario del parque de atracciones algunas de las cotas más espectaculares que he jugado nunca, como esa montaña rusa plagada de fuegos artificiales a toda velocidad. Esto viene acentuado por un excelente uso de la cámara, que normalmente deja plena libertad pero en ocasiones se cierra a entornos en 2,5D o 2D, tanto de perfil como en vista cenital, siempre buscando el mejor ángulo para una acción frenética y unos jefes finales de antología. Esto, sumado a las secciones de acción a bordo de unos espectaculares mechas, o a los puzzles para hackear ciertas máquinas, añade la guinda a un pastel de variedad y buen gusto.

Siempre he tenido mis reservas con Bayonetta y su secuela porque, aun a pesar de contar con un sistema de combate pluscuamperfecto, me parecían títulos vacíos de contenido real, de argumento y de profundidad. Nier: Automata puede que no tenga el carisma de la bruja de Sega, pero desde luego lo compensa con una soberbia realización artística, una trama apasionante y un diseño general que está muy por encima, obra todo ello de un guionista y director, Yoko Taro, que está llamado a grandes empresas, a raíz de lo visto aquí.

El único “pero” que se le puede poner al juego, y no es poco importante, es que técnicamente está un paso por debajo de lo que debería en cuanto a rendimiento. Se supone que debería ir en todo momento a 60fps, pero esto no se cumple en buena parte de las situaciones donde, la complejidad de los escenarios o la acumulación de enemigos, hace que la PS4 sufra demasiado y se produzcan tirones y bajadas a 45, 40 frames e incluso menos. Es algo especialmente grave dado que la acción del juego requiere de cierta fluidez, y es una lástima que solo las versiones de PS4 Pro y PC alcancen un rendimiento más estable y mejor.

Sea como fuere, y a pesar de esos tirones, la experiencia que ofrece este título es algo que no tiene parangón en todo el catálogo de PS4. Creo que la asociación de Platinum y Yoko Taro, más la mano de Square-Enix, han dado como fruto un resultado prácticamente inmejorable, que espero que no se quede aquí y que pueda proyectarse a cotas aún más altas.

Cuando hace unos años se puso de moda denostar la industria japonesa del videojuego, de la que se decía que había entrado en una profunda crisis creativa en el desarrollo del sector, era evidente que en aquello había más de tópico o de lugar común interesado que de realidad: una cosa es que la industria japonesa necesitara un tiempo para adaptarse a las necesidades de máquinas mucho más potentes, caras y costosas desde el punto de vista del desarrollo de videojuegos, que seguro que algo de eso hubo, como también lo hubo en algo que la industria occidental no necesitó: desterrar viejos hábitos adquiridos, tótems en forma de desarrolladores consagrados y ciertas decisiones empresariales de dudoso ojo comercial. No se sostiene, o al menos yo no veo bien cómo se puede sostener algo así, en una industria que solo en el último año y pico ha lanzado títulos tan importantes como The Last Guardian, Persona 5, Nioh, Monster Hunter World, Dragon Ball Fighterz o este Nier: Automata que nos ocupa hoy. Hablar de crisis de ideas cuando hay títulos de semejante calibre resulta, hasta cierto punto, obsceno. En concreto, el título del imprevisible y genial Yoko Taro es una de las sorpresas más agradables que nos dio 2017 pero que, por razones de calendario, no he podido disfrutar hasta ahora. Y vaya si lo he hecho. Nier: Automata es, con diferencia, uno de los títulos más importantes del pasado curso, y un serio candidato a discutirle a Breath of the Wild el trono de mejor del año. Las razones son tantas que no sé ni por dónde empezar, pero es evidente que su espectacular diseño e idea original pesan muy por encima de su factura técnica, que sufre mucho en PS4 para mover ese fascinante mundo lleno de referencias a otros juegos y géneros, sabiamente camufladas en un universo particular, propio y de una personalidad arrolladora. Nier: Automata es bastante complejo a la hora de clasificarlo. Podríamos decir que es un cruce entre un action rpg, un hack and slash (ahí la herencia de Bayonetta es evidente, y más que bienvenida), un arcade de disparos, un juego de puzzles, exploración, aventura... es sencillamente asombroso que semejante combinación resulte tan fluida, orgánica y en todo momento coherente. El título nos pone en la piel de dos androides, 2B y 9s, que en el 11945 d.C. tienen que limpiar la tierra de la amenaza de unas máquinas que han obligado a la humanidad a escapar a la luna en busca de un futuro mejor. El argumento es apasionante de principio a fin, apoyado por unas interpretaciones realmente buenas de los personajes y con un par de giros de guión bastante hábiles. La acción del juego es tan directa como efectiva, y nos pone a enfrentarnos a todo tipo de robots, desde algunos sencillos y de mecánicas poco elaboradas a auténticos colosos mecánicos ante los que hay que estrujarse un poco el seso a la hora de vencer. El sistema de combate es tan…
Gráficos - 97%
Sonido - 95%
Banda Sonora - 99%
Mecánicas / Jugabilidad - 97%
Argumento - 93%
Duración - 93%
Originalidad - 99%

96%

Nier Automata es una obra de arte, y como tal resulta difícil de clasificar y de aconsejar a todo tipo de público, pero son tantos sus aciertos, especialmente en el terreno de la dirección artística y banda sonora, así como en una jugabilidad marca de la casa de Platinum Games, que a nosotros nos ha resultado irresistible, aunque entendemos que su excesivo sello japonés puede echar atrás a más de uno y más de dos. También hay fallos de rendimiento evidentes en la versión de PS4, tanto en frames como en resolución gráfica, que pueden lastrar en parte una experiencia, por lo demás, sencillamente apasionante.

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