Había un poco de miedo con el salto de Monster Hunter a las consolas de sobremesa de la presente generación, ya que desde su tercera entrega (y en Wii U, recordemos) no se le veía por estos lares, cómodo como estaba con su corona bien ganada en formato portátil (primero en PSP y luego en 3DS). Sin embargo, creo que es conveniente empezar este análisis recalcando lo bien que ha salido el intento, ya que MH World es un juego sobresaliente en no pocos apartados, y únicamente un par de peros le impiden alcanzar la matrícula.

Dentro de lo más positivo, para mí lo más esencial no es un apartado técnico que cumple, a veces con más nota que otras, y que se esfuerza por hacer atractivo un universo variado en escenarios y muy rico en una fauna y flora que hace que te sientas completamente inmerso desde el primer minuto en esa isla con muchos secretos por explorar (y no pocos bichos a los que enfrentarte). Ya los primeros tráilers del juego permitieron ver que desde el punto de vista audiovisual Monster Hunter World iba a cumplir, y ha cumplido.

Lo más importante en un juego de estas características, y sobre todo viniendo de donde venía, el reto auténtico era adaptar los millones de conceptos de un título tan complejo y profundo, para hacerlo llegar a un público más global que el de anteriores entregas. Los números hablan por sí solos: en apenas tres días Capcom ha despachado cinco millones de unidades, y en buena medida ese éxito solo se explica por una concepción un poco más abierta, con información dosificada de una manera más sabia y comedida que en títulos anteriores, y con unos más que bienvenidos vídeo tutoriales que nos orientan desde el manejo de armas a cualquier labor de cultivo, gestión o mejora del equipo que vamos recolectando durante las misiones. La complejidad del juego en esta etapa previa a los combates no viene solo por todo lo referente a medicinas para recuperar salud o energía de resistencia, sino también para fabricar pociones, trampas para animales, mejora de armas y armaduras en la forja, equipo del gato acompañante… Es abrumador, aunque con el tiempo uno se va familiarizando poco a poco con todo ello.

Monster Hunter World es un juego muy consciente de que su baza principal está en la espectacularidad de sus monstruos, de los que luego me ocuparé, pero no descuida los muchos otros detalles que lo conectan a su saga, como esos gatetes que nos hacen la vida un poco más fácil en combate y nos acompañan en nuestra aventura, o esos otros que nos asisten en la base principal como informantes o cocineros (verlos preparar los menús es toda una experiencia). Es cierto que al principio hay tal cantidad de inventarios, menús, opciones y posibilidades que puede llegar a desbordar. Por suerte, Capcom ha implementado bien la faceta multijugador, de modo que puedes pasarte el juego entero en compañía de tres amigos con los que ir descubriendo todos esos secretos en grupo, algo siempre mucho más llevadero.

Para mí ahí, en esas interacciones donde siempre puede pasar de todo y generalmente bueno, ha estado el mayor aliciente de un título que, no obstante, sigue teniendo algunas aristas que creo que deberían corregirse de cara a futuras entregas que espero que se produzcan. Para empezar, hay ciertos desajustes en la incorporación de compañeros a las misiones, sobre todo aquellas que no hemos completado todavía y que, por culpa de las dichosas cinemáticas, nos obligan a jugar en solitario hasta que estas terminan, dejando fuera de juego al resto hasta ese punto. No entiendo tampoco, y aquí sé que es quizá lo menos objetivo de mi crítica, que tres desmayos provoquen el fallo de la misión, aun cuando a lo mejor esos desmayos no afectan a dos de los tres jugadores, que incluso pueden seguir vivos y con opciones de éxito en el momento en que se congela todo.

El control de las armas, por su parte, nos da una de cal y otra de arena. Por un lado, hay armas sencillamente gloriosas en su manejo y en su espectacularidad (o en su originalidad: ahí está la gaita para demostrarlo). Sin embargo, hay otras que se manejan francamente mal y resultan lentas, toscas y poco efectivas salvo que se potencien en extremo. Seguro que aquí el grado de “manquismo” del personal influye lo suyo también, pero por otro lado hay animaciones en combate que te obligan a ejecutar ciertas animaciones al margen de lo que el bicho en cuestión esté haciendo, por lo que las castañas están garantizadas.

Esto nos lleva al auténtico punto fuerte del juego: las criaturas. Jamás la saga había ofrecido un espectáculo tan apasionante en cuanto a las dimensiones, calidad de diseño y animaciones de este particular zoo homicida. Los hay tan diferentes unos de otros, tan asombrosos, que localizarlos y cazarlos pronto se convierte en una especie de fiebre o de obsesión a la que es difícil resistirse (y repetir). Es un acierto el sistema de misiones principales y secundarias, que nos invitan a recorrer los escenarios (grandes, aunque no demasiado; laberínticos, aunque no como para desesperarse), en busca de nuevos objetos, animales o cazas o capturas.

Ahora que estamos tan a vueltas con el remake de Shadow of the Colossus, me ha parecido muy curioso el modo en que la obra de Fumito Ueda sembró las bases de esta franquicia, pero en el otro lado de la moneda. Lo del diseño por sustracción aquí se va a freír espárragos a las primeras de cambio, en cuanto entran en escena los cientos de ítems, menús e interfaces que no hacen más que aumentar la complejidad del título. Esto de minimalismo tiene poco, y aunque es cierto que los más de 200 bichejos que pueblan este universo no admiten comparación los 16 colosos del título clásico, no lo es menos que su diseño es fastuoso y están plagados de vida y personalidad. El modo en que interactúan entre sí, a veces rehuyéndose, a veces entrando en abierto combate por su territorio, es sencillamente asombroso, y permite algunos de los momentos más épicos y espectaculares que recuerdo en mucho tiempo.

Por otro lado, la faceta sonora del juego es de poner los pelos de punta. Desde las pisadas a los rugidos, pasando por todo lo que rodea al entorno, sumándose a todo lo anterior para que Monster Hunter World realice ese despliegue de medios, de gran superproducción, que obliga al jugador a introducirse en un mundo fascinante y lleno de retos, diversión y opciones, desde cualquiera de sus aspectos técnicos y jugables. Yo sigo pensando que hay margen de mejora, que aún se pueden simplificar un par más de menús y que esas cinemáticas chuscas del modo historia podríamos tratar de reducirlas en siguientes entregas, pero aparte de eso hay muy poco que objetar a este título, al que Capcom ya ha anunciado además que hará ampliaciones en forma de DLC gratuitos con más escenarios y monstruos. No se puede pedir más, la verdad.

Había un poco de miedo con el salto de Monster Hunter a las consolas de sobremesa de la presente generación, ya que desde su tercera entrega (y en Wii U, recordemos) no se le veía por estos lares, cómodo como estaba con su corona bien ganada en formato portátil (primero en PSP y luego en 3DS). Sin embargo, creo que es conveniente empezar este análisis recalcando lo bien que ha salido el intento, ya que MH World es un juego sobresaliente en no pocos apartados, y únicamente un par de peros le impiden alcanzar la matrícula. Dentro de lo más positivo, para mí lo más esencial no es un apartado técnico que cumple, a veces con más nota que otras, y que se esfuerza por hacer atractivo un universo variado en escenarios y muy rico en una fauna y flora que hace que te sientas completamente inmerso desde el primer minuto en esa isla con muchos secretos por explorar (y no pocos bichos a los que enfrentarte). Ya los primeros tráilers del juego permitieron ver que desde el punto de vista audiovisual Monster Hunter World iba a cumplir, y ha cumplido. Lo más importante en un juego de estas características, y sobre todo viniendo de donde venía, el reto auténtico era adaptar los millones de conceptos de un título tan complejo y profundo, para hacerlo llegar a un público más global que el de anteriores entregas. Los números hablan por sí solos: en apenas tres días Capcom ha despachado cinco millones de unidades, y en buena medida ese éxito solo se explica por una concepción un poco más abierta, con información dosificada de una manera más sabia y comedida que en títulos anteriores, y con unos más que bienvenidos vídeo tutoriales que nos orientan desde el manejo de armas a cualquier labor de cultivo, gestión o mejora del equipo que vamos recolectando durante las misiones. La complejidad del juego en esta etapa previa a los combates no viene solo por todo lo referente a medicinas para recuperar salud o energía de resistencia, sino también para fabricar pociones, trampas para animales, mejora de armas y armaduras en la forja, equipo del gato acompañante... Es abrumador, aunque con el tiempo uno se va familiarizando poco a poco con todo ello. Monster Hunter World es un juego muy consciente de que su baza principal está en la espectacularidad de sus monstruos, de los que luego me ocuparé, pero no descuida los muchos otros detalles que lo conectan a su saga, como esos gatetes que nos hacen la vida un poco más fácil en combate y nos acompañan en nuestra aventura, o esos otros que nos asisten en la base principal como informantes o cocineros (verlos preparar los menús es toda una experiencia). Es cierto que al principio hay tal cantidad de inventarios, menús, opciones y posibilidades que puede llegar a desbordar. Por suerte, Capcom ha implementado bien la faceta multijugador, de modo que puedes pasarte el juego entero en compañía de tres amigos con…
Gráficos - 90%
Sonido - 92%
Banda Sonora - 92%
Mecánicas / Jugabilidad - 82%
Duración - 100%
Argumento - 78%
Originalidad - 83%

88%

Capcom se ha sacado de la manga un juego mucho más épico, accesible y fácil de acceso para el público occidental con esta última entrega de su celebérrima saga Monster Hunter. World es un compendio de muchos años de duro trabajo, con numerosos aciertos y contenido para dar juego para muchos meses, donde brilla con luz propia un modo online al que ya hay millones de usuarios enganchados (y los que quedan). En su género, es de lo mejor.

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