Para todos aquellos que vivimos el fenómeno de la trilogía original de Mass Effect, los años que han transcurrido desde el estreno de la tercera parte han sido realmente largos. Las aportaciones de la saga al mundo del videojuego fueron lo suficientemente importantes como para dejar una huella en la memoria de muchos jugadores, en buena medida gracias al carisma de sus personajes, al sentido épico de su narrativa y a la cantidad de momentos memorables de una historia sencillamente apasionante. La posibilidad, además, de tomar decisiones que influían en los juegos sucesivos (tórridos romances incluidos) fue algo tan acertado como bienvenido y dotó al género de la aventura de fantasía/ciencia ficción de un nuevo referente.

Sería muy injusto, pues, comparar los logros de tres juegos que han dejado un legado tan importante con el de uno solo, por bueno que sea, que viniera después de todo aquello: pues eso es justo lo que le está ocurriendo a Mass Effect Andromeda, que a pesar de la millonaria inversión en su desarrollo y sus muchas virtudes está siendo incapaz de alcanzar las expectativas que había puestas en él, y a ello ha sumado una campaña de desprestigio como recuerdo pocas, basada en una serie de evidentes deficiencias técnicas que revelan un no menos evidente lanzamiento prematuro.

Vaya por delante que comparto buena parte de las críticas que he leído sobre el juego antes de ponerme con él, una larga lista a la que yo añadiré un par de aspectos más con los que no termino de estar de acuerdo, pero después de haber completado su campaña principal y buena parte de las secundarias, así como darle un buen tiento a su modo multijugador, me parece una barbaridad calificar de mediocre a Andromeda. Hay que estar muy ciego, pero mucho, para no darse cuenta de que, junto a sus fallos evidentes, este título también recoge mucho de lo bueno de la trilogía original y lo lleva a terrenos cualitativamente superiores en no pocos apartados.

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La historia de Mass Effect Andromeda nos sitúa 600 años después de los hechos narrados en Mass Effect 3. Una vez dominada y pacificada la Vía Láctea, las principales razas de aquella galaxia (humanos, asari, krogan y turianos) parten a bordo de enormes naves llamadas arcas en busca de paraísos dorados, nuevos planetas donde establecer colonias. Al mando de esa expedición se encuentra Ryder, el pionero, algo así como el líder del grupo de exploradores, encargado de evaluar cada situación y ser el primero en entrar en contacto con razas y ambientes desconocidos.

Lo primero que llama la atención de este juego es que abandona el concepto de los juegos previos en favor de un desarrollo mucho más abierto. No se trata, insisto, tanto de comparar y de hacer rankings como de ver qué es lo que aporta Andromeda al universo Mass Effect, y por ello es necesario empezar por el propio concepto de juego en sí, mucho menos lineal, restrictivo y pasillero que los originales (especialmente la segunda y tercera parte), y que nos permite explorar mundos mucho más amplios, profundos y complejos que los vistos hasta la fecha. Como siempre, elegimos dos compañeros para secundar a nuestro personaje, y con ellos a nuestro lado debemos recorrer cada centímetro de cada nuevo sistema, con la opción de desembarcar en una serie de planetas determinados que tienen más visos de convertirse en posibles hogares.

Si bien los elementos comunes al universo pronto saltan a la vista, como la estructura de viajes, equipo de personajes interracial y líder que va ganando carisma a pesar de las reticencias iniciales de todos los que lo rodean, me ha llamado la atención el aparente poco interés o esfuerzo, por parte de Bioware, de dotar a los personajes, especialmente a los secundarios, de un poco más de carisma o interés. Es fácil echar de menos a personajes con los que has pasado tantas horas como los de la Normandía, pero lo cierto es que la Tempest está poblada por personajes poco inspirados, con un Krogan que se limita a repetir lo ya conocido sobre su raza (aunque aporta casi todo el buen humor al asunto, todo hay que decirlo), un Salariano que hace las veces de piloto y que no destaca especialmente por nada, un par de asaris sosas hasta la extenuación, una turiana aún más indiferente y un par de humanos para ponerlos en un marco en cuanto intentan mantener un “diálogo”. Únicamente el representante de la nueva raza, Jaal, y el propio Ryder aportan más interés a una trama que palidece, todo hay que decirlo, y que se limita a repetir clichés de su propio universo (las ruinas de la civilización antigua que solo nuestro personaje puede descodificar, la raza alienígena mala hasta la saciedad porque sí, esa amenaza que crece cual sombra, esa otra raza pacífica y amenazada…).

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El problema de ME: Andromeda es que, muy por encima de los haters que pueblan webs y canales de YouTube, es el propio juego el que se empeña en recordarnos que esto viene de Mass Effect anteriores, y que no ha tenido el valor de alejarse un poco más de esa estructura narrativa tan manoseada ya previamente por títulos donde, y aquí es forzoso reconocerlo, todo despertaba mucho más interés. No hay uno, ni uno solo, de esos momentos memorables como la decisión de tener que salvar a Aiden o a Ashley del primer Mass Effect., no digamos ya la Misión Suicida de la segunda entrega o prácticamente cualquier trama de la tercera en su punto culminante. El villano de turno parece una broma de mal gusto al lado de Saren o el Hombre Ilusorio, y cada vez que el grupo principal se pone a debatir cualquier tema dan ganas de salir corriendo (por no mencionar el dudoso gusto de los chistes, que en fin…). En este sentido, ni los personajes ni la trama consigue estar a la altura de lo que cabría esperar, y de eso se resiente, de forma inevitable, un título que hubiera agradecido otro tono, y más y mejor desarrollo para sus muchos personajes.

A ello tampoco ayuda un apartado técnico que, mientras que en el espacio o en espacios abiertos de los planetas muestra su lado más amable y esforzado, patina seriamente con los primeros de unos personajes casi tan poco trabajados como sus diálogos. Da verdadera pena ver que ese trabajo no ha sido terminado, y de ahí esas expresiones faciales tan lamentables (la diana de todas las burlas en Internet, por mucho parche que quieran sacar a deshora sus responsables), o esa sensación general de falta de acabado que se percibe en un sinfín de bugs que rompen el juego, desde esos personajes que aparecen o desaparecen en cinemáticas y juego real, texturas que se van generando cuando ya llevamos un tiempo jugando o, peor todavía, esas situaciones en que te quedas atascado en lugares imposibles y que obligan a reiniciar la partida. Es algo terrible que un juego triple A, que se supone que debía recoger un cetro de oro y llevarlo a alturas mayores no lo consiga por algo que se podía haber corregido con un par de meses (o quizá tres) más de trabajo.

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Aquí podría decirse que el equipo de desarrollo no es el mismo de los juegos originales, o que el motor Frostbite es la primera vez que lo emplean y necesitan más tiempo para sacar mejor partido de él, o que el primer Mass Effect fallaba en todo esto y más cual escopeta de feria. Todo lo que ustedes quieran, pero aun así yo creo que el acabado de este juego es insuficiente, y no creo que ninguna de las excusas anteriores justifique el 90% de los problemas de un juego que necesitaba más tiempo en el horno, simple y llanamente.

Es una lástima porque, insisto, Andromeda tiene algunos aspectos realmente respetables y reseñables. Por ejemplo, uno de los elementos que más me han convencido han sido unos viajes espaciales de una factura técnica sobresaliente, y que transmiten como nunca la pasión por todo lo relacionado con los misterios y la belleza del espacio. La exploración de estos planetas es mucho más dinámica y entretenida que nunca, reforzado todo ello por un vehículo, el Nomad, que deja en pañales a nuestro querido Mako, y del que dependeremos no ya para hacer viajes largos, sino para sobrevivir en entornos hostiles, como los de Eos o Voeld, hasta que logremos aumentar y mejorar la viabilidad de supervivencia en el planeta gracias a las misiones principales y secundarias, bien estructuradas y repartidas a lo largo de unos mapas enormes y llenos de rincones espectaculares.

Asimismo, el combate del juego ha sido mejorado tanto, y en tantos aspectos, que únicamente palidece frente a sus predecesores en la ausencia de órdenes más específicas para nuestros compañeros. Adiós, por tanto, a esas combinaciones donde el componente estratégico era mucho mayor: ahora nuestros dos amigos van por libre, y generalmente aportan menos de lo que deberían al desarrollo, de modo que estamos más solos que nunca en este sentido. Menos mal que las acciones de Ryder se han visto potenciadas por el empleo de un más que bienvenido jetpack que nos permitirán escapar en vertical u horizontal de cualquier situación de peligro. El sistema de armas, poderes bióticos y herramientas tecnológicas ha sido pulido, ampliado y mejorado, de modo que nuestro sistema de mejora de niveles lo aplicamos directamente sobre aquellos poderes que queremos implementar en combate (algo que también ha sido, de forma inexplicable, restringido a tres por misión sin posibilidad de cambiar durante los combates directos). Una ventaja directa es que, gracias a este nuevo sistema, podemos modificar nuestro perfil (soldado, vanguardia biótico o ingeniero, a grandes rasgos), sin necesidad de tener que empezar una partida, ya que antes de cada misión podemos elegir aquellos poderes, movimientos, armas o recursos que mejor nos convengan.

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Por otro lado, el acierto de incluir cobertura automática y la mejora, más que notable, en la fluidez de movimientos de nuestro personaje y a la hora de disparar o combatir con poderes, hacen que Andromeda sea el juego más pulido de la saga en este aspecto, que tanto lo necesitaba para ir dejando ya atrás esos controles un poco toscos de juegos anteriores. En este aspecto, la inclusión del salto y del impulso en pleno salto son todo un acierto por parte de los programadores, lo que unido a lo divertido que es explorar y combatir en cada planeta, convierta el núcleo central del juego en algo bastante más entretenido de lo que prometía el plomizo comienzo del juego, con un prólogo de esos de juzgado de guardia que a ver cuándo empezamos a eliminar de este tipo de franquicias ya asentadas.

Del mismo modo que el arranque del juego es lento, una vez que entramos en la Tempest (donde todo está mucho más a mano, y sin tiempos de carga, que en la Normandy), sacamos el Nomad de paseo y nos dedicamos a ir resolviendo misiones y ampliando de nivel a nuestros personajes, Andromeda saca sus mejores bazas y va convenciendo poco a poco con una trama que mejora sensiblemente en su último acto, y que deja las puertas abiertas a entregas, espero, mejores en todo lo que se puede mejorar aquí.

Mención aparte para la banda sonora de John Paesano, que ha sabido recoger bien la herencia de Jack Wall, Sam Hulick y Clint Mansell, y ha respetado el trabajo de sintetizadores y arreglos orquestales que tan buen resultado dio en anteriores juegos para hacer una composición sólida, que se convierte sin problemas en uno de los aspectos más destacados del juego. Tanto el tema principal como otros aparentemente menores hacen una excelente labor para facilitar la inmersión del jugador. Así, el tema del mapa de la galaxia casa perfectamente con el espíritu de intriga y aventura que propone el título, así como los destinados a ciertos planetas, que transmite toda la magia de cada una de sus diferentes ambientes. Aun así, sigo echando en falta un tema tan memorable como los que poblaban las entregas anteriores, esa guinda del pastel que seguramente necesitaba para alcanzar el sobresaliente.

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Dejo para el final el modo multijugador, que me cautivó en su momento con la tercera parte y que regresa para profundizar, y para bien, en ese aspecto cooperativo online contra la máquina que tanto escasea, por desgracia. En lugar de fusilarnos entre nosotros, debemos aliarnos con otros tres compañeros para ir superando oleadas de enemigos con diferentes objetivos, como sabotear estaciones informáticas, proteger ciertas zonas o eliminar objetivos concretos. Hay varios tipos de personajes de diferentes razas, todos ellos personalizables en armas, poderes y aspecto, que iremos desbloqueando según acumulemos puntos de experiencia que podemos canjear por cajas (un poco como los sobres de FIFA Ultimate Team, ya que también permiten la opción de los dichosos micropagos).

Hasta aquí todo parece igual, pero Bioware ha incluido, además de las partidas directas configurables, otras misiones extra donde podemos elegir directamente el nivel y asociarnos en lobbies, que se van renovando con el tiempo. Además, los mapas son más numerosos, amplios y complejos que los de la tercera parte, lo que unido a la variedad de enemigos y situaciones hará que la campaña principal se retrase más de lo que debería. Falta, o al menos yo lo he echado bastante de menos, que se relacionen ambas del mismo modo que hizo la tercera parte de la trilogía original, donde nuestras aportaciones al ejército de Shepard hacían que este tuviera más opciones de cara al combate final.

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A fin de cuentas, y teniendo en cuenta que mi fanatismo con el mundo de Mass Effect me pedía a gritos agarrar mi Valkyrie, un krogan loco a mi lado y una buena munición incendiaria, con muchos planetas por explorar, podría decirse que Andromeda cumple sobradamente mis deseos. Pues no. Yo hubiera agradecido que el juego estuviera acabado, que tuviera una historia más arriesgada y personajes mejor escritos, y eso último por desgracia no tiene tanto que ver con una cuestión de tiempo como, me temo, de talento. La dirección de arte es buena, pero no para volverse locos (ahí está el planeta de los Angara para demostrarlo); algunos personajes son sólidos, pero la mayoría son de papel cuché, y aunque el final promete, hace falta demasiado tiempo y paciencia para llegar a él, con muchas situaciones que son un deja vu permanente de lo ya visto y vivido en juegos anteriores, cuya sombra, por desgracia, es demasiado alargada para este juego.

Tampoco puedo negar mi ligera decepción, y esto ya es una nota totalmente personal, al ver que toda la expectativa que tenía puesta en ver si finalmente la teoría del adoctrinamiento se resolvía en este juego ha quedado totalmente fuera de la ecuación. Entiendo la necesidad de pasar página de todo aquello y la polémica que volvería a añadir de forma innecesaria, pero es otra espinita más que deja clavada.

Creo que sería conveniente, de todos modos, esperar a los siguientes títulos y ver de qué forma las piezas encajan. Para mí las piezas clave de la trilogía original fueron las partes 2 y 3, de modo que no me parece mal disfrutar de todo lo mucho y bueno que ofrece Andromeda, y guardar la artillería pesada para cuando la saga dé más muestras de solidez con los siguientes capítulos. Este, en cualquier caso, tiene demasiadas aristas como para hacer la vista gorda, y no sé bien cómo lo recibirán aquellos que no sean muy, muy fans de la saga, aunque me temo que no serán tan benévolos como el que esto escribe.

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Para todos aquellos que vivimos el fenómeno de la trilogía original de Mass Effect, los años que han transcurrido desde el estreno de la tercera parte han sido realmente largos. Las aportaciones de la saga al mundo del videojuego fueron lo suficientemente importantes como para dejar una huella en la memoria de muchos jugadores, en buena medida gracias al carisma de sus personajes, al sentido épico de su narrativa y a la cantidad de momentos memorables de una historia sencillamente apasionante. La posibilidad, además, de tomar decisiones que influían en los juegos sucesivos (tórridos romances incluidos) fue algo tan acertado como bienvenido y dotó al género de la aventura de fantasía/ciencia ficción de un nuevo referente. Sería muy injusto, pues, comparar los logros de tres juegos que han dejado un legado tan importante con el de uno solo, por bueno que sea, que viniera después de todo aquello: pues eso es justo lo que le está ocurriendo a Mass Effect Andromeda, que a pesar de la millonaria inversión en su desarrollo y sus muchas virtudes está siendo incapaz de alcanzar las expectativas que había puestas en él, y a ello ha sumado una campaña de desprestigio como recuerdo pocas, basada en una serie de evidentes deficiencias técnicas que revelan un no menos evidente lanzamiento prematuro. Vaya por delante que comparto buena parte de las críticas que he leído sobre el juego antes de ponerme con él, una larga lista a la que yo añadiré un par de aspectos más con los que no termino de estar de acuerdo, pero después de haber completado su campaña principal y buena parte de las secundarias, así como darle un buen tiento a su modo multijugador, me parece una barbaridad calificar de mediocre a Andromeda. Hay que estar muy ciego, pero mucho, para no darse cuenta de que, junto a sus fallos evidentes, este título también recoge mucho de lo bueno de la trilogía original y lo lleva a terrenos cualitativamente superiores en no pocos apartados. La historia de Mass Effect Andromeda nos sitúa 600 años después de los hechos narrados en Mass Effect 3. Una vez dominada y pacificada la Vía Láctea, las principales razas de aquella galaxia (humanos, asari, krogan y turianos) parten a bordo de enormes naves llamadas arcas en busca de paraísos dorados, nuevos planetas donde establecer colonias. Al mando de esa expedición se encuentra Ryder, el pionero, algo así como el líder del grupo de exploradores, encargado de evaluar cada situación y ser el primero en entrar en contacto con razas y ambientes desconocidos. Lo primero que llama la atención de este juego es que abandona el concepto de los juegos previos en favor de un desarrollo mucho más abierto. No se trata, insisto, tanto de comparar y de hacer rankings como de ver qué es lo que aporta Andromeda al universo Mass Effect, y por ello es necesario empezar por el propio concepto de juego en sí, mucho menos lineal, restrictivo y pasillero que los originales (especialmente la segunda y tercera parte), y que…
Gráficos - 67%
Sonido - 77%
Banda Sonora - 88%
Mecánicas / Jugabilidad - 85%
Argumento - 40%
Duración - 85%
Originalidad - 50%

70%

El universo Mass Effect amplía de forma efectiva su colección de razas y planetas, mejorando respecto de la trilogía anterior aspectos tan fundamentales como las mecánicas, el acertado concepto de mundo abierto o un multijugador mucho más profundo y completo, pero perdiendo por el camino aspectos tan básicos como el carisma de los personajes, los diálogos de calidad y la epicidad de la trama. Eso, unido a la falta de aportaciones de verdadera entidad y a los abundantes fallos técnicos, hacen de ME: Andromeda una experiencia muy lejana a la excelencia de su trilogía precedente, pero notable desde un punto de vista global y que puede suponer el inicio de una prometedora nueva saga.

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