Creo que una de las razones por las que tanta gente está enfadada con el final de Mass Effect 3 es que, en realidad, nos duele mucho que se haya terminado la saga. Lo pagamos con el final aduciendo numerosas razones, algunas más comprensibles o justificables que otras, pero lo cierto es que la verdad, la única verdad, es que después de tantos años de aventuras de una calidad tan impresionante, una parte de nosotros se siente huérfana ahora que han terminado las aventuras del comandante Shepard a bordo de la Normandía. Nos enfada porque nos importa, porque ha llegado a formar parte de nuestras vidas y sus personajes, mucho más que ninguna otra saga de la presente generación, han llegado a conectar con nosotros como los de ninguna otra hasta la fecha.

Dicho esto, y antes de comentar el final sin reparos que valgan (pero con aviso de Spoilers, ojo), creo que Mass Effect 3 es una de las superproducciones más espectaculares no ya de 2012, sino de toda la generación. Lejos de la obsesión por saber cuál es el mejor juego de la saga, esta tercera entrega apuesta todo a la carta de la espectacularidad y gana por goleada en su terreno. Desde las primeras escenas de huida por la ciudad de la Tierra que está siendo arrasada por los imponentes segadores, el juego no da un solo respiro y nos lleva a recorrer esa galaxia y esos planetas que ya conocemos tan bien como a sus conflictivas razas, a las que tendremos que ayudar para obtener una compensación que pueda salvar nuestro planeta de origen.

Mass Effect 3 ya no tiene tiempo para dilaciones, ni para búsquedas gratuitas de ninguna clase: va directo a la acción, y ese aspecto se ha mejorado notablemente desde la segunda entrega. El sistema de ataque y coberturas, de disparo y enfrentamiento cuerpo a cuerpo, sin ser tan fluido y sutil como el del gran referente del género, Gears of War, sí que está a una altura más que decente teniendo en cuenta que la profundidad de GoW termina al final de sus pasillos, mientras que Mass Effect 3 recoge los elementos de rol, conversación y aventura de sus predecesores para llevarlo a unos niveles de emoción que desde las primeras misiones se sitúan a un nivel superlativo. Es posible que ninguna misión tenga la intensidad del enfrentamiento con Saren o la Misión suicida de juegos anteriores, pero si tenemos en cuenta que toda la tercera entrega es en sí misma un gran final, uno que va recogiendo todo lo sembrado y cerrando tramas clave como la de la genofagia o el enfrentamiento entre los Geth y los Quarianos, entonces el nivel de asombro no hace sino aumentar. Cada una de estas misiones, muy mejoradas en su jerarquización respecto a la segunda parte, nos lleva a enfrentamientos finales de verdadero vértigo, con unos segadores que ponen los pelos de punta mientras la cámara nos ofrece siempre la mejor perspectiva.

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Como siempre, nuestro objetivo principal se va completando a medida que unimos nuevos compañeros de equipo a nuestra tripulación. En este caso se ha tomado la (sensata) decisión de incorporar a pocos personajes nuevos (James, SID y Javik a través de un DLC), recuperando a clásicos perdidos de la primera parte (Ashley, Liara) y a los dos mejores de la segunda entrega (Garrus y Talih). Quizá con la excepción de James, a quien yo hubiera sustituido gustosamente por Legión, creo que es la mejor tripulación de toda la saga y se complementa perfectamente con el tipo de jugador por el que optemos (soldado, vanguardia, etc.).

Una vez elegido el equipo, nos enfrentamos a tres tipos de misiones. Las primeras son las referentes a la misión, donde habremos de recaudar recursos para la Alianza. Estas son las más impactantes, mejores y más emocionantes de todas, con un número y calidad generosas, y nos devuelven a escenarios ya conocidos y a otros nuevos con el habitual despliegue técnico al que nos tiene acostumbrados Bioware. Las misiones secundarias nos llevan a objetivos más concretos, en escenarios pequeños que son aprovechados para el excelente multijugador, del que ya hablaremos más tarde. Hay un tercer tipo de misiones, de búsqueda planetaria y servicio de “correos”, que personalmente nos han parecido más flojas y en ningún caso a la altura del resto, pero que tampoco son molestas ni imprescindibles para acabar el juego.

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El apartado de decisiones se ha simplificado, algo que también afecta a unas conversaciones menos largas que en las anteriores entregas, ya que aquí lo que prima por encima de todo es la acción. Habrá reacciones para todos los gustos acerca de la deriva que ha experimentado la saga, con una EA que obviamente ha metido mano para que el componente de acción prevalezca (hay incluso la posibilidad de eliminar todo rastro de aventura al comienzo del juego). En cualquier caso, nosotros creemos que el argumento de la historia justifica en buena medida esta decisión, y en ningún momento hemos echado de menos otro tipo de equilibrio (salvo curiosamente al final, del que luego hablaremos).

Mass Effect 3 brilla en prácticamente todos sus apartados, salvo en algunos bugs puntuales. Su apartado sonoro y musical es, posiblemente, lo mejor de la saga, y sus secuencias CGI son sencillamente asombrosas, con un ataque final a la Tierra que deja con la boca abierta y ganas de hacerse con un buen cubo de palomitas. Todo en este juego está pensado para el disfrute, para el espectáculo y la mandíbula desencajada, con una dimensión épica y colosal en muchos y muy buenos momentos. El reencuentro con prácticamente todos los personajes que hemos ido conociendo a lo largo de la saga y la posibilidad, como siempre, de establecer romances, añade otro plus de calidad y variedad al juego. Destacable es, en este sentido, la valentía de Bioware al introducir por primera vez la posibilidad de que el romance sea también homosexual, algo que está tratado con normalidad y cuidado a partes iguales, y que valoramos de manera muy positiva. En una industria tan reaccionaria ante este tipo de opciones, Bioware merece nuestro reconocimiento y respaldo, porque por suerte en un juego de estas dimensiones es algo que por suerte creará precedente.

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La campaña principal garantiza cerca de 30/35 horas de diversión, siempre y cuando se juegue para disfrutarla y no a toda prisa, a lo que se añade además un multijugador sorprendente, sólido y realmente funcional. Hacía tiempo que no me divertía tanto, con un sistema de mejoras excelente y un nivel de adicción y variedad al que contribuye la sabia decisión de hacer que los escenarios alternen climas distintos, lo que aporta experiencias de juego totalmente distintas. La necesidad de colaboración en equipo y el hecho de que el juego tenga también impacto en la historia principal (cuanto más juguemos, más “apoyo galáctico” tendrá Shepard), le dan otro aliciente más a un modo que también se agradece al alargar durante mucho tiempo la experiencia de juego.

Por otro lado, hemos podido probar dos de los DLC’s del juego, “De las cenizas” y “Leviatán”. En el primero de ellos se incorpora el proteano Javik a la expedición, un personaje realmente interesante y muy eficaz en combate. Lástima que su misión sea tan breve. El segundo DLC es mucho más interesante, aportando datos clave para la historia de los segadores y con un componente de aventura, exploración y diálogos que se agradece en un juego no precisamente variado en sus mecánicas como es el modo principal. Contiene 10 misiones, realmente interesantes para el fan de la saga, aunque tanto esta entrega como la anterior nos hace pensar que deberían haber venido incluidas en el juego principal. En cualquier caso, en cuanto tengamos más datos de “Omega” y “Ciudadela”, las dos últimas expansiones del juego, haremos un análisis especial acerca de este asunto.

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Y así llegamos al final, dichoso final. (Atención, spoilers). Lo primero de todo, hay que decir que nosotros vimos el final expandido en primer lugar, y posteriormente lo cotejamos con el original que salió hace ahora más o menos un año. Si bien es cierto que todo lo que añade es muy de agradecer, lo cierto es que nos ha parecido un final adecuado, correcto y a la altura de lo que más o menos esperábamos. Nos consta que “Ciudadela” actúa a modo de epílogo de homenaje a todos los personajes de la saga, por lo que entendemos que esta parte estuviera ausente del final del juego (algo de lo que han protestado, y mucho, los fans acérrimos de la saga). A la hora de elegir, tomamos como único final posible el de la destrucción, sabiendo que teníamos muchas opciones de conseguir el objetivo al tener 6500 puntos de fuerza militar efectiva y la reputación por las nubes. Nos parece que es el único final posible porque, seamos sinceros, después de toda la saga bajo la amenaza segadora, no nos podemos imaginar otro desenlace que no sea la destrucción de los mismos. Todos los demás, con esas impostadas imágenes de cooperación “reaper”, nos parece una aberración. Y de la síntesis, mejor ni hablar. En cualquier caso, que nos den opciones siempre es interesante y precisamente eso, las opciones, que se han convertido desde siempre en una de las claves de la franquicia, tienen sentido que copen tanto protagonismo al final (en lugar del malo final que todos estábamos esperando, imagino). Una interesante vuelta de tuerca que nos permitió, además, comprobar que nuestra decisión era la única que permitía sobrevivir a Shepard (los otros finales son demasiado mesiánicos, nos tememos: después de lo mucho que ha sufrido y luchado, este personaje merecía ver un nuevo día). (Fin del Spoiler)

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Mass Effect 3 es la brillante conclusión, el broche de oro que la trilogía merecía, a la espera de lo que vaya a hacer Bioware con la franquicia a partir de ahora. Nos ha emocionado, nos ha divertido, nos ha hecho vibrar de pura intensidad y nos ha llenado como la primera y la segunda entregas. Creemos no estar demasiado equivocado al darle el cetro y la corona de la séptima generación a esta obra maestra que nadie, ningún jugón que se precie de serlo, se puede perder. Sencillamente no hay nada mejor, nada más interactivo en el mejor de los sentidos, nada más grande. Gracias, Bioware. De todo corazón, gracias.

 

 

Valoración final:

  • Gráficos (97): El motor gráfico es el mismo de ME2, con algunas mejoras en ciertos detalles como la escala o las explosiones. En general, los escenarios tienden a una mayor espectacularidad, e incluso aquellos que parecen menores, los de las misiones secundarias, lucen de un modo asombroso. El detalle en gestos faciales sigue siendo tan bueno como siempre, aunque esperamos de la próxima generación un salto aún mayor. Es un juego con un acabado gráfico soberbio, que sigue sorprendiendo conforme se avanza en el juego con escenarios como los del enfrentamiento de Tuchanka o la Tierra, sencillamente asombrosos.
  • Sonido (95): La música de Clint Mansell acompaña perfectamente la acción, de modo que a excepción del magnífico tema An end, once and for all, hay poco más que destacar por encima del resto. Los efectos de sonido continúan la magnífica línea de la segunda parte, con mención especial a los aterradores gritos de las Banshees. Disparos, explosiones y efectos propios de la ambientación espacial son absolutamente perfectos.
  • Jugabilidad (98): Otro aspecto mejorado respecto a la segunda parte, especialmente en las coberturas, los desplazamientos rápidos y los ataques cuerpo a cuerpo. Es quizá el aspecto donde más se nota el trabajo de Bioware por mejorar un producto ya de por sí excelente. La rueda de poderes se ha optimizado, el control de los personajes es mucho más fluido y suave, con lo que la distancia con Gears of War es cada vez menor.
  • Duración (98): Aun contando con los DLC, el juego en la campaña principal se nos ha hecho un poco más corto que ME2. Sin embargo, el modo multijugador online es fenomenal, garantizando horas y horas de diversión en arenas desafiantes y con un sistema de mejoras impecable. Además, el tiempo dedicado al multijugador, que es opcional, tiene repercusión en el modo historia de una manera lógica, coherente y bien resuelta. Un aspecto realmente destacable del juego, sin lugar a dudas, sobre el que habrá que volver en entradas futuras para analizarlo con más detalle, al igual que los DLC.
  • Resultado final (96): Puede que este juego no cuente con el climático final de las dos anteriores entregas, pero qué duda cabe que su intención es la acción directa desde el primer minuto. Eso no es óbice para que falten los toques aventureros y de conversación tan del gusto de sus fans, pero lo cierto es que ME3 se deja de rodeos para pasar a una acción frenética, bien llevada a nivel narrativo y técnicamente espectacular. En muchos sentidos se puede considerar la cima de la saga, por mucho que las preferencias de los usuarios se decanten en otros sentidos por ME1 o ME2, como es nuestro caso. Aún así, es de lo mejor que hay para el sistema, con una aplastante diferencia sobre el resto. Muy, muy recomendable.

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Creo que una de las razones por las que tanta gente está enfadada con el final de Mass Effect 3 es que, en realidad, nos duele mucho que se haya terminado la saga. Lo pagamos con el final aduciendo numerosas razones, algunas más comprensibles o justificables que otras, pero lo cierto es que la verdad, la única verdad, es que después de tantos años de aventuras de una calidad tan impresionante, una parte de nosotros se siente huérfana ahora que han terminado las aventuras del comandante Shepard a bordo de la Normandía. Nos enfada porque nos importa, porque ha llegado a formar parte de nuestras vidas y sus personajes, mucho más que ninguna otra saga de la presente generación, han llegado a conectar con nosotros como los de ninguna otra hasta la fecha. Dicho esto, y antes de comentar el final sin reparos que valgan (pero con aviso de Spoilers, ojo), creo que Mass Effect 3 es una de las superproducciones más espectaculares no ya de 2012, sino de toda la generación. Lejos de la obsesión por saber cuál es el mejor juego de la saga, esta tercera entrega apuesta todo a la carta de la espectacularidad y gana por goleada en su terreno. Desde las primeras escenas de huida por la ciudad de la Tierra que está siendo arrasada por los imponentes segadores, el juego no da un solo respiro y nos lleva a recorrer esa galaxia y esos planetas que ya conocemos tan bien como a sus conflictivas razas, a las que tendremos que ayudar para obtener una compensación que pueda salvar nuestro planeta de origen. Mass Effect 3 ya no tiene tiempo para dilaciones, ni para búsquedas gratuitas de ninguna clase: va directo a la acción, y ese aspecto se ha mejorado notablemente desde la segunda entrega. El sistema de ataque y coberturas, de disparo y enfrentamiento cuerpo a cuerpo, sin ser tan fluido y sutil como el del gran referente del género, Gears of War, sí que está a una altura más que decente teniendo en cuenta que la profundidad de GoW termina al final de sus pasillos, mientras que Mass Effect 3 recoge los elementos de rol, conversación y aventura de sus predecesores para llevarlo a unos niveles de emoción que desde las primeras misiones se sitúan a un nivel superlativo. Es posible que ninguna misión tenga la intensidad del enfrentamiento con Saren o la Misión suicida de juegos anteriores, pero si tenemos en cuenta que toda la tercera entrega es en sí misma un gran final, uno que va recogiendo todo lo sembrado y cerrando tramas clave como la de la genofagia o el enfrentamiento entre los Geth y los Quarianos, entonces el nivel de asombro no hace sino aumentar. Cada una de estas misiones, muy mejoradas en su jerarquización respecto a la segunda parte, nos lleva a enfrentamientos finales de verdadero vértigo, con unos segadores que ponen los pelos de punta mientras la cámara nos ofrece siempre la mejor perspectiva.   Como siempre, nuestro objetivo principal se va completando a medida que unimos…
Gráficos - 97%
Sonido - 95%
Banda Sonora - 95%
Mecánicas / Jugabilidad - 98%
Argumento - 98%
Duración - 98%
Originalidad - 90%

96%

Conclusión épica para una de las trilogías más importantes de la historia del videojuego. Mass Effect 3 permite al jugador orientarse más al rol o a la acción, pero en cualquier caso cuenta una historia apasionante que, si bien empañada por su polémico final, ofrece tantísimo contenido, tal cantidad de momentos para el recuerdo y un multijugador tan competente, que resulta imposible no incluirlo en nuestra lista de favoritos. Un grandísimo juego.

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