Cuando la franquicia de Luigi y sus fantasmas debutó en Gamecube, hace ya casi veinte años, sorprendió a propios y extraños no solo porque el juego estuviera protagonizado por el eterno secundario de los hermanos fontaneros, sino porque resultaba una propuesta original, divertida y con un encanto innegable, tomando sabiamente elementos de la cultura popular, desde los Cazafantasmas a la ambientación de las historias de terror clásicas para niños, combinándolas con el atractivo que Nintendo sabe dar a sus productos.

Aquel primer Luigi’s Mansion tenía sus limitaciones jugables y era algo corto, pero sin duda era un juego deslumbrante en el apartado técnico, con unos efectos de iluminación, efectos y animaciones como jamás se había visto en un entorno tridimensional, y sirvió como excelente demostración de lo que la consola podía ser capaz de realizar. Sin embargo, tuvo la mala suerte de salir de lanzamiento con una consola para la que todos esperábamos volver a dar los saltos de un nuevo Super Mario 64 y la recepción fue sin duda mucho más tibia de lo que merecía.

Más de una década después, en 2013, Nintendo rescató la idea del olvido y lanzó la segunda entrega para la portátil de entonces, Nintendo 3DS. El título evolucionó con acierto en no pocos aspectos sobre el original, añadiendo más posibilidades de juego y diferentes mansiones que contribuían a darle una enorme variedad al juego. No estuvo exento de problemas, eso sí, ya que la 3DS nunca fue un portento técnico y, además, la condición de portátil obligó a estructurar un sistema de misiones que hacía algo repetitivo tener que volver una y otra vez sobre los mismos pasos ya dados en anteriores niveles.

Por todo ello, cuando Nintendo anunció que Switch vería en sus circuitos el lanzamiento de la tercera parte (no mucho después de que 3DS haya recibido un remake del primero, sin que todavía acierte a entender semejante decisión), me alegró la idea de pensar qué se les ocurriría para hacer evolucionar esta franquicia, dado el potencial de la nueva consola y el tiempo transcurrido entre la segunda y esta nueva tercera parte. Y los resultados finales han sido un poco… mixtos.

Desde luego, si algo hay que reconocerle al juego es un apartado técnico espectacular a nivel gráfico y más que correcto en los terrenos sonoros y musicales. Es indiscutible que este Luigi’s Mansion 3 no es ya el mejor de su saga en este sentido (algo lógico, teniendo en cuenta la diferencia de sistemas y de época), sino uno de los más atractivos de todo el catálogo de Switch: los escenarios son fabulosos y los personajes están llenos de vida, animados con tal maestría que las cinemáticas y buena parte del juego parecen sacadas directamente de una película de animación al estilo Pixar.

Es evidente que esto hace que las primeras horas sean una auténtica barbaridad, todo un festín realzado por ese magnífico prólogo en el que Luigi y toda la panda llegan a un hotel que aparenta ser la maravilla de las maravillas en lujo y confort. Es asombroso el nivel de detalle con el que se ha recreado estos primeros pasos, con guiños, bromas y detalles tan magníficos como las caretas de los fantasmas para aparentar que son humanos.

Y en cuanto empieza el festival de terror poco después, con el brusco cambio de iluminación comienzan a verse aún más efectos asombrosos, como aquel que nos permite sostener una calabaza de Halloween y proyectar su macabra sonrisa a través de la aspiradora de Luigi. Eso y los efectos de partículas al activar la aspiradora en cualquier habitación, donde provocamos el caos (o la limpieza) en un festival de polígonos y geniales animaciones del héroe del juego, son algunos de sus mejores momentos.

Son detalles como estos los que hacen que alberguemos unas esperanzas de evolución que, sin embargo, el juego pronto se encarga de deshacer para llevarnos a una zona de confort que, francamente, mentiría si dijera que no me ha decepcionado. El juego se controla prácticamente igual que la segunda entrega, con unas novedades mínimas que se reducen al fantástico Gomiluigi, un alter ego ectoplasmático que podemos invocar para que atraviese zonas imposibles de alcanzar para el protagonista, y con el que podemos realizar acciones conjuntas que son, con diferencia, las protagonistas de los mejores puzzles de un juego que escasea en esa brillantez y originalidad de diseño.

Todo lo demás es lo ya visto y ya conocido en anteriores entregas: desarrollo estrictamente lineal, niveles pequeños donde la exploración minuciosa es esencial para encontrar sus coleccionables y fantasmas, recorriendo los diferentes pisos del hotel con sus consabidas y esperables ambientaciones (Egipto, Edad Media, Piratas) y otras algo más originales (sala de discoteca, musculación, cine), que conforman hasta un total de 15 irregulares niveles donde se alternan algunos geniales y llenos de detalles y salas, junto con otras que son poco menos que una sala para el enfrentamiento con el jefe final de turno (como el museo de historia sobrenatural o la sala de conciertos).

Esto tiene consecuencias negativas para el desarrollo del juego, que tiene como esencia la exploración exhaustiva de los escenarios para encontrar sus muchos secretos. En aquellos niveles más complejos (más o menos la mitad del juego), hay que estrujarse de verdad los sesos y poner a Gomiluigi a recorrer tuberías y puertas secretas para encontrar los cinco coleccionables de cada nivel. En los que son poco menos que la sala del jefe los coleccionables están todos apelotonados y con una falta de inventiva tremenda, algo lógico teniendo en cuenta el poco espacio que tienen para esconderse de nosotros.

Es una lástima que frente a fases tan magníficas como las de la Edad Media o Egipto, plagadas de salas con secretos, trampas y un enemigo final memorable, tengamos que conformarnos con otras en las que se demuestra o falta de tiempo para más desarrollo (lo de los piratas es de traca, con una enorme cueva totalmente vacía donde es evidente que tenía que haber más planeado en un primer momento) o sencillamente ganas de rellenar, como ocurre con la sala de calderas, que es un auténtico desastre de diseño y con un desarrollo plomizo a más no poder.

Que no haya más niveles como el del cine, con sus películas interactivas y todo el encanto de su director/jefe final, es una auténtica lástima, porque de haber sido así el juego se hubiera elevado muy por encima de sus dos predecesoras.

En cuanto a los jefes, que con diferencia protagonizan los momentos más divertidos y geniales de todo el juego, debo reconocer que estos sí están muy por encima de la media de la saga, con unos detalles de animaciones soberbios y alguna que otra sorpresa, como el jefe de cocina o ese maravilloso director de cine frustrado que nos hace protagonizar una descacharrante versión de Godzilla.

Luigi’s Mansion 3 tiene también algunos detalles soberbios que no me esperaba, como ese alud de hamburguesas que están escondidas en las máquinas de cardio del gimnasio fantasmal, o el Virtual Boo que el profesor Fesor nos da como comunicador principal del juego, y que nos hace ver todos los menús del juego en el mismo rojo y negro de aquel fallido producto de Nintendo, el Virtual Boy, del que está claro que sabe reírse, y de qué manera, durante todo el juego.

Es una lástima, de verdad, que todo este potencial y algunas ideas tan magníficas no se hayan desarrollado plenamente, porque este juego lo tenía todo para triunfar y, no sé por qué, se queda a medio camino. El sistema de control es sencillamente inexplicable en un juego de Nintendo, con fallos clamorosos como los de la linterna que desenmascara realidades ocultas, cuyo control es imposible de complementar con el joystick derecho que controla la linterna a la vez que se acciona el botón, el sistema de caza de fantasmas, que da muchos más problemas de los que debería, o ese pato hinchable sobre el que tenemos que vencer a un jefe de las calderas que nos va a costar más que el rey Boo porque es simplemente incontrolable.

No puede ser que el juego esté tan poco pulido en aspectos jugables porque es precisamente aquí donde Nintendo marca la diferencia con muchas de sus competidoras, y esto es algo que tiene que llevar a una buena reflexión porque ha sido un problema endémico de la franquicia de Luigi’s Mansion, donde el primer juego tenía no pocos problemas, el segundo era un auténtico disparate que quise achacar, y quizá no debí haberlo hecho, al pobre joystick de la 3DS, pero que aquí desde luego no tiene ninguna justificación.

Esto, unido a la escasa originalidad del juego, lastran un resultado final que termina siendo más agridulce de lo que debería. Que nadie me entienda mal: Luigi’s Mansion 3 es un juego divertidísimo que entra por los ojos desde el minuto 1, lleno de cinemáticas espectaculares y con momentos realmente memorables, pero que no pueden ocultar un diseño de niveles muchas veces perezoso, unos controles cuestionables como poco y una falta de originalidad que hace que esto parezca en ocasiones más una expansión de niveles de la segunda entrega que una tercera parte con todas las de la ley.

Por lo demás, el juego incluye una torre de los desafíos y la posibilidad de realizar enfrentamientos en cooperativo o en equipos enfrentados. Son dos opciones realmente bienvenidas que aumentan la duración de un título que, con toda la calma y exploración del mundo, me ha llevado unas 9 horas completar en su totalidad, siendo en su conjunto, y sumando todos sus elementos, más generoso en contenido que el resto de entregas.

En definitiva, Luigi’s Mansion 3, aun con todas sus imperfecciones y aristas, resulta una agradable adición al catálogo de una Switch que necesita títulos con carisma y encanto como este, y que junto a un título como Link’s awakening remake suma dos notables títulos de clase media a este 2019 algo flojo para una Switch de la que, francamente, se espera un poco más.

Cuando la franquicia de Luigi y sus fantasmas debutó en Gamecube, hace ya casi veinte años, sorprendió a propios y extraños no solo porque el juego estuviera protagonizado por el eterno secundario de los hermanos fontaneros, sino porque resultaba una propuesta original, divertida y con un encanto innegable, tomando sabiamente elementos de la cultura popular, desde los Cazafantasmas a la ambientación de las historias de terror clásicas para niños, combinándolas con el atractivo que Nintendo sabe dar a sus productos. Aquel primer Luigi's Mansion tenía sus limitaciones jugables y era algo corto, pero sin duda era un juego deslumbrante en el apartado técnico, con unos efectos de iluminación, efectos y animaciones como jamás se había visto en un entorno tridimensional, y sirvió como excelente demostración de lo que la consola podía ser capaz de realizar. Sin embargo, tuvo la mala suerte de salir de lanzamiento con una consola para la que todos esperábamos volver a dar los saltos de un nuevo Super Mario 64 y la recepción fue sin duda mucho más tibia de lo que merecía. Más de una década después, en 2013, Nintendo rescató la idea del olvido y lanzó la segunda entrega para la portátil de entonces, Nintendo 3DS. El título evolucionó con acierto en no pocos aspectos sobre el original, añadiendo más posibilidades de juego y diferentes mansiones que contribuían a darle una enorme variedad al juego. No estuvo exento de problemas, eso sí, ya que la 3DS nunca fue un portento técnico y, además, la condición de portátil obligó a estructurar un sistema de misiones que hacía algo repetitivo tener que volver una y otra vez sobre los mismos pasos ya dados en anteriores niveles. Por todo ello, cuando Nintendo anunció que Switch vería en sus circuitos el lanzamiento de la tercera parte (no mucho después de que 3DS haya recibido un remake del primero, sin que todavía acierte a entender semejante decisión), me alegró la idea de pensar qué se les ocurriría para hacer evolucionar esta franquicia, dado el potencial de la nueva consola y el tiempo transcurrido entre la segunda y esta nueva tercera parte. Y los resultados finales han sido un poco... mixtos. Desde luego, si algo hay que reconocerle al juego es un apartado técnico espectacular a nivel gráfico y más que correcto en los terrenos sonoros y musicales. Es indiscutible que este Luigi's Mansion 3 no es ya el mejor de su saga en este sentido (algo lógico, teniendo en cuenta la diferencia de sistemas y de época), sino uno de los más atractivos de todo el catálogo de Switch: los escenarios son fabulosos y los personajes están llenos de vida, animados con tal maestría que las cinemáticas y buena parte del juego parecen sacadas directamente de una película de animación al estilo Pixar. Es evidente que esto hace que las primeras horas sean una auténtica barbaridad, todo un festín realzado por ese magnífico prólogo en el que Luigi y toda la panda llegan a un hotel que aparenta ser…
Gráficos - 94%
Sonido - 92%
Banda Sonora - 90%
Mecánicas / Jugabilidad - 63%
Argumento - 75%
Duración - 85%
Originalidad - 32%
Diseño - 62%

74%

Notable secuela de la franquicia de fantasmas protagonizada por el eterno hermano de Mario, que si bien se desenvuelve en su mayor parte en el cómodo terreno de lo ya visto y conocido en anteriores entregas, sí tiene las suficientes novedades, encanto y atractivo audiovisual como para enganchar y divertir a una nueva generación de jóvenes cazafantasmas. A los que vayan esperando una evolución dentro de esta saga menor de Nintendo, eso sí, puede decepcionarles un tanto.

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