Una vez que las luces se apagan en el Convention Center de Los Ángeles y los periodistas cogen sus vuelos trasatlánticos para volver a casa toca hacer balance.

La feria anual de videojuegos por excelencia se ha convertido en el escaparate para mostrar los lanzamientos del año (o del que viene) de las consolas. Es un ring donde Microsoft y Sony se toman el pulso una a otra y donde la tercera en discordia, Nintendo, se mantiene al margen con un evento en streaming.

La semana pasada vivimos el E3 más descafeinado de hace años. Un E3 cargado de expectación y vacío de contenido. Sin duda esta industria ha crecido demasiado en muy poco tiempo. Ha pasado de la adolescencia a la madurez dando traspiés, queriendo calzar unos zapatos de lujo que en muchos aspectos le quedan grandes: no hay contenido.

El E3 se ha convertido en la feria donde quemar dinero por parte de las compañías es tradición. Tal despliegue de medios como las pantallas LED gigantescas, las líneas de videoconsolas o las “señoritas” disfrazadas de las fantasías de un oficinista japonés cuestan mucho, muchísimo dinero.

Este evento no deja sitio a compañías pequeñas o a bajos presupuesto de marketing. Por eso muchas deben ir acompañadas de un gran publisher que les suba al estrado para poder hacer llegar su aullido a las hienas con grabadoras. Ellas deciden a quienes dar el megáfono de los millones de páginas vistas y repartir el pastel mediático.
No olvidemos que esto es un ecosistema muy pequeño: las compañías necesitan a los medios y estos a los publishers (las compañías editoras de juegos) para que paguen sus espacios promocionados (y a veces el contenido).

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Sólo dos títulos independientes han conseguido atraer la atención de los medios, incluido éste: No Man’s Sky y Abzú. El primero es un juego de exploración espacial con unos gráficos a la altura de Mass Effect pero pasados por un filtro de Instagram.
El segundo, Abzú parece la continuación espiritual de Journey: encarnamos a un personaje del que poco sabemos en un mundo submarino plagado de vida y peligros. Además de su propuesta de juego que nos recuerda al juego de thatgamecompany algunos miembros del equipo de Abzú provienen del estudio de Flower, Flow y Journey.

Nintendo en su Digital Event mostró un montón de nuevos juegos indies, algunos ya vistos en iOS meses atrás, otros exclusivos para la consola. En un repaso donde nombró más de 20 títulos en 2 minutos escasos no dejó tiempo para el deleite o hype propios de este tipo de anuncios.

Seguramente no sea el E3 el mejor sitio donde dar a conocer un juego, y menos si es indie. Con un presupuesto de marketing bajo una compañía puede hacer pocas cosas en un entorno tan saturado como el de esos días, pero en otras fechas (a excepción de septiembre o noviembre) podrá hacer mucho más.

Las redes sociales o campañas como Kickstarter han ayudado a la difusión de estos juegos que sin presupuesto publicitario han conseguido despertar nuestro interés gracias a que la propuesta de valor que ofrecen es realmente novedosa, aprovechan la viralidad de las redes para encontrar a más público y mantener a sus “inversores” atentos. Este juego bien podría ser Hyper Light Drifter del que hablamos unas semanas atrás.

El E3 es una vena a la que tomar el pulso de esta industria que goza de buena salud, pero más allá de ese ejercicio de kick boxing no sirve para mucho más. Es un embudo donde se pierden los juegos. Nintendo fue muy inteligente al desmarcarse de esa tendencia creando un evento paralelo dirigido a sus fans y no a la prensa, que al fin y al cabo es quienes les dan de comer (y compra los juegos).

En cualquier caso este E3 ha dejado unos cuantos renglones al margen de la hoja de grandes anuncios, que en muchos casos como No Man’s Sky nos despiertan más interés que la edición remasterizada del simulador de Correos de Gran Theft Auto V o The Last of Us, la quinta entrega de Halo 5 o la segunda parte de Bayonetta.

Muchos cuentan ya los días que quedan para el siguiente E3 en el que mostrarán los juegos que llevan años filtrando píxel a píxel. Quizás enseñen en una pantalla 4K alguna imagen de Mass Effect, el césped del siguiente Zelda en movimiento o aparezca el unicornio descornado: The Last Guardian. 
Quedan más de 360 días para que el público pueda recuperarse de la resaca del E3 y las compañías calentar billeteras.