Tras el obligado parón al que nos han sometido Darth Vader y compañía, volvemos a tomar las riendas del top 20 de juegos históricos de Nintendo. Como ya sabéis, este particular Top ha dejado fuera de escena los catálogos de Wii U y 3DS porque se centra en catálogos cerrados, y limita la presencia de grandes franquicias a 3 títulos para evitar la saturación. Recordados estos puntos principales, allá vamos.

10.- The Legend of Zelda: A Link to the Past (SNES, 1992)

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Pocos pensaban que la saga Zelda podía sobrevivir al batacazo que supuso Adventures of Link, la segunda entrega de una franquicia que, sin embargo, renacería y de qué manera con este juego que recuperaba la perspectiva cenital del original, añadiendo una paleta de colores y sonido soberbia, un argumento más elaborado y unas mecánicas sencillamente gloriosas para la época. Desde los primeros pasos de nuestro joven elfo, con la dramática escena en que nuestro tío nos entrega la espada antes de fallecer, hasta el enfrentamiento final con Ganon, todo en A Link to the Past resulta apropiado, oportuno y conveniente. El mapa del juego, con esa doble variante entre luz y oscuridad, el diseño de unas mazmorras que, por primera vez, añadían profundidad con las diferentes alturas, nuevos gadgets como el gancho o la posibilidad de optimizar la espada del héroe son algunos de los rasgos más sobresalientes de un juego largo, variado y profundo como pocos, que contaba con un control soberbio y una banda sonora inolvidable. Tan larga es la sombra del título que inspiró (es un decir) joyas portátiles posteriores como Link’s Awakening para Game Boy, toda la saga Oracle  y el genial Minish Cap para Game Boy Advanced o los más recientes Link Between Worlds (del que copia prácticamente todo, empezando por el mapa de juego), y Triforce Heroes para 3DS.

9.- Pikmin 2 (Gamecube, 2004)

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Pikmin tiene el dudoso honor de ser la última IP original inventada por Nintendo (digo dudoso porque ya ha llovido desde entonces). Lanzado originalmente como emblema de Gamecube, las aventuras del capitán Ollimar y los simpáticos Pikmin por explorar entornos naturales de enorme belleza para extraer el zumo de frutas con que alimentar a los navegantes espaciales protagonistas se convirtieron en uno de los juegos más frescos y renovadores en la industria, algo a lo que su muy superior secuela ayudó a convertir en franquicia establecida (la tercera entrega, lanzada hace pocos años en Wii U, también era fantástica). En el caso que nos ocupa Nintendo hizo caso de las críticas recibidas con la primera parte, especialmente en lo referente al sistema de temporización de las misiones, algo agobiante, y refinó mecánicas y apartado visual para ofrecer la que muchos consideran mejor entrega de la saga. Juego divertido, variado y capaz de enganchar a usuarios de cualquier género y edad, su mensaje ecologista y pacifista casaba perfectamente con la filosofía de una compañía que debería haber tomado nota de dicho éxito y animarse a hacer muchos más experimentos tan maravillosos como este.

8.- Xenoblade Chronicles (Wii, 2010)

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Monolith Soft sorprendió a propios y extraños con el que está considerado como uno de los mejores JRPG del siglo XXI. Las aventuras de Shulk por encontrar respuestas en un vasto universo formado por las anatomías de dos colosales titanes divinos fueron la excusa perfecta para armar un juego largo, variado y complejo, de extraordinaria capacidad para sumergir al usuario en un universo propio y lleno de personalidad. Un sistema de combate perfecto y lleno de dinamismo, unos personajes fabulosos y unos diálogos bien armados se convirtieron en la mejor carta de presentación de un título que sufrió una auténtica odisea para ser publicado en Occidente (a América llegó con el ciclo de vida de la consola casi cumplido), y aunque evidentemente notó la falta de capacidad técnica de Wii frente a otros sistemas (a veces los dientes de sierra eran dolorosos), lo cierto es que logró sobreponerse a todos esos problemas y dejar una huella profunda en el club de fans nintendero. Tanto fue así que ha habido mucho interés y dinero por convertir la saga en abanderada de la compañía, a lo que ha contribuido la excelente versión para 3DS del juego que nos ocupa o el inminente lanzamiento de Xenoblade Chronicles X para Wii U, estas mismas Navidades, juego que está llamado a salvar los muebles de un año sinceramente olvidable para la compañía pero al que Monolith Soft puede poner una inesperada guinda.

7.- Goldeneye 007 (Nintendo 64, 1997)

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Si en el cine Goldeneye fue capaz de superar el estancamiento de una franquicia condenada al más lamentable olvido, en los videojuegos su adaptación se convirtió en uno de esos casos rarísimos donde no solo superaba con creces los méritos del filme en el que estaba basada, sino que además se ponía al frente de la vanguardia del FPS, se inventaba mecánicas que hasta entonces no existían (sistema de autoapuntado, zoom para el rifle de francotirador y un larguísimo etcétera), y además lo hacía con un apartado técnico absolutamente salvaje, con digitalización de los rostros de los actores en sus correspondientes personajes, escenarios plagados de texturas y una fluidez maravillosa, a lo que venía a sumarse un multijugador a pantalla partida para cuatro jugadores que se ha convertido en leyenda. Goldeneye 007 es, quizá, uno de los mejores títulos de Rare (cuando era Rare de verdad), uno de los mejores FPS de todos los tiempos y la mejor exclusiva third party que ha tenido jamás Nintendo en sus manos, que ya es decir. Posteriormente Rare conocería de nuevo las mieles del éxito con el sensacional Perfect Dark (2000), pero tres años antes había hecho lo más difícil de una manera que muchos consideramos, sencillamente, magistral. Toda una obra maestra que, por problemas de licencia, no pudo ser llevada al reciente Rare Replay, y que es muy difícil encontrar a día de hoy.

6.- Super Mario Galaxy (2007, Wii)

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Y Nintendo lo volvió a hacer. Tras una larga década donde hubo más sinsabores (Super Mario Sunshine) y juegos menores en disciplinas algo cuestionables como el fútbol, la saga de Mario y las plataformas en 3D necesitaban un juego del fontanero a la altura para lanzar a Wii al firmamento, y Nintendo EAD se sacó de la chistera esta maravilla que recogía lo mejor de Super Mario 64 (fiabilidad de controles, cámara) y trasladó el universo de Mario a una galaxia muy, muy lejana. Un diseño de niveles absolutamente demencial, cientos de nuevas ideas, una banda sonora inolvidable y unos jefes finales llenos de originalidad (con la planta carnívora al frente) fueron los responsables de que este título haya sido el mejor valorado por la crítica de todos los tiempos. Decir que es una gozada jugar a este juego es quedarse corto: largo, difícil y desafiante, cuenta con alguno de los niveles más originales que hemos visto nunca, y la idea de la gravedad le sienta a este universo tan bien que parece que siempre debió haber sido así. Dos años más tarde conoció una secuela que pulía ciertas mecánicas a la hora de elegir niveles, metía a Yoshi en la ecuación y nos regalaba decenas de niveles más para añadir a la colección, entre ellas un sentido homenaje y toda una declaración de intenciones sobre sus fuentes a, como es natural, Super Mario 64. Desde entonces los fans llevamos pidiendo a gritos Super Mario Galaxy 3 y una reedición en HD de los dos anteriores para Wii U, pero mucho me temo que de momento nos toca conformarnos con Super Mario 3D World. En fin…

 5.- Mario Kart DS (Nintendo DS, 2005)

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De todos los spin off que han nacido bajo el amparo de la mascota de Nintendo, sin duda Mario Kart es el más exitoso y meritorio de todos. Desde su estreno en Super NES todas y cada una de sus consolas de sobremesa han tenido su correspondiente ración de coches locos, con circuitos basados en su particular universo y toda una serie de ítems que se han convertido en clásicos de la cultura popular, como las bananas o las conchas de diferentes colores. A cada nueva entrega se iban sumando nuevos y apasionantes modos, como el multijugador de Nintendo 64, las carreras a dobles de Gamecube, etc. Fue, sin embargo, en el título lanzado para Nintendo DS cuando conisdero que la saga alcanzó una gloria que desde entonces ha rentabilizado ejemplarmente. Mario Kart DS, además de tener una plantilla de corredores excelente, añadía 16 circuitos retro a los 16 originales de cada entrega, colocando el listón para todas las entregas posteriores y convirtiéndose en uno de los mayores atractivos nostálgicos imaginables. Pero es que además de eso esta pequeña joya tenía un apartado técnico maravilloso para las limitaciones de su consola y permitía auténticas locuras como un modo online, multijugador local para hasta 8 jugadores con un único cartucho y el resto de DS interconectadas, personalización de vehículos y hasta un modo desafío con decenas de retos de conducción y hasta batallas con jefes finales que, no sé por qué, no se ha vuelto a ver jamás… Cierto que las entregas siguientes han mejorado mucho aspectos técnicos (Mario Kart 8 es una barbaridad, si tenemos en cuenta el contenido original más el de los DLC), pero para mí Mario Kart DS tocó una cumbre que, teniendo en cuenta que no es de sobremesa y el año de su lanzamiento, posee un mérito realmente digno de tener en cuenta. Es una joya.

4.- Donkey Kong Country (SNES, 1994)

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Cuando pienso en el concepto de juego “vendeconsolas”, automáticamente se me viene a la mente este título. A la altura de 1994 parecía que Super Nintendo ya tenía poco que ofrecer a unos usuarios acostumbrados a la excelencia de las grandes franquicias, como Mario, Zelda o Metroid, que aquí tuvieron quizá sus juegos más gloriosos para toda una generación de jugadores. Y a nivel de exclusivos la consola contaba con uno de los catálogos de JRPG más asombrosos de todos los tiempos. Sin embargo, en las Navidades de aquel año apareció una tal Rare, y como por arte de magia hizo que un personaje totalmente olvidado como era Donkey Kong se colocara en la primera línea de batalla con este endiablado plataformas en 2,5D, que exprimía el hardware de la consola hasta su límite absoluto y mostraba unos impresionantes gráficos prerrenderizados que transmitían volumen, vida y cachondeo a partes iguales. Dotado de un sentido del humor sensacional, una ambientación excelente y unos secundarios de lujo, este juego inició una saga que veinte años después sigue dando guerra de la buena y ha consolidado a Donkey Kong como un valor sólido dentro del ecosistema de Nintendo. Es posible que Miyamoto tuviera razón al decir que sus mecánicas no eran tan sólidas como las de sus Super Mario, pero lo cierto es que este título fue el golpe definitivo que Super Nintendo necesitaba para coronarse como dueña y señora de los 16 bits, convirtiéndose en la vencedora absoluta de la batalla de las consolas de aquella generación.

3.- Metroid Prime (Gamecube, 2001)

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De todos los juegos que saltaron a las 3D tras una  gloriosa época bidimensional, quizá Metroid Prime sea el más llamativo por el impacto que tuvo en su momento, por sus apabullantes gráficos o por el modo en que Retro Studios reinventaba, con una acertadísima mezcla de respeto a la tradición y apuesta por nuevas ideas, una franquicia que conoció claramente un antes y un después con este título. Tampoco sería justo olvidar que entre la entrega de Super Nintendo y la de Gamecube hubo todo un salto generacional que Mario o Link no se podían permitir, de modo que la brecha entre ambas aventuras de Samus era aún más considerable. En cualquier caso, si por algo Prime se alzó a los altares y está considerado como uno de los mejores títulos de todos los tiempos no es solo por su apartado técnico, que también, sino por el modo en que sus creadores fueron capaces de reimaginar todo un universo y darle una forma tridimensional con una inteligencia, un diseño de niveles plagado de puzles, retos y plataformas y unos enfrentamientos épicos en primera persona como nunca antes se había visto. Metroid Prime es una obra que nos traslada a un espacio profundo plagado de horribles criaturas, civilizaciones perdidas y monstruos gigantescos a los que debemos combatir con un arsenal apasionante, donde la morfosfera, los misiles o los diferentes tipos de rayos se convierten en imprescindibles para salir con vida de unos escenarios de hipnótica belleza. Si tenéis la ocasión de probar la versión lanzada para Wii que reunía las tres entregas de la trilogía, con el control con sensor de movimiento y la dificultad ajustada, seguramente sea la opción más recomendable para disfrutar de un clásico inmortal.

2.- The Legend of Zelda: Ocarina of Time (Nintendo 64, 1998)

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Lanzado en 1998 tras una odisea de más de un lustro de desarrollo tortuoso, retrasos y polémicas internas, Ocarina of Time supuso el triunfo colosal de un equipo liderado por Shigeru Miyamoto, que al mando de más de 100 personas logró sacar adelante el proyecto de trasladar toda la magia del universo de Zelda a los gráficos poligonales. Más aún, logró redefinir la saga y estableció un canon narrativo que hasta entonces era desconocido, y que marcaría la franquicia para siempre con un tono cinematográfico y épico como jamás se había visto. Hay miles de razones por las que este título es mucho más que una aventura de acción y exploración en tercera persona: escenarios majestuosos, mazmorras desafiantes y personajes inolvidables, un argumento épico y una banda sonora legendaria… se trata de la cima del action rpg, capaz de innovar en aspectos esenciales como el control de fijación de cámara en los duelos contra los enemigos y de demostrar, en plena fiebre de los CD’s y sus dichosos 600 MB, que en apenas 96 era posible hacer el mejor juego de aquella generación. Ocarina of Time pasa por ser uno de los mejores juegos de todos los tiempos, si no el mejor, y ha perdurado en la memoria de varias generaciones con una aureola de prestigio imbatible y bien merecida. Ha sido capaz, también, de inspirar a cientos de juegos que, saga propia incluida, han tratado de emular su impacto y su éxito sin conseguirlo ni de lejos y que a día de hoy se puede, y se debe, disfrutar en esa joya portátil que es la versión muy mejorada a nivel técnico para 3DS.

1.- Super Mario 64 (Nintendo 64, 1996)

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Con él empezamos esta fiesta, y con él era obligado terminar. A pesar de mis preferencias personales respecto a Link en su primera aventura tridimensional, me es forzoso reconocer que no hay un solo juego comparable a este en sentidos realmente esenciales para comprender la historia de Nintendo. Sé que hay una corriente de opinión que cambiaría gustosa este título por Super Mario World, e incluso por Super Mario Bros 3. No les niego a ninguno de esos juegos un ápice de calidad, pero me parece (y conste que lo digo con todos los respetos) que ambos cogieron una fórmula que ya existía, la del primer Super Mario, y la llevaron a los límites técnicos que permitían los sistemas respectivos para los que fueron lanzados. Sin embargo, este título se creó literalmente de la nada, sin referentes previos ni ninguna fórmula establecida en la que apoyarse lo más mínimo. Fue un auténtico salto de fe, un banco de pruebas absolutamente genial donde Shigeru Miyamoto trazaría las líneas maestras de por dónde iban a ir los videojuegos de las décadas posteriores. La historia del sector tiene que hacerle justicia a este juego de una vez y dejar bien claro que hay un antes y un después de Mario 64 en el mundo de los videojuegos, no ya de las plataformas o de la franquicia de Mario, sino del sector entero.

Solo los que vivimos aquella época sabemos lo que supuso agarrar aquel estrafalario mando con un joystick central y botones por todas partes, ver aparecer a Mario de aquella tubería en el jardín del palacio de la princesa y, nada más empezar a movernos, sentir que todo había cambiado. Es un juego tocado por la magia en todos y cada uno de sus sentidos, con decenas de ideas nunca vistas antes, una banda sonora y unos gráficos de ensueño y, sobre todo, el control más perfecto que jamás se ha creado para un juego tridimensional. Resultaba casi cómico ver las emulaciones que siguieron a este juego en los años siguientes, que naufragaban colosalmente porque se empeñaban en poner texturas allí donde Mario vencía y convencía con una cámara perfecta, una precisión inédita y un diseño de niveles que alcanzaba literalmente el cielo en mundos como Tick Tock Clock o Rainbow Ride. Para mí no hay nada comparable a la primera vez que volé a lomos del viento con aquel fontanero que no hacía más que gritar con la simpática voz de  Charles Martinet. Son títulos como este los que dan sentido a la industria, los que la hacen grande y la llevan mucho más allá del tópico del juguete digital. Mario 64 es mucho más que la joya de la corona de Nintendo o el título que lo cambió todo y que nos cambió a todos: es una obra de arte, y como tal hay que reverenciarla.

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